Yo Jose Maria Ve Laz

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    07-Aug-2015

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Yo, Jos Mara VlazAntonio Prez Esclarn

Edicin general Maritza Barrios Yaselli Diseo Equis Diseo Grfico / Elena Roosen Diseo de portada Mara Fernanda Sosa Fotografas J.J. Castro Seleccin de fotografas Mara Fernanda Sosa / Elena Roosen Impresin Editorial Ex Libris Edita Fe y Alegra de Venezuela Distribuye Fe y Alegra de Venezuela Esquina de Luneta Edificio Centro valores, piso 7 Altagracia Caracas 1010-A Venezuela Telfonos: (58-212) 5631776 / 5632048 Fax: (58-212) 5645096 Correos electrnicos: venezuela@feyalegria.org federacion@feyalegria.org Pgina web: http: //www.feyalegria.org Fe y Alegra 2010 Hecho el depsito de Ley Depsito legal: ISSN: Caracas 2010

A Paula Luca, mi primera nieta, que naci mientras escriba este libro, y que en los momentos de vacilaciones y desnimo, aliment con sus sonrisas y con todo el milagro de su existencia angelical, mi decisin de terminarlo.

PRESENTACIN

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Mirar con ojos nuevosINTRoDuCCIN CAPTuLo uNo 15 21

Mis 74 aos de juventudCAPTuLo DoS 81

Un viejo dolor y un profundo compromiso de servir a los ms pobresCAPTuLo TRES 97

Celebremos el nacimiento y la expansin internacional de Fe y AlegraCAPTuLo CuATRo 185

Construyendo nuevos proyectos y sueos en Fe y AlegraCAPTuLo CINCo 225

Reflexionando sobre la identidad y objetivos de Fe y AlegraCAPTuLo SEIS 237

Un vivir en misinCAPTuLo SIETE 253

Todava tengo demasiadas cosas que hacerCAPTuLo oCHo 263

Unos brazos amorosos me esperanAPNDICE ESCRIToS DEL PADRE JoS MARA VLAz PuBLICACIoNES Y ESCRIToS SoBRE LA VIDA, PENSAMIENTo Y oBRA DEL P. JoS MARA VLAz 269 273

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PRESENTACIN

Mirar con ojos nuevos

A medida que avanzaba en la lectura del libro me preguntaba si se trataba de una biografa de Jos Mara Vlaz, S.J., o de la historia de los orgenes de Fe y Alegra. Sin duda parte de esta impresin nace de los ojos del narrador. Antonio Prez Esclarn mira a Vlaz desde el espejo de Fe y Alegra. Pocos como l conocen su historia, su espritu, su vida cotidiana. una mirada nacida de la experiencia y el entusiasmo que descubre en Vlaz las virtudes de su obra maestra. Pero no hay duda que esta mirada tiene su fundamento en la realidad. Vlaz dej su sello en Fe y Alegra. Pero me atrevo a pensar que el contacto con una Fe y Alegra que vea surgir de sus manos y su corazn, tambin lo marc profundamente y le hizo crecer y cambiar. El libro, escrito en primera persona como si se tratara de una autobiografa, nos devela en forma novelada la mstica que inspir el movimiento Fe y Alegra y nos ayuda a entender su identidad desde el talante de su fundador. Publicado al cumplirse los 100 aos del nacimiento de Jos Mara Vlaz, S.J., es un justo homenaje al creador del movimiento, soador y visionario, testigo y forjador. Pero pone tambin en el estilo narrativo, tan atractivo para las culturas populares y posmodernas, los principios fundantes de Fe y Alegra.9

Empieza la historia por el final, en el atardecer de la vida de Vlaz, para contemplar el pasado con ojos de esperanza, que ilumina el futuro del movimiento. El libro no slo cuenta la historia, sino que escarba en su dinmica interna para ayudarnos a entender su significado ms profundo. En el estilo de diario de campaa, nos revive la construccin del tejido de relaciones humanas que constituye Fe y Alegra. Y aunque la presenta como obra de un hombre, aparece como el resultado de un entramado de voluntades y corazones. El autor pone en boca de Vlaz una frase reveladora: Fe y Alegra es una inmensa obra colectiva. Abraham Reyes, y su homlogo boliviano octavio Amarro y todos los pobladores de campos y barrios urbanos, las religiosas, los maestros y maestras, Timoteo Aguirre y todos los jvenes universitarios colaboradores, los maestros y maestras, todas las personas que de una forma u otra colaboraron con la obra, aparecen como co-protagonistas de la fundacin. El liderazgo de Vlaz fue capaz de reunir mucha gente con entrega y decisin, con un inmenso abanico de capacidades, en una labor colectiva de compromiso y transformacin social, que l gustaba considerar como la ms efectiva revolucin. As el autor le atribuye la frase: A Fe y Alegra le tocaba iniciar esa guerrilla espiritual, tan desproporcionada para su tamao de hormiga. En esto, como en muchas otras cosas, Vlaz se adelant a su tiempo. Su capacidad para entusiasmar y fidelizar colaboradores y colaboradoras con la obra fue increble. Incluso aquellos que le criticaron fueron fieles al movimiento. Su liderazgo iba ms all de su persona y radicaba sobre todo en su propuesta. Por eso este libro, al tiempo que rinde tributo al fundador, redescubre la herencia recibida y ayuda a entender la identidad de Fe y Alegra. un ejrcito de personas que somos herederos de su espritu y sus sueos. Gente en la que supo confiar, dndoles plena autonoma para reinventar la obra cada da, hasta soltarla confiadamente, a pesar de sus temores. Pionero de lo que sus hermanos jesuitas proclamaran en la Congregacin General 35: Estamos humildemente agradecidos de que muchos inspirados como nosotros por la

vocacin de Ignacio y la tradicin de la Compaa han elegido trabajar con nosotros y compartir nuestro sentido de misin y nuestra pasin por alcanzar a los hombres y mujeres de nuestro mundo roto pero digno de ser amado (Decreto Colaboradores en la Misin, 3) Esta atraccin que suscita su propuesta encuentra en el libro su explicacin. Para Vlaz el objetivo era establecer la justicia social por el camino de la justicia educativa. El reconocimiento de la dignidad de la persona humana pasa por la aceptacin de su derecho a una educacin de calidad. La novedad est en el nfasis de la calificacin: de calidad. No se puede aceptar una pobre educacin para los pobres. Esta frmula tiene una fuerza especial porque une el desarrollo con los derechos de la personas y con la equidad. Rompe con la idea de desarrollo como mero crecimiento, o como funcin nicamente econmica. Es la propuesta de desarrollo con rostro humano; de crecimiento de la persona, de todas las personas, ms que de la riqueza. Por eso el compromiso comienza por los ojos, por ver la pobreza de cerca, por mancharse las manos con ella. Para que heridos los ojos y la vergenza se mueva nuestra voluntad y se comprometa a lo largo y ancho de la vida. Lo haba aprendido Vlaz de la contemplacin de la encarnacin en la segunda semana de los Ejercicios de San Ignacio, que tantas veces repiti en su vida. Y como nos presenta Ignacio la accin de la Trinidad, esta mirada no lo llev a salvar desde fuera y con poder, sino a involucrarse con todos y todas en la construccin de la justicia educativa. Y lo hizo saltar de la accin asistencial al compromiso promocional, de trabajar para los pobres a luchar con ellos. Y ms an, a comprometerse con ellos para incidir en la transformacin social que pasara de la concepcin del Estado docente a la concepcin del Estado garante del pleno derecho a la educacin. En esta intuicin encuentra Fe y Alegra su vocacin de accin pblica. Y por eso fue capaz de reconocer que algunos de sus adversarios empuaban su misma bandera de la justicia educativa.

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El segundo atractivo de su propuesta radica en su entusiasmo, en la pasin con que la viva. El autor pone en labios de Vlaz una frase que lo retrata: porque amo mucho los rboles me la paso recogiendo semillas y soando bosques. Su amor apasionado por una humanidad herida por la pobreza, por esos pobres cercanos con rostro y nombre lo conduce a soar y sembrar. un amor capaz de descubrir en ellos sus capacidades y potencialidades. Capaz de ver la obra de arte en el tronco sin esculpir. Capaz de soar otros mundos posibles, y que estos sueos se conviertan en motor de su accin creadora. Es esta visin transformadora la que lo lleva a confiar en la gente, a saber que puede poner la obra en sus manos, a soar a San Pueblo como protagonista de su historia. Fe y Alegra heredar de Vlaz esta confianza en el protagonismo del pueblo y har de la participacin comunitaria un eje clave de su propuesta educativa. Pero tambin es parte de la herencia esta capacidad de soar con los ojos abiertos y los pies en la tierra, pero con el corazn atrapado por la imaginacin creadora, por los sueos de un futuro mejor, por la esperanza que moviliza hacia la transformacin del presente. En este mundo que se nos ha hecho plano y chato, sin cerros que reten el espritu aventurero del montaista, necesitamos gente que no haya perdido el sentido del misterio y la capacidad de asombro, de soar y soar en grande. Nos dice en el texto: una vez que comprob que la propuesta de Fe y Alegra era vlida para lanzarla, me empe en extenderla por toda Amrica. Pero sus sueos sin fronteras alcanzaban tambin frica. Hoy Fe y Alegra, con un pie en el Chad suea con extenderse por toda frica, como ha hecho en 17 pases de Amrica Latina. Los sueos que empiezan pequeos y cargados de dificultades, terminan grandes y fecundos. Por eso Vlaz se resiente que en las sociedades de Amrica Latina, en la Iglesia, en la Compaa de Jess, se debilite el coraje, el valor y la confianza en el Seor para innovar. Para l las fronteras no eran lmites sino retos: hasta dnde podrn volar el ingenio, la ilusin y los anhelos

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Esa capacidad de soar le permiti vencer las dificultades y golpes del camino. Como siempre, me salv mi imaginacin y pronto convirti mi dolor y mi soledad en fuente de nuevos proyectos atrevidos. Como humildemente reconoce, fue a veces su forma de callar sus adversarios, de asumir el reto de las crticas y vencer de nuevo desde la novedad de sus sueos. Fue as que la chispa inicial se convirti en incendio. Hombre de intuiciones y afectos profundos ms que de ideologas, fue capaz de vencer y superarse an a s mismo por esta capacidad de visionar el futuro con pasin. Como lector complacido agradezco a Antonio Prez Esclarn por esta nueva invitacin a adentrarnos en la obra, el pensamiento y el corazn de Vlaz; a Maritza Barrios, a Fe y Alegra de Venezuela y a todos los que han tenido que ver con la preparacin de esta edicin por el excelente regalo que nos hacen. La lectura del libro nos ayudar a contagiarnos con su entusiasmo y coraje para mirar el mundo con los ojos nuevos de quien crea futuro. Y ser el mejor homenaje a Jos Mara Vlaz, S.J., en su centenario. Jorge Cela, S.J. 15 febrero 2010

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Introduccin

En el ao 2010, adems de los 55 aos de Fe y Alegra, celebramos los cien aos del nacimiento de nuestro fundador, el Padre Jos Mara Vlaz. Este libro pretende ser un homenaje a su vida y a su obra. Hace tiempo que quera escribirlo para pagar una deuda que tena con l. Llevo trabajando en Fe y Alegra casi 36 aos (seis ms de los que trabaj el propio Fundador) y, en los diez primeros, coincid muchas veces con el Padre Jos Mara. No fuimos precisamente amigos, y mucho me temo que yo fui uno de los que, en aquellos aos de fuertes debates ideolgicos y de pugnas internas, le ocasion muchas preocupaciones y angustias. Yo y otros compaeros de Fe y Alegra, sintindonos entonces muy revolucionarios y hombres de vanguardia, le calificbamos de conservador y contrarrevolucionario, y opusimos una fuerte resistencia a lo que considerbamos estilo autoritario e incluso dictador del Padre Vlaz. Hasta hubo momentos en que llegamos a considerar que Fe y Alegra estaba frenando la verdadera liberacin del pueblo latinoamericano por creer que su actuacin era asistencialista y paternalista. Como muestra de ello, en varios aos nos opusimos a la rifa como medio de financiamiento promovido decididamente por l, pues argumentbamos que no tenamos derecho de utilizar a los nios para buscar unos recursos que el Estado estaba obligado a drnoslos. Nuestro rechazo a la rifa no fue acompaado, lamentablemente, de una valiente campaa ante el Ministerio en pro de la justicia educativa. Despus de esos aos, ms quebrados que antes y sin un bolvar para crecer y dotar mejor nuestras escuelas, volvimos a la rifa.

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Fue despus de la muerte del Padre Jos Mara y cuando la realidad me hizo comprender que el deseado cambio social y educativo requera algo ms exigente y difcil que voluntarismo, proclamas y dogmas, cuando yo comenc a comprenderle, admirarle y quererle. Esa admiracin y cario ha ido creciendo con los aos, a medida que lo he ido conociendo mejor por medio de sus numerosos escritos y siguiendo el ritmo apasionante de su vida. Cmo no admirar su pasin educativa, su amor siempre fiel e incondicional a los ms dbiles y pequeos, su conviccin de que la educacin de calidad es la llave para el progreso y la libertad, su capacidad de proponer, soar y crear, su permanente desarraigo que le llevaba a no estar nunca satisfecho con los logros, sino a buscar retos cada vez ms osados y difciles! El Padre Jos Mara nutri siempre su vida en el manantial de la espiritualidad ignaciana y hered el tesn y la garra de los grandes misioneros jesuitas. Tena la firme conviccin de que la Compaa haba perdido en gran medida su atrevimiento, y ese espritu misionero que la impulsaba a buscar siempre nuevas y ms arriesgadas fronteras. De carcter volcnico, apasionado, no fue un hombre fcil. Porque su personalidad arrollaba, era muy difcil seguirlo. No en vano algunos amigos le llamaban el tractor. Su imaginacin febril siempre estaba alumbrando nuevos proyectos que parecan tan increbles que hasta provocaban ganas de rer. Ya sus alumnos del Colegio de San Jos de Mrida lo llamaban el Padre Milloncito, porque se la pasaba hablando de proyectos ambiciosos que requeran siempre de muchos millones. Pero es que el palpar la magnitud de la miseria agitaba su mente y su corazn y le impulsaba a buscar soluciones eficaces para remediarla. Su palabra aguda poda ser a veces mordaz y muy hiriente. No toleraba a los timoratos y mediocres; la mera verborrea revolucionaria, incapaz de gestar nada nuevo y ese amor difuso a los pobres que no les aportaba nada a su calidad de vida y a una liberacin concreta le sacaban de quicio. Sufra al comprobar cmo muchos de los crticos de las dictaduras latinoamericanas callaban los crmenes y atrocidades de los comunistas en Camboya, la unin Sovitica y los pases del Este europeo, y tema que Fe y Alegra terminara cayendo en manos de personas que eran ms seguidoras de Marx que de Jess.

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Siempre curioso, vido de aprender, lector infatigable, el Padre Jos Mara tena una gran erudicin y pareca saber de todo. Si bien lo escuch muchas veces y qued atrapado en la magia de su palabra vigorosa, culta y muy fluida, fueron pocas las veces en que convers con l. La ms larga, una tarde en San Javier del Valle. Debi ser en el ao 1977 o 1978. Yo haba ido a un campamento en San Javier con dos secciones de alumnos de la Normal Nueva Amrica de Maracaibo. Me lo encontr por casualidad, y me invit a que lo visitara en la tarde. Yo trat de aproximar algunas dbiles excusas que l destroz con una simple frase: Te espero en mi oficina a las dos de la tarde. Para mi sorpresa, no asom la menor queja sobre la Normal Nueva Amrica, que entonces tena fama de contestataria, ni abord algn tema ideolgico. Lo que...

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