UN NUEVO POETA JOVEN DE ESPAÑA: DIONISIO CAÑAS

  • Published on
    15-Jan-2017

  • View
    214

  • Download
    2

Transcript

INTI, Revista de literatura hispnica; Roger B. Carmosino, Founder, Director-Editor,1974-UN NUEVO POETA JOVEN DE ESPAA: DIONISIO CAASAuthor(s): Jos Olivio JimnezSource: INTI, No. 4 (OTOO, 1976), pp. 52-57Published by: INTI, Revista de literatura hispnica; Roger B. Carmosino, Founder, Director-Editor,1974-Stable URL: http://www.jstor.org/stable/23284889 .Accessed: 12/06/2014 15:14Your use of the JSTOR archive indicates your acceptance of the Terms & Conditions of Use, available at .http://www.jstor.org/page/info/about/policies/terms.jsp .JSTOR is a not-for-profit service that helps scholars, researchers, and students discover, use, and build upon a wide range ofcontent in a trusted digital archive. We use information technology and tools to increase productivity and facilitate new formsof scholarship. For more information about JSTOR, please contact support@jstor.org. .INTI, Revista de literatura hispnica; Roger B. Carmosino, Founder, Director-Editor, 1974- is collaboratingwith JSTOR to digitize, preserve and extend access to INTI.http://www.jstor.org This content downloaded from 195.34.79.49 on Thu, 12 Jun 2014 15:14:18 PMAll use subject to JSTOR Terms and Conditionshttp://www.jstor.org/action/showPublisher?publisherCode=intihttp://www.jstor.org/action/showPublisher?publisherCode=intihttp://www.jstor.org/stable/23284889?origin=JSTOR-pdfhttp://www.jstor.org/page/info/about/policies/terms.jsphttp://www.jstor.org/page/info/about/policies/terms.jspUN NUEVO POETA JOVEN DE ESPAA: DIONISIO CAAS Jos Olivio Jimnez Es siempre emocionante asistir y testimoniar el nacimiento de un nuevo poeta, ms si ello ha ocurrido cerca de nosotros y aun si uno incluso lo ha estimulado. Tal es mi caso ante el prximo primer libro de Dionisio Caas, para el cual escrib unas breves pginas prolgales y al que pertenecen los poemas suyos que ms adelante se transcribirn. Novel en la poesa, lo es casi tambin en la lengua en que la suya va escrita. Porque siendo espao lsimo de origen (naci en la manchega ciudad de Tomelloso en 1949), su encuentro con el verso castellano viene a producirse algo tardamente. Y para explicar esto, y dar como en escorzo el nada reconfortante trasfondo sociolgico que descubre, se me permitir una marginal digresin personal o biogrfica: la nica en que incurrir. Y lo hago por derivarse, de lo que he de decir, ciertas consideraciones que explican los primeros problemas que Caas tuvo que plantearse cuando todava para l ese juego de hacer versos no poda ofrecrsele ms que como un sin embargo apasionante vicio solitario. Un da lejano de su infancia slo contaba diez aos entonces su familia decide (ms ajustado sera escribir: tiene que decidir) el abandono de Espaa y su traslado a Francia. Y por la sola y misma razn la bsqueda de la subsistencia que explica ese masivo xodo de raz econmica (pero de naturales implicaciones polticas en su base) que march el forzoso fenmeno migratorio espaol de estas ltimas dcadas hacia donde se pudiera vivir: Alemania, Francia, Suiza, Inglaterra, Blgica. Un coetneo de Gil de Biedma ha recogido en un impresionante poema ese penoso destino, para el que no haba eleccin. Es Angel Gonzlez cuando, contemplando la tumba de Antonio Machado en el suelo extranjero donde muere despus de su cruce doloroso por los Pirineos al final de la guerra civil, trata de actualizar dramtica y crticamente aquella premonitoria circunstancia vivida por el poeta, y tan repetida despus. He aqu unos versos de ese poema, "Camposanto en Colliure": - pas . . otra vez desbandad de espaoles cruzando la frontera, derrotados . . . sin gloria. Se paga con la muerte o con la vida, pero se paga siempre una derrota. 52 This content downloaded from 195.34.79.49 on Thu, 12 Jun 2014 15:14:18 PMAll use subject to JSTOR Terms and Conditionshttp://www.jstor.org/page/info/about/policies/terms.jspLa familia de Dionisio Caas pag su absurda derrota con la vida. Y an con la muerte: en tierras francesas muri su padre, a fines de 1969. Es entonces, a los veinte aos, cuando sin preverlo, la vida le llev a reconquis tar la vida jugada, a sobreponerse a la derrota, a volver (siquiera como smbolo y por muy poco tiempo) a Espaa. Pero en Francia haban transcurrido para l esos largos aos decisivos que van desde la niez hasta la primera juventud, tan importantes en la formacin del gusto, el encauce de la sensibilidad y el dominio del instrumental expresivo de cualquier modulacin del arte de la palabra. Aos perdidos que luego, bajo la perspectiva definidora del tiempo, puede un hombre joven sentir como unos incompren sibles aos de penitencia: que los hay de muchas formas, algunas an ms insensatas que las que narra Carlos Barral en sus memorias. Lo que en Francia haba hecho, y ahora dejaba afortunadamente atrs, haba andado por rumbos que ciertamente eran desvos: estudios tcnicos, prctica de diferentes oficios, rudos trabajos mecnicos. Una experiencia (definitiva para el arte) s le qued de todo aquello: el haber aprendido casi desde nio a mirar, cara a cara, a la vida, y en sus faces ms speras. Pero en lo lings tico y en lo esttico le signific un alejamiento radical para aquello a que l no lo sabra entonces estaba destinado: la poesa, y su lengua materna. Este hallazgo vendra a producirse en Madrid y hacia 1970, y de una manera tan natural que quizs no hubiese ni asombro de su parte. Mas ello no evada las dificultades: intuir poticamente el mundo y la vida, aspirar a darle una coherente expresin lrica, y penetrar en los casi desconocidos secretos rtmicos del idioma propio gozne del todo ineludible para que la poesa se entregue fueron en su caso tareas simultanas, cuyo total vencimiento no considera an plenamente cumplido. Comienzan las lecturas poticas, de un modo autodidctico e informal. Viene a Nueva York en 1971, y toma ocasionalmente un curso con Nicanor Parra: natural es que se encandile entonces, aunque momentneamente, con la "anti-poesa." Pero en seguida se le revela que el sendero de la poesa es muy ancho, y que hay dentro de l muchas vas. Lee vorazmente a Vallejo, que le ha acompaado desde entonces como una de sus devociones mayores: a Borges, de quien no admira tanto su maestra estilstica como el sordo temblor ante el enigma de la vida y la muerte que aqul sabe por momentos alcanzar tan magistralmente; y, algo ms tardamente, a Vicente Aleixandre, cuya poderosa capacidad visionaria y su aguda sensibilidad humana le harn uno de sus favoritos ms entraables. Al mismo tiempo, frecuenta el trato y la lectura de los poetas amigos residentes en Madrid: Jos Hierro, Carlos Bousoo, Claudio Rodrguez, Francisco Brines, Angel Gonzles .... Por su admiracin a la palabra ms libre y aun irracional que algunos de ellos favorecen, tanto como por el talante meditativo y crtico que bajo variadas direcciones en otros descubre, va presintiendo que su "tnica," algn da, habra de ser la de esos ya jvenes maestros: los que definen la plenitud potica espaola en los aos 60, especialmente aquellos integrantes de la segunda generacin de posguerra. De algunos de los citados, de Bousoo y 53 This content downloaded from 195.34.79.49 on Thu, 12 Jun 2014 15:14:18 PMAll use subject to JSTOR Terms and Conditionshttp://www.jstor.org/page/info/about/policies/terms.jspde Brines en particular, recibe no slo aliento sino muy provechosos consejos que l estima con gratitud, como muy sustanciales para su apreciacin de la poesa y el dominio de sus tcnicas. Conoce a los "novsimos" de Jos Mara Castellet en el mismo ao (1970) en que aparece la polmica antologa de aqul: pero, a pesar de que cronolgicamente pertenece a dicha promocin, no le reclaman demasiado, acaso muy poco. Como se ve: lecturas desorganizadas, pero no mal orientadas. Ya en los cursos de licenciatura que actualmente toma en Hunter College llegara el momento del ordenamiento y de la valoracin crtica objetiva, pero esto vendra mucho despus. Lo curioso es que, cuando al fin comienza a mostrarlo en silencio escrito y conservado, se descubre al punto que, no obstante aquellas lecturas ante riores o paralelas, su voz potica haba brotado desde el inicio mismo con un acento extraamente limpio de resonancias prximas. No fue un mal signo, que el ejercicio continuado hasta hoy no hara sino perfilar con ms destacado relieve. El mundo potico de Dionisio Caas se apoya, por lo general, en una visin desolada, seca y aun cruda de la existencia: la vida sentida como misterio, mascarada y condena; la conciencia del tiempo que nos roba el instante y nos devela la muerte; el dolor o repugnancia ante un vivir sin pureza y sin amor; y, sin embargo, la bsqueda afanosa de la otredad, que puede sorprendernos en los misteriosos fondos ltimos del ser, o que por rfagas puede darnos tambin la vivencia amorosa. Estos temas mayores podran desdoblarse, dentro de su poesa, con mayor sutileza; pero no hago aqu sino trazar una presentacin general de aqulla, y esquivo los detalles que el lector podr encontrar por su cuenta. Los mismos poemas de Caas que estas pginas de In ti reproducen, nos pondrn frente a algunos de sus asuntos ms significativos. La reflexin inextricable sobre la falacia del vivir y el arte no menos falaz de la palabra: "Prefiero empezar por reconocer." La autodeformante visin expresionista del hombre de todos los hombres, ante la falsedad que el mundo hace esconder en los rostros humanos: "Autorretrato con mscaras." Y, por fin, la ecuacin misteriosa entre el yo y su oscura aunque deseada heterogeneidad: "Viaje a solas con el otro." Se observar, entre las selecciones, la alternancia de poemas en verso y de textos en prosa. Ya practicada esta simultaneidad desde los tiempos fecundos y proveedores del modernismo, hoy se ha vuelto resueltamente a tratar de borrar las arbitrarias fronteras que, dentro de lo lrico, haban levantado entre s ambas modalidades expresivas. Cruzados de esta reconquista son actualmente Octavio Paz y Jos Angel Valente, en una y otra margen del mundo hispnico. Dionisio Caas concuerda, y son ahora palabras de Valente, en que la poesa "no es cuestin de gnero sino de visin"; y trata de enmarcar las suyas, sus visiones poticas, en el verso o en la prosa, segn los imperativos de las urgencias a expresar. Vamos viendo, pues, que es la suya una poesa de la experiencia. Mejor: de la meditacin sobre la experiencia vivida. Slo, y esto ha de advertirse en seguida, que esa reflexin no la practica a travs de un lenguaje 54 This content downloaded from 195.34.79.49 on Thu, 12 Jun 2014 15:14:18 PMAll use subject to JSTOR Terms and Conditionshttp://www.jstor.org/page/info/about/policies/terms.jspllanamente coloquial ni lastrado de su riesgo mayor: el peso excesivo de la conceptualidad, pues jams desembocar en una expresin descarnada o seca. Tampoco le ocurrir que la evocacin del vivir le lleve a caer en la trampa a veces peligrosa del poema como relato o ancdota. Ni se nos permite diagnosticar, al ver adensadas sus composiciones de la ms viva realidad, que estemos ante eso que fcilmente cabe entender como "poesa realista" si es que tal cosa hubiere. Lo que como designio, digamos innato, le salvara de una y otra posibilidad fue el evitar desde un principio la diccin plana y sin crispaciones, y el no temer la palabra agreste cuando necesaria: recurdese, como ya se indic, que su acercamiento a la poesa de nuestra lengua lo emprendi felizmente, y al mismo tiempo, desde el costado peninsular y desde el hispanoamericano; y de este ltimo aprendi que los lmites de la "propiedad" potica pueden ser altamente flexibles si no destruyen el prstino impulso lrico o emocional. Un rasgo de sus aos es tambin, sin diluir por ello la tensin personal en un mero calco "cultura lista," el no rehuir tampoco su exterior apoyatura argumental en los artistas de la palabra (desde la Biblia y Cervantes hasta Aleixandre) y en los plsticos (Van Gogh, James Ensor), cuyos sentires y pensares vengan a afluir y reforzar su propia vivencia del mundo. Ms an, y esto creo sea la nota ms positiva de su trabajo potico, lo que le distingue con mayor vigor es el haber llegado al verso ya dotado de una eficaz propensin al vuelo imaginativo: el mismo impulso que, antes de llegar a la poesa, le tentara en la pintura. Sin embargo, ese vuelo no lo alza nunca gratuita o alegremente: lo somete con pulso firme a la intuicin que desea corporizar y a la ilacin fatal y unitaria del desarrollo poemtico. Y he escrito, casi al azar, algo que se acerca a la valoracin que mejor correspon dera a la suya: poesa como fatalidad. Esto ya le fue sealado antes que ahora, en alguna conversacin cordial, por otro poeta amigo; y yo amisto samente me lo apropio, y se la aplico, porque la verdad es de todos. Hoy vive Dionisio Caas en Nueva York. Y vive, como quizs nunca imaginara, entre libros: tiene a su cargo la direccin de la seccin de espaol en una importante librera extranjera de esta ciudad. En uno de esos libros en Sobre hroes y tumbas de Ernesto Sbato encontr un da un pasaje que le rememor intensamente una fuerte sugestin que experimentase en su niez, y en situacin anloga a la que ofrece Sbato en la pgina final de su novela: "El cielo era transparente y duro como un diamante negro. A la luz de las estrellas, la llanura se extenda hacia la inmensidad desconocida. El olor clido y acre de la orina se mezclaba a los olores del campo ..." Y en la ltima frase del breve pasaje advirti Dionisio resumida su impresin ms honda y definitoria d la vida: clida y acre, como la orina. Por qu no usarla entonces como ttulo de ese primer libro suyo que ahora espera, si la intuicin del mundo que sostiene los poemas justifica con creces aquel rtulo, que ha llamado ms bien a extraeza, en la portada de un libro de versos, cuando en alguna lectura pblica de aqullos ha tenido que mencionarlo? Sorprende a veces la "beatera" esttica que an nos domina. 55 This content downloaded from 195.34.79.49 on Thu, 12 Jun 2014 15:14:18 PMAll use subject to JSTOR Terms and Conditionshttp://www.jstor.org/page/info/about/policies/terms.jspMs el autor, ya se dijo, sabe que la poesa no necesita inevitablemente de las rituales palabras bellas y consagradas, sino ms de las intuiciones enrgica mente expresivas. Y all va el libro con su ttulo tenazmente defendido, El olor clido y acre de la orina, que se adelanta hacia nosotros como la primera y ms noble seal del quehacer potico de quien lo ha escrito: su autenticidad. PREFIERO EMPEZAR POR RECONOCER Prefiero empezar el poema por su inutilidad, por sus rasgos de animal comn, por su sabidura del desconocer y el palpar, por lo absurdo sentido como descubrimiento. Prefiero empezar diciendo que te amo, pero en verdad, por un oscuro rito, estamos apuntalando un edificio de fachada impecable, donde a diario, construimos tambin un invento excelente (la muerte). Prefiero as empezar reconociendo el dbil envs de la palabra, la fuerza de aquello que carcome, y luego como un cincel templado y poderoso podremos penetrar en todo tiempo. AUTORRETRATO CON MASCARAS (Sobre un tema de James Ensor) Hemos mirado otra vez la tarde con su amorstado derrame de finas vetas rojas. La luz ha cado con signos de cansancio. De nuevo hemos credo reconocer el amor en el spero roce de la sbana. Al amagar la sombra su frescura sobre nuestra piel, la hemos confundido con otra mano. Declinamos con el sol, y con la hora enmohecida que nos deja y nos espera siempre. Lo oscuro invade el ser, lo daa, raja el gesto. Todo nos parece de una vejez incalculable, slo el amor resuena en lo ms hondo de la memoria. Hemos bailado con sones que siempre nos descubren algn recuerdo, un abrazo torpe, unas caderas que slo saben sentir el dolor. Muchas caras nos acompaan con sus muecas pintadas, con fijas con risas, con pupilas vacas. 56 This content downloaded from 195.34.79.49 on Thu, 12 Jun 2014 15:14:18 PMAll use subject to JSTOR Terms and Conditionshttp://www.jstor.org/page/info/about/policies/terms.jspTodos miramos con extraeza y vemos en nuestros espejos la rada e impura carne de tantas mscaras. El hueso blanco asoma amenazando mientras, angustiados, sentimos cmo ya no hay luz. VIAJE A SOLAS CON EL OTRO De los hilos y nervios que recorren el cuerpo, de las pequeas cosas que ordenan la ansiedad, ha nacido el otro, el recuerdo pursimo de aqul que fui en un lugar remoto. Oh niebla tensa, impenetrable noche que cuajas el miedo en rfagas de sombras hilvanadas, aparta ya tu mano, djame a solas con el silencio helado que me une a la primera residencia. Nadie me culpe de ser mentira engalanada ni ese bulto que se alarga y atormenta, el otro. 57 This content downloaded from 195.34.79.49 on Thu, 12 Jun 2014 15:14:18 PMAll use subject to JSTOR Terms and Conditionshttp://www.jstor.org/page/info/about/policies/terms.jspArticle Contentsp. 52p. 53p. 54p. 55p. 56p. 57Issue Table of ContentsINTI, No. 4 (OTOO, 1976), pp. 1-88Front MatterCRITICAALBERT CAMUS Y LA MORAL DE LOS LIMITES [pp. 7-21]SOBRE ALGUNOS ASPECTOS DE LA SATIRA EN QUEVEDO [pp. 22-31]ALGUNOS ASPECTOS DE LA RELACION AUTOR-PUBLICO EN LA COMEDIA NUEVA, Y "LA NOCHE DE SAN JUAN", DE LOPE [pp. 32-43]CREACION LITERARIATEORIA LITERARIA [pp. 47-47]MIL NOVECIENTOS SETENTA Y CINCO [pp. 48-49]ANIMULA [pp. 49-49]DESAHUCIADOS BUSCAN VIVIENDA [pp. 50-50][Cuando te v aquella maana] [pp. 51-51]UN NUEVO POETA JOVEN DE ESPAA: DIONISIO CAAS [pp. 52-57]LA NUBE [pp. 58-59]EL DELIRIO DEL SOLDADO MIGUEL [pp. 60-62]RESEAS"JUAN SIN TIERRA" O LA NOVELA COMO DELIRIO [pp. 65-66]EL ANGEL DE LA POESIA [pp. 67-68]SOCIALISM, LAND AND THE INDIAN IN THE 7 ENSAYOS [pp. 71-75]THE BLACK POETRY OF NICOLS GUILLN AND JORGE DE LIMA: A COMPARATIVE STUDY [pp. 76-84]COLABORADORES [pp. 86-87]