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  • TEXTOS ORIENTATIVOS PARA COMENTARIO DE TEXTOS 2014-2015

    1. MEMORIAS DE GODOY. INQUIETUD ANTE LA REVOLUCIN FRANCESA

    El rey Carlos IV y Mara Luisa reciban cada da () una gran impresin, un choque moral con cada noticia

    nueva de lo que ocurra en Francia: era la poca de las angustias, de las desgracias del rey Luis XVI, de

    Mara Antonieta, la reina, y de su infortunada familia. Profundamente impresionados por aquellos

    acontecimientos desastrosos, Carlos IV y Mara Luisa les atribuan en parte, y poco se equivocaban, al

    cambio continuo de ministerios a que se vea al rey por las intrigas y las influencias contrarias y funestas

    de su corte. La vecindad de los reinos haca temer a cada instante que el incendio se comunicase de uno a

    otro. Carlos IV miraba a su alrededor () no saba en quin depositar su confianza. Dudaba Este era el

    estado de nimo de Sus Majestades. Hubiesen querido encontrar un hombre que fuese su propia hechura,

    un verdadero amigo y que, ligado lealmente a sus personas y a su casa, velase fielmente por el buen

    servicio del Estado; un sbdito, en fin, en quien el inters particular se identificase con el de sus amos ()

    Las alteraciones de Francia eran cada da ms graves: el peligro de contagio cada vez ms amenazador. A

    un ministro viejo e irresoluto acababa de suceder otro anciano que, pasndose de extremo contrario,

    quera arriesgarlo todo. La pusilanimidad de uno, la temeridad de otro, inspiraban al rey idntica

    desconfianza. Provocaciones, insultos directos salan de la tribuna francesa; el trono de Luis XVI acababa

    de hundirse; la repblica le haba sustituido y no le hablaba si no de revolucionar los Estados vecinos, de

    llevar a ellos la propaganda y la guerra. Ya la invasin haba tenido lugar en el Norte; Luis XVI, jefe de la

    familia de los Borbones, con la reina y sus hijos, prisioneros, iban a ser juzgados. Qu hacer? Qu

    conducta poltica adoptar? Cmo librarse de la fatalidad de la suerte? La tormenta estallaba, ruga por

    todas partes.

    Godoy, Memorias, 1836

    2. CONSTITUCIN DE 1812

    () Las Cortes generales y extraordinarias de la Nacin espaola, bien convencidas, despus del ms

    detenido examen y madura deliberacin (), decretan la siguiente Constitucin poltica para el buen

    gobierno y recta administracin del Estado ():

    Art.1. La Nacin espaola es la unin de todos los espaoles de ambos hemisferios.

    Art.3. La soberana reside esencialmente en la Nacin, y por lo mismo pertenece a sta exclusivamente el

    derecho de establecer sus leyes fundamentales ()

    Art 4. La nacin est obligada a conservar y proteger con leyes sabias y justas la libertad civil, la propiedad

    y los dems derechos legtimos de todos los individuos que la componen, () Art.12. La religin de la

    Nacin espaola es y ser perpetuamente la catlica, apostlica y romana, nica verdadera (...)

    Art. 14. El Gobierno de la Nacin espaola es una Monarqua moderada hereditaria.

    Art. 15. La potestad de hacer las leyes reside en las Cortes con el Rey.

    Art. 16. La potestad de hacer ejecutar las leyes reside en el Rey.

  • Art. 17. La potestad de aplicar las leyes () reside en los tribunales establecidos por la ley ()

    Art. 27. Las Cortes son la reunin de todos los diputados que representan a la Nacin, nombrados por los

    ciudadanos en la forma que se dir ()

    Art 34. Para la eleccin de los diputados de Cortes se celebrarn juntas electorales de parroquia, de partido

    y de provincia ()

    Art 258. El Cdigo civil y criminal, y el de comercio sern unos mismos para toda la Monarqua, sin

    perjuicio de las variaciones, que por particulares circunstancias podrn hacer las Cortes.

    Constitucin de 1812.

    3. MANIFIESTO DE LOS PERSAS

    "Artculo 1. Era costumbre en los antiguos persas pasar cinco das en anarqua despus del fallecimiento de

    su rey, a fin de que la experiencia de los asesinatos, robos y otras desgracias les obligase a ser ms fieles a

    su sucesor. Para serIo Espaa a V. M. no necesitaba igual ensayo en los seis aos de su cautividad, del

    nmero de los espaoles que se complacen al ver restituido a V. M. al trono de sus mayores, son los que

    finnan esta reverente exposicin con el carcter de representantes de Espaa; mas como en ausencia de V

    M. se ha mudado el sistema que rega al momento de verificarse aqulla, y nos hallamos al frente de la

    nacin en un Congreso que decreta lo contrario de lo que sentimos y de lo que nuestras provincias desean,

    creemos un deber manifestar nuestros votos y circunstancias que los hacen estriles, con la concisin que

    permita la complicada historia de seis aos de revolucin.

    [...] Artculo 134. La monarqua absoluta (voz que por igual causa oye el pueblo con harta equivocacin) es

    una obra de la razn y de la inteligencia; est subordinada a la ley divina, a la justicia y a las reglas

    fundamentales del Estado; fue establecida por derecho de conquista o por la sumisin voluntaria de los

    primeros hombres que eligieron sus reyes. As que el soberano absoluto no tiene facultad de usar sin razn

    de su autoridad (derecho que no quiso tener el mismo Dios); por esto ha sido necesario que el poder

    soberano fuera absoluto con el arbitrario, sin reflexionar que no hay Estado (sin exceptuar la mismas

    repblicas) donde el constitutivo de la soberana no se halle un poder absoluto [...].

    No pudiendo dejar de cerrar este respetuoso Manifiesto en cuanto permita el mbito de nuestra

    representacin y nuestros votos particulares con la protesta de que se estime siempre sin valor esa

    Constitucin de Cdiz, y por no aprobada por V. M. ni por las provincias [...] porque estimamos las leyes

    fundamentales que contiene de incalculables y trascendentales prejuicios, que piden la previa celebracin

    de unas Corres espaolas legtimamente congregadas en libertad y con arreglo en todo a las antiguas

    leyes.

    Madrid, 12 de abril de 1814.

  • 4. DECRETO DE 1 DE OCTUBRE DE 1823 (ANULACIN DE LA OBRA DEL TRIENIO LIBERAL)

    Bien pblicos y notorios fueron a todos mis vasallos los escandalosos sucesos que precedieron,

    acompaaron y siguieron al establecimiento de la democrtica Constitucin de Cdiz en el mes de marzo

    de 1820: la ms criminal traicin, la ms vergonzosa cobarda, el desacato ms horrendo a mi Real

    Persona, y la violencia ms inevitable, fueron los elementos empleados para variar esencialmente el

    gobierno paternal de mis reinos en un cdigo democrtico, origen fecundo de desastres y de desgracias.

    (). No fue estril el grito general de la Nacin: por todas las Provincias se formaban cuerpos armados que

    lidiaron contra los soldados de la Constitucin () La Europa entera, conociendo profundamente mi

    cautiverio y el de toda mi Real Familia (), determinaron poner fin a un estado de cosas que era el

    escndalo universal, que caminaba a trastornar todos los Tronos y todas las instituciones antiguas

    cambindolas en la irreligin y en la inmoralidad () Sentado otra vez en el trono de S. Fernando (),

    deseando proveer de remedio las ms urgentes necesidades de mis pueblos, y manifestar a todo el mundo

    mi verdadera voluntad en el primer momento que he recobrado la libertad; he venido a declarar los

    siguiente: () Son nulos y de ningn valor todos los actos del gobierno llamado constitucional (de

    cualquiera clase y condicin que sean) que ha dominado mis pueblos desde el da 7 de marzo de 1820

    hasta hoy, da 1 de octubre de 1823, declarando, como declaro, que en toda esta poca he carecido de

    libertad, obligado a sancionar las leyes y a expedir las rdenes, decretos y reglamentos que contra mi

    voluntad se meditaban y expedan por el mismo gobierno ().

    Gaceta de Madrid, 7 de octubre de 1823. Decreto del 1 de octubre de 1823

    5. CONFIRMACIN PRAGMTICA SANCIN

    Sorprendido mi real nimo, en los momentos de agona, a que me condujo la grave

    enfermedad, de que me ha salvado prodigiosamente la divina misericordia,firm un decreto

    derogando ala pragmtica sancin de 29 de marzo de 1830, decretada por mi augusto padre a

    peticin de las cortes de 1789, para restablecer la sucesin regular en la corona de Espaa.()

    Hombres desleales o ilusos cercaron mi lecho, y abusando de mi amor y del de mi muy cara

    Esposa a los espaoles aumentaron su afliccin y la amargura de mi estado, asegurando que el

    reinoentero estaba contra la observancia de la pragmtica, y ponderando los torrentes de

    sangre y la desolacin universal que habra de producir si no quedaba derogada () DECLARO

    solemnemente de plenavoluntad y propio movimiento, que el decreto firmado en las

    angustias de mi enfermedad fue arrancado de M por sorpresa: que fue un efecto de los falsos

    terrores con que sobrecogieron mi nimo; y que esnulo y de ningn valor siendo opuesto a las

    leyes fundamentales de la Monarqua.

    Gaceta de Madrid, 1 de enero de 1833

  • 6. EL ESTAUTO REAL DE 1834

    Art. 1 Su Majestad la Reina Gobernadora, en nombre de su hija Doa Isabel II ha resuelto convocar las

    Cortes generales del Reino.

    Art. 2. Las Cortes generales se compondrn de dos Estamentos: el de Prceres del Reino y el de

    Procuradores del Reino.

    Art. 24. Al rey toca exclusivamente convocar, suspender y disolver Cortes.

    Art. 31.Las Cortes no podrn deliberar sobre ningn asunto que no se haya sometido expresamente a su

    examen en virtud de un decreto Real.

    Art. 32. Queda, sin embargo, expedito el derecho que siempre han ejercitado las Cortes de elevar

    peticiones al Rey.