Steve Jobs y Apple Michael Moritz

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    02-Dec-2015

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<ul><li><p> ndice Cubierta Agradecimientos Prlogo Introduccin 1. La ciudad ms prspera de la baha 2. Espas del cielo 3. Carburadores y micrfonos 4. El ordenador Cream Soda 5. La directora de orquesta 6. La cajita azul 7. Miel con nueces 8. Un montn de ruido 9. Stanley Zeber Zenskanitsky 10. Acierto a medias 11. Un montn de basura 12. Un Mercedes y un Corvette 13. Menuda placa base 14. Cuestin de especificaciones 15. Los mejores vendedores 16. Morir de xito 17. Tarjeta platino 18. Bienvenida, IBM. En serio Eplogo Notas Crditos Alba Editorial </p></li><li><p> Por las mejores sugerencias y ampliaciones Desde la primera edicin: </p><p>HCH JWM WJM </p></li><li><p> AGRADECIMIENTOS </p><p>Decenas de personas aceptaron que las entrevistara durante la preparacin de este libro. Otras muchas no. Espero que quienes interrumpiendo quehaceres ms provechosos me abrieron sus puertas no tuvieran la sensacin de estar perdiendo el tiempo. Otros hicieron gala de gran amabilidad al permitirme rebuscar en sus archivos y lbumes de fotos. Por su parte, los directores del San Jose Mercury News tambin me ofrecieron libre acceso al archivo del peridico. Dick Duncan, jefe de corresponsales de la revista Time, toler una ms de mis intolerables expediciones y me concedi la excedencia sin problemas. Ben Cate, director de la oficina de la Costa Oeste de Time, me proporcion todo el infatigable apoyo del que le saben capaz quienes han trabajado para l. Catazza Jones mejor el primer borrador, Julian Bach se ocup de las cuestiones pecuniarias y Mara Guarnaschelli tuvo a bien dejar en el texto su docta y graciosa impronta. </p></li><li><p> Prlogo </p><p>Todos los aos cuando, en ese ritual que se repite regularmente, la revista Time hace pblica su eleccin del personaje del ao, es inevitable que yo me acuerde de cierta ocasin en que, hace casi treinta aos, fui una de las vctimas colaterales de dicha ceremonia. Estbamos a principios de 1982, yo disfrutaba de mi excedencia de la corresponsala de Time en San Francisco y a los directores de la revista se les ocurri que el personaje del ao sera el ordenador personal. Tuvo mucho que ver en semejante decisin un perfil del cofundador de Apple, Steve Jobs, al que yo haba contribuido. Aquella eleccin signific el comienzo de mis problemas. </p><p>Todava no s a quin enfureci ms el anuncio de Time, si a Jobs o a m. A Steve le ofendi el retrato que la revista publicaba de l y lo consideraba una traicin a su confianza; a m me dej consternado que un editor de Nueva York especialista en crnicas del peculiar mundillo del rock and roll sesgara, filtrara y contaminara parte del material que yo tan cuidadosamente haba reunido para un libro sobre Apple. Steve dio rienda suelta a su clera, me llam a mi casa de San Francisco en Potrero Hill y dej un torrente de mensajes en el contestador. Adems, y es comprensible, vet mi presencia en Apple y prohibi a sus colaboradores hablar conmigo. </p><p>A raz de aquella experiencia decid que no volvera a trabajar para ninguna empresa que no me permitiera ejercer un razonable control sobre mi propio destino o me pagara por cada palabra entregada. Mi perodo de excedencia termin, publiqu mi libro The Little Kingdom: The Private Story of Apple Computer [El pequeo reino. Historia privada de Apple Computer], que, en mi opinin y a diferencia del infortunado artculo de Time, ofreca un retrato cabal del joven Steve Jobs, honr mis obligaciones contractuales y a la primera oportunidad abandon la revista para convertirme en la mitad de la plantilla (al menos al principio) de una empresa editorial que muchos aos ms tarde tiempo despus de que yo me introdujera en el mundo de los capitales de riesgo adquirira Dow Jones &amp; Company. </p><p>Han pasado ya casi treinta aos y muchas veces he pensado en mi amistad con Steve y en los caprichosos azares del destino por los que acab ponindome en contacto con l. Si yo no hubiera tenido poco ms de veinte aos, a la revista Time jams se le habra ocurrido destinarme a sus oficinas de San Francisco, donde personas de mi misma generacin iniciaban la edad dorada de los ordenadores, el software y la </p></li><li><p>biotecnologa. Mayor relevancia tiene que si no hubiera conocido a Steve, tampoco me habra puesto en contacto con Don Valentine, fundador de Sequoia Capital y uno de los primeros inversores de Apple. Y si no hubiera encontrado a Don, nunca se me habra pasado por la cabeza convertirme en la figura menor del poste totmico de Sequoia Capital. Adems, si no hubiera escrito un libro sobre Apple el relato de sus primeros avatares lleg a obsesionarme, jams se me habra ocurrido reflexionar sobre las casualidades y accidentes que van configurando una empresa. Y si a mediados de la dcada de 1980 no hubiera aprendido los entresijos de la inversin empresarial, no habra podido aprovechar la buena suerte que luego se me ha ido presentado en el camino. Porque si no hubiera conocido a Steve y a Don, nunca habra comprendido por qu es mejor no pensar cmo piensa todo el mundo. </p><p>Estoy seguro de que cuando Steve tena quince aos y viva en Los Altos, California, no se le pasaba por la cabeza que algn da estara al frente del timn de una empresa cuya sede (segn Google Maps) se encuentra a tres calles y a poco ms de dos kilmetros de la puerta del instituto en que estudiaba, una compaa que ha vendido ms de doscientos millones de iPods, mil millones de canciones de iTunes, veintisis millones de iPhones y ms de sesenta millones de ordenadores desde 1996; ni que su rostro aparecera en la portada de la revista Fortune en doce ocasiones; ni que, casi por diversin, habra financiado y contribuido a poner en marcha Pixar, un estudio de animacin que slo con diez pelculas ha recaudado ms de cinco mil millones de dlares en taquilla y cosechado un gran xito en todo el mundo. </p><p> Es posible que tambin Steve haya pensado en los caprichosos </p><p>vericuetos del destino que contribuyeron a que llegara a ser quien es: que su infancia transcurriera en una zona que todava no haban bautizado con tan clebre nombre: Silicon Valley; que ya de nio se hiciera colega de Stephen Wozniak, cofundador de Apple; que trabajara un verano en Atari, creadora de Pong, el primer videojuego estilo Arcade famoso en todo el planeta; que Nolan Bushnell, fundador de Atari, recibiera el respaldo financiero de Don Valentine; y que Nolan fuera una de las personas que le pusieron en contacto con Don. stas son las migas de pan que el azar fue dejando en el camino de su vida. </p><p>Estos das y a causa de los muchos altibajos por los que he pasado en mis casi veinticinco aos de actividad en el sector de los capitales de riesgo, he desarrollado, o eso espero, una perspectiva ms certera de los extraordinarios logros profesionales de Steve, que le hacen merecedor de un lugar entre los hombres de negocios ms destacados de la historia de Estados Unidos. Jobs merece figurar ya en una relacin de nombres ilustres como Franklin, Carnegie, Edison, Rockefeller, Ford y Disney. </p><p>Blanca ValdelamarResaltado</p></li><li><p>Ha causado un profundo efecto en la sociedad y, sin duda, es el hombre de negocios ms importante de Estados Unidos desde que termin la Segunda Guerra Mundial. </p><p>Steve es director ejecutivo de Apple, pero, y esto es mucho ms importante aunque su tarjeta no lo mencione, es tambin uno de sus fundadores. Como el recorrido de la compaa demuestra, no hay mayor distancia para un hombre que el metro que separa a un director ejecutivo del fundador de una empresa. Los directores ejecutivos, los consejeros delegados o los directores generales son producto de la educacin y de la experiencia. Los fundadores, o, al menos, los mejores de ellos, son arrolladores, incontenibles, fuerzas de la naturaleza. De los muchos fundadores que he conocido, Steve es el ms cautivador. l ms que ningn otro ha convertido los modernos artefactos electrnicos en objetos de deseo. </p><p>Siempre ha tenido alma de artista; parece uno de esos poetas que todo lo cuestionan y por todo se interrogan, que viven apartados del mundo y desde edad temprana labran su propio camino. De haber nacido en el siglo XIX habra saltado a un vagn de mercancas con el nico propsito de seguir su propia estrella (no es casualidad que Apple y l produjeran No Direction Home, el documental de Martin Scorsese sobre la vida de Bob Dylan). Steve fue adoptado y educado por unos padres bienintencionados que nunca acumularon ms de un puado de dlares. Se decidi por el Reed College, universidad de singular atractivo para adolescentes brillantes y reflexivos, que en la dcada de 1970 pareca hecha a la medida de todo muchacho cuyos sueos pasaran por acudir al Festival de Woodstock. En Reed asisti a las clases de caligrafa que refinaron un sentido de la esttica cuya influencia an es evidente en la publicidad y los productos de Apple. </p><p>Sus crticos afirman que puede ser obstinado, inflexible, iracundo, temperamental y caprichoso, pero quin que haya conseguido algo importante no es as de vez en cuando y no es un absoluto perfeccionista? Tiene tambin la astucia y picarda de los mercaderes de un zoco, y es tan calculador como ellos. Es un vendedor insistente, persuasivo e hipntico: casi el nico hombre que conozco con audacia suficiente para empapelar todas las paradas de autobs de Estados Unidos con anuncios de un producto tan prosaico como un ratn inalmbrico. Pero es tambin el hombre que, hace algunas dcadas, tuvo el detalle de visitar con frecuencia a un consejero delegado convaleciente de un derrame cerebral y que, recientemente y con la mayor generosidad, ofrece sus sabios consejos a muchos jvenes ejecutivos de Silicon Valley. Tan distintas facetas explican cuanto de bueno y de malo le ha ocurrido a l y a las personas que lo rodean. </p></li><li><p>Cuando me inici en el sector de los capitales del riesgo, el consejo de administracin de Apple acababa de despedirlo para sustituirlo por una persona mucho ms convencional recin llegada de la Costa Este. En un gesto muy propio de l, Steve vendi todas sus acciones de la compaa menos una. A continuacin, desde Sequoia Capital lo vimos poner en pie una nueva aventura llamada NeXT, aunque nos miramos con gesto de desaprobacin al conocer sus intenciones. Es cierto que en una reunin muy concurrida haba conseguido el apoyo de varios inversores importantes (entre ellos Ross Perot), pero recuerdo que al visitar las oficinas de la nueva empresa pens que tena todas las papeletas para acabar en desastre. Eso s, en el vestbulo, que luca el logotipo diseado por Paul Rand, haba una escalera flotante parecida a las que hoy se puede encontrar en muchas tiendas Apple. </p><p>Con NeXT, Steve abandon su hbitat natural. Quera vender ordenadores a grandes empresas, siempre poco dispuestas a dejarse atrapar por el atractivo visceral de un producto. Se apartaba, por lo tanto, del trajn habitual del comercio minorista en un momento en que las empresas de ordenadores empezaban a demostrar que, por sus conocimientos avanzados de software y hardware, contaban con una ventaja natural sobre otras que se introducan en el sector por primera vez. Steve insisti en sacar adelante NeXT cuando otros muchos habran tirado la toalla, y, cuando el fin de la empresa era inevitable, pareca destinado a ocupar slo una nota a pie de pgina en el libro de la historia. </p><p>Apple adquiri NeXT a finales de 1996 en un intento a la desesperada por recuperar mercado. Doce aos despus es difcil hacerse una idea de las dificultades por las que pasaba. En Silicon Valley, los cnicos sonrieron con malicia al saber que Steve haba conseguido vender por cuatrocientos millones de dlares una empresa que slo haba fabricado cincuenta mil ordenadores. Lo cierto, sin embargo, es que Steve volvi a Apple curtido por aos de adversidades comerciales. </p><p>El resurgir de Apple es bien conocido, lo que tal vez no se sepa es que apenas tiene parangn. En qu otro caso ha ocurrido que el fundador de una empresa regrese al lugar del que ha sido desterrado para capitanear una recuperacin tan absoluta y espectacular? Si renacer es difcil en cualquier circunstancia, para una empresa tecnolgica lo es doblemente. No es exagerado afirmar que Steve no fund Apple una vez, sino dos. Y que la segunda vez lo hizo solo. </p><p>Recomiendo a todo aquel que quiera conocer mejor a Steve que entre en YouTube y vea el discurso que pronunci en la ceremonia de graduacin de la Universidad de Stanford en 2005, que debe de ser una de las alocuciones ms sinceras y llenas de contenido que jams se hayan pronunciado ante un pblico joven. </p></li><li><p>Entre los mensajes que Steve transmite est el de que todos tenemos oportunidad de dejar huella, de hacer algo especial y, sobre todo, de seguir nuestro propio camino. Termina su intervencin con el siguiente consejo, que toma prestado de la ltima edicin de Whole Earth Catalog, breve y clebre compendio del saber que se publicaba en Estados Unidos a finales de la dcada de 1960: No pierdas el hambre, no pierdas la curiosidad. Recomendacin que, segn he descubierto, resulta tambin muy provechosa para todo aquel que desee aprovechar su vida invirtiendo en empresas de reciente creacin. </p><p>MICHAEL MORITZ, San Francisco, 2009 </p><p>Blanca ValdelamarResaltado</p></li><li><p> Introduccin </p><p> Escribir sobre una empresa puede convertirse en un deporte de riesgo. Porque, al igual que las personas, las empresas nunca son lo que parecen. Ambas comparten un impulso natural a ofrecer su mejor perfil, pero las segundas, y particularmente las ms grandes, dedican mucho ms tiempo y dinero a cuidar las apariencias que las primeras. La publicidad est pensada para retratar a la compaa y sus productos bajo la luz que ms las favorece. Las agencias de relaciones pblicas se encargan de anunciar comunicados de prensa, lidiar con los periodistas y solventar asuntos incmodos. Hay que cortejar peridicamente a analistas, banqueros y agentes de bolsa para que el mercado de valores preste la atencin debida a la actividad de la empresa. </p><p>Por ese motivo, las compaas que todava no han salido a la luz pblica gozan de cierto encanto. No tienen por qu preocuparse de las restricciones impuestas por organismos estatales ni de accionistas que slo aprecian una labrada notoriedad. Sus fundadores y gestores suelen hablar con menos inhibicin que los ejecutivos de grandes empresas y guardan sus secretos con menos ansiedad. En sus primeros aos, la mayora de las empresas buscan la mayor publicidad y se contentan con cualquier cosa. Dependiendo de su atractivo, las noticias que aparecen en peridicos y revistas suelen ser breves y destacan diversos aspectos de una compaa en proceso de formacin. Al mismo tiempo, la novedad tiene encanto y suaviza las crticas. Luego, sin embargo, cuando se escribe su historia (o la historia de algunas de ellas), los pormenores de las primeras etapas se suelen diluir y surgen mitos y leyendas sobre los viejos tiempos: hasta los autores mejor intencionados abandonan la realidad y se inclinan por la ficcin. Como dijo el sabio, la nostalgia no es lo que era. As que habra mucho que decir de lo que significa escribir sobre una empresa antes de que sus fundadores y primeros empleados fallezcan o los detalles queden velados por...</p></li></ul>