Rumanía en agosto - Relato

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    23-Jul-2016

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<ul><li><p> 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/ </p><p> 3 </p><p>Rumana en agosto </p><p>Qu estoy haciendo, Santo Dios? se dijo Julien </p><p>volviendo en s de repente. Me pierdo. </p><p>STENDHAL </p><p>Haba algo que le llamaba la atencin de Matar, y era que sus habitantes seguan una </p><p>coordinacin sorprendente en sus horarios. Unas calles y plazas se llenaban a una hora </p><p>concreta de la maana, otras se llenaban a horas concretas de la tarde y otras nunca </p><p>acababan de estar ni llenas ni vacas. </p><p>Como tena que salir de viaje, traz una ruta hasta la estacin de autobuses que </p><p>coincidiese con las calles desiertas. Eran las siete de la maana, por lo que no fue difcil </p><p>encontrarlas. Cogi su maleta y la arrastr calle abajo. Desde pequeo le pasaba lo </p><p>mismo: No saba si el ruido de las ruedas sobre los adoquines le gustaba o no. Por un </p><p>lado le recordaba a los redobles de tambores. Un redoble de tambor era sinnimo de </p><p>fiesta mayor y fiesta mayor era sinnimo de alegra. Por esta lgica tena que creer que </p><p>el ruido era agradable... Pero, por otro lado, era similar al de las carracas. Y a quin le </p><p>gustan las carracas? Para ser exactos: a quin le gusta cmo suenan? Su voz es la de las </p><p>chicharras. Y, por ltimo, decir que estos insectos son malos... malficos. Lo cierto era </p><p>que Albert no haba visto una chicharra en su vida, pero con solo orlas al pasar cerca de </p><p>los parques se haca a la idea: Deban de tener ojos saltones, babear y no medir ms de </p><p>diez centmetros. Casi todos los insectos eran iguales. </p><p>Las manos le temblaban, pero no era por la emocin del viaje. Ms bien era por el </p><p>reencuentro con su madre. No haca demasiado tiempo de la ltima vez que se haban </p><p>visto, pero desde que viva en Matar y ella en Banyoles sus relaciones haban sido </p><p>distantes. Cada vez que se encontraban era como conocer a una persona nueva. </p></li><li><p> 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/ </p><p> 4 </p><p>Empezaban con los mismos formalismos una y otra vez: los besos en las mejillas, las </p><p>preguntas clich... Hacan chispear la tensin de los desconocidos. Duraba hasta que </p><p>alguno de los dos rompa el hielo. Cmo? Era suficiente con comentar algn recuerdo </p><p>de cuando Albert era un nio. No haba un momento en que su madre Imma disfrutase </p><p>ms que cuando le describa cmo se comportaba de cro. l, sorprendido, negaba con </p><p>la cabeza y le rebata: No puede ser que yo fuera as! No me lo creo! Lo deca con una </p><p>sonrisa en la cara. En realidad se reconoca en las descripciones de su madre. Gozaba. </p><p>Se le metan legaas en los ojos... o bien eran lagrimitas. </p><p>Haban acordado que se encontraran en la estacin de autobuses de Matar. Ella, como </p><p>viva lejos, haba cogido otro autobs para llegar hasta all. Llevaba ms de dos horas </p><p>dentro de un vehculo cuando, a las siete y cinco, Albert se top con ella. Se dieron dos </p><p>besos y, cada uno con su maleta, se sentaron en una marquesina. Estaban en Plaa de les </p><p>Tereses y tendran que esperar hasta al cabo de un cuarto de hora. Sera un autobs </p><p>negro el que les llevara de esa ciudad del Maresme hasta la terminal 2 del aeropuerto. </p><p>Habra sido ms sensato que quedasen directamente en Barcelona, pero queran </p><p>compartir el trayecto hasta all. Iban resiguiendo la costa; sobre la raya del mar, el </p><p>morado de la noche; sin duda perda su encanto por la madrugada. Y al amanecer la </p><p>costa quedaba tan fea que era mejor ni mirarla. Viniendo de Banyoles, Imma haba </p><p>evitado mirar a travs del cristal. De nuevo en el autobs, se sent en el asiento ms </p><p>apartado del cristal. El otro lado del autobs el que daba a la derecha de la carretera </p><p>estaba lleno de gente; si no, se habran sentado all. Por qu tenan tanta mala suerte? </p><p>Imma no se lo explicaba. Tena que alargar el cuello para mirar a travs del otro cristal. </p><p>Entre Albert y ella y los dos viajantes que haba en la otra fila de asientos, quedaba el </p><p>pasillo por el que haban entrado. Era extraa, esa combinacin: En el pasillo haban </p><p>puesto una moqueta como de plstico. Debajo de los asientos, sin embargo, la moqueta </p></li><li><p> 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/ </p><p> 5 </p><p>se transformaba en una tarima con altura. Sera para que sus pies no se enfriasen? </p><p>Pens que, si era as, lo ms inteligente sera sacarse los zapatos. De qu sirve la </p><p>madera si se pisa con botas?, se pregunt. Y a continuacin se agach. Deshizo los </p><p>cordones de sus botas de campo. Estaban sucias. Se pring los dedos de barro. Al sacar </p><p>los pies de dentro, el calor de los calcetines le subi por los brazos. Era una sensacin </p><p>desagradable. Agosto le volva su propio cuerpo extrao. Sus temperaturas, lo heladas </p><p>que estaban sus manos y lo ardiente de sus talones... Tantos contrastes hacan que se </p><p>sintiera como un cadver. Los jvenes tambin deben de sentirse agobiados? Ya no </p><p>recordaba su propia juventud. Con el olvido, haba acabado por sobrevalorarla. Giraba </p><p>la cabeza hacia la costa y, antes de verla, sus ojos se cruzaban con su hijo. l tambin </p><p>volva la cabeza haca all; ignoraba que el mar a esas horas fuese como mierda, pero </p><p>qu joven sabe reconocer lo que es bello y lo que es feo? Ninguno! </p><p>Ella sonrea. An le sorprenda que le hubiera propuesto viajar juntos. No haca ni dos </p><p>semanas que haban planeado la aventura a la que ahora se embarcaban. Rumana, un </p><p>pas al que haba viajado con su marido veinticinco aos antes. Rumana, un pas al que </p><p>ahora volva sin marido pero con hijo. Rumana... qu decir de Rumana? Echaba mano </p><p>de su memoria y no encontraba ms que recuerdos de otros viajes. Tan poco haba </p><p>significado para ella la primera vez que lo haba visitado? Le decepcionaba el olvido. </p><p>Poda echar las culpas a su mente desastrosa, s. O, si no, poda echar las culpas al poco </p><p>inters de Rumana en el 89. Quin le iba a decir que el mismo ao en que viajase al </p><p>pas, a los pocos meses, vivira una revolucin y sobrevendran tiempos nuevos? No </p><p>recordaba el pas, pero se acordaba de s misma viendo la cada de Ceaucescu por la </p><p>tele. La Rumana que se mostraba en pantalla no coincida para nada con la que ella </p><p>haba visitado. Su marido y ella haban sido vctimas de una estafa; En lugar de ir al </p><p>corazn de los lugares, el gua que haban tenido les haba conducido por sitios de </p></li><li><p> 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/ </p><p> 6 </p><p>menor inters. Cualquiera que hubiera querido acercarse a la realidad del pas en 1989 </p><p>lo habra tenido crudo. Ellos, en calidad de turistas, fueron tratados como bobos. Y, sin </p><p>embargo, no tenan motivos para quejarse. Les haban dado de comer, habitaciones en </p><p>las que dormir y alguna que otra distraccin. Si alguien les hubiera preguntado por qu </p><p>haban querido viajar a Rumana, ellos habran agachado la cabeza y susurrado: </p><p>Bueno... ramos jvenes, no cobrbamos demasiado y... y, bueno... era el viaje que </p><p>sala mejor de precio en la agencia con la que fuimos... </p><p>Cuando quedaba menos de media hora para que llegasen, el autobs se desliz hacia </p><p>uno de los mrgenes de la autopista. Se detuvo. Algunos pasajeros se preguntaron qu </p><p>habra ocurrido. La madre de Albert, ms maruja que no intrpida, fue la primera en </p><p>levantarse. Vio que el conductor haba salido del vehculo y lo sigui con la mirada; Iba </p><p>hacia la parte trasera del autobs. Otro coche se haba parado detrs de l. El conductor </p><p>tambin sali. Imma fue hasta el cristal trasero para seguir viendo qu ocurra. En mitad </p><p>del asfalto distingui un retrovisor; el del autobs. Ese coche, al tratar de adelantarlo, lo </p><p>haba arrancado de cuajo. Los dos conductores fueron civilizados; cualquiera habra </p><p>encontrado natural que se echasen a gritar, o por lo menos que lo hiciera el del autobs. </p><p>Al contrario, intercambiaron dos palabras, llenaron un papel, hicieron alguna llamada y </p><p>se estrecharon la mano. El incidente podra haber sido grave, s. Habra podido acarrear </p><p>discusiones, incluso una pelea. El conductor del autobs deba de ser un hombre </p><p>contenido; acostumbrado a hacer ese trayecto hasta el aeropuerto, saba que los </p><p>pasajeros a los que llevaba iban con prisa. No poda permitirse un enfado. Eso es un </p><p>profesional se dijo Imma, y asinti con la cabeza. Se sent de nuevo y el motor del </p><p>autobs volvi a vibrar. Seguan con su camino hasta la pista de despegue. </p><p>Dos minutos ms tarde, se durmi. Tuvo que despertarla Albert cuando estaban cerca </p><p>del aeropuerto. Al mirar hacia el cristal ya no se vea ni la costa mediterrnea, ni la </p></li><li><p> 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/ </p><p> 7 </p><p>autopista... solo el cielo y un avin que lo cruzaba. Ms abajo se extenda un parquin, </p><p>pero que, desde la posicin de Imma, no le alcanzaba a la vista. Ese cielo, por s solo, </p><p>resuma el romanticismo de las grandes ciudades. Ellas tendran ms o menos </p><p>rascacielos, ms o menos avenidas, pero su cielo, siempre contaminado, resistira. </p><p>En la cola de facturacin conocieron a las dems personas con las que visitaran el pas. </p><p>En una agencia de viajes, Albert haba contratado un lote que inclua gua y visitas en </p><p>grupo, adems de los alojamientos en todos los hoteles y las comidas. Aunque l </p><p>prefiriera viajar por su cuenta e improvisar, le asustaba la idea de estar a solas con su </p><p>madre. Yendo con un grupo de guiris, se asegurara de estar siempre rodeado. Lo que le </p><p>incomodaba no era que los silencios entre ellos se alargaran, ni que existiera ningn mal </p><p>rollo... Si lo haca era para poner tierra de por medio. Poner desconocidos de por medio. </p><p>De este modo evitara que su mirada se cruzase con la de su madre; por qu? Porque se </p><p>pasara el tiempo observando a los dems. </p><p>All mismo se presentaron a la chica de la agencia que acompaara el grupo durante el </p><p>viaje. Tena la piel morena y mova mucho las cejas al hablar. Cuando Imma y Albert se </p><p>aadieron a la cola, un montn de turistas del grupo la rodeaban. La acosaban a base de </p><p>preguntas indiscretas. Ella pareca dominar la situacin. Pese a su juventud, se le notaba </p><p>la experiencia de otros viajes que haba dirigido. Se mostr por la pregunta que hizo un </p><p>seor; el ms viejo de cuantos la rodeaban. </p><p> Qu le ha dicho? le susurr al odo Imma. l haba quedado absorto por la </p><p>perplejidad con la que la chica responda al hombre. Si no haba odo mal, le haba </p><p>preguntado por qu ciudades visitaran. Qu clase de turista viaja sin tener ni idea de </p><p>los lugares a los que va a ir? Al hacerse esta pregunta, Albert se acus; tampoco l saba </p><p>cules eran las ciudades que visitaran. Su madre, al contrario, haba aprendido de </p><p>memoria el programa del viaje que haba repartido la agencia. Durante los das </p></li><li><p> 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/ </p><p> 8 </p><p>anteriores, haba estudiado con profundidad cada uno de los sitios que visitaran. Para </p><p>sacarse la culpa del poco inters que puso en Rumana la primera vez, no quera que se </p><p>le escapase el ms mnimo detalle. En su bolso llevaba un libro de Cartarescu. Su hijo </p><p>se lo haba recomendado. De hecho, lo haba tomado prestado de su biblioteca y, </p><p>despus, al comentrselo, l se lo haba recomendado. </p><p> Como lo has cogido de mis estanteras sin pedirme permiso, no me queda otra </p><p>que decirte que te gustar, no? </p><p>Estaba seguro de que no le gustara. Se guard muy mucho de decrselo. Quera ver si, </p><p>para sorpresa suya, lo lea con entusiasmo. Jams la haba visto leer novelas. La imagen </p><p>que tena de ella iba ligada a una mquina de coser. Quiz el sonido de una radio de </p><p>fondo. O las palabras del padre de Albert, confesndole lo feliz que estaba con sus </p><p>proyectos. Soaba con que, algn da, su madre hara algo que le dejase atnito. </p><p>Entonces cambiara su impresin de ella... la cambiara a mejor! Le reconocera sus </p><p>mritos, o incluso cada cosa que hiciera. La admirara. Si hasta entonces no lo haba </p><p>hecho era por falta de inspiracin. Le dola decirlo, pero era cierto: su madre no le </p><p>inspiraba ni un triste poema. Siempre atada a las labores, caminando por la casa y sus </p><p>alrededores... Albert estaba convencido de que cada persona tena dentro miles de </p><p>dimensiones. Luego la miraba y se mora de pena. En qu se equivocaba? Acaso ella </p><p>misma no vea que su estilo de vida la haba llevado a estar vaca? l tampoco destacaba </p><p>por ser alguien de una personalidad explosiva. Pero cuando miraba el mundo que le </p><p>rodeaba, no buscaba su reflejo en los espejos. No le interesaba corregir sus propios </p><p>errores. Viva con el mismo estilo de vida que su madre, pero le dola ms verla a ella </p><p>hundida en la felicidad que verse a s mismo. </p><p>Esperaba que ese viaje marcase un punto y aparte. Era la ltima fase del luto por la </p><p>muerte de su padre, el marido de ella. Desde el da en que les dej, todas las respuestas </p></li><li><p> 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/ </p><p> 9 </p><p>que su madre haban sido indiferentes. Si le preguntaba qu quera comer, le daba igual. </p><p>Si le peda su opinin sobre algo, estaba de ms. Si le peda que le hiciese un favor, ella, </p><p>descarada, contestaba que lo poda hacer l mismo. Con tal de sacarla de esa </p><p>inmovilidad habra ido hasta el fin del mundo. Rumana quedaba un poco ms cerca. </p><p>La cola haba ido avanzando sin que se diera cuenta. No haba tenido la oportunidad de </p><p>saludar a la acompaante del viaje hasta entonces, as que, cuando se la cruz, le puso </p><p>una mano sobre el hombro. Dijo: </p><p> Perdona, nosotros dos tambin venimos. Creo que no nos habas visto. Somos </p><p>Albert e Imma, de acuerdo? Ella, asintiendo, sac un cuaderno de su maleta. Al-</p><p>bert e Im-ma. Se dio cuenta de lo intil que era que le repitiese sus nombres. </p><p>Estpido que soy, pens. </p><p> S, los nombres ya los has dicho. Tendra que saber vuestros apellidos... </p><p>La chica recorri una lista con su boli, y, antes de llegar al final, puso dos tics al lado de </p><p>sus nombres. Exclam: Perfecto, estamos todos! como las profesoras de primaria </p><p>que se alivian al comprobar que no han perdido ningn cro en una excursin. Antes de </p><p>seguir supervisando que todo estuviera orden, la chica les coment que se llamaba E. </p><p>Imma se avanz para darle dos besos. Por ms quietecita que hubiera estado durante el </p><p>luto, segua tan efusiva como cuando su marido estaba vivo. Albert se incomod. Por </p><p>qu haba hecho eso? Se haba dejado en ridculo a s misma y a l tambin. E. no le dio </p><p>ms importancia y respondi a ese gesto con otra de sus sonrisas. Los minutos pasaron. </p><p>Albert no apart los ojos de ella; se dio cuenta de que sonrea a diestra y siniestra, sin </p><p>pensar en quin era la persona que tena delante, si un cliente o su peor enemigo. </p><p>Albert puso la maleta al lado del mostrador de su aerolnea. Mientras sacaba el </p><p>pasaporte y lo mostraba a la dependienta, vio cmo su maleta empezaba a deslizarse </p><p>sobre una cinta. La mir como quien se dice: Ah, no tuve tiempo de despedirme de </p></li><li><p> 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/ </p><p> 10 </p><p>ella... e incluso levant un brazo, intentando retenerla. Lo que llevaba dentro era su kit </p><p>de supervivencia. En caso de una invasin aliengena, las cosas que traa en la maleta </p><p>seran las que habra salvado: una camisa, un par de pantalones y unas cuantas libretas. </p><p>De todas las maletas que haban pasado por esa cinta, la suya era la menos pesada. Al </p><p>mismo tiempo era una de las de apariencia ms desastrosa. Llevaba viajando con ella </p><p>desde que era pequeo. Era cierto que no haba viajado demasiado, pero no debemos </p><p>olvidar que era el tpico desgraciado al que le suelen devolver rota. Ahora, cuando vea </p><p>el tubo al que s...</p></li></ul>