Ricardo Molinari: El Imaginario

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    07-Apr-2016

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<ul><li><p>Ricardo Molinari: </p><p>El Imaginario JOSE MARIA GATTI </p><p>Hojasdelabanico.blogspot.com 28 de diciembre de 2013 </p></li><li><p>Ricardo Eufemio Molinari (1898-1996), fue el poeta de la amplia llanura tapizada por el </p><p>enorme cielo dispuesto al silencio, el cantor de nuestros ros, de los atardeceres granadinos </p><p>pincelados con nubes y pjaros, arrasados por los vientos del sudoeste. A este paisaje </p><p>argentino lo pobl de luz metafsica, lo ilumin de historia y de tiempo, lo habit con su </p><p>voz personal y entraable. Am como pocos la naturaleza: en todos sus poemas hay algo </p><p>siempre infinitamente nuestro, rboles, aves, pastos, caballadas, veranos, ros "abrasados </p><p>por el sol y la soledad sombra". En medio de nuestra poesa rica y diversa, su obra tiene la </p><p>estatura de las cumbres ms altas: es uno de esos cuatro o cinco nombres que sobreviven a </p><p>travs de todo un siglo, indemne a los cambios y a los juicios verstiles de las pocas. </p><p>Al contrario que muchos de sus contemporneos, Molinari niega la fructuosa porosidad del </p><p>arte de vanguardia, que l concibe como mero pasatiempo literario o distraccin potica. Su </p><p>lrica se dispone, pues, alrededor de tres vrtices. En primer lugar, la efusin ntima ante el </p><p>paisaje argentino. En segundo, la presencia de lo que Alonso Gamo define como mundo </p><p>de la madrugada, es decir, una experiencia lmite entre el sueo y la vigilia en que el autor </p><p>alcanza, a semejanza del mstico, la revelacin de algunas verdades ontolgicas. Y, por </p><p>ltimo, la devocin por los clsicos y el gusto por la armona de la lengua castellana. </p><p>Su obra, incesante y sostenida, fue imponindose gradualmente, sin apuros ni pausas. </p><p>Influy, sin duda, en muchos de los poetas que integraron la generacin de 1940, pero no </p><p>ha sido suficientemente reconocida por promociones posteriores, ms atradas por modelos </p><p>europeos y norteamericanos. Es que, como deca Eduardo Mallea respecto de ciertos </p><p>escritores, Molinari naci sin mito, ese mito que hace inexplicables muchos triunfos y que </p><p>va aliado a extravagancias, psicopatas o accidentadas peripecias biogrficas. Por otra parte, </p><p>despreci el afn publicitario. De ah que, pese a ser uno de los ms altos poetas </p><p>hispanoamericanos, no haya sido objeto, internacionalmente, de distinciones especta-</p><p>culares, aunque su nombre ocupe siempre un lugar distintivo, en cualquier buena antologa </p><p>del continente. </p><p>Un sentido dramtico de la existencia recorre buena parte de su obra. La sutileza de la </p><p>palabra hallada, cierto ritmo sincopado extrado del cancionero hispano-lusitano y las </p><p>grandes imgenes espaciales conviven en sus versos. A la mtrica tradicional le infundi </p><p>una cadencia propia; al verso libre lo explay en largas e infinitas sugestiones. </p><p>Ricardo Molinari es un autor de quien pudiera decirse carece de biografa, no slo porque </p><p>apenas haya trascendido dato alguno de su existencia, sino porque su poesa parece brotar </p><p>al margen de aquella, sin dejarse contaminar por el impdico confesionalismo de algunos </p><p>de sus compaeros generacionales y sin impregnarse de los trazos deshumanizados del arte </p><p>de vanguardia. </p><p>Era un hombre acostumbrado a los espacios abiertos. Nacido en Villa Urquiza, por </p><p>entonces un lugar poblado de quintas y vecinos trabajadores; desde all la poesa de </p><p>Molinari se acerc a las vanguardias que se debatan entre los clebres grupos de Florida y </p><p>Boedo, para hacer ms sorprendente el adjetivo y ms afinadas las imgenes, antes que para </p><p>aprender el ingenio y el estruendo. </p></li><li><p>Francisco Luis Bernrdez recuerda que en las terturlias con Leopoldo Marechal y Jorge </p><p>Luis Borges, en los aos veinte, aquel muchacho mudo y sonriente sufra cierta impaciencia </p><p>al llegar determinada hora. Era la hora en que sala el ltimo tranva para Villa Urquiza. </p><p>"Qu hacer de nuestras vidas, Mara del Pilar?", poda escribir por entonces en medio de </p><p>versos delicados y engaosamente simples que hablaban de rboles y nubes. </p><p>Mantuvo siempre un bajo perfil que sin duda no lo benefici. Su figura de anti-hroe </p><p>sumado a su esttica melanclica no le impidi sin embargo llegar a tutearse con los </p><p>grandes sin hacer alharaca. </p><p>Haba nacido el 20 de mayo y qued hurfano a los cinco aos. Se cri con su abuela </p><p>materna, Bartola Delgado de Molinari, uruguaya, en una antigua casa. Dej sus estudios </p><p>para dedicarse a la poesa; su formacin la debe, por una parte, a los clsicos espaoles (de </p><p>ah su predileccin por el romance, las coplas, el soneto) y a la poesa francesa, en la cual </p><p>erigi como maestro a Mallarm, que insufl a su siempre luminosa expresin cierto </p><p>arrevesamiento sintctico, cierto gusto por palabras recnditas, poco usuales. </p><p>De joven integr el grupo generacional ms destacado de nuestro siglo XX literario: el que </p><p>se reuni en torno de la revista Martn Fierro, junto con Borges, Marechal, Girondo, </p><p>Mastronardi, Gonzlez Lanuza, Nal Roxlo. </p><p>Publicaba en ediciones privadas un libro tras otro. Fueron tal vez setenta, hechos con el </p><p>placer de lo artesanal. As lo entendi la crtica cuando en 1975 aparecieron sus obras </p><p>completas bajo el ttulo Las sombras del pjaro tostado. En el agua fluida de ese largo </p><p>poema se encuentran a veces algunas palabras slidas, pero en general la lectura de </p><p>Molinari deja la sensacin de que no se ley estrictamente nada -nada que pueda contarse, </p><p>recordarse- y que se ha tenido una experiencia que impresion en un lugar profundo. </p><p>"Vivo en mi mundo extrao,/ alegre y firme/ como un dormido." Recordado tardamente </p><p>como un tipo de cara oscura y pelo de algodn, de palabras que se vean en el aire seguidas </p><p>de puntos suspensivos, pero de ojos negros analticos, fue lo que la prensa descubri </p><p>cuando se enter, en 1985, que en una clnica internado despus de un accidente, intentaba </p><p>reponerse el poeta al que muchos consideraban uno de los grandes de Amrica, de la </p><p>primera mitad del siglo, a la par de cualquiera que se mencione. El crtico ingls J. M. </p><p>Cohen dijo que esos hombres eran cuatro: el chileno Pablo Neruda, el peruano Csar </p><p>Vallejo, el mexicano Octavio Paz y Ricardo Molinari. </p><p>Al igual que Jorge Luis Borges tendera a la reflexin metapotica en detrimento de las </p><p>contingencias de la moda literaria. Molinari poco dado al guio displicente y al malditismo </p><p>bohemio que aureolaba a sus coetneos, frecuentara los ejemplos del renacimiento espaol </p><p>y del romanticismo francs e ingls, y desconfiara del culto absorbente de las novedades </p><p>en el que se marcaban los anhelos de sus camaradas; la engaosa dinmica que confundi a </p><p>tantos martinfierristas, empeados despus en la correccin de sus orgenes poticos </p></li><li><p>SAGAS </p><p>I </p><p>A veces presiento que mi ser ha sido una </p><p>lanilla suelta, una corta brisa remota, un </p><p>hombre solitario en una familia. </p><p>Con el verano venan mis tos a saludarnos, </p><p>altos y serenos y asentaban sus manos grandes, </p><p>el silencio, sobre mi cabeza y me miraban como </p><p>a un montn de das desiertos y olvidados. Al </p><p>marcharse apretaban mi cuerpo con los suyos, </p><p>sombros y en la mudez, y partan igual a la luz </p><p>por las dunas. Un da, siempre es un da la tarde. </p><p>II </p><p>Por octubre comenzaban a florecer los lirios </p><p>silvestres en el pantano, y los esperaba durante </p><p>las otras estaciones fras y lluviosas. Las pequeas </p><p>flores que ninguno recoga me saturaban </p><p>de una sutilsima transparencia alegre de piadosa </p><p>reverencia satisfecha. Vea pasar los pjaros y </p><p>llevar las nubes, y mi sombra con las horas. </p><p>De noche todo lo pensaba, y entretena: la claridad </p><p>de la luz de la luna espejada en mi cuerpo, </p><p>sin movimientos e intensamente lejano y extraviado. </p><p>Tanto demor en volver, que no entiendo y alejo, </p><p>y encierro igual a una tormenta dorada </p><p>sobre las hoscas llanuras, con la noche, la arena </p><p>y los vientos silbadores y vagabundos. </p><p>Oportuno resulta transcribir la mirada de Alfredo Lemon sobre la obra de poeta. El crtico </p><p>abunda en una serie de detalles de enorme significacin en su trabajo La voz potica de </p><p>Ricardo Molinari. </p><p>Desde El imaginero, escrito en 1927, la diccin de este autor romntico de fina percepcin, </p><p>se aparta del simbolismo puro y comienza un proceso de despojamiento de cuanta cosa </p><p>superflua y enunciativa poda tener la lrica de nuestro pas hasta el momento. Apartndose </p><p>del modernismo y del ultrasmo, se desprende de todo lo accesorio aunque no deja de </p><p>utilizar a la metfora como herramienta primordial de la escritura. Se exige a s misma, </p><p>consiguientemente, quedarse en lo esencial, en lo sustancial de las cosas, en lo ntico de los </p><p>conceptos, pero sin perder de vista el matiz acstico y musical de verbos y sustantivos </p><p>perspicazmente ordenados. En ese sentido Molinari es un poeta visual que mediante su </p><p>palabra refleja los sonidos y smbolos del mundo y del universo: "En su esfera abstrada, </p><p>pena, espada de cielo o fbula de viento amargo;/ amor hermoso de otro da, largo/ en su </p><p>esto; en su noche de aire, nada". </p></li><li><p>Su creacin reposa en las verdades profundas y escondidas tras los dismiles rostros y </p><p>aristas de lo bello: "Huellas sin camino, cuello alado de tanta tarde inmensa en el desierto,/ </p><p>con su paloma abierta, descendida". </p><p>Su diccin es precisa y contundente, su voz denota la necesidad inquietante de nombrar el </p><p>paisaje, las estaciones, los cantos y leyendas tradicionales de la pampa infinita; reflejos de </p><p>una cultura popular que quiere celebrarse con refinamiento: "Espacio estril, cielo sin sol. </p><p>Qu gozosa muerte es tu anhelo de agua y tierra apretada,/ de tu cielo sin ngeles; tu cielo </p><p>sin huida/all, donde mi voz est callada, con el borde deshecho, con la frente sin tarde: </p><p>clavel, rosa desolada". </p><p>Advirtese tambin que en el artista el pasado no es mera nostalgia ni el presente una </p><p>connotacin realista de las circunstancias ni el futuro o lo que l querra que ocurriese, una </p><p>vana esperanza, una cosa que desvanece el deseo; sino que es puntualmente la necesidad de </p><p>aprehender lo que le sucede en su entorno vivencial, expresiones ldicas en la pgina en </p><p>blanco: "Maana estar de nuevo solo,/ sin un amigo que me acompae,/ sin ninguna </p><p>persona cerca de mi muerte./Me cerrar la gabardina y me pondr a escuchar mi reloj; la </p><p>poesa estril que me entretiene,/ la que no gusta a nadie: a quin le agrada una fbula de </p><p>arena, una cavidad en el agua, un desierto ms?...". </p><p>Exactitud en funcin de lo indefinido, realismo en funcin de la vaguedad, carnalidad en </p><p>funcin de la ensoacin; as labora la dinmica de la forma el celebrante csmico, </p><p>logrando la fascinacin justa de su canto, prolongando el sentido oculto y la significacin </p><p>de lo nombrado, alimentando la pluralidad de interpretaciones en el lector. </p><p>"Cuando pienso que nunca he de volver al fro, qu ganas me llevan de talar un rbol;/ de </p><p>quebrar el ala de un pjaro, para que disfrute de un amor enloquecido". Y : tambin: "Yo </p><p>quisiera ser diferente: huir, salir de la ceniza. Si pudiera, qu viento hermoso movera tu </p><p>soar..." </p><p>Las imgenes se acumulan entre deseos y splicas, entre muerte y memoria. Si la </p><p>transfiguracin de la realidad se nutre de la voluntad de adherir al destino, convirtiendo lo </p><p>inevitable en acto libre, este proceso se trasunta en Molinari ntidamente: "Yo estaba </p><p>desesperado como si ya no quedara otra vida, como si el mundo fuera plano y mi sueo </p><p>estuviera apretado contra una pared./ S, el amor, la carne, el triste sueo. Yo no quera </p><p>morir". </p><p>De los diversos temas que trata su obra, elegiremos el del tiempo, que como bien refieren </p><p>los estudiosos, aparece en forma reiterada. Desde siempre y a travs de una constante, su </p><p>daga subrepticia se hace presente. Ello puede apreciarse de manera ms puntual en las </p><p>ltimas composiciones, como si el vate , hubiera querido eternizar la palabra desde un </p><p>reflejo ineludible del propio destino existencial: "La melancola se arrincona mientras digo </p><p>tu nombre en la tibia penumbra de la tarde./ Aprieto mis manos y vuelvo./Los cantos ridos </p><p>del viento me acompaan./ Todo est lejos y perdido, tarde es el tiempo ya./ Nada tan </p><p>hondo como tu ausencia, suavidad hallada lejos en las alas opacas de mi corazn". Se </p><p>pretende conjugar -y conjurar-, el mundo interno del poeta con las diferentes circunstancias </p><p>de la vida. Das, siglos, retornos, heridas, fugas; son los distintos matices de una conciencia </p></li><li><p>trgica que reflexiona ante el fluir de las cosas. Molinari sabe que el hombre es mortal y </p><p>que el cuerpo est supeditado a los cambios y embates del devenir. Desde esa perspectiva </p><p>alude: "Estoy nostlgico, lejano y ya no me veo en la fuga de mis venas". </p><p>Igualmente poemas como Unida noche (1957) o Dentro de mi morada (1990) se siente el </p><p>transcurrir del reloj vital como un gran interrogante o una gran duda: "Oh tiempo, ya sin </p><p>vivir, sostenido y acabado! Oh, inmvil y lejano sueo todava!". Finalmente, con la </p><p>llegada de la adultez y la sabidura de los maestros, puede escribir versos impecables como </p><p>los que siguen: "Ya estoy cumplido de estar vivo, he crecido hasta la vejez, me distraigo en </p><p>ausencias y te nombro, poesa". Como se observa, Molinari contiene las virtudes de los </p><p>grandes profetas de Occidente, al perfilar la plenitud metafsica del hombre frente a la </p><p>creacin. Peregrino y sacerdote del absoluto, sereno y pulcro, su tono literario deja entrever </p><p>un resabio de melancola que se filtra por los repliegues de lo cotidiano. Vista en la </p><p>perspectiva de un tiempo ansioso, descredo y solo, su poesa se distingue inmediatamente </p><p>de las dems, no slo por su jerarqua esttica, sino por su sentido espiritual, su originalidad </p><p>expresiva y libertad anmica: "Maana cuando venga el sol para llevarse la nieve de </p><p>encima de los hombros,/ mi rostro estar despierto hacia el oeste,/ donde tus ojos se abren </p><p>sin verme; donde la luz lleva un aire de brazo que se despide, como tu piel desnuda que ya </p><p>sabe que no vuelvo". </p><p>Contra lo previsible, la voz de Molinari perdura en lo ms alto y depurado de nuestra poesa </p><p>contempornea. Entre la de sus coetneos, slo la de Borges y tal vez la de Mastronardi o la </p><p>de Juanele Ortiz, poseen similar belleza e idntico rigor. "Y estoy soando en el vaco, la </p><p>velada sombra de la vida, igual a una paloma./ Quiz me est yendo de todo. Quiero los </p><p>vientos que deshojan en marzo y se vuelven al atardecer..." </p><p>Len Benars tambin dej su semilla y nos ilustra sobre la poesa de Molinari. </p><p>La poesa de Ricardo E. Molinari es nica y personalsima, no slo en las letras argentinas, </p><p>sino aun en todo el mbito del habla hispnica. Es muy difcil definirla en trminos dia-</p><p>lcticos. Slo es posible aproximarse a su esencia mediante tambin poticas alusiones. Se </p><p>parece a una rama florida, al verdor de un sauce, al vuelo de una gaviota, a una nube de </p><p>verano. En lo esencial, es celebratoria, gozosa y exultante, pero con recatado pudor. Su </p><p>nostalgia, su eventual melancola, nunca se descomponen en el gesto. Carece de teatralidad. </p><p>Poesa de extrema pulcritud, su idioma es lmpido, sin permitirse vulgarismos, pero </p><p>incorpora a veces, con medida, una voz regional que da color al paisaje. </p><p>Sus exclamaciones, sus contenidos momentos de dolor ntimo, se asordan, ajenos al escn-</p><p>dalo, para hacerse depurada y lmpida intimidad. </p><p>A su propio sentir une una especie de adoracin por la naturaleza desnuda y prstina, como </p><p>p...</p></li></ul>

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