PAGO CHICO Y NUEVOS CUENTOS DE PAGO CHICO

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    06-Jan-2017

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  • ROBERTO J. PAYR

    PAGO CHICO Y NUEVOS CUENTOS DE PAGO CHICO

    2003 - Reservados todos los derechos

    Permitido el uso sin fines comerciales

    http://www.biblioteca.org.ar/

  • ROBERTO J. PAYR

    PAGO CHICO Y NUEVOS CUENTOS DE PAGO CHICO

    NDICE: * - I - La escena y los actores * - II - Libertad de imprenta * - III - En la polica * - IV - El juez de paz * - V - La eleccin municipal * - VI - Ladrillo de maquina * - VII - Beneficencia pagochiquense * - VIII - Poncho de verano * - IX - Para barrabasadas... * - X - Los patos * - XI - Metamorfosis * - XII - Con la horma del zapato * - XIII - El caudillo * - XIV - El desquite de don Inacio * - XV - Las memorias de Silvestre * - XVI - Fiestas patrias

  • * - XVII - Poesa * - XVIII - Sitiado por hambre * - XIX - El diablo en Pago Chico * - XX - Guerra a Silvestre! * - XXI - Altruismo * - XXII - Libertad de sufragio o Nuevos cuentos de Pago Chico * El fantasma * Justicia salomnica * Don Manuel en Pago Chico * Eplogo PAGO CHICO - I - La escena y los actores Fortn en tiempo de la guerra de indios, Pago Chico haba ido cristalizando a su alrededor una poblacin heterognea y curiosa, compuesta de mujeres, de soldados, -chinas- acopiadores de quillangos y plumas de avestruz, compradores de sueldos, mercachifles, pulperos, indios mansos, indiecitos cautivos -presa preferida de cuanta enfermedad endmica o epidmica vagase por all. El fortn y su arrabal, anlogo al de los castillos feudales, permanecieron largos aos estacionarios, sin otro aumento de poblacin que el vegetativo -casi nulo porque la mortalidad infantil equilibraba casi a los nacimientos, pero cuyos claros venan a llenar los nuevos contingentes de tropas enviados por el gobierno. Mas cuando los indios quedaron reducidos a su mnima expresin -"civilizados a balazos"-, la comarca comenz a poblarse de "puestos" y "estancias" que muy luego crecieron y se desarrollaron, fomentando de rechazo la poblacin y el comercio de Pago Chico, ncleo de toda aquella vida incipiente y vigorosa.

  • Cuando ese ncleo provincial adquiri cierta importancia, el gobierno provincial de Buenos Aires, que contaba para sus manejos polticos y de otra especie con la fidelidad incondicional de los habitantes, erigi en "partido" el pequeo territorio, dndole por cabecera el antiguo fuerte, a punto ya de convertirse en pueblo. El gobierno adquira con esto una nueva unidad electoral que oponer a los partidos centrales, ms poblados, ms poderosos y ms capaces de ponrsele frente a frente para fiscalizarlo y encarrilarlo. Como por entonces no existan ni en embrin las autonomas comunales, el gobierno de la provincia nombraba miembros de la municipalidad, comandantes militares, jueces de paz y comisarios de polica, encargados de suministrarle los legisladores a su imagen y semejanza que haban de mantenerlo en el poder. La vida poltica de Pago Chico slo se manifest, pues, durante muchos aos, por la ciega obediencia al gobierno, del que era uno de los inconmovibles bourgs pourris, baluarte en que se estrellaba todo conato de oposicin. Los "partidos" incondicionalmente oficiales, eran el gran cimiento de la situacin, y entre ellos Pago Chico apareca como una de las herramientas ms dciles y eficaces. Reciba en cambio algunos subsidios para el sostenimiento de sus autoridades, y de vez en cuando gruesas sumas destinadas a obras pblicas y de fomento, que las mismas autoridades se repartan en Santa Paz, cubriendo las apariencias con algn conato de construccin, verbigracia, la del puente sobre el ro Chico, que an est en veremos, el ensanche de la iglesia, siempre en las mismas, la terminacin de la Municipalidad, o la mejora de los caminos, las acequias o los mataderos... Oposicin no exista sino tan embrionaria que su exteriorizacin ms grande eran los chismes y las hablillas, las protestas de algn desdeado o perseguido y los annimos al gobernador de la provincia o a los peridicos de la capital, ora reveladores de verdaderos abusos, ora simples especies calumniosas envenenadas. El programa poltico de los descontentos era el rudimentario "qutate para que yo me ponga" de manera que la oposicin no sala nunca de su estado de nebulosa, por poco que, cuando amenazaba consolidarse, los ms ardientes recibieran un mendrugo inspirador del quietismo y la tolerancia. Bermdez, por ejemplo, indignado ante la negativa de una concesin que pidiera a la Municipalidad, proclam urbi et orbe que iba a revelar los latrocinios del puente sobre el Chico, denunciando a la prensa bonaerense la verdadera inversin de los fondos, robados por los municipales como en una carretera. Hizo, en efecto, una exposicin circunstancial de las defraudaciones, a la que agreg clculos de precio de materiales, la descripcin de lo hecho y un cmulo de comprobantes... Firm el terrible documento, consigui que otros vecinos expectables lo refrendaran, robusteciendo la denuncia, ley el factum ante un grupo numeroso en el caf y confitera de Crmine, agit los nimos, despert el patriotismo pagochiquense, convulsion al pueblo, pronto ya a la revolucin y el sacrificio... -Usted es un zonzo, amigo Bermdez -le dijo en esta emergencia el escribano Ferreiro, detenindolo en la calle. -Por qu? -pregunt el prohombre opositor muy sorprendido.

  • -Porque ha obligado al intendente a romper el contrato por diez aos del peaje del puente. -Y a m qu? -Que la Municipalidad se lo conceda a usted por una bicoca... Un regalito de tres a cuatro mil pesos por ao!... Bermdez se puso verde, luego amarillo, despus rojo como un tomate, enseguida plido otra vez, y tomando el brazo del ladino Ferreiro con la mano trmula de emocin y avaricia: -Y eso no se podra arreglar? -pregunt. Se arregl, y admirablemente. Bermdez dio vuelta al poncho. Los parroquianos del caf de Crmine le sacaron el cuero; pero nuestro hombre, desollado y todo, sigui tan campante enriquecindose y figurando cada vez ms... Ese caf de Crmine y otros puntos de cita no podan, entre tanto, dejar de convertirse en centro de difamacin, y lo fueron con tal eficacia que al cabo de pocos aos el pueblo se hall dividido en varios bandos que se odiaban a muerte, y cuya lucha iba a dar origen a una oposicin organizada. Entre estos bandos destacbase el de don Ignacio Pea (don Inacio, all) y su aclito el boticario Silvestre Espndola, enemigo personal este ltimo del intendente y su camarilla, porque el mdico municipal, doctor Carbonero, habilit al italiano Bianchi para que abriese otra farmacia contando con la clientela obligatoria de sus enfermos, los pedidos de la municipalidad para el hospital, y los de la comisaira para su botiqun, pues Carbonero acumulaba tambin las funciones de mdico de polica y director del hospital. Esto ahondaba la divisin, porque los otros dos facultativos, el doctor Fillipini, italiano, y el doctor don Francisco de Prez y Cueto, espaol, sin cargo ni prebenda alguna, eran naturalmente opositores a todo trance. Adase a esto la competencia comercial, creadora de enconos por s misma, y exacerbada an por el favoritismo de las autoridades, que para algunos llegaban a extremos inconcebibles; los celos de las mujeres; las envidias de los hombres; la sempiterna vida en comn; la falta casi total de horizontes, y se tendr idea de aquel terreno preparado ya para convertirse en teatro de una lucha homrica. El primer sntoma de guerra fue una disputa ocurrida en el Club del Progreso entre el intendente municipal don Domingo Luna y el juez de paz don Pedro Machado, a raz de un envite en que el juez cant treinta y dos y se fue a baraja sin mostrarlas, apuntndose los tantos despus de no querer el rabn. Casi hubo cachetadas, y quiz hubiera sido mejor, porque la venganza de Machado, a quien el intendente llamara "tramposo" con todas sus letras, fue terrible: fund un peridico, "El Justiciero", para atacar a su enemigo y sacarle

  • los cueritos al sol. "Los cueritos al sol" dicen en la campaa, porque all se acostumbra que los nios duerman sobre pieles de cordero, y cuando stas se sacan a la luz... ya se adivina el resto! Hizo Machado llevar una imprentita de Buenos Aires, y como era completamente analfabeto, la puso en manos de Fernndez, que ya haba dragoneado de periodista en otro pueblo, encargndole que pusiese "overo" al intendente, sin asco y sin lstima. "El Justiciero" deba aparecer dos veces por semana: jueves y domingos. Apareci, sin embargo, un solo jueves, pues el "deux ex machina" pagochiquense, el escribano Ferreiro, se encarg de poner paz entre los prncipes cristianos. -Mire, don Pedro -declar al belicoso juez de paz-; esto va a ser como pelea de comadres de barrio. "Ust es esto!" "Y ust es ms!" Cuanto pueda decirle a Luna, l se lo puede repetir a ust, porque todos hemos hecho y estamos haciendo lo mismo. Trguese la rabia y cllese la boca, porque lo ms que sacar ser lo que el negro del sermn; los pies fros y la cabeza caliente. Sigamos como hasta ahora, que as va lindo no ms. Si no vamos a tener que enojarnos con ust, se va a enojar el gobierno, ya no le caer ni un negocito para hacer boca, y en cambio Luna se encargar de decirle cuntas son cinco, y l y ust, ust y l sern la risa de todo el mundo. Como don Pedro no cediera a las primeras de cambio, Ferreiro se entretuvo en enumerarle todos los negocios dudosos y hasta escandalosos en que haba tenido participacin, las arbitrariedades por l cometidas en el desempeo de su cargo... -Pir ha hecho l -gritaba Machado, como lo pronosticara el escribano, que le tap la boca con esto: -Habr hecho peor, no digo que no. Pero l no est en posesin de un campo sin ttulo de propiedad, ni de seis o siete lotes urbanos, que la Intendencia puede reivindicar de un momento a otro... "El Justiciero" no reapareci hasta meses ms tarde, cuando "La Pampa" de Viera arroj en aquel terreno abonado la semilla de la oposicin, provocando por parte del oficialismo una defensa desesperada que tuvo la virtud de acabar con las rencillas de Machado, Luna y dems "dueos del pueblo". Este Viera, hijo de Pago Chico -joven de veintids aos que haba vivido algn tiempo en Buenos Aires, codendose, gracias a su pequea fortuna, con la juventud frecuentadora de cerveceras, teatros y comits-, era un bien intencionado y un cndido, con escasa ilustracin y ms escasa experiencia, a quien el surgimiento de la Unin Cvica infundi ideas redentoras. A raz de aquel vasto movimiento de opinin volvi al Pago resuelto a reformar el mundo, y para hacerlo compr tambin una imprentita, gastndose la mitad de su capital, y fund "La Pampa", dispuesto a sostenerla con la otra mitad. Ya lo veremos en la accin. Entretanto pasemos a otra cosa, para dar una idea general de aquel pueblo privilegiado.

  • Las reuniones ms "chic" y mejor concurridas eran las que Gancedo celebraba frecuentemente en su casa, para ir crendose una popularidad que pudiera llevarlo a la diputacin, sin darse cuenta de que en Ferreiro tena un rival tanto ms peligroso cuanto ms discreto y solapado. Las tertulias de Gancedo eran todo lo amenas y agradables que podan serlo en Pago Chico. Precedalas siempre "una comida ntima" segn el dueo de casa, "un banquete" segn los invitados no venenosos. Llenbase de gente el vasto comedor, y como la ciencia culinaria pagochiquense estaba todava en paales, el men se compona generalmente de jamn, pavo fiambre, conservas de toda especie y empanadas criollas, de tal modo que la mesa pareca la de un lunch de viajeros en una parada del camino. Terminada la comida y apuradas las ltimas botellas del buen vino de postre, comenzaba a llegar el resto de los invitados, las nias con sus mams, los jvenes solteros; el pianista Mussio aporreaba el teclado sin darse tregua, y los valses, las polkas y los lanceros se sucedan hasta muy cerca del amanecer. Las dems reuniones eran muy parciales y ese excepto las masculinas del Club del Progreso y la confitera de Crmine -los dos puntos de reunin que se disputaban opositores y oficialistas, quedando el uno y el otro tan pronto en manos de stos, tan pronto en manos de aqullos, como en las figuras de una contradanza. Pero, eso s, slo tratndose de un caso de enemistad declarada y odio manifiesto, ningn pagochiquense distinguido faltaba al bautizo, la boda, el velorio y el entierro de otro distinguido pagochiquense. Era de regla olvidar aparentemente las pequeas rencillas en estas solemnidades. Pero si escaseaban las fiestas y las tertulias de msica y de baile, abundaban en cambio las "tenidas" de murmuracin y desollamiento. Los hombres las celebraban en el club y el caf; las mujeres en sus casas y las ajenas. Como hormigas iban y venan de sala en sala, despellejando aqu a las que acababan de dejar all, mientras eran despellejadas a su vez por aqullas y por otras, en una madeja de chismes, embustes, habladuras y calumnias que no hubiera desenredado el mismo Job con toda la paciencia que se le atribuye an, pese a las protestas, clamores y vociferaciones que llenan su libro del vicio testamento. Tales misteriosos cuchicheos empaaron ms de una fama limpia y pura, y pronto no qued en Pago Chico, sino para los interesados, ni hombre decente ni mujer honrada. -Si uno fuera a creer tanta inmundicia -deca Silvestre-, tendra vergenza hasta de mirarse al espejo sin testigos. Y lo ms curioso es que Silvestre sola ser el vehculo por excelencia, de la difamacin. "La Pampa" atac el mal en varios artculos violentos contra los calumniadores. Todo el mundo los ley, coment, aprob, aplaudi, ensalz; pero todo el mundo sigui impertrrito haciendo lo mismo, y hasta puede que exagerando la nota. De aquella clebre campaa periodstica slo qued el dicho de "Pago Chico, infierno grande", epgrafe de uno

  • de los artculos de Viera, y el buen efecto causado por este prrafo, glosa de la frase silvestrina: "Si cuanto se dice fuera cierto, habra que cercar de murallas el pueblo y convertirlo en una crcel que fuera al propio tiempo manicomio y reclusin de mujeres perdidas". El comercio tena bastante importancia, sobre todo desde que lleg el ferrocarril, pues entonces comenzaron a establecerse "barracas" para el acopio de frutos del pas -lana, cueros, etc.- Estos establecimientos fueron pronto los ms importantes y prsperos, llegando a efectuar ciertas operaciones bancarias -depsitos en cuenta corriente y a plazo fijo, descuentos, giros- que antes hacan fcilmente las principales casas de comercio. Entre estas ltimas, la ms notable era la de Gorordo, que reuna en un inmenso edificio de un solo piso con techo de hierro galvanizado, los ramos de tienda, mercera, almacn, despacho de bebidas, corraln de madera, hierro y tejas, mueblera, hojalatera, papelera y droguera, amn de otras especialidades. An quedaban otros establecimientos anlogos, restos de la poca en que...