NOVENA DE NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN

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    25-Jul-2015

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<p>1</p> <p>NOVENADE NUESTRA SEORA DEL CARMENActo de Contricin Clementsimo Dios y Seor mo, a tus plantas postrado pido humildemente el perdn de mis pecados; concdeme un verdadero dolor y un propsito firme de nunca ms ofenderte. En tu piedad confo, y en tu benignidad espero, que mediante la intercesin y ruegos de tu dulcsima Madre Mara Santsima del Carmen, mi abogada, me has de conservar en tu gracia y dispensarme la perseverancia en tu santo servicio hasta el ltimo instante de mi vida. Amn. Oracin preparatoria Dulcsima Virgen Mara del Carmen, Madre de Dios y de los pecadores; tu patrocinio implora mi afligido corazn; para que interesando tus ruegos alcance los frutos de celestiales dulzuras que ofrecen los generosos rboles de tu florido Carmelo, en que se simbolizan tus sagradas prerrogativas. Y te pido, confiado en tu poderosa proteccin, as como por haber delinquido2</p> <p>nuestros primeros padres comiendo del rbol vedado, dispuso el amor de tu Hijo precioso trasplantar al Paraso del Carmelo el rbol mstico de la vida, me concedas los beneficios que estos hermosos rboles ofrecen, y dispongas mi corazn de modo que pueda en estos nueve das venerar y aplaudir las gracias y dotes que en ellos se figuran, y conseguir mediante tu divina fragancia, correr con nimo y anhelo hasta lograr el buen olor de heroicas virtudes, para hacerme con ellas participante de la eterna gloria. Amn. Las excelencias de Mara Santsima del Carmen La primera Excelencia de Mara Santsima, es tener el sagrado cuerpo ms hermoso y perfecto que todas las criaturas. Ave Mara La segunda Excelencia, es tener un alma la ms santa despus de la de Jess su Hijo, llena de la gracia del Espritu Santo. Ave Mara La tercera Excelencia, fue haber vivido desde el primer instante de su Concepcin con la vida mstica, que es la perfectsima. Ave Mara3</p> <p>La cuarta Excelencia, es ser verdadera Madre de Dios, que es una dignidad casi infinita. Ave Mara La quinta Excelencia, fue su dichosa muerte, y que sta fuese al incendio del divino amor. Ave Mara La sexta Excelencia, fue su resurreccin y su gloriosa Asuncin al cielo, recostada en los brazos de su dulcsimo Jess. Ave Mara La sptima Excelencia, fue su coronacin por Reina soberana de todas las criaturas, con que la honraron Padre, Hijo y Espritu Santo, como a Hija, Madre y Esposa, por toda la eternidad. Ave Mara DA PRIMERO Elas, El Profeta de la Inmaculada. El Espritu Santo refiere con un laconismo sublime la aparicin del profeta Elas en la historia: Surrexit Elas propheta quasi ignis Levantse Elas profeta como un fuego Era su4</p> <p>corazn ardiente y su palabra de fuego. Su alma caldeada con los ardores del Divino Espritu estaba exenta de la escoria terrestre. Este gran Profeta y Taumaturgo, que con celestial poder ordenaba al cielo y llova, imperaba a los muertos y stos resucitaban, y que aun da en carrosa gnea fue arrebatado vivo de este mundo y vendr al fin de los tiempos para aplacar la ira de Dios; a este excepcional Vidente se le mostr un signo del misterio ms glorioso de la Virgen, el de su Inmaculada Concepcin: Una nubecilla diminuta que sale del mar y crece, y cubriendo el cielo enva lluvias abundantes; es figura de Mara. La nubecilla se levanta del mar, pero no es amarga ni contiene sales esterilizantes; ms bien es dulce y contiene el elemento que fertiliza; as Mara nace de la naturaleza humana sin el amargor del pecado, ni reato alguno de culpa que obstaculice a la gracia; agua sobrenatural de que ms bien est llena para derramarla sobre los mortales. El misterio de la nubecilla de Elas est autorizado por la Iglesia, cuando es el oficio del Carmen dice que aquella nube fue un signo de la Virgen. EJEMPLO Un facineroso, ladrn, asesino, buscando a un enemigo suyo para quitarle la vida, ste le5</p> <p>cort la cabeza y fue rodando por el monte hasta gran distancia dando al mismo tiempo lastimeras voces, pidiendo confesin; asombrado con este portento el asesino, llam a prisa a un sacerdote; mas como el sacerdote, posedo de pavor rehusara confesarlo mientras no se uniera la cabeza con el cuerpo; aquella dando saltos fue hasta el lugar en que se hallaba el cuerpo, juntndose con l, y al punto se confes con grandes muestras de arrepentimiento, y asegurando que en su vida no haba tenido otra devocin que a nuestra Seora del Carmen, en cuyo honor ayunaba los mircoles y sbados, y a quin invoc con gran fervor en aquel trance fatal. Jaculatoria.- Oh Madre compasiva! Tan poderosa eres ahora como entonces; y pues por ti logr el facineroso confesarse y morir bien, te ruego, dulce Madre, la gracia de vivir bien, de agradar slo a Dios, para ir a cantar en el cielo tus alabanzas por toda la eternidad. GOZOS Pues eres lluvia del Cielo Que copiosa se derrama. Apaga la ardiente llama6</p> <p>Bella Nube del Carmelo.</p> <p>7</p> <p>En aquel monte tu amor, Al Santo Profeta Elas, En sombras le prevenas Bellas glorias del Tabor: Y pues de tanto esplendor Tu pueblo se regocija. Apaga la ardiente llama Quien con devocin rendida Anhela por complacerte, Halla despus de su muerte En tu patrocinio vida; Y pues tienes prometida Esta dicha desde el cielo. Apaga la ardiente llama Campo de fertilidad, Propicio el cielo te hizo, Porque fueses el Paraso Donde pos la Deidad; Y pues de la Trinidad Fuiste objeto de su amor. Apaga la ardiente llama En ese Monte o pensil Donde luci tu esplendor, Fuiste del Carmelo flor, Ms bella que Abigal, Y as pues a tu redil8</p> <p>Vamos todos con anhelo. Apaga la ardiente llama Del bello Carmelo has sido, rbol de gracia Mayor, Puesto que el fruto mejor Por ti el mundo ha conseguido: Y pues de Dios has tenido Un riego sin paralelo. Apaga la ardiente llama Aquel que vive ceido Con tu Escapulario santo, Deja al reino del espanto En un nuevo horror confundido Dichoso el que muere asido A este escudo sagrado. Apaga la ardiente llama Entre todas las mujeres, Eres t bendita y santa; Siendo t de gracia tanta, Slo menos que Dios eres, Y ver a tus hijos quieres Con el ms ardiente celo. Apaga la ardiente llama Ruega por nosotros Madre Reina del Carmelo. * Para que todos logremos la felicidad del Cielo.9</p> <p>ORACIN Oh beatsima Virgen, decoro y esplendor del Carmelo! Vos que contemplis con ojos de singular bondad a cuantos visten vuestros escapularios, mirad benignamente tambin a mi alma y cubridme con el manto de vuestro maternal proteccin. Fortificad mi flaqueza con vuestro poder, iluminad las tinieblas de mi mente con vuestra sabidura, acrecentad en m la fe, la esperanza y la caridad. Adornad mi espritu con tantas gracias y virtudes, que sea siempre agradable a vuestro Divino Hijo y a Vos, mi dulce y cariosa Madre. Asistidme en la vida, consoladme en la muerte con vuestra amabilsima presencia y presentadme a la augustsima Trinidad como a vuestro hijo y siervo devoto, para as bendeciros y alabaros eternamente, en el cielo. Amn. Tres Ave Maras y un Gloria.Indulgencia de 200 das a los que recen esta oracin con las Ave Maras y el Gloria.- Len XIII, 16 de Enero de 1886.</p> <p>DA SEGUNDO La orden Carmelita. El profeta de la Inmaculada ahondando en el misterio de la nubecilla no se content con saber10</p> <p>que sta simbolizaba a la sin par Madre de Dios y que con el transcurso del tiempo Ella haba de darnos la lluvia divina conforme a lo que otro profeta clamaba, diciendo: lluevan las nubes al justo sino que el gran profeta de fuego am y se apasion de aquella que haba de preceder al Sol de Justicia. Amando Elas a Mara Inmaculada se propuso imitarla conforme a la ley sagrada del amor, y en un xtasis de contemplacin concibi la grandiosa idea de fundar una familia santa que sea como su imagen viviente en los siglos de la esperanza: est perfilada la idea del estado religioso. Elas funda una familia, una Orden que imite a la Inmaculada. De esta ley de imitacin trae su origen la Orden del Carmen la primera que dio culto a la Virgen, que le dedic templos, que goz de su trato familiar viviendo en carne mortal, como dice la Iglesia en el oficio del Carmen. Y no es extrao que el mismo Jesucristo la llamase, hablando con Sta. Teresa, orden de la Virgen. Los que visten el santo Escapulario del Carmen, fuera del claustro, son tambin dueos de estas pursimas glorias y participantes de todos sus bienes espirituales. Debemos cuidar de no abandonar nunca esa santa librea y vivir de tal suerte que hagamos honor al santo Escapulario.11</p> <p>EJEMPLO Un mancebo que vesta el Escapulario del Carmen, pero que era esclavo en cuerpo y alama de la lujuria, iba en solicitud de una doncella, y por el camino se le uni un perrillo pequeo al principio, pero que iba creciendo por momentos cuanto ms se acercaba a la casa prohibida; de modo que cuando entr en ella era un horrible y corpulento mastn, que llen de miedo y espanto a la mujer. Djole el mozo, no temas, es un perro manso que se me ha aficionado, y espero que me defienda en cualquier riesgo. Dicho esto, se quit el Escapulario que llevaba, e inmediatamente le embisti el demonio, que no era otro el perro; enterrndole en el pecho los colmillos le abri una brecha grande por donde le arranc el corazn y se lo comi, mirando con airados ojos a la mujer, con quien hubiera hecho lo mismo a permitirlo Dios. Oh Mara Santsima del Carmen, mi Madre compasiva! De las garras del demonio lbrame. Yo te ofrezco jams dejar tu santo Escapulario, para verme libre del sucio y repugnante vicio de la lascivia: s T, mi defensa y mi escudo. As lo espero de tu bondad. Jaculatoria.- Si de grandes bienes goza el devoto del rosario, quien lleve tu Escapulario tiene una muerte dichosa. En cuya hora congojosa le consuela tu hermandad.12</p> <p>DA TERCERO San Simn Stock y su plegaria Desde sus comienzos la Orden Carmelita, por haber nacido a la luz de la contemplacin de Mara Inmaculada, de quien haba recibido el ser como causa final y ejemplar, segn lo atestiguan los Papas Sixto IV y Gregorio XIII, fue cruelmente perseguida por el demonio. Fue tan tremenda la borrasca que se levant contra la humilde familia de la Virgen que pareca haber llegado su fin. Las pasiones de los buenos y el encono de los perversos todo se conjuraba contra la Orden de Mara. Venidos de Oriente se los miraba con recelo y se dudaba de su historia y entidad cannica. En medio de la tormenta volvieron como de costumbre sus miradas hacia la buena Madre, su dulce refugio y bonanza en los das ms comprometidos de su existencia San Simn Stock, general de la Orden Carmelitana a nombre de sus hermanos le habl con proftica inspiracin: Flor del Carmelo; vid florida, resplandor del Cielo, Virgen sin igual y sin mancilla; Madre amable, tiernsima, a tus Carmelitas da privilegio de tu amor y poder, estrella del mar. Y la respuesta de la Reina del Cielo fue inmediata y sobreabundante como lo veremos en la meditacin del da siguiente.13</p> <p>EJEMPLO Diego de Galpe en Segorbe, sorprendido por una tempestad, fue herido por un rayo que le destroz desde la cabeza hasta los pies, quedando ilesa solo la parte que cubra el Escapulario y la lengua, con que exclam lastimeramente: Virgen del Carmen, Madre ma dulcsima, favorceme. Y la Santsima Virgen le hizo recobrar la vista con que pudo contemplar la Sagrada Imagen de Mara, y le tuvo con vida hasta el sbado inmediato como premio a la confianza que puso en ella. Jaculatoria.- El que venera en su vida tu sagrada advocacin, tendr para su perdn esperanza sin medida, al alma ms afligida t la miras con piedad. DA CUARTO Origen del Santo Escapulario La Santsima Virgen que tiene un corazn incomparablemente tierno y compasivo, al or los sentidos clamores de su fiel siervo, San Simn Stock, le consol sobremanera, aparecindosele la celestial Seora sonriente y apacible, teniendo en sus manos sagradas el hbito de la Orden de14</p> <p>Carmelitas, y le dijo: Recibe, muy amado hijo, este santo Escapulario, insignia y divisa especial de tu Orden y de mi hermandad, privilegio singular y exclusivo para ti y todos los Carmelitas. Cualquiera que muriere investido con l no sufrir el fuego eterno. En l tienes bella consigna de salud, amparo en los peligro, prenda de paz y de eterna alianza. EJEMPLO En Sevilla, una pobre mujer se mantena criando gusanos de seda. Aconteci que un ao tuvo mala cosecha y le quedaba poqusima semilla; entonces acudi con fervor extraordinario a la Santsima Virgen del Carmen y le ofreci vestir su santo Escapulario, con tal que mejorase la cosecha. As ocurri. El producto fue abundantsimo; y adems los gusanos fabricaron un bellsimo Escapulario en uno de los capullos. Igual cosa aconteci en Trento al Regidor que se opona a la fundacin de un convento de Carmelitas. Los gusanos fabricaron en su casa tres Escapularios, de los cuales uno tuvo la Reina de Espaa, doa Mariana de Austria. Jaculatoria.- A millares has librado del infernal enemigo llevando siempre consigo t15</p> <p>Escapulario sagrado, al que se ha visto ahogado y al reo das libertad. DA QUINTO Promesa de la Virgen. El que muera vistiendo el Escapulario, no padecer el fuego eterno, dijo la Santsima Virgen a San Simn Stock, en un arranque de maternal amor. Semejante privilegio hasta entonces nunca concedido, dio margen a interpretaciones desviadas, por razn de la humana flaqueza y la malicia diablica. Se dio a dichas palabras un sentido absoluto y se crey tener una seguridad infalible de salvarse con tal de vestir el santo Escapulario, aunque se viviese entregado a nefandos vicios toda la vida. Opinin falsa, escandalosa y hertica; pues, segn ella ni las buenas obras, ni el dolor sincero de los pecados eran menester para salvarse. La santa Iglesia volviendo por la ortodoxia de las palabras de la Virgen, y para precaver a las almas de un error tan funesto, aadi la palabra piadosamente; esto es, el que muera piadosamente vistiendo el Escapulario no se condenar. Pero todava osaron objetar los contradictores, diciendo que no hay para que ensalzar tanto la virtud del Escapulario ya que16</p> <p>salva lo que sin l tambin se hubiese salvado. Esta opinin contradice la fe de los pueblos y niega los hechos milagrosos que evidencian la eficacia del santo Escapulario. El recto sentido de la celestial promesa es ste: El que muere vistiendo el Escapulario se salvar; o sea, la divina Madre alcanzar de su Hijo Santsimo el dolor de los pecados en aquella ltima hora a los devotos del Escapulario. En este mismo sentido se explican las promesas del Divino Corazn a sus devotos. El Escapulario es sin duda un gran signo de predestinacin. As lo atestigua el beato Claudio de la Colombiere; sabio y santo jesuita, cuando dice yo pretendo que no hay otra seal que haga ms cierta nuestra predestinacin que sta del santo Escapulario; acojmonos, pues, a ella con todo celo y perseverancia. EJEMPLO El Venerable Francisco de Ypez, hermano de San Juan de la Cruz y muy parecido a ste en santidad, usaba del Santo Escapulario como de arma invencible contra las tentaciones y asechanzas del enemigo. En cierta ocasin los demonios le amenazaron porque no se quitaba el Escapulario, pero el Venerable les replic que nunca lo dejara de venerar, y que adems, procurara con empeo que fuese por todo el17...</p>