Merida Romana

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Merida Romana

Text of Merida Romana

  • Va de la Plata, 1

    Mrida

    Carlos Maza Gmez

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    Carlos Maza Gmez, 2010 Todos los derechos reservados

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    ndice

    La Va de la Plata ................................ 5 1 El puente sobre el Guadiana ................ 9 2 La creacin de Augusta Emrita ......... 15 3 Urbanismo de Emrita ......................... 19 4 El Teatro .............................................. 25 5 El Anfiteatro ........................................ 31 6 El Circo ............................................... 35 7 El Acueducto de San Lzaro ............... 39 8 El Acueducto de Los Milagros ............ 43 9 El Lago de Proserpina ......................... 49

    10 El Foro colonial ................................... 55 11 El Foro provincial ................................ 59 12 Esplendor romano: siglos I a III .......... 63 13 Casa de Mitreo .................................... 71 14 Columbarios ........................................ 77 15 Casa del Anfiteatro .............................. 81 16 rea de la Morera ............................... 85 17 El Museo romano ................................ 91 18 Mrida tardorromana: siglo IV ............ 101 19 Baslica de Santa Eulalia ..................... 107 20 El Xenodoquio ..................................... 113 21 Mrida en los siglos V a VII ............... 117 22 La Coleccin visigoda ......................... 123 23 La Alcazaba rabe ............................... 127 24 La Concatedral de Santa Mara ........... 133 25 El Palacio de los Mendoza .................. 139 26 Algunas iglesias cristianas .................. 143 27 Despedida en el puente Lusitania ........ 147

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    Introduccin La Va de la Plata

    A principios del siglo II a.C. los romanos, habiendo vencido a los cartagineses, se adentran en la Pennsula Ibrica. En la lucha haban comprobado la importancia estratgica del territorio as como la riqueza en minerales que se encontraba en sus tierras. Se encontraron diversas tribus dispersas pero bien organizadas por lo general que opondrn una seria resistencia durante largo tiempo: son los distintos pueblos de raz celtibrica. En el 193 a.C. el pretor Fulvio Nobilio se enfrenta a una conjuncin de pueblos en su toma de Toletum, capital de los carpetanos. En auxilio de estos acuden los vacceos y oretanos pero tambin otras tribus ms lejanas: los vetones y lusitanos. Los primeros ocupaban por entonces la mitad norte de lo que ser Extremadura mientras que los segundos se extendan ms hacia el oeste, por gran parte de la actual Portugal. La necesidad de someter a estas tribus para concluir el dominio romano sobre la meseta central hispana conduce a las fuerzas romanas a una batalla continua con ellas, particularmente las dos ltimas, que se conocer como las guerras lusitanas. Durante sesenta aos se registrarn cruentas luchas de las cuales algunos hechos quedarn inscritos para siempre en la historia, como la traicin de los pretores Sulpicio Galba y Virgilio Lculo, mandando degollar a siete mil lusitanos desarmados voluntariamente ante la promesa de reparto de tierras por las autoridades romanas. Este hecho, que la propia sociedad romana ver como vergonzante, motiv la extensin de la lucha y la emergencia del caudillo lusitano Viriato hasta que en el 138 a.C., en tiempos del pretor Servilio Cepin, una nueva traicin propicie la muerte de Viriato.

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    Cepin fue un gobernante que no se limit a combatir a sus oponentes sino que fue creando algunas infraestructuras que tendrn un notable futuro. Asentado generalmente en Urso (Osuna) fue recorriendo toda la costa andaluza creando puestos de vigilancia martima (como en la actual Chipiona, que toma su nombre) pero, sobre todo, fij su atencin en la zona extremea. Inici as la construccin de una larga calzada romana que siguiera el antiguo camino por el que los vetones marchaban entre el norte (astures, vacceos y gallaicos) y el sur (turdetanos). De esta forma, se aseguraba un rpido transporte de tropas romanas en la lucha contra los lusitanos de Viriato, as como el aprovisionamiento de las mismas. Para vigilar adems este trnsito levant el primer campamento permanente en Extremadura: Castra Servilia, muy cerca de la actual Cceres. ste fue el comienzo de la que se llamara Va de la Plata. La importancia estratgica de Extremadura fue creciendo con la ocupacin romana y el estallido posterior de las guerras civiles en Roma. La lucha entre el grupo ms enriquecido y conservador, el de los optimates, apoyado en su dominio del Senado republicano, y los populares, de importante arraigo en las clases bajas, se extendi no slo a la Pennsula italiana sino tambin a tierras hispanas. Los populares, liderados inicialmente por los hermanos Graco, defendan el reparto de las tierras conquistadas (el ager publicus) entre los pequeos agricultores de la campia romana, los pueblos que gozaban del derecho latino (ius latii) y los soldados de baja extraccin que se fueran licenciando despus de un largo servicio.

    Tanto los Gracos como el principal dirigente de los optimates, Escisin Emiliano, fueron asesinados y ello condujo a unos enfrentamientos en que las legiones, segn el jefe que las comandara, tomaron un partido u otro. Surge as la lucha entre Mario, dirigente popular, y Sila, del bando

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    opuesto, para repetirse aos despus en las figuras de Julio Csar y Pompeyo. Hacia el ao 77 a.C. llegaron a la Pennsula dos enviados del Senado romano, los generales conservadores Quinto Cecilio Metello Po y el noble patricio Cneo Pompeyo, a fin de vencer a Sartorio, un notable pretor popular que haba conseguido controlar gran parte del territorio hispano con una poltica conciliadora respecto a las tribus autctonas. Mientras el hijo de Pompeyo el Grande emprenda diversas acciones en Andaluca, Cecilio Metello llev a cabo su labor en la zona extremea. Observando la importancia de ese paso entre tierras del sur y el norte as como con la meseta castellana evitando el considerable inconveniente de las sierras centrales, reforz notablemente la calzada establecida aos atrs mediante el levantamiento de distintos campamentos militares: Castrum Metellinum (Medelln), junto al ro Anas (Guadiana), Castra Cecilia, tambin cerca de Cceres. Pasando el Tajo, hacia el norte, establecera el Castrum Cecilium Cauriensis (Coria) de forma que muy al norte de la regin, cerca de Baos de Montemayor y Hervs, construira el Cecilio Vico. El triunfo posterior de Julio Csar sobre los hijos de Pompeyo, particularmente despus de la batalla de Munda (49 a.C.), hizo que el ager publicus conociera un gran reparto tanto entre los pobladores autctonos, que adquirieron en muchos casos la ciudadana romana, como entre los soldados licenciados de las distintas legiones combatientes en las guerras civiles, que establecieron nuevos campamentos y poblados. El reconocimiento a esta labor de Julio Csar y, por extensin, a la gens Claudia de la que proceda, hizo que su gentilicio se asignara a muchos de estos nuevos centros ciudadanos, como fue el caso de la Colonia Norba Caesarina, germen de la actual Cceres. No fue hasta el 25 a.C. cuando el nuevo dictador romano, el jefe del Imperio formado tras la Repblica,

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    Octavio Csar Augusto, cre una nueva colonia en tierras extremeas para que se ubicaran en ella parte de las legiones que haban combatido a su lado en las guerras cntabras. Se trataba de la Colonia Augusta Emrita (Mrida), llamada a ejercer un importante papel en toda la regin e incluso ms all, como capital que llegara a ser de la provincia de la Lusitania. Durante parte del mes de julio de 2007 he recorrido tres de las ciudades que he mencionado: Mrida, Cceres y Hervs, de distinta historia y ambientes. Mientras la primera conserva una parte importante de los restos romanos que recuerdan su tiempo de esplendor entre los siglos I y III d.C., la segunda ve levantarse mltiples torres, palacios y fortalezas que permiten evocar un tiempo en que la nobleza de origen leons, cntabro y astur, entre otras, porfi por el dominio de la ciudad durante los siglos XIV y XV. Frente a ellas, el pueblo de Hervs es pequeo, cercano a las estribaciones montaosas de la sierra de Gredos que anuncian la actual provincia de Salamanca. No dispone de grandes construcciones pero s aparece integrado en la naturaleza que le rodea, cercano como est a otra ciudad importante, Plasencia, de notable influencia en la regin durante los tiempos del dominio castellano. Mientras que la ltima slo pude visitarla una breve maana, en las otras tres he permanecido varios das, los suficientes al menos para reconocer sus rincones, pasear sus calles, adentrarme en sus templos y torres, fotografiar sus restos arqueolgicos. En suma, tratar de recuperar en su actualidad aquello que el tiempo ha encerrado entre sus muros: el recuerdo de otro tiempo de esplendor. Un tiempo en que las cuatro ciudades estaban unidas por una larga calzada de origen romano que iba desde Mrida hasta Astorga, en Len: la Iter ab Emerita Asturicam. Los rabes la conoceran como la Va Al Balata o Camino Ancho, nombre que ha llegado hasta nuestros das, por mera transformacin lingstica, como Va de la Plata.

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    1 El puente sobre el Guadiana

    Llegu a Mrida un viernes en que se extenda una considerable ola de calor por la Pennsula. De hecho, varias escenas captadas en la propia Mrida sirvieron para ilustrar los estragos causados por la temperatura en diversas zonas que rebasaron aquel da los cuarenta grados. As que me cupo el dudoso honor de recorrer los 792 metros del puente sobre el antiguo ro Ana, hoy Guadiana, alrededor de las siete de la tarde, cuando los termmetros echaban humo. El hotel se encontraba alejado un par de kilmetros del puente de manera que, tras salir de l y bordear un centro comercial y dos grandes hipermercados, se bajaba lentamente hacia la ciudad en u