Logored - Marzo 2015

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    08-Apr-2016

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Edicin correspondiente al mes de Marzo 2015

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EDITORIAL: Volver a empezar, por Claudio Csar Garca Pintos APELACIN Y CURA. Su significacin en Psicoterapia, por Jos Martnez-Romero Gands (pp-3 a 6) ENTRENAMIENTO Y REHABILITACIN Y las dimensiones del hombre, luego del trauma? , por Dides Iliana Hernndez Silvera (pp. 7 a 8) LA EXISTENCIA FUGITIVA, por Claudio Csar Garca Pintos (pp.9 a 11) LA PGINA DE CAVEF, por Claudio Csar Garca Pintos (pp.12 a 16) LA PGINA DE LOGOFORO, por Tere Vanek (pg. 17) NO TE AMENAZO, TE ADVIERTO, por Patricia Mara Nigro (pp.18-19) LA LGICA DEL COMPARTIR, HASTA EL SENTIDO, por Anala Boyadjin (pp-20-21) 03 APELACIN Y CURA . Su significacin en psicoterapia Por Dr.Jos MartnezRomero Gands Mail de contacto: sentido@cop.es Blog: logoterapiagalicia.blogspot.com.ar R etomamos la publicacin de re-flexiones sobre la apelacin y la cura en Psicoterapia. Este tema ya lo hemos tratado en nuestro blog, en forma especfica, relacionndolo con la asistencia a enfermos de cncer. Ver: (logoterapiagalicia.blogspot.com.es/ 2011_02_01_archive.html) En nuestras relaciones sociales establece-mos una comunicacin que se establece en diferentes niveles de compromiso. Nos dirigimos a una persona cercana mediante un t. En nuestro idioma, si es menor el compromiso, el tratamiento es de usted. En el primer nivel mencionado llamamos a la persona por su nombre de pila. En el segundo caso, por el apellido. Pero cul es el origen de esta palabra apellido? En el Medioevo el reconoci-miento de los seores era, precisamente, vinculado a sus posesiones o ttulos: un ejemplo el Seor de Hita y Buitrago (que corresponda a Pedro Gonzlez de Mendo-za, Mayordomo Mayor de Juan I de Casti-lla) o por sus ttulos el Duque de Medina-celi, con profusa descendencia, por poner ejemplos. En un mbito ms plebeyo se llamaba a los hijos de Martn, los Martnez, a los hijos de Gonzalo, los Gonzlez y a los hijos de Pedro o Pero, los Prez. Se los agrupaba por familias, denominndolos por su as-cendencia o por profesiones: los Ferreiro, los Silversmith (plateros) o los Goldsman (los orfebres). Se los llamaba de esta for-ma, es decir, se apelaba a ellos. Al hacer-se comn, este nombre, a varios indivi-duos diferentes, surgi la solucin de acompaarlo con un aadido complemen-tario, ya indicando un lugar de proceden-cia o una caracterstica personal. Haba nacido el APELLIDO. La historia del origen es muy larga pero valga este ejemplo para dar cuenta de la importancia, en la historia de la humani-dad, de ser llamado, ser apelado. Y en-contrarse con el otro. La relacin de encuentro que se produce en la asistencia psicoteraputica siempre crece y se desarrolla por la accin que ejercen ambos protagonistas: el paciente y el profesional asistente. Es una relacin que no puede ser descrip-ta ms que en trminos literarios lo que nos permite decir que es una relacin in-efable. No se puede hablar de ella. Hay que vivirla en un nosotros nico y muy es-pecial. No es una realidad que podamos delimitar ni tampoco programar ms all de la apli-cacin del arte que cada uno de nosotros aplica desde su profesin. Existe necesi-dad recproca de preguntas y respuestas. El profesional pregunta y el paciente res- 04 ponde. No siempre en forma oral. Puede hacerlo corporalmente. El paciente tambin interroga. Quiere sa-ber acerca de su asistencia y de su exis-tencia. Se vincula como l sabe, como l quiere o como l puede. El profesional no siempre sabe que decir al paciente, no siempre quiere decir o muchas veces no puede decir. Esto puede generar resistencias en ambos mrgenes de la relacin de encuentro. La resistencia cierra la posibilidad de aper-tura en la relacin. Si la relacin es oca-sional, tal vez ambos protagonistas deseen olvidar el encuentro. Pero esta resisten-cia originar conflicto. Seguramente. Para vencerla es necesario establecer una relacin original que vincule a ambos de manera tal que permita la aparicin del dilogo . Esta puesta en comn, esta comunin, es la raz original de lo que, habitualmente, llamamos comunicacin profesional-paciente. Cuando encaramos un tema de la comple-jidad que nos ocupa tenemos que aceptar que de esta forma de comunicacin surgen una ilimitada cantidad de tcnicas que se distinguen por el diferente grado de flexibi-lidad o rigidez en la realidad circunstan-cial del encuentro con el que solicita ayu-da. Nosotros afirmamos, desde la Analtica Existencial y la prctica de la Logoterapia, que esta situacin existencial del paciente es nica e irrepetible y coincidimos con la generalidad de nuestros colegas en que es respuesta inmediata al desarrollo de numerosos dinamismos psquicos que han establecido una personalidad a lo largo del tiempo y que se presenta en la realidad del aqu y ahora como una realidad diferen-te. La realidad del ser humano que sufre, pa-dece y teme. Una realidad que, sea cual sea el pronstico, le coarta su libertad de desarrollar un proyecto y le amenaza el sentido de vida pleno. Pero el Anlisis Existencia y la Logoterapia no son asisten-cialismo o sentimentalismo. Es un accionar terico y tcnico que pro-cura ayudar al enfermo a asumir la exis-tencia como real, a pesar del sufrimiento, contribuyendo al desarrollo de todas sus potencialidades y capacidades para que acten en funcin de ellas y encuentre el sentido a pesar de todo y an en las peo-res circunstancias. Deca Viktor E. Frankl: Me atrevo a decir que no hay nada en el mundo que ayude ms efectivamente a una persona a sobre-vivir, an en las peores condiciones, que conocer el sentido de su vida. Conocer y accionar en procura de su man-tenimiento en la situacin lmite. El pa-ciente tiene derecho a ser ayudado en esta empresa vital. Mdicos y psiclogos incrementan sus es-tudios, investigaciones y comunicaciones cientficas para esclarecer ideas que les permitan dar respuesta a los interrogantes y angustias que los pacientes les presen-tan en la consulta, desde el conocimiento de sus sntomas, de sus crisis o de una enfermedad concreta. Cuando la respuesta a estos interrogantes es acuciante por variadas razones y el pla-zo de desenlace es incierto muchos profe-sionales se sienten desvalidos para actuar y poco preparados para afrontar esta si-tuacin. Tcnica versus comprensin. Preparacin tcnica eficiente versus la toma de con-ciencia de los lmites de su ciencia y arte. Persona doliente que pide comprensin versus un entorno limitado en sus res-puestas. No hay reglas para enfrentarse a esta dif-cil situacin pero s hay formas particula-res y nicas de acercarse a ese ser que su- 05 fre y padece. En estas circunstancias la comunicacin entre el profesional y el pa-ciente no est limitada a la expresin ver-bal del discurso. Acceder desde el nivel profesional al conocimiento de la situacin y poder comunicarlo es uno de los mo-mentos ms difciles que debemos enfren-tar en nuestra diaria actividad asistencial. Es necesario compartir nuestro estar dis-puestos a ayudar al otro como Persona. Darle la libertad de elegir la manera de ser ayudado, de acuerdo a su peculiar modo de personalidad y modo de relacin con los otros. Es apelar al otro. La apelacin es un lla-mado. Un llamado a la Esperanza. Este llamado, esta apelacin, nos coloca en in-terlocutores de privilegio en un tema de la mayor importancia para el paciente. Al respetar su proyecto de vida, al ayudarlo a aceptar las modificaciones que la realidad le impone le estamos ofreciendo la posibili-dad de elegir una nueva forma de vivir o de permanecer en la inautenticidad. El profesional conoce la situacin actual, el aqu y ahora de la relacin de encuen-tro. Estar dispuesto a continuar apoyan-do la busqueda de sentido del paciente, compartiendo y aliviando. La comunica-cin se torna, en estos casos, en el princi-pal instrumento de la pastoral mdi-ca (V.E.Frankl). No es una sustitucin del papel de la familia, del amigo o incluso de los religiosos que acerquen su compromi-so. Es contribuir a una mayor plenitud de vida a travs del intercambio de actitudes y gestos de acompaamiento que revitali-zarn los momentos mas importantes de su biografa hacindola valiosa de haber sido vivida. Si el paciente ha dado a entender su real deseo de saber y sobrellevar la situacin es intil o perjudicial escapar a esa res-ponsabilidad profesional de la comunica-cin. Establecer una comunicacin defi-ciente es coartarle la posibilidad de elec-cin y responsabilidad sobre su existencia real. La Logoterapia, Tercera Escuela de Viena que fundara Viktor E. Frankl, considera que el psicoterapeuta puede ayudar al pa-ciente apelando a la posibilidad de traspa-sar sus propios lmites, pasar por encima de su facticidad y la posicin fatalista que casi siempre la acompaa logrando, una dimensin completamente nueva: vida con sentido, a pesar de todo, respeto de la au-totrascendencia, apertura al amor y per-misividad para la libertad individual. Transformar las tensiones de un yo en crisis para que se produzca un nosotros (familia, amigos, terapeutas) La actividad profesional implicar juegos de dramticos silencios convocantes, acti-tudes de espera, continencia de la angus-tia, desarrollo de caminos de libertad sin imposiciones, creando el lugar apropiado para la confianza y desarrollando una creatividad tcnica basada en la imposi-cin de palabras lmites: fe, camaradera, sufrimiento, sentido, esperanza, amor, so-lidaridad, cuidado del otro, que forman parte de lo que en algunas Conferencias nosotros denominamos el almacn logote-raputico, un establecimiento cuya mer-cadera principal en existencia son los valores. Estar, sinceramente, a disposicin del otro. Amarlo como ser humano que sufre. Evitar que d pasos peligrosos. Permitirle elegir su camino sin condicionamientos. Ayudarle a superar la paradoja entre la in-manencia y la trascendencia. Este es el juego de roles que permite el ejercicio de la Logoterapia para los psicoterapeutas for-mados. El Logoterapeuta renuncia antes de empezar el tratamiento. Renuncia a promoverse. Renuncia a la posibilidad de dominar al otro. Renuncia a muchas re-compensas. 06 Es posible esta posicin completamente desinteresada en un profesional que tra-baja y debe contar con medios para tam-bin realizar su sentido de vida? S, es perfectamente posible porque es una rela-cin de encuentro amoroso. Y lo menos que el verdadero amor quiere es el benefi-cio del otro. Esta es la apelacin, el lla-mado. Y en esto consiste la cura, el cui-dado. Paradojalmente, el sufrimiento nos ha ilu-minado el camino que nos lleva a la puerta de la trascendencia. Pese a la dependencia de la enfermedad o la crisis, llena de rispi-deces y obstculos, la libertad interior act-a como un ariete que rompe ese cerco de dolor o sentimientos de prdida que lo cer-ca y activa la capacidad de sobreponerse para seguir adelante a pesar de todo. El sufrimiento acta como un filsofo interior que cada uno posee y que revela el valor de la vida, iluminando, haciendo transpa-rente lo que pareca tan impenetrable, abriendo regiones hasta entonces veladas y enriqueciendo, verdaderamente, la exis-tencia. Por supuesto que por sufrimiento nos referimos a aquel que no es fcil o posible superar. Debemos acudir a la superacin del sufrimiento innecesario. Solamente an-te el sufrimiento impuesto por las circuns-tancias de la enfermedad, aquello de lo que no podemos escapar, debemos poner en marcha los valores actitudinales. So-portar aquello que es evitable es, simple-mente, masoquismo o estupidez. Algunos psicoterapeutas aslan esta posi-bilidad de superacin del sufrimiento por el sentido acentuando la realizacin par-cial de algunos aspectos del hombre per-diendo de vista su personalidad pluritem-tica y multidimensional. Curan su cuer-po. Curan su psique. Curan su relacin interpersonal social. Pero olvidan la cura de la dimensin especial que nos diferen-cia como personas: el espritu. Esta es la cura. Cura es una voz latina que designa cuidado, preocupacin. Nuestra preocupacin principal es esta-blecer hasta que punto es posible la cu-ra. Esta es el alfa de nuestra tarea profesional como psiclogos y como logoterapeutas. Ninguna circunstancia debe imponer lmi-tes a la vida. Ni enfermedades de cualquier tipo, ni circunstancias personales, ni so-ciales, ni pseudouniversales ni pseudo-cientficas. Cualquier Psicologa que pres-cinda del amor, del encuentro y de la co-municacin separa al ser humano de sus referentes originales e intencionales. La cualidad trascendente de la realidad humana se potencia en el encuentro autntico profesional-paciente. Para lograr xitos en el campo de la psicoterapia debe combinarse las tcnicas (estimulantes y bienvenidas) con la incorporacin de un elemento de arte que supere las limitacio-nes de la Ciencia en la consideracin de su genuina dimensin que es la dimensin espiritual (Frankl). Oportunidad trascendental. El otro puede optar por la posibilidad de rechazo de la apelacin. Posibilidad de cada en el egosmo o el sinsentido. Imposibilidad de encuentro con el otro. O puede aceptar el encuentro y proyectarse en la realizacin de valores superando todas las barreras. Bibliografa: 1.- Frankl, V. E. El hombre doliente, Barcelona, Ed. Herder, 1987. 2.- Frankl, V. E. El hombre en busca de sentido, Barcelona, Ed. Herder, 7. Ed., 1986. 3.- Frankl, V. E. La voluntad de senti-do, Barcelona, Ed. Herder, 1988. 4.- Yalom, I. D. Psicoterapia Existencial, Ed. Herder, Buenos Aires, 1985. 07 E n el consultorio muchas veces nos encontramos con una realidad di-ferente a la que se presenta cuan-do nos derivan un paciente. Si-guiendo la lnea de anteriores presentacio-nes, paciente real-dolencia- estrategias, les presento la siguiente vivencia de consulto-rio. Solicita turno la esposa de un paciente de-rivado por mdico neurlogo, manifiesta que J tuvo un ACV y necesita estimula-cin. Entonces pregunt: -Hace cunto tiempo tuvo el ACV? -ao y medio -Qu peculiaridades tuvo el ACV? -no ve bien. Alguna otra secuela? No, nada ms -Qu otros tratamientos est efectuando? -Ninguno, estuvo con una terapeuta pero no podamos pagarlo ms y era lejos. Al entrevistar al paciente, de 78 aos, con-tador en ejercicio, con depresin por no poder seguir su trabajo. Concurre a su es-tudio todos los das, aunque no logra leer, ni resolver clculos por escrito. As tam-bin, detecto fallas visuales en focaliza-cin, y reconocimiento (gnosias-praxias), fallas en comprensin, apraxia, alexia, agrafa; depresin moderada en progre-sin. (1) Entonces, el paciente J ingresara a esti-mulacin desde la fase 2, pasado el ao del ACV. Con lo cual, la estimulacin en esta fase, debera ser de dos sesiones se-manales, le agrego aquagym y un da de Terapia ocupacional. Las secuelas cognitivas derivadas del ACV son ignoradas constantemente, o poco consideradas tanto en los estudios como en el mbito clnico. Por la afectacin detectada, la arteria vul-nerada en este caso, es la arteria cerebral media derecha, nos encontramos con una heminegligencia (del lado contralateral a la lesin), alexia, agrafia y acalculia espacia-les, apraxias y alteraciones visoespaciales y visoperceptivas. Kauhanen, (1999)(2), en sus estudios so-bre Stroke, demostr que haba una aso-ciacin significativa entre las categoras de la enfermedad depresiva y el grado de dfi-cit cognitivo. Sus resultados tambin mos-traron que la depresin estaba relacionada con el grado de dficit neurolgico y fun-cional y el nivel de discapacidad de los pa-cientes con ictus. En el caso de J, era importante evaluar la gravedad de los dficits neurolgicos, pero tambin interpolar el dficit cognitivo y ac-tivar sobre la depresin; en s, el nimo como el motor del declive o la bsqueda de recuperacin. El objetivo vendr entonces en mejorar el estado de nimo, generando una actitud de esfuerzo hacia la curacin, que es la motivacin o motor de este paciente. As la propuesta tender a generar accio-ENTRENAMIENTO Y REHABILITACIN Y las dimensiones del hombre, luego del trauma? Por Dra. Dides I. HERNNDEZ SILVERA Mail de contacto: didesilianapsico@yahoo.com.ar 08 trascendencia: salir de s mismo, abrirse afectivamente al mundo, ampliar posibili-dades. - Conectarse Afectiva-Existencialmente con la vida en el Aqu y Ahora, con las fortalezas y debilidades. - Asumir una actitud pro-activa y favo-rable frente al futuro inmediato. Pero tambin era necesario organizar en la familia una disposicin diferente y de acompaamiento, ya que el entrenamiento deba seguirse durante toda la semana en casa del paciente. Una serie de ejercicios fueron explicados a la esposa, iban desde prcticas visuales a partir de movimientos oculares y de entrenamiento con PC con ejercicios creados para el paciente. Los mismos, sirvieron de entrenamiento en orientacin espacial, comprensin y reco-nocimiento (sobre todo gnosias y atencin fundamentalmente) Luego de dos meses, el paciente contina como en la primera sesin, con un da de rehabilitacin, sin aquagym, ni contacto con terapista ocupacional por dificultades varias que le fueron ocurriendo a la fami-lia. Con ese panorama, el proceso se extender-a y a fin de sostener en esta realidad im-plemento sesiones de entrenamiento a la esposa y a nieta, incluyendo a la familia de a poco, para contener su salud mental y puedan en su domicilio ayudar a su acti-vacin cerebral, a la vez, de sostn emocio-nal. Para ello, la nieta fue de gran ayuda ms que nada cuando comprensin que en realidad el motor de J era el afn que ella impona por curarlo. Era una verdade-ra red intergeneracional de sentido, abuelo 78 aos, nieta de 9 aos e hijos en con-junto con esposa. Hoy, luego de tres meses, sonriente ingre-sa al consultorio ya veo y reconozco me-jor, realmente era as. Su estado anmico tambin se haba modificado. Concurra a su estudio todos los das y realmente mo-tivado. Todava su visin, reconocimiento no estaba estable, pero todos colaboraban en su mejora; l incluido Al hablar con la esposa y sugerir nuevos ejercicios, ella misma comenta que todos los das efectuaban el entrenamiento vi-sual sugerido. As, explicado desde Frankl; el sentido no se puede dar. El dar un sentido escapara a lo moralizador. Y la moral, en el sentido que se le daba antiguamente a esta pala-bra, pronto habr acabado su papel (3). Si se favorecen los medios para actualizar roles perdidos, para encontrar el valor de las acciones, para brindar desde un espa-cio una misin nica a cumplir; tan nica como la misma persona que la da y la que recibe. No dejemos de imaginar, crear, re pensar y orientar Hasta la prxima REFERENCIAS (1) Nota: Dentro de la Escala de Depresin existen tres diagnsticos: Normal, Depresin Moderada y Depresin Severa. (2) M.-L. Kauhanen,y otros (1999;30:1875-1880) Poststroke Depression Correlates With Cogniti-ve Impairment and Neurological Deficits, Ameri-can Heart Association, Greenville Avenue, Dallas. (3) Frankl, V. E. (1995:9) La psicoterapia al alcan-ce de todos, Herder: Barcelona 09 LA EXISTENCIA FUGITIVA Por Dr Claudio Csar GARCIA PINTOS Mail de contacto: cavef@yahoo.com C uando nos sentimos atrapados por una circunstancia de vida, surgen en nosotros casi espontneamen-te, pensamientos o intentos de evasin. Nos resulta inadmisible estar atrapados en este intrngulis existencial, nos parece inconcebible haber llegado a este estado o definimos como injusto asu-mirlo como real y tener que vivirlo. Qu hacer?Cmo salir de este estrecho lugar en el que la existencia nos ha ubica-do?Quin o qu podr rescatarnos? Como si fuera una crcel inslitamente construida en torno de uno mismo, senti-mos la inmediata y urgente necesidad de huir, de escapar, de alejarnos de esos ba-rrotes que nos abruman. A veces, incluso, podemos sentirnos humillados por estar en esa situacin, como si la dignidad se viera afectada por aquello que nos est haciendo sufrir. Y la evasin resulta. Porque hay muchas formas para evadirse de estas prisiones que la vida nos presenta. A veces es la imaginacin o la fantasa, para algunos puede ser la razn y sus productos intelec-tualizados, la qumica puede ser opcin (especialmente a travs de psicofrmacos, drogas de todo tipo, alcohol, etc) o cual-quier recurso que permita una cuota con-siderable de virtualidad que nos aleje de la insoportable realidad. Evadirse significa etimolgicamente la accin y efecto de alejarse de una dificultad (del lt. evasio, que resulta de ex hacia-, vadere andar-, sin accin y efecto-), vocablo derivado del verbo evadere (e afuera, vadere an-dar) Todos podemos tener la experiencia de habernos evadido, alguna vez, de algo. Buscando alivio y tranquilidad, alejarse de la dificultad actual, puede resultar una tentacin fuerte. Corrernos, alejarnos, huir, quitarla de la vista, termina siendo algo similar al juego de la sabanita que disfrutan los nios pequeos. Ocultando escasamente el rostro, creen no ser vistos, y descorriendo la sabanita, pretenden sor-prender con su presencia al espectador. Pero el juego tiene sentido y es disfrute pa-ra el nio, porque el espectador acepta ju-garlo. La fingida sorpresa del otro, termina armando la dinmica del juego y le permi-te al nio vivenciar ese disfrute. Qu su-cedera si el otro no fingiera o expresara sorpresa? El juego dejara de tener senti-do, y la sonrisa franca del nio se trans-formara en una mueca de decepcin o desilusin. Lo mismo acontece en la vida, cuando la respuesta a sus dificultades, es la evasin. Porque la vida no juega al juego de la sa-banita. No. La vida no finge sorpresa ante nuestros intentos de evasin, de modo tal que, al no verse armado el juego, el resul-tado nunca podr ser el disfrute. La eva-sin no es recurso vlido para sentir paz, 10 alegra, confort o bienestar; solo genera anonadamiento. Utilizo este trmino por-que creo que define precisamente lo que quiero decir. Anonadar significa dejar re-ducido a un estado de estupor. Viene de a y nonada que refiere insignificancia. Es decir, llevarnos a la nada misma. De modo tal que decir que cuando nos evadi-mos en la vida, quedamos anonadados, es decir que huimos hacia la nada. Llegados (o llevados) hacia la nada, sta puede convertirse en una nueva prisin de la que intentaremos evadirnos, llevndonos a una nueva nada, que, constituida en nue-va prisin, nos tentar a evadirnos y as sucesivamente. Este estatus existencial es lo que denomino la existencia fugitiva, una especie de nomadismo existencial ba-sado en intentos infructuosos y sostenidos de evasin. Podra decir que es una exis-tencia de raza gitana. Por qu la evasin no es respuesta til ante las circunstancias de la vida? Senci-llamente porque lo que nos cuestiona es nuestra propia humanidad, de la cual nunca podremos huir. Evadirse es como saltar de local en local, pero siempre de-ntro de la misma prisin. Es quedarse atrapado en una nada autogenerada. Cul sera, entonces, una respuesta vli-da ante aquellas circunstancias de dolor o sufrimiento que presenta la vida? En primer lugar asumirlas y aceptarlas co-mo siendo parte de la vida misma. Nadie ira por un camino de montaa y se sor-prendera o se sentira vctima de la mala fortuna, solo por toparse con una roca; nadie ira cruzando un desierto, y al sentir calor, se victimizara ante la mala suerte de sentirlo; nadie cruzara los picos neva-dos, maldiciendo la nieve en el camino. Porque la roca, el calor y la nieve, son pro-pias del camino. Pues, las circunstancias de la vida son propias de ella misma. En segundo lugar, reconociendo que no hay huida posible de la propia humani-dad. Y nuestra condicin es el mundo real, no el virtual. En tercer lugar, no olvidando que, a pesar de esas circunstancias, nuestro destino inexorable es la plenitud personal, y nun-ca estar en riesgo de ser lograda por inci-dencia de circunstancia alguna, por adver-sa y compleja que sea. En este sentido, para comprenderlo, puede sernos de utilidad un concepto de la filo-sofa griega. Obviamente lo vamos a sim-plificar. Se trata de la eudaimonia. Segn Aristteles, los hombres buscan la felicidad y suelen pretenderla a travs de tres caminos frecuentes: la riqueza mate-rial, la fama y el placer. Afirma que son caminos invlidos para el logro de la plena felicidad pretendida, paliativos efmeros que pueden confundir o marear al hombre en una felicidad falsa o ficticia. Esto no significa que la pretensin de riqueza, fa-ma y placer sea despreciada o equivocada. De ninguna manera. El tema es compren-der que, ms all de todo esto, existe un modo de conquista de la felicidad, ms all de estos medios instrumentales. De tal modo los griegos hablaban de los beatus que son aquellos colmados de ri-quezas materiales y bienes; hablaban de los fortunus, que refieren a aquellos col-mados por la suerte (sortis, el destino) y la fortuna (fors-forte, lo inesperado); pero los ms apreciados eran los felix, que son los beneficiados con la fecundidad. Concluyendo que la eudaimonia (eu, her-moso / daimon, espritu, genio / ia, cualidad) o la vida buena, no depende tanto de la riqueza, la suerte o la fortuna, sino ms bien, de la virtud de la fecundi-dad, que consiste en vivir lo que tenemos o se nos presenta, de modo tal de hacerlas fecundas. Y all se esconde la felicidad. v v v 11 La cultura fugitiva La cultura actual (entendiendo por cultura el espritu de la poca), es una cultura de la evasin, una cultura fugitiva. Propone un estilo de vida que escapa de la interio-ridad y se refugia en una virtualidad colec-tiva, perdiendo de vista que sin interiori-dad se encuentra bloqueado el camino fe-cundo hacia la felicidad. Al mismo tiempo hay una especie de trivializacin de la feli-cidad, transformada en placeres ms o menos fugaces, que, la mayora de las ve-ces, son manifestaciones de excesos. Con-fundiendo excitacin con alegra, altera-cin con dicha, y exceso con plenitud, del mismo modo que podra confundirse el pan rallado con el aserrn: solo se parecen, por fuera y de lejos. Esta cultura ha logrado (o terminar lo-grando), des-esencializar a la felicidad, transformada en un felicismo que no ad-mite frustracin, decepcin, lmite o adver-sidad posible, por mnima que sta sea. Y si aparece, hay que evadirse. As, el hom-bre actual puede ser vctima de una exis-tencia fugitiva, un melanclico paseo de celda en celda. El escritor argentino Leo-poldo Marechal, nos daba hace ya mucho tiempo una pista para lograr la verdadera liberacin, cuando afirmaba que el mejor modo de salir de un laberinto es, sencilla-mente, por arriba. La fecundidad se culti-va si comprendemos que evadirnos de la propia humanidad, es quedarnos atrapa-dos en la inviolable finitud; pero si levan-tamos la vista encontraremos en el hori-zonte autotrascendente, la cosecha que le sigue al trabajo de la siembra. 12 En este primer nmero de 2015, CAVEF desea compartir con los lectores un frag-mento de un muy interesante libro de Pa-blo R. Etchebehere, que ofrece una mira-da filosfica del concepto espritu en Vik-tor Frankl. En ocasiones he odo plantear que en la obra de Frankl, no queda claro qu es el espritu, consideracin que no comparto, y el fragmento que publicamos a continuacin puede ser de utilidad para aclararlo. ETCHEBEHERE, Pablo R. El espritu des-de Viktor Frankl: Una lectura en perspecti-va filosfica, Ediciones AGAPE, Buenos Aires, 2009 Fragmento: Si el acceso a lo espiritual no es desde la caracterizacin de ste como objeto, cmo podemos llegar a tener cierta noticia de l? Cmo podramos hablar de conocer algo, si de entrada decimos que no es un obje-to? No nos estamos, acaso, contradicien-do? Viktor Frankl, empero, no nos dice que no podemos conocer lo espiritual, solamente dice que no lo podemos conocer al modo de las ciencias nticas. Y como hemos di-cho al tratar de ontologa dimensional, vi-mos que el mtodo no es de o lo uno o lo otro sino de ver la diversidad en la uni-dad y viceversa, la unidad en la diversi-dad. Con otras palabras: dado que el hombre tiene la peculiaridad ntica de ser ontol-gico, en l se dan las dimensiones en la unidad, diversidad ntica y unidad ontol-gica. Por eso el texto que citamos a conti-nuacin: El anlisis existencial ha de poner de re-lieve la multiplicidad dentro de esta uni-dad, ha de desarticular dimensionalmente la unidad en la multiplicidad de existencia y facticidad, de persona y organismo, de espiritual y psicofsico. Utilizaremos este texto como hilo conductor no solamente para responder a las preguntas anteriores sino tambin para desocultar todo lo espi-ritual considerado como constitutivo. Por lo tanto, y siguiendo la cita, el hombre de-be ser explicado, desarticulado en di-versas dimensiones a saber: Existencia y facticidad. Persona y organismo. Lo espiritual y lo psicofsico. De acuerdo a esta desarticulacin pode-mos notar que hay dos sinnimos de espritu, existencia ypersona; como t am b i n h ay t r e s an t n i -mos: facticidad, organismo y lo psicofsico. Pasemos ahora a tratar en conjunto dichas oposiciones para alcanzar un entendimiento ms cabal de lo espiritual. Lo psicofsico. Lo corporal es asumido por nuestro autor como un hecho, un factum, que junto con lo psquico, son modalidades de un mismo ser. Esto lleva a pensar que entre LA PGINA DE CAVEF Director: Dr.Claudio Garca Pintos Por Dr Claudio Csar GARCIA PINTOS Mail de contacto: cavef@yahoo.com facebook.com/claudio.garciapintos.1 13 lo somtico y lo psquico existe un parale-lismo, de modo que forman una cierta uni-dad al menos en el plano ntico. Esta quasi-unidad es una de las causas, creemos, por las que la psicologa ha olvi-dado lo espiritual. Lejos de seguir investi-gando se queda con lo palpable, lo que se puede medir y pesar, sirviendo as de modelo para determinar lo que el hombre debe ser. Sin embargo, para Frankl existe una dimensin ms profunda, la cual, adems, gobierna a las inferiores. Es por eso que las capas exteriores cobran un valor de expresin. Tocamos aqu uno de los puntos centrales de la antropologa frankliana: el organismo somtico guarda una relacin instrumental, el espritu ins-trumentaliza lo psicofsico [] lo hace su-yo hacindolo herramienta, rganon, ins-trumento. Cmo debemos entender esta instrumen-talizacin? Debemos descartar el modelo comn, segn el cual, lo psicofsico y lo espiritual son dos cosas diferentes, dos partes independientes -en cuanto al ser- una de la otra y que slo entraran en con-tacto ya sea por algn accidente o por simple armona preestablecida. Si esto fuera as, la unidad del hombre re-sultara un simple equvoco, un mero nombre. En tanto que usamos una pala-bra para nombrar dos cosas que estn juntas pero no tienen ninguna relacin re-al. Como si nombrramos a un espejo con el nombre de la persona reflejada. Entre el espejo y la persona que se refleja en l no hay ninguna unidad. Tambin consideramos que se debe des-cartar una instrumentalizacin de tipo desptico por parte del espritu, o un es-clavo servilismo por parte de lo psicofsico. Si bien no podemos pasar por alto el ele-mento espiritual, tampoco debemos supra-valorar lo espiritual. Es por eso que no podemos negar ninguna dignidad a todo lo somtico, puesto que es la condicin para el despliegue de lo espiritual, aunque no lo originen ni lo produzcan. Nuestro autor critica tambin a aquellos que en el campo clnico ven en el espritu la causa de toda enfermedad. Si bien exis-ten enfermedades nogenas, tambin exis-ten las que son psicgenas o somatgenas. Es por eso que lo psicofsico se presenta como campo para la tarea espiritual, es decir, como algo que lo espiritual debe conducir, debe manejar para poder desple-garse de tal modo que lo psicofsico sea un espejo ms fiel de lo espiritual. Como los caballos del smil del carro de Platn, al hombre le es impuesto domesticar todo lo que lo condiciona. Lejos de recluirse en las moradas de lo puro, lo espiritual debe enfrentarse con lo dado por la herencia, y volverlo su aliado. Dentro de esta dimensin psicofsica, jue-gan un papel relevante los llamados ins-tintos. Para el anlisis existencial propiamente hablando los instintos no existen en el hombre, es decir, a partir de esta espiritualidad los instintos del hombre, contrariamente a los del animal, desde siempre han sido dominados y con-trolados, la instintividad del hombre desde siempre ha estado envuelta en esta espiri-tualidad de modo que no slo cuando los instintos son reprimidos, sino tambin cuando estn sueltos, desde siempre el espritu ha estado en accin, desde siem-pre ha intervenido o se ha abstenido. Podramos decir que este texto ejemplifica la distincin de ntico y ontolgico. Las formas nticas del aparecer del hombre que comparte por ejemplo, con los anima-les, no existen, propiamente hablando, en el hombre. Ellas se encuentran ontolgica-mente presentes en el hombre, en tanto que lo espiritual las anima. Pero creo que debemos hacer una aclaracin. La presen- 14 cia de lo espiritual en lo instintivo del hombre es al modo de la inconsciencia, no est presente como una conciencia omnis-ciente sino, como todo lo ontolgico, con una presencia ignorada por la conciencia: oculto y en silencio ordena, da sentido a la vida del hombre. As entonces, lo espiri-tual tiene que hacerse cargo de lo psicof-sico, manteniendo frente a l una distan-cia, de modo que sin perderse en l tampo-co se olvide de l. Poder del espritu y po-der de la naturaleza forman parte del hombre y se complementan el uno al otro mutuamente. Al fin y al cabo el hombre es ciudadano de varios reinos y su vida dis-curre esencialmente en una tensin, en un campo de fuerzas bipolares. Este distan-ciamiento, como veremos luego, no tiene que ser de oposicin, de guerra entre uno y otro, sino que muestra la diversidad que hay en la unidad constitutiva del hombre. Al ser ciudadano de varios reinos, al tener el hombre varias nacionalidades, le cabe al hombre una tarea, una misin frente a la diversidad y a la unidad. En otras pala-bras, al hombre no le es dada como ya hecha ni la diversidad ni la unidad. El hombre es facultativo de ambas dimensio-nes. El poder de la naturaleza se expresa a travs de los instintos, a los cuales el hombre debe tenerle confianza. Frankl habla de una seguridad de los instintos, una especie de confianza en que los im-pulsos vitales ms bajos son fieles conduc-tores, y evitan al hombre la tarea de tener que comprobar a cada momento lo que hace. En este sentido podramos decir que los instintos le evitan al hombre el exceso de espiritualidad que se llama hiperre-flexin. Desde luego que una antropologa pseudo-espiritualista considerar esta confianza en los instintos como una locu-ra, dado que estamos poniendo el desarro-llo de nuestra vida en algo que no le pare-ce -a esa antropologa- digno de tal desti-no. Pero ms all de esta visin degradada de la vida instintiva debemos tener en cuenta que la confianza significa, etimol-gicamente, una fe compartida, una fe en que el mundo es un cosmos y no un ab-surdo. La confianza, esa fe compartida, ese sentir comn, rompe con todos los ex-cesos de la racionalizacin, la pone en ja-que, en tanto que muestra otra forma, no racional, no reflexiva, de estar en el mun-do, de vivir la verdad. Pero no debemos pensar aqu que esta confianza en el mun-do, en los instintos y, en suma, en los otros implica cerrar los ojos ante lo grave, lo serio de la vida, como si la confianza siempre fuera inegnua. A lo que apunta-mos es a una tranquilidad, a un abandono en lo vital, a un optimismo natural al que, sin embargo, Frankl no duda en llamar optimismo trgico. Volviendo a la cate-gora ntica de lo psicofsico debemos aclarar que, aunque lo hemos defindo co-mo el campo de expresin de lo espiritual, esto no significa que esta expresin sea siempre posible. Lo corporal nunca es espejo fiel del espritu, en realidad es un espejo roto que desfigura. Por lo tanto, si bien lo espiritual se conoce en la unin personal con lo psicofsico, no debemos pasar rpidamente de lo corporal a lo espi-ritual, sino que debemos acercarnos a l per analogiam, por semejanzas. En cuanto al papel de lo psicofsico, creemos que esta distincin es muy importante a la hora de juicios serios sobre la dignidad de la persona. A pesar de que el cuerpo ya no sea rgano de expresin adecuado, no podemos negar la existencia de la persona. Aunque lo psicofsico haya perdido su plasticidad, no por eso lo espirtual ha per-dido sus facultades: su valor. Todas estas expresiones llevan entonces a una deter-minada postura frente a ternas eugensi-cos o que tienen que ver con la eutanasia, temas que deben ser abordados desde una perspectiva de biotica. Una vez que lo espiritual entra de algn modo en lo corpreo anmico, queda velado: se oculta en silencio. Calla y aguarda a que 15 pueda comunicarse, a que pueda romper su silencio, irrumpiendo a travs de los velos que lo rodean, de los estratos en-volventes de lo psicofsicoAguarda hasta el da en que pueda hacer suyo al orga-nismo hasta apoderarse de l como su campo expresivo. Encontramos en este texto la idea final en cuanto a la relacin de lo espiritual con lo psicofsico. El espri-tu ser verdadero cuando se desoculte, cuando se manifieste. Pero su manifesta-cin no puede ser saltando por sobre lo psicofsico, sino siendo seor. De este mo-do, el espritu ser verdadero cuando sea libre, cuando gobierne lo que tiene: el len-guaje de lo espiritual es, entonces, el de la libertad. b. La facticidad Dentro de los antagonistas del espritu queda por acla-rar qu se entiende por facticidad. En pri-mer lugar podemos decir que la facticidad es un destino interior o exterior. La facti-cidad implica tanto al destino psicolgico, como al destino biolgico -ambos interio-res-, y tambin al destino sociolgico -destino exterior-. Como destino que es, el hombre debe superarla, superacin que caracteriza a la vida del hombreesa eterna lucha entre su libertad espiritual y su destino interior y exterior.En segundo lugar podemos decir que la facticidad constituye el campo del tener, en oposi-cin a la espiritualidad que constituye el campo o dimensin del ser. Estas categor-as de tener y ser, muy en boga en la pri-mera mitad del siglo pasado, tienen dife-rentes matices, que hay que tenerlos en cuenta a la hora de juicios valorativos. Si entendemos el tener en su sentido vulgar, evidentemente romperamos la unidad que el hombre es; puesto que lo tenido sera una cosa independiente de l. Creemos que en Frankl el tener se debe entender como no fundante, es decir, como aque-llo segundo que exige algo ms profundo que lo sustente. De este modo, si bien lo fctico -por pertenecer al campo del tener- puede ser objetivado, tratado como una cosa; no as el espritu y todo lo que perte-nece al campo del ser, quienes solamente pueden ser considerados como sujetos.En este sentido, entonces, lo tenido ejerce su condicionamiento, el cual debe ser asu-mido y liberado el ser: el ser debe co-municar su libertad al tener, tarea esta que bien podramos llamar humaniza-cin. c. La persona. Pasaremos ahora a tratar acerca de un sinnimo de espiritual: la persona. Frankl define a la persona co-mo algo cerrado en s, subsistente por s, no susceptible de suma ni de divisin. Como lo espiritual que es goza o padece el escapar a toda captacin cosificante. De-bemos aqu presentar algunas aclaracio-nes. En primer lugar la persona es algo cerrado en s en cuanto que no necesita de otro para ser, ella misma es. De lo contra-rio caeramos en la concepcin de la per-sona como mnada, idea que es criticada por Frankl no slo desde la esfera del co-nocimiento sino tambin desde la antropo-loga. En lo antropolgico afirma que el hombre no es una mnada cerrada, y la psicologa degenera en alguna clase de monadologa a no ser que reconozca la apertura del hombre al mundo. En rela-cin a la esfera del conocimiento, Frankl muestra que esta apertura de la existencia es reflejada por la autotranscendencia del ser humano. Esta cualidad autotranscen-dente de la realidad humana se refleja, a su vez, en la cualidad intencional de los fenmenos humanos. Por lo tanto, cuan-do se afirma que la persona es cerrada, se quiere decir que ella que no puede ser dividida, sumada a otra persona o cosa co-mo parte de ella. En este sentido, enton-ces, la persona no puede ser masificada, no puede perder su rostro adquiriendo la mscara difusa del impersonal se. Pero as como no puede ser masificada tampoco puede ser dividida en s misma. Cuando se dice que la persona no es susceptible de divisin significa que, pese a la diversidad de dimensiones que vemos en el hombre, 16 lo personal escapa a toda desmembracin. La persona es un todo que no tiene partes, las partes de una persona ya no se pueden llamar persona ms que por equvoco, co-mo deca Aristteles que la mano no es hombre sino equvoca-mente. La persona, en tanto que es, tiene una dignidad que no se le puede arrebatar ni sumndola a un gnero, a un grupo o a un partido, ni tam-poco se la puede considerar parcialmente ni an en los actos ms espirituales como son la inteleccin (nous) o el amor. Cuan-do la persona ama no ama una parte de ella, sea esta fsica o psquica: la que ama es la persona. En segundo lugar, la perso-na es entendida como portadora o sopor-te, pero tambin como centro de actos es-pirituales. La persona, entonces, por una parte es una substancia, lo que est por debajo como pensaban los griegos, lo que sostiene a todo el hombre; pero, por otra, es la fuente de todos sus actos, all de donde brota toda la actividad humana. Es-to nos muestra como la persona, para Frankl, tiene algo de fijo, en cuanto es so-porte, y tiene algo de fluido, de dinmico, en cuanto desde ella brota el obrar. Esta forma de entender a la persona permite evitar un riesgo comn: el de hacer de la persona algo quieto, algo fijo, algo que no tiene nada que ver con la praxis. Aqu en cambio vemos todo lo contrario. En tercer lugar ser persona significa ser espiritual individualizado e individualizante, en cuanto que la persona individualiza al or-ganismo psicofsico. En este texto vemos que la persona es, ante todo, espiritual y que es lo que es por s misma, como hab-amos dicho anteriormente. Pero aqu agrega o explicita lo que habamos tratado con respecto a lo psicofsico: la persona hace individual, esto es intransferible, la dimensin psicofsica, con lo cual podra-mos pensar que sin la dimensin personal, lo psicofsico no existe, se diluye en el mundo de las cosas. Por otra parte, cuan-do dijimos que la persona es centro de los actos espirituales, podramos pensar que la persona se desentiende del resto de los actos que realiza el hombre, o que todos los actos del hombre son espirituales. Pero como la persona individualiza a lo psicof-sico podemos entonces afirmar que, utili-zando como instrumento a lo psicofsico, la persona es tambin centro de los otros actos del hombre.Debemos tener en cuen-ta aqu, para evitar interpretaciones inco-rrectas, que estas expresiones deben ser entendidas siempre teniendo en cuenta la unidad del hombre. Frankl generalmente utiliza, como pudimos ver, el trmino de persona como parte, entendida sta co-mo dimensin. Hacemos esta aclaracin porque en filosofa, generalmente el trmi-no persona no se entiende como parte sino como todo. Por eso, si no reparamos en la variacin de sentido que se encuentra en el texto frankliano, quedara sumamente comprometida la unidad del hombre, su totalidad como realidad. Para concluir con este breve acercamiento a la persona en Frankl retomaremos algunas ideas. Cuan-do hablamos de la facticidad hicimos refe-rencia a la distincin entre ser y tener. Re-cin dijimos que la persona es centro de los actos espirituales. As entonces, la per-sona en cuanto es debe dialogar con lo que tiene. En este dilogo tiene que adop-tar una posicin. La persona frente al te-ner lo configura y se configura ella cons-tantemente y una persona-lidad. Encontramos aqu una distincin importante en lo que incumbe a nuestro tema. La personalidad slo aparece cuan-do la persona se ha hecho cargo de la fac-ticidad. En este sentido la personalidad no sera algo dado sino algo por hacer, sera lo hecho por la persona en dialogo con lo psicofsico. La personalidad es, entonces, la biografa de la persona, su identidad lo-grada o malograda. Biografa que ser, co-mo la etimologa lo dice, escritura de vida, y que se termina de escribir en el momen-to de la muerte. 17 Hola amigos! Con gusto retomamos el contacto con us-tedes este 2015 compartindoles que nuestro nuevo programa ENTRENAMIEN-TO EN PREVENCIN DEL VACO EXIS-TENCIAL: AGRESIN, ADICCIN, DEPRE-SIN, SUICIDIO, ha tenido una gran acogi-da por parte de educadores, psiclogos, mdicos, psicoterapeutas, trabajadores so-ciales y padres de familia, todos ellos de-seosos en hacer lo necesario para prevenir la neurosis nogena que incrementa ao con ao en nuestro pas. http://logoforo.com/entrenamiento-en-prevencion-de-adiccion-depresion-suicidio/ Te recomendamos la lectura de algunos de nuestros recientes artculos: El arte del encuentro entre la Logoterapia y la tica del cuidado: un nuevo horizonte por Sandra Ruiz Gros de la Universidad de Valencia, Espaa. http :// logoforo.com/el -arte-del -encuentro-entre-la-logoterapia-y-la-etica-del-cuidado-un-nuevo-horizonte/ Y el uso del dilogo socrtico en el cuento como herramienta de autodescubrimiento. til tanto en los grupos como en la terapia individual. http://logoforo.com/cuentos-y-dialogo-socratico/ Esperamos con gusto tus comentarios en nuestra pgina www.logoforo.com Gracias y hasta pronto! LA PGINA DE LOGOFORO Por Dra. Tere VANEK Mail de contacto: terevanek@logoforo.com www.logoforo.com Logoforo.com te invita a leer nuestros interesantes artculos y a enterarte de los eventos ms importantes de Logoterapia en el mundo de habla hispana; as como a conocer bibliografa recomendada, frases clebres de Viktor Frankl y de otros pen-sadores, noticias y ligas a otros Centros e Institutos en el mundo, que trabajan con este enfoque existencial. 18 E n la Ciudad Autnoma de Buenos Aires, todas las maanas, si uno toma el subte de la lnea D, desde donde comienza el recorrido, la es-tacin Congreso de Tucumn, un joven contratado por el Grupo Clarn te regala el diario La Razn. Cuando termina el reco-rrido y la gente se baja en la estacin Ca-tedral, otro joven, este contratado por el Gobierno, te regala el diario El Argentino. O sea que uno entra en el subte con un diario del Grupo Clarn y all lee todo lo te-rrible que sucede en la Argentina y luego sale del subte y, como si fuera el viejo jue-go de la rayuela, lo espera el cielo o el pa-raso, porque eso cuenta El Argentino: que vivimos en un paraso. Es acaso el reco-rrido del subte una metfora del camino del Dante del infierno al cielo? No. Pero es-to ocurre todos los das. Como muchos sabemos, los dos diarios estn en las antpodas de la visin de la realidad. Son dos extremos, como la entra-da y la salida del subterrneo. Por eso, le propuse a una colega investigar cmo es-tos dos diarios introducen las palabras de los polticos. La curiosidad cientfica de confirmar la hiptesis de sentido comn que tena se est viendo plasmada en la investigacin que realizamos. Cada vez que un poltico se expresa, ya sea en forma oral o en forma escrita, reali-za un acto de habla que ser interpretado por el periodismo, desde un doble punto de vista: desde el medio en el que trabaja, y desde su propia evaluacin de la decla-racin o de la respuesta a una pregunta. Citar es siempre atribuir intencionalmen-te, deca Graciela Reyes en un libro de los aos 90. Y es verdad. Cuando el poltico habla, su palabra queda sujeta a la mani-pulacin del periodista, aunque no nece-sariamente ha de ser mal intencionada. Nuestra Presidenta nos brind incontables cadenas nacionales. No acepta conferen-cias de prensa pero les habla bastante a los argentinos. En un pas polticamente cada vez ms polarizado, donde los K de-testan a los antiK y los antiK detestan a los K, no quedan muchas alternativas, si uno propone entender cada mensaje desde una cierta objetividad. Estoy de acuerdo NO TE AMENZO, TE ADVIERTO Por Dra. Patricia Mara Nigro Mail de contacto: nigropatricia@gmail.com La Dra.Patricia Mara NIGRO es Doctora en Comunicacin Social (Universidad Austral) y Licenciada en Oganizacin y Gestin Esco-lar, entre otros ttulos. Docente universitaria de amplia trayectoria e investigadora en temticas vinculadas con la palabra y el discurso. Entre varios ttulos publicados, destacamos y recomendamos su ltimo libro de gran actualidad, Desnudando el discurso poltico. Falacias, polticos y periodistas (Editorial Biblos, BsAs, 2014) en colaboracin con Agustina Blaquier. LOGORED le da la bienvenida a la Dra.Nigro quien se har cargo de una columna de reflexin a partir de este nmero. 19 con esto, no estoy de acuerdo con aquello. Pero decir algo semejante implica que uno pasa rpidamente a la categora de los in-deseables, mal mirado por los K, mal mi-rado por los antiK. Los periodistas y los medios a los que res-ponden ya no pueden pretender la objetivi-dad. O son de unos o son de otros. Ellos tambin estn metidos por la fuerza en ese juego, en el que perdemos todos. Como ciudadana, como lingista, me rebela esta situacin. Tomara el subte con una reme-ra de Clarn miente y saldra de l con una que dijera Gobierno miente. Por qu? Porque en los dos polos estamos to-dos. Y porque, como muchos argentinos no queremos esa divisin, estudiamos el lenguaje. Para entender por qu nos dicen lo que nos dicen, y cmo y en qu situa-cin las palabras fueron dichas. Poltica y periodismo poseen vnculos es-trechos. El poltico requiere del periodista para hacer llegar su palabra y el periodista necesita al poltico, fuente de la que parte gran cantidad de los textos que luego pro-duce. Y nosotros, el pueblo, estamos all, expectantes, esperando que alguien expli-que cmo es la realidad. Y sospechamos de todos: de los polticos y de los periodis-tas. Para citar la palabra del poltico, el perio-dista, a veces sin intencin y a veces con toda intencin, elige un verbo de entre los muchos que existen para repetir lo dicho y para evaluarlo. En ese pequeo acto de elegir entre: amenaz, rechaz, advirti, ratific, pidi, anunci y un largo etctera, el mensaje del poltico se ver modificado mucho o poco. La interpretacin y la transcripcin de sus palabras ser irreme-diablemente cambiada. Entonces, es necesario prestar atencin a lo que los romanos llamaban verba dicen-di y que nosotros, los lingistas, llama-mos verbos de decir o verbos introducto-res. En todo contexto comunicativo, hay siempre un contexto ausente, en el que se dijeron esas palabras. Los verbos de decir se refieren generalmente al cmo se dijo algo antes de al qu dijo alguien. Qu pretendemos con este artculo? Pol-ticos y periodistas deben estar atentos a este detalle no menor. Cmo sern cita-das mis palabras? Cul era mi intencin real al decirlas? A las palabras no se las lleva el viento. Como deca Roberto Mara-fioti, siempre alguien las recupera. Y ese alguien hace con ellas su propia versin. Y puede empezar, simplemente, por elegir el verbo de decir que calificar al discurso ajeno: admitir, ordenar, rebatir, argumen-tar, negar, alabar, afirmar. Un buen dic-cionario de sinnimos puede ayudarnos a tomar conciencia de cmo el matiz argu-mentativo e ideolgico del que nos cita al-tera el sentido de nuestras palabras. Si el lector lo desea, puede realizar ciertos ejercicios de lectura crtica: 1) revise diarios de ideologas opuestas y fjese atentamente cmo en cada uno de ellos se cita el discurso de ese da de la Presidenta; 2) piense unos minutos cmo hablan los distintos periodistas de la Ley de medios; 3) y lo ms importante, tome la Constitucin Nacional, relea el captulo Declaraciones, derechos y garantas. Si nunca lo ley, este es el momento adecua-do. Y hgaselo leer a sus hijos, porque en las escuelas no se lo estudia. Despus de todo esto, no volver a creer ciegamente en lo que le dicen. Juzgue y compare. Compruebe cmo todos llevan agua para su molino. Y elija libre y honestamente la mejor versin. Para en-tender estos temas, el buen Seor nos dio el intelecto. LA LGICA DEL COMPARTIR HASTA EL SENTIDO Por Lic. Anala Boyadjin Mail de contacto: familiaysentido@gmail.com 20 LA LGICA DEL COMPARTIR HASTA EL SENTIDO Por Lic. Anala Boyadjin Mail de contacto: familiaysentido@gmail.com 20 L a familia suele ser ese espacio y ese tiempo en el cual, desde muy pequeos, corroboramos que no estamos solos, y que no somos los nicos que tenemos necesidades, deman-das, inquietudes, y deseos. Cada vez que el bebe llora, la respuesta no es la misma: la madre puede estar cerca y brindar satisfaccin inmediata, o fuera de la casa, y entonces su ausencia (hasta que regrese) marca un lmite real que quien est a su cuidado (otro adulto responsable) se las ingeniar para que la frustracin sea lo ms tolerable posible. Cuando el nio est en el Jardn de Infan-tes y extraa a sus padres, la maestra tambin lo reconfortar con cario y pala-bras tranquilizadoras para que logre pos-poner su necesidad de cercana hasta el momento de volver a casa con sus seres queridos. Y, poco a poco, el nio compren-der que puede enfrentarse a un tiempo sin su familia y que, transcurrido ese lap-so, retorna a su hogar. Ya con los adolescentesqu sucede? Esos lmites que fuimos estableciendo desde siempre (desde bebs) tienen sus buenos resultadosCuando son ellos quienes, frente a los estmulos de una rea-lidad que los atropella, logran hacer uso de esas estrategias saludables ya aprendi-das. Se trata de que hayan aprendido a cuidarse y a no correr riesgos innecesa-rios. Y a cuidar del amigo, de la amiga, del grupo. Es hora de demostrar que lo apren-dido en casa sirve para salir al mundo con fortaleza, para tolerar los ventarrones que aparezcan. Y el joven adulto, que se lanza a la aventu-ra del compromiso, que se enamora y logra un vnculo estable, reconoce en su haber todo aquello que lo nutri para, llegado es-te momento, poder dar de s lo mejor y po-der cuidar a quien ama. Lo mismo sucede con el trabajo profesional, desde la voca-cin personal, se trata de comprometerse una vez ms con el mundo y brindar lo que uno cree que hace bien. Encontrar el sentido en el trabajo cotidiano para poder crecer humanamente y autorrealizarse en ese quehacer que abarca la mayor canti-dad de horas diarias en su desarrollo. Somos con otros desde siempre, desde el instante cero en que fuimos concebidos. El proceso de humanizacin requiere de los otros para concretarse: sus miradas, sus voces, sus afectos y efectos, sus impron-tastodos y cada uno de ellos forman par-te de nuestro ser, con diferentes texturas y recuerdos, con sabores y olores especiales, 21 o ms cerca o lejos de nuestro modo de ser. Hoy forman parte de nosotros. Nos constituyen. Nuestro ser nico e irrepeti-ble se debe al cctel singular que disea-mos. As como en un recin nacido, la bsqueda del a quin se parece? remite a los ojos de la abuela paterna, la nariz de la madre.etc., as tambin nuestra risa, nuestro estilo de enojarnos, de mo-vernos, de amar inclusive, se remite a las figuras que fueron tan significativas en nuestra vida como para dejar su huella. Entonces se corrobora que uno comparte con los otros mucho ms de lo que con-cientemente pretende. Y que el compartir en familia implica no solamente el apren-dizaje de ser generoso y solidario con el hermano, con el amigo, con los padres, con los abuelos, sino tambin el compartir estilos, visiones, valores. Y cuando se trata de los valores, de los faros que guian el ac-cionar humano, la idea del bien y del mal, de lo funcional o no, entonces es legtimo presumir que estamos compartiendo signi-ficaciones y sentidos. 22