La oposición política a Rosas

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    11-Jun-2015

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Generacin del 37. La oposicin poltica a Rosas

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La oposicin poltica a Rosas La Generacin de 1837En la realidad argentina de mitad de la dcada de 1830 confluyen dos elementos especialmente sensibles que tomados en contacto conforman una situacin de cambio potencial. El primero es la irresuelta organizacin nacional. Pasado un cuarto de siglo de la emancipacin el pas segua sumido en la indefinicin de su estructura estatal con una unidad formal y una Confederacin de hecho. El segundo elemento era la aparicin de una generacin nacida con la revolucin cuyas aspiraciones ideolgicas ponen su objetivo ya no en la lucha por la independencia sino en el desarrollo de la nacin y la bsqueda de constituir un Estado que pudiera insertarse en el concierto de naciones del mundo civilizado. Estos dos factores combinados generan una contradiccin evidente entre realidad y aspiraciones (pretender la organizacin nacional en el escenario de una nacin sin organizacin definitiva) y la existencia de un tercer elemento actuar como catalizador definitivo de la expresin poltica de esta generacin: Juan Manuel de Rosas. Un gobernante con poder consolidado y fuerte apoyatura popular en cuyos planes no entraba ni la inmediata institucionalizacin del Estado ni la transformacin socioeconmica hacia un modelo de insercin en el nuevo orden econmico internacional. Los dos elementos mencionados, una nacin sin organizacin definitiva y una nueva generacin de intelectuales, y el necesario catalizador, Rosas, generaron un estallido ideolgico solo comparable al que a principios de siglo habrn protagonizado los hombres que dieron origen a la nacin independiente. El ltimo intento opositor serio y efectivo de acabar con Rosas se produjo entre 1839 y 1840, pero la nunca definida articulacin de acciones como la conjura de Maza, la Revolucin del Sur efectuada por pequeos propietarios de la campaa disconformes con las polticas de tierras y la campaa del ejrcito comandado por Lavalle, fueron la razn de una clara derrota. Todas estas acciones contra Rosas contaron con apoyos tan dismiles como los de los exiliados unitarios, gobiernos extranjeros, gobernadores federales, hombres del propio gobierno bonaerense y la intelectualidad de la Joven Generacin del 37. Terminaron todas en un rotundo fracaso y dieron paso en la ciudad de Buenos Aires al mayor pico de violencia poltica y en el Interior a un profundo raid represivo comandado por Oribe a instancias del Restaurador. Culminada la campaa de Oribe por el Interior, la Confederacin Argentina qued completamente alineada al poder rosista, dando inicio de tal manera a un perodo de relativa armona y estabilidad que se extendi hasta la misma batalla de Caseros, el episodio final del poder de Rosas. Lo que se ha dado en llamar la Generacin del 37 se entiende como un conjunto de pensadores que unidos orgnicamente unos y desarrollando aisladamente su labor otros, coinciden en exponer una estructura de pensamiento novedosa, todos ellos liberales, que provenientes en su amplia mayora de Europa llegan al Plata para adecuarse al marco histrico y social imperante en estas tierras. Intelectuales comprometidos con su tiempo y de un amplio cosmopolitismo logran percibir claramente el sentido de los acelerados cambios en que se encuentra ocupado el mundo civilizado y consideran, en este marco histrico, que es el momento oportuno para insertar a la Argentina en esa corriente econmica, poltica y cultural. De esta Generacin del 37, de intelectuales opositores a Rosas, se pueden extraer dos nombres paradigmticos para analizar sus races, sus motivaciones, sus bsquedas y objetivos: Sarmiento y Alberdi.Dos hombres de diferentes orgenes, de diferentes formaciones, de diferentes temperamentos; pero, paradjicamente, enancados en un mismo rumbo con un claro objetivo poltico: organizar el pas e insertarlo en el nuevo orden econmico capitalista global de fines del siglo XIX. Estos liberales se sienten parte de un corte con su pasado, aprendiendo del frustrado intento liberal rivadaviano de la dcada de 1820 comprendieron que el Estado rosista contaba con un innegable apoyo popular; y que entender esa realidad era condicin previa ineludible para encarar cualquier proyecto de organizacin nacional post-rosista. De los intelectuales mencionados sobresalen sus obras fundamentales las Bases, de Alberdi; y el Facundo, de Sarmiento. Por las lneas de estas obras se pueden explorar las inspiraciones ideolgicas de sus autores, sus expectativas, su visin de la sociedad argentina, sus objetivos y sus miedos. En definitiva, la Generacin del 37 persigui la construccin de un cuerpo de pensamiento que no se quedar en el solo anlisis intelectual sino que traspasar los lmites de la contemplacin para adentrarse en los vericuetos mucho ms complejos y tortuosos de la creacin de una nacin a imagen y semejanza de un proyecto, el ejercicio de la poltica, la persecucin de una utopa. El escenario global es el del comienzo de la Segunda Fase de la Revolucin Industrial originada en Inglaterra destinada a transformar el mundo mediante la aplicacin del capitalismo liberal. En este clima liberal surge la idea sustentadora de entender la nacin como un marco legal decidido libremente y el poder como su delegacin: Nacin = Ley. Y la Ley Suprema es la Constitucin. En ese camino estos liberales cultivan la idea de que la participacin pblica debe encontrarse solo reservada a la elite; la idea es que todos los hombres cuentan en la vida civil, pero que en la vida pblica solo participan los que tienen cierto peso. Vemos aqu un correlato directo que ser abrazado por la Generacin del 37 que como aquellos liberales europeos temen a la tirana de las mayoras.1 Esta idea que puede sonar a los odos modernos con tono antidemocrtico fundamenta un proyecto de organizacin de la nueva sociedad: constitucin de una elite burguesa, utilizacin racional de las capacidades, poltica de instruccin pblica y racionalizacin del sistema poltico y administrativo. Las semejanzas con el proyecto argentino post-rosista sern totales. Tambin tenan estos pensadores la certeza de que una nueva estructura social, econmica y poltica haba sustituido definitivamente al viejo modelo y ser esa certeza la carta de despido del rgimen rosista, el convencimiento de que para que el pas pudiera insertarse en el mundo deba primero dejar atrs la experiencia histrica del Restaurador para dar paso a una Nacin organizada y moderna. Esas ideas alumbradas en Europa resultaban atractivas a la inteligencia de esta elite intelectual que intentaba encontrar una salida a la recurrente dicotoma Unitario-Federal que sumi al pas en la violencia, paraliz el impulso vivificador de Mayo y deriv en un sistema hegemnico de carcter desptico que si bien impuso finalmente una pausa a la vorgine de violencia y gener el espacio propicio para el orden, se mostraba incapaz de enfrentar el desafo de construir una nueva sociedad inserta en un nuevo orden econmico, poltico y social. Pero cul es la nacin que este grupo tiene en mente organizar? Alberdi expone su idea cuando menciona en sus Bases la construccin de lo que llam la Repblica Posible2, ya que la experiencia haba demostrado que no dio resultado llevar adelante un proyecto1 2Andr Jardin, El Liberalismo, en Nueva Historia de las Ideas Polticas, pag. 123. La Repblica Posible es la que se construye ante la imposibilidad de construir la Repblica Verdadera.ideal, como el rivadaviano, sin correr el riesgo de reproducir los viejos intentos unitarios fracasados a fuerza de sangre. Y esa Repblica posible era para Alberdi una repblica federal (no confederal) y liberal. Y para dar ese salto se haca necesario organizar el Estado y constituir la Nacin. Por eso estos pensadores no cometern el error de Rivadavia que construy castillos constitucionales en el vaco de una realidad que caminaba en sentido contrario. Para la joven intelectualidad del 37 la sociedad y la historia jugarn un papel fundamental en el diseo de las estrategias; estos guionistas del futuro argentino comenzarn por tener en cuenta a los actores y al escenario, no sern dibujantes en el aire sino transformadores concretos de la realidad. Por ello la Generacin del 37 no solo luchar contra el rosismo sino que previamente intentar entenderlo y hasta extraer de esa experiencia un importante aprendizaje. Para Alberdi, por ejemplo, la ms importante construccin del rosismo, el mayor logro en pos de la organizacin de una Nacin es el disciplinamiento de las masas, los hbitos de obediencia desarrollados por la poltica de facciones llevada a cabo por el Gobernador de Buenos Aires. Para Sarmiento en cambio el mayor logro lo constituye la red de intereses econmicos consolidados tras el poder, pero que no dudarn en abandonar el rosismo para abrazar cualquier otra opcin poltica que les ofrezca amplificar su prosperidad lanzndose al progreso.3 Treinta aos de gobierno rosista haban dejado una estructura econmica slida y en crecimiento, pero consideraban que Rosas careca de las aptitudes ideolgicas necesarias para enfrentar la necesidad de insertar al pas en el sistema econmico capitalista internacional en busca de la aceleracin del proceso econmico-financiero y la absorcin de capitales de inversin.4 La construccin poltica del Restaurador era vista por la Generacin del 37 como un movimiento antiliberal, atrasado y antiprogresista, arraigado en la tradicin colonial espaola y con fuerte insercin en las masas rurales.5 Ante esta situacin solo el ocaso del rosismo poda provocar el nacimiento de la nacin organizada ya que organizar constitucionalmente el pas no formaba parte del men de ideas de gobierno de Rosas, ya que de hacerlo pondra en cuestionamiento la fuerte hegemona de su propia figura, y lo que es ms importante, la prevalencia del Estado bonaerense por sobre el conjunto del pas. Ya para la dcada de 1840 la divisin entre Federales y Unitarios carecer de significacin ya que la palabra unitario era utilizada por entonces ya no como sustantivo identificador de una opcin ideolgica sino como adjetivo para catalogar a los adversarios polticos del Gobernador, entre ellos los viejos exiliados de Montevideo. La Joven Generacin del 37 comienza a comprender que esta dicotoma federal-unitaria carente de sentido debe ser superada, y para reemplazarla se opta otra dicotoma acorde con los tiempos: civilizacin o barbarie. Civilizacin o Barbarie ser la madre de todas las dicotomas argentinas, cuya historia est plagada de dicotomas. La barbarie es Rosas y su idea de pas, la civilizacin es el progreso de una nacin que espera ms all de los tiempos de Rosas. Juan Manuel de Rosas aparece para los pensadores de la Generacin del 37 como el principal escollo para llevar adelante el prximo paso del camino que empezara en 1810 con la Revolucin, atravesara los caminos de la guerra de la independencia, los3 4Tulio Halperin Donghi, Una nacin para el desierto argentino, pag. 23. Tulio Halperin Donghi, De la revolucin de independencia a la Confederacin rosista. Buenos Aires, Paidos, 1993, pag. 296. 5 Jos Luis Romero, Las ideas polticas en Argentina. Buenos Aires, F.C.E., 1996, pag. 131.intrincados laberintos de la inestabilidad institucional, el drama de la guerra civil, el reinado de la democracia inorgnica y alcanzara finalmente el rellano de la paz interior y el orden. Este sentido histrico preanuncia ahora la necesidad de una aceleracin econmica, poltica y cultural destinada a insertar al pas en el nuevo orden econmico internacional de la economa exportadora en pleno crecimiento hacia el capitalismo liberal. Los acelerados cambios de la economa mundial ofrecen una oportunidad para la Argentina. Todo parece preparado para el cambio, pero un elemento pone dique a este cambio: Rosas. Por ello la Generacin del 37 se prepara para ser uno de los dos interlocutores del inminente proceso post-rosista, el otro interlocutor ser la elite econmico-social, el verdadero poder econmico.6 Pero el grupo intelectual que se ha preparado durante ms de una dcada para poner su proyecto en acto sabe perfectamente que no es el Brigadier General el enemigo contra el que deber lucharse, eso solo lo piensan los polticos de vistas cortas y revanchas grandes. El enemigo para el proyecto en ciernes de la Generacin del 37 es otro. Inmenso y fantasmal, inasible y voltil, omnipresente e irreal, como todos los enemigos. El enemigo es el Desierto. Pero, qu era ese desierto que las cavilaciones de Sarmiento y Alberdi, convirtieron en una frontera para la concrecin del proyecto intelectual que intentaban plasmar? Por qu razn la desaparicin de ese desierto se vuelve la condicin innegociable para llevar adelante la construccin final de la Nacin? Desierto: lugar despoblado, reza el diccionario. Pero esa concepcin es la que persiguen las mentes de estos hombres? La pregunta fatal es: Puede un desierto, un territorio inerte convertido en nada, ser una barrera tan importante para la puesta en prctica de un proyecto poltico vital? Alberdi afirmar que la localizacin de la civilizacin en las ciudades y la barbarie en las campaas es un error de historia y de observacin7, conclusin: el enemigo est en todas partes. El enemigo no parece ser por tanto el desierto inerte, sino la existencia de un desierto vivo. El desierto es la ausencia de un espritu moderno y civilizador, una ausencia insoportable, fcil analoga con un desierto real, el enemigo es la barbarie. No bastar con traer poblaciones desde la civilizacin para acabar con el desierto, porque el enemigo vive, no es tan solo polvo. Para la Generacin del 37 desierto es incultura y pastoreo, garanta de salvajismo, una manera de sostener la ruina econmica8; no es la nada, es el algo. Y a ese enemigo habr que derrotar. Alberdi escribir Cul es la Constitucin que mejor conviene al desierto? La que sirve para hacerlo desaparecer. Cuando Sarmiento construye al enemigo en su Facundo no se refiere a Rosas, lo vincula con la mtica figura de Quiroga. El Restaurador es simplemente un pasaje de la historia para la Generacin del 37 al decir de Sarmiento un hombre que hace el mal sin pasin, el verdadero adversario en cambio es una forma de interpretar el momento argentino, un pensamiento y un sentir que hunde sus races en el pasado y se niega a aceptar el camino que conduce al progreso, al futuro, a la civilizacin.6 7Tulio Halperin Donghi, Una nacin para el desierto argentino, pag. 31. Jos Luis Romero, Las ideas polticas en Argentina. pag. 142-143. 8 No Jitrik, Muerte y Resurreccin de Facundo. Buenos Aires, CEAL, 1983, pag 93.Y lo ms terrible para estos pensadores es que, como nos dice Sarmiento, fatalmente el desierto no solo est vivo, sino que es inmortal. Quizs por ello Sarmiento, al comienzo de su libro Facundo, crispa las letras hasta el dolor: No; no ha muerto! Vive an! El vendr!"9 Habla de Quiroga y habla de las tradiciones populares, habla de Rosas y la naturaleza brbara y colonial; y habla de s mismo, de sus fantasmas, de las pesadillas de sus sueos, habla del enemigo, habla de la barbarie. Alberdi tambin entiende la inmensidad del enemigo y propondr su repblica posible como paso inicial hacia la utopa de una repblica verdadera. Una repblica posible que es una aguda concesin que la teora institucional le realiza a la realidad poltica. Alberdi aspira a que esa concesin sea transitoria, que sirva para avanzar hacia la repblica verdadera que espera ms adelante en medio del trnsito anhelado para su proyecto. La importancia de la Generacin del 37 es tal que mientras Alberdi ser el inspirador de la redaccin de la Constitucin Nacional a partir de su libro Las Bases, Sarmiento ser un protagonista central de la vida poltica del ltimo cuarto de siglo ocupando una de las presidencias fundacionales de la Argentina Liberal.9Domingo F. Sarmiento, Facundo. Buenos Aires, Ed. Huemul, 1978, pag. 57