J.R. Wilcock - Libro de Poemas y Canciones

  • Published on
    16-Jul-2015

  • View
    316

  • Download
    8

Embed Size (px)

Transcript

Juan Rodolfo Wilcock

LIBRO DE POEMAS Y CANCIONESPremio Martn Fierro 1940

LOS POEMAS Primer Poema Segundo Poema Tercer Poema Cuarto Poema LAS CANCIONES Primera Cancin Segunda Cancin Tercera Cancin LAS ALEGORAS Primera Alegora Segunda Alegora Tercera Alegora Cuarta Alegoria Quinta Alegora Al Rio de la Plata CANCIONES ULTIMAS LOS SONETOS Primer Soneto Segundo Soneto Tercer Soneto Cuarto Soneto Quinto Soneto Sexto Soneto LAS CANCIONES TRGICAS Prlogo Primera Cancin Trgica Segunda Cancin Trgica Tercera Cancin Trgica LAS CANCIONES DE AMOR Primera Cancin de Amor Segunda Cancin de Amor Tercera Cancin de Amor POEMA COMO EPLOGO ltimo Poema

3 5 11 13 16 18 19 21 22 23 24 25 26 27 28 29 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 43 45 47 48 49 50 51 52

LOS POEMAS1939

We have teen thee, O Love, thou art fair; thou art goodly. 0 Love; Thy wings make light in the air as the wings of a dove. Thy feet are as winds that divide the stream of the sea; Earth is thy covering to hide thee, the garment of thee. Thou art swift and subtle and blind as a flame of fire; Before thee the laughter, behind thee the tears of desire. Swinburne's Atalanta.

(Te hemos visto, oh Amor; eres excelso, eres hermoso, oh Amor; Tus alas dejan luz en el aire como las alas de la paloma. Tus pies son como vientos que dividen el fluir del mar; La tierra es como un manto que te esconde, es tu ropaje. Eres vivaz, sutil y ciego como las llamas; Antes de ti las risas, luego de ti las lgrimas del deseo.)

PRIMER POEMA

Cuando desciende el ave solitaria a medioda, ya sin aliento, desde el sol, cubierta de tristeza, deja caer el vuelo interminable de sus alas, desesperada, herida por el aire y sin defensa. As se extiende el canto apasionado del viajero, muy largamente, entre las manzanillas florecidas, mientras su vista pasa por las nubes sin descanso sobre el espacio que se inclina azul y luminoso: "Oh cielo enorme, cielo de los das para siempre, quiero el amor que gira lentamente entre las ramas para envolver los rboles ms altos y abatirlos!

Y quiero or el golpe de las olas que lo mueven mientras la muerte espera entre las flores infinitas. Que en un momento salte mi pasin, y ya el extremo de las lejanas cumbres ha pasado sobre el ro, y desde el lago se encamina inquieto el oleaje para traer al bosque de la altura sumergido; hasta el espacio se apresura oscuro a estremecerse, al reunir las nubes levantadas que se corren con el transcurso, en la llanura al sol, del alto viento. Donde llev mi amor su paso antiguo van rompiendo todos los puentes sus pilares verdes en el agua, apenas ebrios por la brisa ardiente que los sigue, amor extrao que moj sus pies en las corrientes, mientras al borde las contempla el tiempo detenido y al desplegar la muerte sus dos alas apuradas deja su rostro oculto entre las plumas temerosas. Bajo el espacio que vive de estrellas en la noche van los amantes, reduciendo el mundo hacia su imagen, terriblemente solos e inconscientes, de la mano; enfrente de ellos cambia de color durante el tiempo

toda la tierra que venci a la luz y al movimiento, y llegan hasta el mar, que se desliza en su silencio a despertarse luego iluminado en la maana. Qu enorme amor cubriendo el agua entonces se comprende, y el cielo, el cielo descubierto ahora, aproximado, sobre el brillo del mar, y el del amor, y el del espacio! Pero el camino siempre est olvidado, y voy ya solo para mirar cmo se cae el sol entre las nubes; por esa mano que no se me dio pasa el rechazo mudo y de piedra: hay que llevar la frente sin asombro, mucho ms alta que el gran horizonte, ms perdida. Ah si tal vez de noche se acabara y se cortara el tiempo, si cayera como un rbol incendiado, porque est mal ya todo, incorregible, y hasta el aire no puede dar dentro del pecho con la sangre justa! Ya nada existe, y se me vuelve esplndido el espacio de voluntad de amor inencontrable, de sonidos para abrazar con destrozados saltos todo el viento. Pasin, oh monumento ms que esttico y de mrmol! Todo se pierde: el canto descuidado de los pjaros cuando las ramas estremecen su follaje extenso,

la vibracin de las paredes blancas desde lejos, y por el fondo de las fuentes las hojas perdidas. Cunta ternura puesta en cada instante y extraviada como el descenso con que busca el nido algn gran pjaro! Pero la savia, y este vuelo enorme, y los torrentes apasionados en su avance abierto y rumoroso van levantando mis miradas al or su curso, mientras el viento de alas repartidas las reclina; que ya no hay msica, no hay ms silencio que me alcance. Qu dolorosa falta de bondad aqu me tiene solo y sentado a recordar la vida o a esperarla, como una mancha puesta sobre el mundo, como un poste? Slo al nombrarte, amor, me siento libre por el aire para romper el bosque interminable con mis manos! La juventud del rbol que se inclina al viento agudo vuelve a subir ms alta y ms despierta entre sus ramas; pero el ms fuerte ya qued abatido, y en la tierra se deja estar, muriendo en el silencio de sus hojas; as estar en el paso del olvido desplomado. Qu interminable el tiempo sin amor que ya me cubre!

Oh campo, solo! Y me derrumbo sobre mi destino como las piedras sueltas por el suelo, destrozadas. Estoy ya solo, y sin or los cantos que escuchaba con la alegra que durmi hace tiempo en mi sonrisa; lejos del sol que pasa por las fuentes y las jvenes, sin asomarme con asombro al centro de las cosas. Ms y ms solo quedar luchando, ya sin fuerza para escuchar el canto de la muerte que me inunda, su nica voz que nunca sobresalta, su voz tierna para envolvernos al subir del fondo ms oscuro donde se mueve el deformado espacio del vaco. Oh soledad esplndida, morirse en primavera como los ros, en el aire azul, que se terminan!, hasta olvidarse en medio de los rboles y el viento que cantan al cruzarse, y sentir luego cmo nacen los ecos de los pjaros, los ruidos del principio, las nubes que se siguen extendidas por el cielo, y en lo ms alto el sol, el que subi cuando llegaba mi amor, y el desconcierto majestuoso que traa por las ventanas y al borde del agua, de improviso, y me ceg, increble de contento y de extasiado. Qu viaje iluminado, qu reposo hasta la muerte!

Ya se alejaba, y ya bajaba el sol con la Balanza como aumentando el paso de la sombra del viajero, sobre el camino que se vuelve al Este, hasta el gran ro. Mientras, caa el tiempo suavemente hasta el crepsculo, y se corra el fuego al horizonte ms opuesto para agitar las nubes amarillas y lejanas

SEGUNDO POEMA

Refrescando su rostro en una piedra amarilla con los ojos sobre la sombra se quejaba una jovencita: Cmo se fu con el agua el tiempo donde dej sus dos manos sobre las mas, y los sauces cansados se movieron por encima de las flores apretadas que me llenaban la maana con todo el sol que suba! Cmo se alzaban sus miradas para encontrarme en la orilla y despus me llamaba temblando desde lejos entre las manzanillas! El sonoro espacio del aire nos aument cada da, y separando las ramas

ms bajas de los ceibos sueltos, sin querer me corra hasta encontrarme tranquila, para dormirse en mis mejillas; mi asombro cuando lo miraba lo llenaba de amor entre la suavidad perdida. Ahora se acaban las horas despacio mientras caminan, y la noche larga y sosegada quiere esconder todas las plantas y las hojas cadas, mientras espero las luces y se van las estrellas de arriba. Los pjaros de la maana se despiertan contentos donde escuch tanto su risa; desde aqu estoy descansando en el agua apurada la vista, y el pecho se me levanta para apretar sin aliento el fondo extrao que se agita. Y pasan deslizando su sombra las miles de nubes finas, livianas, con alas vagas: tal vez las entretiene el viento sobre el aire cuando l las mira. Ya est lejos, y me desvisto del arco azul que me envolva y me abrazo entre mis plantas sobre el suelo marrn. Quin lo habr visto cuando se iba de noche, y yo, besada en 1a frente, me acostaba entre sonrisas y me perda en las lmparas, peinndome con los dedos para amanecer florecida? Ustedes que atraviesan el sol, no lo vieron cruzando, vecinas, pasar como el aire que se alza? Pero, ah, llamo de amor cuando las hojas anchas brillan a travs de todos los rboles, y doy sola contra el da.

TERCER POEMA

Un muchacho alejado por el sol y por el silencio que dejaba crecer las plantas, iba diciendo despacio: Por qu estarn los vientos separndonos e inmviles, y el agua, y los rboles grandes, y el campo quieto que sube? Pero los ojos siempre ms altos que los caminos y los puentes no llegan al aire iluminado en el borde del horizonte, y entonces debo desesperarme sentado y mirando el tiempo. Por qu los pjaros se vuelan para all todos en fila?: parece como si el espacio se reuniera en ese lado,

y las espigas te saludaran cuando te ven oyendo el viento. Te lo envo, y el amor enorme, con los brazos extendidos, mientras la confusin del canto en las hojas ruidosas y las chicharras contentas me asombran el odo! Despus me tirara en el suelo hasta cansarme de pensarte, hasta que se oiga solamente el ruido de la corriente, hasta que slo se mueva la alfalfa despierta por el campo Oh amor emocionado entre las hiedras de los rboles! la bondad tranquila de olvidarse se ofrece sobre la frente y los ojos, y las manos apretadas: lo que fu tantas horas, debo dejarlo sobre el agua para que se vaya entre las caas de las orillas silenciosas. Adnde estarn ahora los das compartidos, mi reposo inalcanzable, con tu pelo y con tu inconsciencia?: como una meloda altsima de violines que van lentamente nos mirbamos en ese tiempo al lado del cielo y los jardines. Pero el sol ocupando el espacio explica solamente tu ausencia; me fui hasta el ro ancho y no haba nadie en las barrancas para ver la maana y respirar el aire nuevo. ya s que en ninguna parte te puedo encontrar un poco: ni en el parque entre las flores, ni en los caminos de rboles.

Aqu no hay ms que el sol, y que el azul claro del cielo, mientras esta luz me envuelve para formarme un tejido con el resplandor flotante, y ya no veo nada. Cundo podr quedarme las horas en tu sombra? Oh ruido de las hojas por encima de mi cabeza, juventud que se impulsa hacia arriba como el mrmol pjaros que se persiguen desde el agua hasta las ramas!: yo no saba medir la longitud de los das cuando descansaba entre ustedes y no sufra con nada, levantando en mis cantos la tranquilidad casi inmvil de todas las horas conocidas, que se seguan en silencio. Cmo poda saber mi asombro que se nos va de las manos el amor entre el tiempo como los ros interminables?

CUARTO POEMA

A la hora alta de la noche, cuando bajaban las estrellas y la luna descansaba casi toda en el agua fresca, con los pies en la sombra de las barrancas de tierra corra el muchacho al viento con una rama seca. En un lado del ro sinti el ruido de las piedras y vio entre el pasto todo el pelo de una mujer tan cerca que sus cantos le suban por el cuello como cuerdas. "Tengo el agua por la mano y a travs de los dedos me tiembla, y las estrellas sin fondo se tejen sobre mi cabeza. Los ros que se tuercen me siguen entre la arena: tengo las manos tranquilas aunque no viene quien me quiera".

"Como el cielo dijo el muchacho o como algo que vuela te veo el pelo y los ojos, y el cuello hasta la espalda extensa", y la besaba en los brazos hasta despus de las orejas. Ella se rea sentada sobre la orilla del agua mientras le dejaba en la frente todas las manos mojadas, y los pjaros despiertos venan cantando a mirarla por los rboles negros con estrellas entre las ramas. El viento limpio de la noche por encima les pasaba para subirse en silencio hasta arriba de las barrancas, y en el medio del ro corran flotando plantas anudadas en los camalotes que venan de las islas bajas. Sentado sobre el pasto, detrs de los ojos la miraba para encontrarla despacio, y vio solamente el agua. "Cmo te llamas deca con esa voz de flores blancas?; alrededor tuyo est el ro y arriba la luna blanda, y pones la boca riendo en la gramilla delgada." "Quisiera despeinarte ella respondi cuando aclaraba en el aire del baado, entre las caas altas, hasta que el sol vaya subiendo detrs de la maana y los pjaros se escapen contra las nubes claras: vamos!" Y lo abraz sobre el suelo para llevarlo hasta la caada.

LAS CANCIONES1939

PRIMERA CANCIN

Oh amor, amor, como las nubes suspendidas! Y la felicidad que se parece a los ros vena a ser estar quietos y hablando despacio o tratando de ver el cielo sobre la ventana. Oh amor que se queda siempre sin palabras!; amor, que se mueve o descansa como el agua, inmvil y existente entre nosotros; tan ideal y todo, bajo la noche iluminada, que sala hacia afuera subiendo por el aire.

Pensbamos cosas extendidas como un vuelo de pjaros, paralelamente, a veces abrazados. Ah, qu tranquilidad igual que una fuente! A lo largo de las horas nos confundamos, despeinndote encima mo todo el pelo, las manos juntas, dicindonos sin apuro lo que haramos frente a los das tranquilos. Haba una especie de msica detenida, como una meloda lineal igual que el tiempo; sin soledad: todo tan cerca que estbamos contentos, y la vida se alargaba y hasta floreca parecida a los rboles que de pronto estn cubiertos con flores rosadas, aunque no tienen hojas. Ah, cmo te quera, descansado y pensando!

SEGUNDA CANCIN

Amor me lleva a reclinar la frente entre su peso y este del verano, mientras se van las hojas de mi mano para subir flotando al cielo ardiente. Porque esto que me asombra es muy reciente, tan claro como un rbol meridiano, y est llegando el tiempo a ser lejano apenas ha salido del presente. Y por ese camino iluminado del horizonte siento ya que asciendo, sin duda porque estoy enamorado de la luz que mejor est sonriendo, de la fuente ms clara que he escuchado, del jardn donde ms estoy viviendo.

TERCERA CANCIN

Sobre esta tierra he de llorar contento, y recibir la calma interminable que sube desde el suelo inconsolable, cuando me doble el pecho el pensamiento. Oh madre que aquietaste el sufrimiento tan largo de crearme, aunque ya no hable por tu mirada el celo inescrutable, quiero tener la frente alzada al viento! Quiero que apruebes todo mi destino, navegando tranquila como ahora por un lago celeste, y siempre fijo el amor en cuidarme del camino; y como un ngel bueno que no llora quiero que ests sonriendo ante tu hijo.

LAS ALEGORAS1939

PRIMERA ALEGORA

En torno de la voz los amplios planos ms serenos, los colores ms puros, las aristas de los tetraedros, y las imgenes inmviles debajo de los arcos homogneos, esttica, equilibrio, y una rosa ms all del vidrio que la hiela, son mi ofrenda lineal y son el vrtice que quiebra el tiempo como un lago hasta tu entrada, aguda, y luego descansada por sus aguas. Idea geomtrica, un espacio fro te comprende, sin atreverse a entrar donde van tus cabellos! El vaco te cubre y no te oculta; slo te apresa un corte ntido entre el marco humano a m concntrico y ese cristal, tu ser, tu ms rgida atmsfera.

SEGUNDA ALEGORA

Mais moi, Narcisse... Valry

R...