Jorge Luis Acanda. Una reflexión sobre la hegemonía y la contrahegemonía en tiempos de crisis

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    14-Jan-2016

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Analiza los conceptos de hegemona y contrahegemona

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Una reflexin sobre la hegemona y la contrahegemona en tiempos de crisisJorge Luis AcandaUniversidad de La HabanaPublicado en: Hidalgo Flor, Francisco y lvaro Fernndez (editores): Contrahegemona y Buen Vivir. Quito, Universidad Central de Ecuador y Universidad del Zulia, Venezuela. 2012. Pp. 140-148. ISBN: 978-9978-9953-6-5.En 2008 se cumplieron cuatro dcadas desde aquel ao que marc el punto mximo de la oleada revolucionaria que comenz tras el final de la II Guerra Mundial. 1968 signific el cnit de esa oleada, pero tambin el comienzo de su declive. Cuarenta aos despus, tras la ofensiva en toda la lnea del neoliberalismo y la desaparicin del campo socialista, pareca que lo nico que poda celebrarse era la derrota del movimiento revolucionario mundial. Y justo cuando en la mayora de los medios de comunicacin se recordaba aquella fecha y aquella derrota como la constatacin de la buena salud del capitalismo, estall la crisis ms profunda y completa que ese sistema ha vivido. Con el agravante de que no se trataba slo de una crisis econmica, pues el derrumbe del mercado financiero era tan slo el colofn de una profunda crisis ecolgica, energtica y civilizatoria. El estallido de la crisis y la expansin y profundidad de sus terribles efectos sociales han demostrado la insolvencia histrica no slo de la desregulacin del capital financiero y del modelo neoliberal, sino en general del sistema capitalista. Al iniciarse, muchos supusieron que, ante la devastacin social provocada y para impedir un estallido social que pusiera en peligro las relaciones de poder establecidas, las lites polticas retornaran a las polticas econmicas keynesianas, que ya tras la crisis de 1929 haban demostrado su efectividad para combatir la recesin y disminuir el nivel de confrontacin social. Slo algunas voces se alzaron para recordar que la implantacin del keynesianismo no haba sido el resultado de la clarividencia o la buena voluntad de un sector progresista de los crculos de poder, sino de la presin ejercida por los movimientos sociales de protesta que, con su lucha, haban dejado muy poco margen de maniobra a la burguesa. La leccin entonces era clara: si no surga un potente movimiento contestatario de lucha, los grupos dominantes del capital financiero y sus representantes en los partidos polticos tradicionales mantendran el modelo econmico existente y descargaran el peso de la crisis sobre las clases trabajadoras.Cuatro aos despus, la prediccin se ha confirmado. La crisis no slo contina sino que se ha profundizado. Nadie es capaz de vaticinar cundo tocar fondo. Las consecuencias sociales son cada vez ms catastrficas. Pero aunque, como seal ms arriba, se trata de una crisis ms profunda y multilateral que la de 1929, ahora y a diferencia de aquel momento histrico - las reacciones de protesta provenientes de los de abajo todava no representan un peligro para el predominio del gran capital. Es cierto que, tanto cuantitativa como cualitativamente, el nivel de extensin y organizacin de la protesta social ha crecido, pero an no alcanzado un nivel que constituya un peligro que la burguesa no pueda manejar. Para decirlo en trminos gramscianos: su hegemona an no corre peligro.Traer a colacin el legado terico de Gramsci no es gratuito. Hoy como nunca, explicarnos cmo el gran capital reproduce su hegemona, descifrar los mecanismos mediante los cuales mantiene su capacidad de cooptar y metabolizar los impulsos subversivos provenientes de las clases y grupos explotados, ha devenido una tarea fundamental. En todos los pases se expande el rechazo de amplios sectores de la poblacin al stablishment poltico y el repudio a las medidas de ajuste que conducen al recorte de los derechos elementales de las personas. Pero los movimientos revolucionarios no han logrado an traducir ese rechazo en trminos de un movimiento masivo de lucha contra los rasgos esenciales del capitalismo. Cmo traducir esta crisis general civilizatoria en una situacin de lucha poltica que implique la crisis de la hegemona burguesa? Cul ha de ser el curso de la accin revolucionaria para crear una contrahegemona que propicie la transicin hacia otro orden social? Esa es la gran interrogante y el gran desafo que encara la humanidad.La concepcin gramsciana sobre la hegemona ha sido objeto de mltiples malentendidos. El ms comn ha sido (y contina siendo) la reduccin de la cuestin de la hegemona al espacio de lo superestructural. Desde esa posicin se entiende la hegemona de la burguesa como la capacidad que tiene para articular discursos que engaan a las clases y sectores trabajadores y explotados. Para los que asumen esta interpretacin, la burguesa logra dominar porque es capaz de producir un sistema de valores y creencias que engaa y confunde a las masas y les impide tener una conciencia verdadera de sus necesidades y problemas. A la pregunta de por qu y cmo lo logra, la respuesta que se ofrece es bien simplista: por su condicin de propietaria de los medios de produccin fundamentales. Esta interpretacin excesivamente simplificadora sobre la hegemona tiene su fundamento en dos principios tericos comunes al pensamiento positivista y al marxismo vulgar. El primero de ellos es una concepcin idealista sobre la sociedad y sobre el poder. Se define al poder exclusivamente en el campo de las representaciones conscientes de las personas. Con ello se escamotea por completo la problemtica marxiana de la relacin objetiva entre las estructuras existentes y las prcticas objetivas (tanto materiales como espirituales) de las personas. Bastara con la voluntad de la clase dominante para producir las ideas que constituyen el fundamento ltimo del poder. El segundo principio terico lo constituye la concepcin mecanicista sobre la relacin entre la economa y otras esferas sociales, como la poltica y la esfera espiritual. Para decirlo con otras palabras: la visin cosificada de la relacin entre base y superestructura. Segn esta interpretacin, lo primero que surge histricamente es la produccin de bienes materiales, y despus apareceran el Estado, las ideas polticas, religiosas, etc. Se presenta como si inicialmente los seres humanos produjeran los objetos materiales que van a consumir, se establecieran las relaciones de propiedad y se distribuyera en forma desigual la riqueza social, y posteriormente se creara el Estado como instrumento de represin fsica para defender los intereses de los propietarios, y por ltimo los seres humanos comenzaran a pensar. Una visin simplista de la economa, que la reduce al espacio donde los seres humanos producen cosas materiales (automviles, tornos, computadoras, alimentos, etc.). Cmo ese proceso de produccin material influye sobre las creencias, sentimientos, valores e ideas de las personas, es algo que no pueden explicar, precisamente por esa visin empobrecida de lo econmico que, en esencia, reproduce la de los economistas burgueses, y que ya Marx critic en 1844. Slo pueden comprender esa relacin como de exterioridad.Las formas ideolgicas existentes en una sociedad no son el resultado exclusivo ni principal de la voluntad de la clase dominante. No es la mera voluntad de esa clase y su utilizacin de tcnicas de propaganda o publicidad lo que logra que determinadas formas ideolgicas se afiancen en la sociedad. Como seal N. Poulantzas, no se puede olvidar que la esencia y funcin de las ideologas reside en el hecho de la relacin de los hombres en sus condiciones de existencia, la forma en que los hombres viven esas condiciones. Esas formas ideolgicas, esas representaciones, ideas, valores, gustos, y no otros, son los que se difunden a nivel social y las personas interiorizan, porque esas representaciones y no otras son las que les permiten su insercin en el sistema objetivamente existente de relaciones sociales. Esas formas ideolgicas adquieren su persistencia y aceptacin porque expresan las circunstancias reales de vida de los individuos. Es con esos productos espirituales que ellas pueden estructurar sus vidas en el mundo real en que viven su cotidianidad. El carcter hegemnico de una clase se expresa en su capacidad para estructurar el sistema objetivo de relaciones sociales en formas afines a su poder, a sus intereses y a su reproduccin como clase, y no simplemente en su capacidad de enhebrar discursos atractivos.Limitar la hegemona a la expansin de formas ideolgicas convenientes a la clase dominante implica ignorar la relacin dialctica entre las prcticas materiales de los individuos y sus formas de pensar y sentir. Gramsci logr superar la interpretacin idealista y abstracta del concepto de ideologa, presente en el marxismo vulgar, y con su concepcin sobre la hegemona sent las bases para entender la ideologa como una prctica social autntica y habitual, que debe abarcar no slo lo que los individuos se representan conscientemente, sino tambin las dimensiones inconscientes y no articuladas de la experiencia social de las personas, adems del funcionamiento de las instituciones existentes.En las condiciones del modo de produccin capitalista no puede reducirse el ejercicio de la poltica slo a represin, pero tampoco a engao. La racionalidad especfica de lo poltico en el capitalismo (su lgica de funcionamiento) slo se puede entender si se relaciona con la racionalidad del modo de produccin capitalista, con las caractersticas del proceso de produccin de las relaciones sociales en el capitalismo. La teora gramsciana de la hegemona slo puede entenderse a plenitud y en profundidad si se la relaciona con la teora marxista sobre el fetichismo. Para Gramsci, como para Marx, no existen categoras slo econmicas o slo polticas. Al utilizar la nocin de hegemona no lo hizo para designar procesos particulares que se manifiestan en una supuesta regin social independiente, sino para destacar que la hegemona concierne al proceso social en todos sus aspectos. Es decir, a toda la reproduccin social global. Las causas de la hegemona de la burguesa se encuentran en las caractersticas esenciales objetivas que asume el proceso de produccin social en las condiciones de predominio de la plusvala y de universalizacin de la forma mercanca, y se realiza a travs de todas las actividades vitales de los seres humanos no slo actividades laborales, sino tambin educativas, familiares, religiosas, artsticas, de produccin cientfica, y otras.Cuando se habla de hegemona, estamos haciendo referencia a procesos histricos, a formas de vida y de autorrealizacin de los seres humanos individuales. Terry Eagleton ha sealado acertadamente que la concepcin gramsciana de hegemona es inherentemente relacional, adems de prctica y dinmica. Es una concepcin dinmica porque la hegemona no es nunca un resultado alcanzado de una vez y para siempre, sino algo que tiene que ser constantemente renovado, recreado, defendido y modificado. No es un estado inmvil, una situacin de equilibrio estable. La hegemona implica tensin, una tendencia y un contraste. La hegemona de una clase es manifestacin de su capacidad para encontrar formas nuevas de manejar los conflictos sociales, de cooptar y quitarles su filo subversivo a las nuevas manifestaciones de resistencia surgidas desde otras clases sociales, de recomponer constantemente los equilibrios perdidos. La hegemona nunca es inmvil. Es una expresin de la lucha de clases, de las relaciones de fuerza dinmicas que constantemente se renuevan en una sociedad. De ah la dimensin relacional presente en la concepcin gramsciana, pues la hegemona es algo en constante redefinicin a partir de las caractersticas de los vnculos que la clase dominante establece con las dems clases. La hegemona se realiza en relacin de alianza o de enfrentamiento de la clase dominante con las otras clases. Y cada vez, en cada momento histrico, en contextos econmicos, polticos, culturales, institucionales, cambiantes y en evolucin. La dimensin prctica de esta teora queda bien clara a la luz de todo lo anteriormente expuesto. La hegemona de una clase no es el resultado del engao, o de un tipo especfico de actividad discursiva confinada a un espacio superestructural. Es el resultado de la capacidad, mantenida por esa clase, de lograr una imbricacin especfica (acorde a sus intereses) de la multilateralidad de formas de actividad prctica socialmente existentes.Hegemona y contrahegemona son dos conceptos que no designan dos fenmenos sociales separados y excluyentes, sino dos momentos de un proceso social constitutivo: la lucha de clases. La existencia del capitalismo implica un proceso constante de expropiacin. El capital tiene que destruir todas las relaciones sociales existentes y reconvertirlas en relaciones productoras de plusvala. Expropia a las personas no slo de sus relaciones con la realidad material (los bosques, el agua, los instrumentos de produccin, etc.) sino tambin de sus relaciones consigo mismas, con su subjetividad. Somete a los individuos a una tensin constante que no cesa nunca, que se reproduce da tras da. Es natural entonces que, tanto a nivel individual como colectivo, constantemente se estn elaborando formas de resistencia a ese proceso universal de expropiacin. Permanentemente se crean formas de actividad, espacios sociales e instituciones para enfrentarlo, para resistir la hegemona burguesa. Y constantemente la burguesa tiene que utilizar los ms diversos mecanismos para contrarrestar los efectos de esas formas de resistencia, desde la violencia descarnada hasta el empleo de formas ms sofisticadas de manipulacin. Todos los das las vctimas de ese proceso universal de expropiacin buscan medios y vas para enfrentarlo, y todos los das la burguesa tiene que intentar eliminar esos obstculos. La burguesa tiene que reinventar su hegemona todos los das, en la medida que todos los das los seres humanos, en forma consciente o no, buscan enfrentar esa desposesin constante y creciente de su subjetividad. La hegemona de la burguesa se produce en permanente enfrentamiento a los intentos contrahegemnicos de los individuos. No todos los instrumentos de resistencia elaborados por los explotados representan una amenaza real para la burguesa. Slo constituyen un peligro aquellos que realmente rompen con la lgica de la reproduccin del capital.La historia del movimiento revolucionario mundial refleja numerosas derrotas, que demuestran la extraordinaria capacidad del capital para fagocitar y metabolizar muchas formas de lucha anti-capitalista. Pero esa historia tambin demuestra su debilidad. Como seala John Holloway en su ms reciente obra, no es cierto que el capitalismo sea infinitamente flexible. Es una forma particular de organizar nuestras interrelaciones sociales y nuestra actividad. Es preciso buscar formas de lucha que sean radicalmente antitticas con la lgica del capital. No se trata slo de resistir, sino de crear momentos y espacios de rechazo-y-creacin. La hegemona capitalista se basa en que ha logrado la clausura de sentido, el cierre epistemolgico. Buscamos salidas a la crisis general pero dentro de las coordenadas establecidas por la lgica del capital. Parece ser un no ms all, una especie de Columnas de Hrcules que marcan un lmite. Contra-hegemnico ser aquello que realmente permita encontrar, establecer y desarrollar formas de vida y organizacin que se contrapongan con esa lgica. No se trata slo de recuperar viejos espacios de sociabilidad que se haban perdido, sino de crear otros nuevos. Como bien afirma Holloway, nuestra lucha tiene que ser asimtrica al capital en sus formas.Est claro que entender la produccin de contra-hegemona en esta forma implica reconducir las luchas revolucionarias hacia nuevas direcciones, hacia un campo cargado de tensiones y desafos. Pero es la nica manera de contrarrestar la gran fuerza englobadora del capital. El conocimiento de la historia del movimiento revolucionario anti-capitalista mundial es fundamental, pues slo ello nos permitir descubrir las causas de nuestros errores. No volver a cometerlos, no seguir transitando los viejos caminos que nos condujeron al fracaso, deviene algo crucial en este momento. Nicos Poulantzas: Hegemona y dominacin en el Estado moderno. Cuadernos de Pasado y Presente, nr. 48, Crdoba, 1975, p. 46. Nicos Poulantzas, obra citada, edicin citada, p. 70. Ver: Terry Eagleton: Ideologa. Una introduccin. Paids, Barcelona, 1997, p. 153. John Holloway. Agrietar el capitalismo. El hacer contra el trabajo. Ediciones El Viejo Topo. Madrid, 2011, p. 95. Idem, p. 91. Idem, p. 55.

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