Imperialismo y teoría marxista en América Latina

  • Published on
    21-Jan-2017

  • View
    213

  • Download
    1

Transcript

Los problemas que plantea hoy la realidad de Amrica Latina y su relacincon el mundo capitalista-imperialista desarrollado presentan ciertas diferen-cias con las dcadas anteriores. Tras la dcada del 90, con su neoliberalismorampante, la avanzada de la neocolonizacin imperialista y la agresiva estrate-gia econmica y poltica del imperialismo, en particular el de Estados Unidos,sobre la regin, la primera dcada de este siglo obliga a retrabajar categoras,dar cuenta de realidades y tallar en nuevos debates. El ciclo poltico latinoame-ricano de comienzos del siglo XXI, abierto con las primeras rebeliones popula-res y que dio origen a un conjunto de gobiernos de rasgos polticos y funcionesa los que nuestra corriente se ha referido en diversas oportunidades1, no se hacerrado. Por el contrario, su vigencia, a pesar de los vaivenes de la regin, esun elemento que debe inscribirse en los marcos de la accin de la lucha de cla-ses sobre estructuras econmicas y polticas como las que dan forma a la rela-cin entre imperialismo y periferia. A continuacin, comenzaremos por unrepaso histrico del lugar de la regin en el orden capitalista global, luego nosconcentraremos en debates polticos, tericos y estratgicos algunos ms gene-rales, otros ms especficos, para concluir con un resumen conceptual de loque a nuestro entender representan los parmetros bsicos de un abordaje mar-xista de la cuestin del imperialismo.2 Teora - Historia ImperialismoSocialismo o Barbarie 213Diciembre 2009Un debate que se renueva en el siglo XXIImperialismo y teora marxistaen Amrica LatinaMarcelo Yunes1 Vanse especialmente los artculos de Roberto Senz Nacionalismo burgus y frentepopulismoen Amrica Latina (Socialismo o Barbarie 20, diciembre 2006) y de Jos Luis Rojo, Tras las hue-llas del socialismo nacional (Socialismo o Barbarie 21, noviembre 2007).2 Este texto est tomado de otro mayor que intenta una cierta sistematizacin cronolgica y con-ceptual del anlisis marxista del imperialismo, desde las elaboraciones del marxismo clsico hastael presente, con el rescate de aportes como los de Henryk Grossmann y Milcades Pea, y que serII.. UUNNAA PPEERRIIOODDIIZZAACCIINN DDEE LLAA IINNSSEERRCCIINN DDEE AAMMRRIICCAA LLAATTIINNAAEENN EELL MMUUNNDDOO CCAAPPIITTAALLIISSTTAALa recapitulacin de elementos histricos en la relacin entre nuestra reginy el sistema capitalista mundial no tiene nada de digresiva. En verdad, los deba-tes que se han dado en el seno de la izquierda latinoamericana son una mues-tra palpable de que el pasado vive en el presente, y eso vale tambin para lasconceptualizaciones y los esquemas tericos. Ya el comienzo mismo de la his-toria de Amrica Latina integrada a la historia universal, es decir, el rumbo dela regin despus de la conquista espaola y portuguesa en los siglos XV y XVI,ha sido objeto de controversias que escondan malamente su relacin con estra-tegias presentes. Como apuntaba Milcades Pea, determinar el exacto carc-ter de la colonizacin tiene una importancia nada acadmica. Baste decir quela conocida teora sobre el carcter feudal de la colonizacin sirvi durantelargo tiempo a los moscovitas criollos () para enrollar la madeja de una fan-tasmagrica revolucin antifeudal que abrira el camino a una supuesta etapacapitalista (Antes de Mayo, Buenos Aires, Fichas, 1973, p. 45).Por falta de espacio no desarrollaremos aqu la argumentacin que sostieneen el marco de una evidente combinacin de elementos de capitalismo comer-cial y rasgos feudales que dieron forma a un capitalismo colonial que elcarcter de la colonizacin americana fue una empresa capitalista desde sus ini-cios. Slo reproduciremos aqu las definiciones al respecto, que consideramosde marxismo de buen cuo (los resaltados son siempre nuestros).As, para Pea, el contenido, los mviles y los objetivos de la colonizacinespaola fueron decisivamente capitalistas () producir en gran escala paravender en el mercado y obtener una ganancia () Bien entendido, no se tratadel capitalismo industrial. Es un capitalismo de factora, capitalismo colonial,que a diferencia del feudalismo no produce en pequea escala y para el mer-cado local, sino en gran escala, utilizando grandes masas de trabajadores y conla mira puesta en el mercado, generalmente en el mercado mundial () stasson caractersticas decisivamente capitalistas, aunque no del capitalismo indus-trial que se caracteriza por el salario libre (dem, pp. 44, 46 y 49). Pea se apoyaba, entre otras investigaciones, en un trabajo de Sergio Bagdonde se afirma que las colonias hispano-lusas no surgieron a la vida pararepetir el ciclo feudal, sino para integrarse en el nuevo ciclo capitalista que seinauguraba en el mundo. Fueron descubiertas y conquistadas como un episo-dio ms de un vasto perodo de expansin comercial del capitalismo europeo() la orientacin que van tomando sus explotaciones mineras y sus cultivosagrcolas descubren a las claras que responden a los intereses predominantesentonces en los grandes centros comerciales del Viejo Mundo. Y aunque algu- Teora - Historia Imperialismo214 Socialismo o Barbarie Diciembre 2009editado prximamente. Se reproduce aqu, con modificaciones menores y de forma, parte del cap-tulo final de ese trabajo; el texto sobre Grossmann que viene a continuacin corresponde al cap-tulo 2.nas de las relaciones sociales de produccin de las colonias tuvieran innegablesreminiscencias feudales, las formas econmicamente dominantes no eran las deservidumbre, sino que en las colonias espaolas predomin la esclavitud enforma de salario bastardeado (Economa de la sociedad colonial, citado enPea, dem, pp. 45 y 49).Desde el mismo ngulo, Nahuel Moreno, en sus Cuatro tesis sobre la colo-nizacin espaola y portuguesa, sostena que en toda la Amrica espaolade la colonizacin existi un capitalismo brbaro, un sistema basado en elintercambio de mercancas y en estrecha ligazn con el mercado mundial. Esindudablemente un rgimen totalmente distinto al ya existente o que est sur-giendo en el norte de Europa (), pero tampoco tiene nada que ver con elrgimen feudal. Es una forma aberrante del desarrollo capitalista europeo (enapndice a George Novack, Para comprender la historia, Buenos Aires, Plu -ma, 1975).Henryk Grossmann tambin se refiri al tema en trminos similares, apo-yndose, como luego Moreno, en una conocida referencia del propio Marx altema: Desde el principio () se trata, en lo que se refiere a estos territorios ()segn la expresin de Marx, de una segunda clase de colonias, las plantacio-nes, que son desde el momento mismo de crearse especulaciones comerciales,centro de produccin para el capitalismo mundial (Teoras de la plusvala,tomo II). Se podra poner en duda su carcter capitalista, dado que aqu sonocupados esclavos y no trabajadores asalariados. Marx responde a ello queaqu existe un rgimen de produccin capitalista, aunque slo de un modo for-mal, puesto que la esclavitud de los negros excluye el libre trabajo asalariado() Son, sin embargo, capitalistas los que manejan el negocio de la trata denegros (dem) (La ley de la acumulacin y el derrumbe del sistema capitalista,Mxico, Siglo XXI, 1984, p. 258). Grossmann agrega, en su polmica con RosaLuxemburgo: Asimismo, no eran las necesidades de colocacin de productossino el inters en la produccin de plusvalor el motivo propulsor de la expan-sin colonial () (No es que) el plusvalor producido en Europa en forma capi-talista no se realiza a travs del comercio colonial, sino que (ese plusvalor) esextrado en las colonias mismas de los esclavos de las plantaciones, y realiza-do en pases capitalistas desarrollados de Europa. Hay que tener en cuenta queen el primer siglo despus del descubrimiento de Amrica todo el carcter de lacolonizacin espaola y portuguesa lleva un carcter capitalista, el carcter dela caza del plusvalor, aun cuando la economa de plantacin fuera explotadasobre la base del trabajo de esclavos (dem, pp. 261 y 263).Finalmente, y aunque sus teorizaciones tienden a perder de vista el carctercombinado de la estructura colonial latinoamericana, son vlidas las observa-ciones de Andr Gunder Frank en el sentido de que el factor clave de la estruc-tura econmica y de clase en Latinoamrica hay que buscarlo en el grado y tipode dependencia con respecto a la metrpolis del sistema capitalista mundial ()Las relaciones de produccin y la estructura clasista del latifundio, de la mina ysus hinterlands econmicos y sociales se desarrollaron en respuesta a las expo- Teora - Historia ImperialismoSocialismo o Barbarie 215Diciembre 2009liadoras necesidades colonialistas de las metrpolis () No fueron, como contanta frecuencia se pretende errneamente sostener, el resultado del traspaso enel siglo XVI de las instituciones feudales ibricas (Lumpenburguesa: lumpen-desarrollo, Barcelona, Laia, 1979, pp. 35 y 37).Irnicamente, si respecto de la colonizacin de Amrica los historiadores deraigambre stalinista se apresuraban a enfatizar los aspectos feudales en desme-dro de los capitalistas, en su anlisis del proceso de independencia de las colo-nias americanas el elemento burgus est exagerado hasta el extremo. En todocaso, la independencia latinoamericana estuvo lejos de ser una revolucin bur-guesa, si por tal se entiende una subversin de la estructura econmico-social,un desalojo violento de las clases econmica y polticamente dominantes y uncambio radical en sus relaciones con las metrpolis. El agotamiento de la dependencia de una metrpoli en decadencia y el des-arrollo, por parte de los sectores dominantes locales, de vinculaciones comer-ciales con la potencia dominante en el mundo, Inglaterra, se combin con laaparicin de un factor externo que termin de dar impulso a esas clases loca-les: el debilitamiento de la relacin colonial con Espaa en virtud de las guerrasnapolenicas (1810-1815). Es esta combinacin de factores endgenos y ex-genos la que desemboc en el proceso de independencia.Un liberal del siglo XIX, Juan Bautista Alberdi, el redactor de la Constitucinargentina de 1853 y uno de los pensadores burgueses ms lcidos de su poca,sostiene que Europa, o por mejor decir Francia, dejando a Espaa y a Amricasin rey, en 1810, dej a Amrica duea de s misma () Si haba en esto uncambio, si esto era una revolucin, esa revolucin era obra de Europa, no deAmrica, que era agente pasivo de esa novedad. Es verdad que ese cambio,empezando europeo, se volvi americano () la independencia americana esel resultado natural e inevitable de las necesidades econmicas, de los interesesgenerales de la civilizacin de ambos mundos (Escritos pstumos, citado porPea, Antes de Mayo, pp. 84-85). Desde el marxismo, Luis Vitale se refiere a la revolucin de mayo de 1810como resultado de la existencia de una clase social, la burguesa criolla, cuyosintereses entraron en contradiccin con el sistema de dominacin impuesto porla metrpoli () Controlaba a fines de la colonia las principales fuentes deriqueza, pero el gobierno segua en manos de los representantes de la monar-qua espaola. Esta contradiccin entre el poder econmico, controlado por laburguesa criolla, y el poder poltico, monopolizado por los espaoles, es elmotor que pone en movimiento el proceso revolucionario de 1810 () elgobierno significaba el dominio de la aduana, del estanco, de las rentas fisca-les, de los altos puestos pblicos, del ejrcito y del aparato estatal, del cualdependan las leyes sobre impuestos de importacin y exportacin. El cambiode poder no significaba transformacin social () De ah el carcter esencial-mente poltico y formal de la independencia () El pensamiento liberal del sigloXVIII, que en Europa sirvi para realizar la revolucin democrtico-burguesa, enAmrica Latina fue utilizado para cumplir solamente una de sus tareas: la inde- Teora - Historia Imperialismo216 Socialismo o Barbarie Diciembre 2009pendencia poltica (Interpretacin marxista de la historia de Chile, citado en A.Gunder Frank, cit., pp. 67-69).Subrayando la diferencia entre la independencia de las colonias inglesas deEstados Unidos y las espaolas, Milcades Pea resume: Los intereses capita-listas ms slidos y poderosos no se orientaban hacia el mercado interno, sinohacia el mercado mundial () Lo que la independencia logr fue favorecer eldesarrollo de Amrica espaola en la nica forma en que su sociedad podaevolucionar con los elementos que contena: como apndice econmico deEuropa, abastecedor y consumidor de la industria inglesa. De la dependenciapoltica de Espaa se pas a la dependencia econmica de Inglaterra (El para-so terrateniente, Buenos Aires, Fichas, 1972, pp. 15 y 16). En efecto, slo ten-an voluntad de desarrollar el mercado interno las industrias locales, sumamen-te atrasadas y destinadas a vegetar y sucumbir, no a acumular de manera capi-talista, ante la competencia extranjera. Los sectores burgueses vinculados a laexportacin (comerciantes o productores) y que usufructuaban la renta aduane-ra, principal ingreso fiscal, no tenan el menor inters en poner en riesgo esaprovechosa relacin de socio menor con la nueva metrpoli impulsando unaindustria atrasada e ineficiente.Esta contradiccin no se sald inmediatamente sino slo a despus de unlargo perodo de guerras civiles entre lo que Guizot llamaba los partidos euro-peo y americano, es decir, el que quera mantener y reforzar las relaciones(de dependencia) con Europa y el que intentaba defender formas de proteccina la industria y el comercio locales, lo que los condenaba a la hostilidad de laspotencias extranjeras. Como observa Frank, la poltica americana ms extre-ma fue la del Paraguay () al aislar a su pas no de todas las relaciones sino dela dependencia extranjera, Gaspar Francia y sus sucesores, los Lpez, lograronun desarrollo nacional estilo bismarckiano o bonapartista como ningn otropas latinoamericano de la poca (cit., p. 73). Es sabido cmo termin el expe-rimento de desarrollo autrquico, con ferrocarriles, correo, educacin pblicagratuita y tcnicos pero no inversores extranjeros: Brasil y Argentina, con elapoyo y beneplcito de Gran Bretaa, ejecutaron uno de los genocidios msbrutales del siglo, exterminando en cinco aos (1865-1870) ms del 80 porciento de la poblacin masculina del Paraguay y condenndolo a la sumisin yatraso que no ha superado hasta hoy.El triunfo del partido europeo fue tambin, naturalmente, el triunfo de ladoctrina librecambista, defendida por aquellas clases y sectores que medrabancon el comercio exterior minero y agropecuario, y se desentendan de los inca-paces de competir en el mercado mundial.La estructura comercial del continente sigui siendo hasta la mitad del sigloXIX profundamente colonial. En el ltimo tercio del siglo, no obstante, la expan-sin de la produccin y el aumento de los precios de los productos de exporta-cin ofrecieron tanto la base material como el motivo para las reformas libera-les, en muchos casos anticlericales y de sentido modernizador, que recorrierontoda Latinoamrica en ese perodo. La abolicin de la esclavitud en Brasil, la Teora - Historia ImperialismoSocialismo o Barbarie 217Diciembre 2009unificacin argentina bajo la hegemona de Buenos Aires, el juarismo y el por-firiato en Mxico, las revoluciones en Centroamrica, expresan a la vez el for-talecimiento econmico y poltico de los liberales y las nuevas necesidades deestados nacionales finalmente consolidados. Desde ya, la expresin liberaldebe tomarse a la latinoamericana, es decir, cum grano salis; los propios libe-rales se aprestaron a ser los primeros en imponer una poltica represiva y aununa dictadura militar (Frank, cit., p. 89). Y, como se apunta en referencia aMxico, pero con validez continental, este auge econmico que, por otraparte, se vea muy drenado hacia el exterior sin verdadero progreso social,haca evidentes los escndalos () de un sistema represivo bajo una fachada dedemocracia (Thomas Calvo, Iberoamrica de 1570 a 1910, Barcelona,Pennsula, 1996, p. 351).De este modo, los tres grandes procesos que atraves el continente en elsiglo XIX la independencia, las guerras civiles por la unificacin nacional y lasreformas liberales del ltimo cuarto de siglo consolidaron a la vez un Estado-nacin independiente polticamente y una estructura de dependencia econ-mica de las metrpolis va el vnculo con el mercado mundial. En ningn casose verifica un crecimiento econmico basado en la ampliacin del mercadointerno, sino siempre una hipertrofia de los sectores vinculados a la exportaciny un raquitismo crnico del resto de la nacin, que sobrevive poco y mal la des-truccin de sus precarias industrias locales y la succin de recursos por parte dela autoridad central (aunque sta se llame federal). Como en la colonia, como luego en el siglo XX y como hoy en el siglo XXI,se vuelve a caer bajo la tirana del sector externo. Es una maldicin? No, esun hilo conductor de la historia de la regin (Calvo, cit., p. 383). Y todava enla dcada de 1930, un nieto y abuelo de entreguistas argentinos, FedericoPinedo, admita que la vida econmica del pas gira alrededor de una granrueda maestra que es el comercio exportador. Fue sobre esa rueda maestra quese estructur el desarrollo, o ms bien subdesarrollo, de toda la regin.3Con esa configuracin llega Amrica Latina al siglo XX y a la era del impe-rialismo. En cuanto a las relaciones entre el continente y las metrpolis, la fbu-la del antiimperialismo vulgar, que pasa por marxista pero que slo repite clissmal digeridos, acusa a las inversiones imperialistas de detener de manera abso-luta el desarrollo y el progreso econmico. Pero esas relaciones son ms com-plejas y contradictorias.En lnea con uno de los rasgos del imperialismo que observara Lenin, el pasode la exportacin de mercancas a la de capitales, los gobiernos dependientes Teora - Historia Imperialismo218 Socialismo o Barbarie Diciembre 20093 Un contraejemplo propuesto por Gunder Frank es el caso australiano, para el cual presenta lasiguiente hiptesis. A pesar de ser tambin un pas nuevo y con una vinculacin fuerte con elmercado mundial va la exportacin de lana, carne y trigo, no cuaj en una estructura social yeconmica comparable a la de Amrica Latina gracias al crecimiento de una clase obrera quepudo imponer al gobierno, en defensa de sus propios intereses, una poltica proteccionista einmigratoria agraria que permiti el desarrollo australiano posterior (Lumpenburguesa: lumpen-desarrollo, ed. cit., p. 76).de la regin abran las puertas ahora no slo al comercio, sino a las nuevas for-mas de inversin del capital imperialista (Frank, cit., p. 91), en especial a lasobras de infraestructura. Estas inversiones se hacan urgentes precisamente enfuncin de la expansin de la capacidad productiva y exportadora deLatinoamrica, y permitan sostenerla y aprovecharla en beneficio primario delas metrpolis. Es significativo que una industria de infraestructura tan decisivacomo el ferrocarril fuera iniciada, al menos en los pases ms evolucionados dela regin, con capitales nacionales (privados o, ms comnmente, estatales).Cuando las redes de transporte y energa se revelaron viables y lucrativas, se veri-fic el traspaso de la actividad a manos de capitales imperialistas, en general nocon la resistencia sino con la anuencia de las burguesas y gobiernos locales.Segn Frank, el imperialismo transform en un sentido reaccionario toda laestructura productiva y de clases. No slo se sirvi del estado para invadir laagricultura, sino que tom posesin de casi todas las instituciones econmicasy polticas para incorporar la economa entera al sistema imperialista () Ydonde no se apropiaron de la tierra, fueron dueos de sus productos () se con-solid () una economa monoexportadora explotada por una burguesa sateli-zada actuando a travs de un estado corrompido de un antipas: Mxico br-baro, las repblicas bananeras que no son sino pases-compaa (), laArgentina britnica, el Chile patolgico () Pero no debe pensarse que esteproceso de penetracin imperialista de la economa latinoamericana obedecia un impulso meramente metropolitano; fue igualmente un resultado de laatraccin y cooperacin por parte de la propia burguesa latinoamericana(dem, pp. 94-96).As, como resaltara Pea, las consecuencias de la intervencin econmicaimperialista no son simplemente enemigas del desarrollo, sino que remitena un desarrollo brutalmente desigual, con islas de progreso en un mar deatraso general, con aumento de los volmenes de produccin y exportacinsobre una estructura de clases ms desigual que nunca, con modernizacintecnolgica pero no al servicio del conjunto de la nacin sino del sector queusufructuaba y expoliaba al resto. Las masas siguen siendo convidadas de pie-dra del progreso regional, al que no obstante aportan su sudor redoblado (elPBI per cpita mexicano era en 1877 inferior a 1800, para no hablar de la des-igualdad social).As, la metrpolis estimul la construccin de puertos, ferrocarriles y otrosservicios con recursos pblicos. Las redes ferroviarias y elctricas, lejos de serverdaderas redes, irradiaban y conectaban el interior de cada pas, y a veces devarios pases, con el puerto de entrada y salida, a su vez conectado a la metr-polis (cit., p. 94). Es el modelo de pas abanico, con un centro absorbiendoy condenando a la incomunicacin y el atraso al interior, con que Pea descri-be a la Argentina pero que fcilmente se puede extrapolar a la mayora de lospases de la regin. Un ejemplo instructivo es el primer ferrocarril boliviano,inaugurado en 1892: De 944 kilmetros de longitud, una las regiones minerasdel Altiplano con Antofagasta, que haba pasado a ser chilena, y dejaba de lado Teora - Historia ImperialismoSocialismo o Barbarie 219Diciembre 2009la mayora de las grandes ciudades: la integracin nacional no presentaba nin-gn inters para la sociedad propietaria inglesa (Calvo, cit., p. 400). Ocurre que esta nueva etapa de insercin de Latinoamrica se diferencia dela anterior signada por tratados comerciales y emprstitos de Estado leoninos,como los que Inglaterra sell con Brasil y Argentina en el segundo cuarto delsiglo en el control casi directo de los principales recursos y resortes de una pro-duccin expandida en volumen y en valor. Uno de los sectores clave de lainversin extranjera son los transportes, cuyo desarrollo tardo pero espectacu-lar () implica el drenaje de una produccin tambin diversificada () De elloresult una inversin de la balanza del comercio exterior, que se hizo exceden-te () Pero no haba all nada inquietante para el capitalismo internacional ()De 1907 a 1914, Brasil tiene un comercio excedente de 13 millones de librasanuales, pero como entregaba 22 millones a sus acreedores, la balanza depagos era deficitaria. Por otra parte, este excedente comercial enriquece antetodo a las compaas extranjeras de comercio (dem, p. 404). El caso brasileose replica, con los matices y adaptaciones del caso, a Mxico y Argentina, yseguramente a la mayor parte de los pases de la regin.Sobre la experiencia desarrollista (dcadas del 30 al 50) no nos extendere-mos, pues merece un tratamiento separado, y slo recordaremos algunos de suselementos centrales. Primero, la hacen posible cambios generados en las metr-polis: la crisis de 1929, la Gran Depresin, la Segunda Guerra Mundial, la cadadel comercio internacional y el debilitamiento de hecho de los vnculos econ-micos entre los pases imperialistas y los latinoamericanos. La intervencinmetropolitana en la regin se redujo en general hasta los aos 50.En segundo lugar, se verifica un cierto impulso a la industria local, en algu-nos casos a partir de los mismos que haban bloqueado su desarrollo. El casoargentino es aleccionador pero no excepcional: Horacio Bruzzone, presidentede la Sociedad Rural Argentina, bastin de los terratenientes librecambistas,reconoce en 1933 que siempre hemos conceptuado contraproducente el pro-teccionismo para cierta clase de industrias que slo pueden vivir en un inver-nculo arancelario, pero ahora nos encontramos todos de acuerdo en la nece-sidad y utilidad nacional de ayudar a la organizacin de industrias () Todo loque se pueda hacer para fomentar nuestra produccin industrial ayudar al pasa salir de las dificultades que vemos con creciente ansiedad acercarse a conse-cuencia del cierre progresivo de los mercados europeos (en M. Pea,Industrializacin y clases sociales en la Argentina (en adelante ICSA), BuenosAires, Hyspamrica, 1984, p. 147). Por supuesto que este giro obligado por lascircunstancias no desviaba la estrategia global de las clases dominantes. El pro-pio impulsor de este programa, Federico Pinedo, ministro de Hacienda, decaen 1940: No creemos que sea posible ni conveniente cambiar las bases eco-nmicas del pas. No pensamos establecer la autarqua () no tengo ningunaprevencin por lo que se llama el carcter agrario de nuestro pas () No pen-samos en llegar a una industrializacin total, masiva, del pas (clebre discur-so citado por Murmis y Portantiero, Pea y Frank, en cit., p. 107). Teora - Historia Imperialismo220 Socialismo o Barbarie Diciembre 2009A pesar de los esfuerzos de los tericos populistas de todo pelaje por demos-trar lo contrario, los grandes movimientos nacionalistas burgueses del perodo(varguismo, peronismo, cardenismo) se asentaron sobre esta estructura y sobreestas condiciones, sin modificarlas en lo esencial. Lo atestiguan los lmites delproceso de sustitucin de importaciones, decisivos en lo que hace a la carenciade una verdadera infraestructura de industria para la industria (es decir, suconcentracin en la produccin de bienes de consumo) y tambin respecto dela expansin de la demanda interna. Por otra parte, las experiencias ms radicalizadas de nacionalismo bur-gus no pueden analizarse centralmente a partir de las iniciativas de losgobiernos en cuestin y de su relacin con el imperialismo en abstracto, sinoconsiderando un factor antes ausente en la configuracin de esa relacin enel siglo XIX: las luchas obreras y populares. El caso de la nacionalizacin delpetrleo, la reforma agraria y el comienzo de una relativa industrializacin enMxico bajo Lzaro Crdenas debe inscribirse no slo en el contexto de laGran Depresin de los 30 y la brutal crisis econmica y social, sino tambindel empuje de la clase obrera mexicana. As lo manifiesta Fernando SnchezPaz en su Estructura y desarrollo de la agricultura en Mxico, donde estable-ce dos factores esenciales que explican la nacionalizacin del petrleo porCrdenas: 1) A raz de la crisis de 1929 () una causa esencial fue la debi-lidad del imperialismo. 2) En el otro extremo, los obreros petroleros () Enlos aos que precedieron a 1938, el nmero de huelgas registradas fue ver-daderamente impresionante, y esto lleva a pensar que fueron precisamentelos obreros quienes obligaron a dar ese paso trascendental y peligroso (enFrank, cit., pp. 110-111).4 Donde no hubo semejante presin, los resultadosde la pseudoindustrializacin y del nacionalismo burgus en cuanto a aflo-jar los lazos de dependencia respecto del imperialismo fueron an msmodestos.Como ya hemos sealado, la dependencia de la regin respecto de bienesde capital, tecnologa y divisas hizo que este proceso de industrializacin,populismo y nacionalismo de vuelo bajo y corto se agotara una vez disipado elmomento muy sui generis (Frank) que posibilit su origen. Las limitaciones deuna acumulacin de capital centrada en bienes de consumo, de baja escala, efi-ciencia y productividad, con infraestructura energtica y de transportes raquti-ca o poco orgnica, estn en la base de su incapacidad para alcanzar un nivelde desarrollo autosostenido (Pea). El resultado inevitable fue, por consiguien-te, una mayor dependencia por la va de los prstamos externos tras la crisis delos petrodlares y la ofensiva de recolonizacin poltica y econmica del impe- Teora - Historia ImperialismoSocialismo o Barbarie 221Diciembre 20094 No son necesariamente incompatibles esa formulacin descriptiva y este juicio poltico global: Lanacionalizacin de los ferrocarriles y de los campos petrolferos en Mxico no tiene, por supuesto,nada que ver con el socialismo. Es una medida de capitalismo de Estado en un pas atrasado quebusca de este modo defenderse por un lado del imperialismo extranjero y por el otro de su propioproletariado (Len Trotsky, Los sindicatos en la era de la decadencia imperialista, en Sobre lossindicatos, Buenos Aires, Pluma, 1975, p. 132).rialismo, en particular el yanqui, instrumentada por las dictaduras militares quese florearon en la regin en los aos 70.El perodo de avanzada neoliberal, con su reforzamiento de los lazos desujecin al imperialismo, aumento exponencial de la explotacin y del saqueopor diversas vas y derrota de la clase trabajadora y los sectores populares abar-c las dcadas del 70 al 90. Caben dos precisiones: primero, el proceso en suconjunto debe enmarcarse en la nueva fase de mundializacin-globalizacindel sistema capitalista desde fines de los 70, que alcanz su cenit econmico,poltico e ideolgico precisamente en los aos 905; segundo, aunque enLatinoamrica se vivieron dos etapas claramente diferenciadas en cuanto alrgimen poltico (dictaduras militares ultrarreaccionarias en los 70 y comienzosde los 80; democracia burguesa desde entonces hasta ahora), esto no significcambios sustanciales en la relacin de dependencia, subordinacin y explota-cin de la regin por las metrpolis imperialistas.De conjunto, el perodo barri con toda veleidad de desarrollo nacionalcapitalista autnomo o semi autnomo en prcticamente toda la periferia y enespecial en Latinoamrica. La apertura indiscriminada y sin proteccin alguna,bajo la gida y la ideologa del libre mercado, integraron ms slidamente queantes a ciertas reas y enclaves productivos de la regin al mercado mundial, ala vez que desintegr y arruin otras.La estructura econmica general de la regin, as como su perfil exportador,sufrieron una fuerte reprimarizacin. Las instalaciones industriales que sobrevi-vieron lo hicieron en muchos casos al precio de cambiar de manos de capita-listas locales a extranjeros, y en todos los casos con un sustancial aumento dela productividad del trabajo y la explotacin obrera. Si ya en los 60 MilcadesPea sostena que en los ltimos tiempos, tanto como en los primeros estadios,la industria nacional se vincula con el imperialismo apenas alcanza cierto gradode desarrollo (ICSA, cit., p. 216), esta necesidad se hace an ms acuciante enla fase de mundializacin del capital. En efecto, todas las rmoras que cargaba la industria latinoamericana sehacen ms evidentes y menos sostenibles en un contexto de apertura total a ycompetencia con las exportaciones de mercancas y capitales imperialistas. Lossectores ms fuertes del capital industrial vernculo se han asociado con elcapital imperialista (casi siempre como socio subordinado) o directamente hanenajenado sus empresas, con la consiguiente extranjerizacin de la estructuraproductiva. En ningn caso se ha verificado un enfrentamiento sistemtico conel ingreso del capital imperialista.El esquema de transferencia de recursos de la periferia al centro que est enla base del concepto (y de la realidad) del orden imperialista abri en este per-odo nuevos canales y reforz otros. El servicio de deuda externa fue sin duda el Teora - Historia Imperialismo222 Socialismo o Barbarie Diciembre 20095 La envergadura e implicancias del proceso son tales que nos eximen aqu de referirnos en detalleal tema. Pueden consultarse elaboraciones de nuestra corriente como las de Roberto Ramrez, Lamundializacin del capitalismo imperialista y nuestro programa, mimeo, 1995, y la ms recienteTendencias de la situacin mundial, Socialismo o Barbarie 19, diciembre 2005.ms obvio y significativo, con un salto exponencial en los montos adeudados ylos intereses pagados. Pero siguieron vigentes los trminos de intercambio favo-rables a las naciones desarrolladas, as como las remesas de dividendos de lasfirmas imperialistas a sus casas matrices. A esto deben agregarse los negocios ynegociados vinculados a las privatizaciones de empresas y servicios pblicos.Desde el punto de vista de la insercin poltica de la regin, un cancillerargentino de los 90 defini su naturaleza con toda crudeza (y toda verdad)como relaciones carnales con Estados Unidos primero y todo el mundo impe-rialista despus. Fue innegable tambin la relativa prdida de soberana, legali-zada a travs de la injerencia en diversos mbitos de una serie de instituciones,desde el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, el BID y el CIADIen lo financiero, hasta el peso del propio Departamento de Estado y la embaja-da estadounidense en la definicin de las polticas, pasando por la asociacinmilitar para operaciones conjuntas, en trminos de clara subordinacin estra-tgica a EE.UU. y la OTAN.Toda esta evolucin de las economas latinoamericanas, sus estados y susgobiernos en el marco del seguimiento escrupuloso del neoliberal Consenso deWashington (1989), aunque se asent sobre los desarrollos ms generales delcapitalismo global y su mundializacin, no es el resultado inmediato de la din-mica econmica, sino que fue posible a partir tambin de un cambio general enlas relaciones de fuerzas entre las clases. Esto se verific en todo el mundo y conms fuerza an en nuestro continente. Sin las derrotas de magnitud que sufrila clase trabajadora en este perodo, no es concebible el nivel de recoloniza-cin econmica y poltica de la regin, as como su marasmo econmico y elcrecimiento de la desigualdad, la pobreza y la desocupacin. Todo en benefi-cio de la transferencia de valor hacia los centros imperialistas, empresa en laque las burguesas locales se anotaron como asociados necesarios pero sinmucha voz y casi ningn voto.6 El retroceso social y poltico, junto con un refor-zamiento de la dependencia econmica, diplomtica y militar del imperialismo,fueron la marca de la dcada; estos resultados son tan conocidos que no esnecesario abundar en detalles.IIII.. RREEGGRREESSOO DDEE LLAASS BBUURRGGUUEESSAASS NNAACCIIOONNAALLEESS YY EELL CCAAPPIITTAALLIISSMMOO DDEE EESSTTAADDOO??Este tenebroso panorama comenz a cambiar con las primeras reacciones anivel internacional al imperio indiscutido del capitalismo ms salvaje y descar-nado, que en su carrera por la succin de plusvala dejaba el tendal de des-ocupados, superexplotados, pueblos, naciones y reas geogrficas enteras y Teora - Historia ImperialismoSocialismo o Barbarie 223Diciembre 20096 No obstante, es una exageracin completa sostener que los ltimos 25 aos han sido testigo deldesmantelamiento total de la estructura econmica que haba caracterizado la construccin de lanacin-estado latinoamericana y la vuelta atrs a una economa prenacional () lo que se conocepor neoliberalismo es la restauracin por la fuerza de anteriores formas de explotacin capitalista(James Petras, Reconsideracin del desarrollo de Latinoamrica y del Caribe para el siglo XXI, LaHaine, 4-9-09).devastacin ambiental. A nivel global, desde la conferencia fallida de la OMCen Seattle (1999), y en el orden latinoamericano, la rebelin popular en Ecuadorque ech abajo uno de los gobiernos ms felpudos del imperialismo de laregin, se hizo visible el cambio de clima y el fin del consenso neoliberal sincuestionamientos.Precisamente, el siglo XXI abre en la regin una nueva fase poltica quereplantea algunos de los tpicos de perodos anteriores, pero en un contextorenovado. Las rebeliones populares que surcaron sucesivamente Ecuador,Argentina, Bolivia y Venezuela y el cambio de signo poltico de casi todos losgobiernos de la regin transformaron a sta en uno de los centros de la lucha declases mundial. Las caractersticas polticas de los gobiernos de centroizquierdade la regin, su rol de mediacin de los reclamos y luchas populares y susacuerdos y contradicciones con las burguesas locales y el imperialismo se hananalizado en otro lugar (ver notas de portada de Socialismo o Barbarie 20 y 21).Por otra parte, hay elementos propios de esta dcada (aunque se hayananunciado en las anteriores) que se articulan de manera especfica. Uno deellos, que impacta directamente en Amrica Latina, es la crisis de hegemonadel imperialismo estadounidense y el fin de la unipolaridad con la que se des-criba superficialmente la poltica de EE.UU., sobre todo bajo George W. Bush.La nueva fase de la lucha de clases en la regin, que se expres de manera mso menos distorsionada en el surgimiento de gobiernos de centroizquierda, alcombinarse con esa crisis hegemnica y con ciertos cambios en la economaregional, plantearon una nueva relacin entre imperialismo y Amrica Latina.Un ejemplo de esto es que la apuesta recolonizadora ms importante de EE.UU.para Sudamrica en la dcada, la Alianza de Libre Comercio de las Amricas(ALCA), fue derrotada sin atenuantes.Como decamos, hay una combinacin particular de factores que debe serexplicada. Por ejemplo, a diferencia de la tendencia dominante en las ltimasdcadas, los trminos de intercambio, la balanza comercial y la situacin fis-cal fueron favorables para casi todos los pases de la regin. A caballo delaumento de los precios de los productos de exportacin (en general commo-dities de bajo valor agregado), pero tambin de un aumento de los saldosexportables, los gobiernos sudamericanos pudieron disponer por primera vezen mucho tiempo de supervit comercial, de cuenta y fiscal. La soga de ladeuda externa, que ahorcaba financieramente de manera crnica las arcas fis-cales, se afloj en varios pases. Esto obedeci, en el fondo, a razones ms pol-ticas que econmicas: el default declarado por diversos gobiernos (el caso msnotorio fue el de Argentina) y la explosiva situacin social y poltica de laregin hizo saber a los centros de poder imperialista que no se poda estirar lacuerda ms de lo aconsejable.En cierto modo, fue una situacin anloga en escala mucho menor y regio-nal del pavor a la revolucin socialista de posguerra que estuvo en la base dela implementacin del Estado de bienestar: la poltica de ajuste fiscal y socialpermanente era imposible de continuar en la regin sin generar nuevos estalli- Teora - Historia Imperialismo224 Socialismo o Barbarie Diciembre 2009dos. Las convulsiones sociales, por otra parte, aunque en general no llegaban alcuestionamiento global del orden capitalista, ya eran ms que meras explosio-nes de la miseria, sino que reflejaban avances organizativos e ideolgicos desectores de masas. Ms all de las obvias e importantes diferencias de pas apas (Bolivia y Venezuela representaron acaso los puntos ms altos), haba unhecho innegable: el orden capitalista no poda seguir siendo manejado en la pri-mera dcada del siglo con los parmetros de los 90, so pena de descalabrosmayores. Esta realidad es la que expresan a su manera (y con las diferencias delcaso) los gobiernos de Chvez, Morales, Lula, Kirchner, Correa, Funes, Ortega,Colom, Vzquez, Lugo, BacheletUna coyuntura del capitalismo mundial, por una vez, favorable como no lohaba sido en 50 aos, una relativa prdida de control por parte de EE.UU. desu patio trasero, una situacin poltica que, sin ser revolucionaria, mostrabaelementos de radicalizacin social y poltica hacia la izquierda, una relativa-mente mayor autonoma financiera, fiscal y poltica respecto del imperialismo,dieron forma as a una situacin sin antecedentes. Esto es, la profundizacin dela insercin regional en el orden capitalista mundializado, sin que eso repre-sente una mayor sujecin directa a una de las metrpolis imperialistas.Contra las teorizaciones apresuradas y/o interesadas de una nueva albora-da para la regin, cabe reafirmar que todo lo anterior en modo alguno signifi-ca una liberacin de los lazos de dependencia en Amrica Latina, ni muchomenos su conformacin en uno de los potenciales polos de una configuracinmultipolar del mundo. La pregunta es: constituye la realidad de los ltimoslustros un cambio radical y duradero en el rol de Amrica Latina en el ordencapitalista mundializado, o resulta ser, por el contrario, una situacin transitoriay excepcional, que se ir sin dejar mayor rastro para volver a poner a la reginen el lugar de subordinacin y explotacin que la caracteriza desde la colonia?Adelantamos que la respuesta, aunque debe anclarse con todo rigor en la din-mica de la economa imperialista y la acumulacin del capital (hoy en entredi-cho), debe contemplar necesariamente un elemento ms abierto: la evolucinde la lucha de clases en la regin y, ms en general, en el mundo.Uno de los rasgos positivos de los nuevos aires polticos en Amrica Latinaes el fin de la insoportable unanimidad entre la burguesa, los medios de comu-nicacin y las propias masas respecto de la imposibilidad (y hasta impensabili-dad) de cualquier proyecto poltico que no empezara y terminara por glorificarel libre mercado. En verdad, ese tipo de discurso est en la regin, por ahora, casiirremediablemente desacreditado. La destruccin econmica, social y humanadel capitalismo neoliberal fue demasiado larga y profunda como para que sereponga rpidamente. Justamente, ese eclipse es el que ha dado nuevos bros aformulaciones que el propio discurso globalfilo haba desdeosamente dadopor enterradas para siempre. Por supuesto, uno de ellos es el propio proyectosocialista, que en la regin cuenta con presencia y a la vez una tremenda con-fusin gracias y a pesar del socialismo del siglo XXI de Hugo Chvez. Pero ano engaarnos: las alternativas al capitalismo neoliberal que se presentan ante el Teora - Historia ImperialismoSocialismo o Barbarie 225Diciembre 2009conjunto de las masas latinoamericanas son otras. Y en algo tienen razn sus cr-ticos de derecha: salvo el socialismo revolucionario, esas alternativas o no se for-mulan con claridad, o no son ms que una reedicin imposible de viejos pro-yectos en otras condiciones histricas, o son de un utopismo incurable, o unacombinacin en diversas proporciones de todo lo anterior.Y no es accidental que en el centro de esas alternativas problemticas estla cuestin del imperialismo, porque hace a dos problemas de la regin, uno delarga data y otro mucho ms actual. La cuestin histrica remite, naturalmente,a la realidad de un continente que desde 1492 hasta la fecha ha sido siemprecarne de explotacin y est (cada vez ms) lejos de resolver problemas muygruesos de atraso, desigualdad, miseria y sufrimiento de cientos de millones. Eldilema actual es qu respuesta dar a ese interrogante en las condiciones de unorden capitalista mundializado de creciente integracin econmica y polticapero tambin creciente avidez por las riquezas de la periferia. Dicho rpida-mente, de lo que se trata es de discutir cmo se enfrentan los problemas de ladependencia, de la modernizacin, del desarrollo econmico.La respuesta capitalista de los 90 era negar la dependencia a la vez que sele ponan dobles y triples cadenas; invocar la modernizacin como si consis-tiera en expandir el consumo de celulares y Big Macs, y reservar el desarrollo alos ramos de exportacin, competitivos sobre la base de la peor explotacin,mientras franjas sustantivas de la poblacin chapalean en la pobreza y desem-pleo estructurales, con todo su cortejo de lumpenizacin y degradacin social.El cambio de ciclo poltico en Amrica Latina dej fuera de la agenda talespolticas, que en el primer lustro de este siglo llegaron a ser directamente ana-tema. Incluso hoy, cerrando la primera dcada, las fuerzas y propuestas neoli-berales requieren de alguna forma de disfraz ideolgico para presentarse anteun electorado que mayoritariamente sigue rechazando esas recetas.Ahora bien, si el camino neoliberal puro y duro fue interdicto por las rebe-liones populares, y la va socialista revolucionaria sigue siendo absolutamenteminoritaria, cules son las alternativas que barajan los gobiernos de centroiz-quierda y buena parte de la izquierda no marxista respecto de las dos grandestareas mencionadas?La respuesta navega sobre dos andariveles, ninguno de los cuales ha sido engeneral formulado con precisin terica: la recreacin de la burguesa nacio-nal y alguna variante de capitalismo de Estado, con diversas combinaciones deambos. En todo caso, nadie propone salir de los marcos del capitalismo, sloque se propone un capitalismo distinto, con reminiscencias keynesianas, delque consideran hegemnico, el neoliberal. Esto es vlido incluso para el socia-lismo del siglo XXI anunciado por Hugo Chvez, que cuando se lo mira decerca resulta ser un reciclado de experiencias de economa mixta de los aos50 a 70.Quiz la invocacin ms explcita al retorno por sus fueros de la burguesanacional fuera la del presidente argentino Kirchner en 2003. En su discurso semezclaban sin mucho concierto la vieja ideologa cepaliana-desarrollista, la Teora - Historia Imperialismo226 Socialismo o Barbarie Diciembre 2009apologa (o la expresin de deseos?) de la burguesa nacional, la vocacinindustrialista y el llamado a ingresar por la puerta grande de las exportacionesen la actual mundializacin capitalista. Otros gobernantes de Amrica Latina,as como los propios esposos Kirchner, fueron cargando el nfasis, conforme losvaivenes coyunturales, en uno u otro de estos factores, como si por otra partetodos ellos fueran compatibles entre s. En todo caso, de las tareas de desarro-llo y ruptura de la dependencia las referencias se fueron concentrando ms yms en la primera; las menciones al imperialismo pasaron a ser cada vez msraleadas y oblicuas, sin llegar a desaparecer del todo.Hay razones de Realpolitik detrs del revival regional del desarrollismo,que hacen a una correlacin de fuerzas entre las clases que se aleja de la hege-mona del capitalismo ms brutal, sin terminar de reinstalar el proyecto socia-lista. Al respecto, Vivek Chibber explica: Frente a los ttricos indicadores eco-nmicos registrados durante el cuarto de siglo de hegemona neoliberal, laexperiencia de los 50 y 60 parece haber ganado respetabilidad ()Polticamente, el psimo rendimiento del neoliberalismo ha significado una pr-dida sostenida de legitimidad en el Sur. De ah que no resulte del todo sorpren-dente encontrar un resurgimiento de la ambicin por construir un desarrollonacional. Este llamado a un retorno a cierto tipo de desarrollismo no seencuentra slo entre las elites polticas. Tambin emana de una poderosa y arti-culada ala del movimiento antiglobalizacin: intelectuales crticos, ONGs y sin-dicatos. En un perodo en el que las polticas de libre mercado tienen escasacredibilidad, pero los trabajadores no son lo suficientemente fuertes como paraplantear un desafo serio a la propiedad privada, cierto tipo de proyecto estatis-ta de desarrollo parece ser para muchos el programa de transicin de nuestrotiempo (Reviviendo?, Socialist Register 5, 2005).Por eso, como observa Claudio Katz, los crticos actuales del neoliberalis-mo, si bien admiten la relacin de dependencia de la periferia respecto delcentro como causa del subdesarrollo, proponen superar esta sujecin median-te la construccin de otro capitalismo. Ya no vislumbran un proyecto total-mente nacional, autnomo y centrado en la sustitucin de exportaciones, comosus antecesores de la CEPAL, pero s un modelo regional, regulado y basado enlos mercados internos. Auspician esquemas keynesianos para erigir estados debienestar en la periferia () (El imperialismo del siglo XXI, Socialismo oBarbarie 15, septiembre 2003).Pero las condiciones del siglo XXI son muy diferentes a las del tercer cuartodel siglo XX, ya que, como seala Katz, el margen para implementar su pro-yecto se ha reducido a partir de la asociacin creciente de las clases dominan-tes perifricas con el capital metropolitano () Las burguesas que no lograronen el pasado poner en pie un capitalismo autnomo, tienen menos posibilida-des de aproximarse a esa meta en la actualidad. Su giro proimperialista limitaincluso la viabilidad de proyectos regionales como el Mercosur (dem).Ya Milcades Pea sealaba los lmites de la vocacin de integracin regio-nal incluso en la poca dorada de la industrializacin por sustitucin de impor- Teora - Historia ImperialismoSocialismo o Barbarie 227Diciembre 2009taciones. Y el marco global de mundializacin capitalista y los mayores lazosde sectores decisivos de la burguesa local con el imperialismo (aunque hablarde total fusin, como proponen algunos, es exagerado) hacen efectivamentean menos viables tales proyectos. As lo explica Katz: A diferencia del pero-do 1940-1970, los capitalistas latinoamericanos no propugnan reforzar los mer-cados internos mediante sustitucin de importaciones, Su prioridad es la vincu-lacin con las corporaciones extranjeras, porque la clase dominante es tambinparcialmente acreedora de la deuda externa y se ha beneficiado con la desre-gulacin financiera, las privatizaciones y la desregulacin laboral (dem). En elmismo sentido, Ramrez apunta que los sectores ms importantes de la bur-guesa se asocian directamente con el capital imperialista en la expoliacin desus propios pases. Este hecho revela escasa base para las utopas de capitalis-mo nacional y productivo que siguen alentando muchas corrientes en nues-tros pases (Sobre El boom y la burbuja, de Robert Brenner, en Socialismoo Barbarie 15, septiembre 2003).Esta situacin ha llevado a especialistas como Samir Amin a afirmar sin mstrmite que ya no hay ms burguesa nacional (dejando por ahora fuera deldebate la cuestin de si alguna vez la habido en la periferia, si se entiende pornacional el hecho de estar interesada en el desarrollo independiente delimperialismo). El acadmico de izquierda argentino Atilio Born hace la salve-dad de que s es posible hablar de la existencia de burguesas nacionales enlas metrpolis, pero reconoce su total acuerdo con Amin en lo que respecta ala periferia (El mito, Argenpress, 15-2-07).7Incluso Chibber, cuyas conclusiones no son categricas ni extraen defini-ciones polticas precisas, advierte que aun cuando la nostalgia por la era des-arrollista sea hasta cierto punto entendible, una evaluacin ms sobria nossugiere una leccin diferente. La ltima vez que las lites polticas y las clasessubalternas apelaron a la burguesa nacional para liderar un proyecto de des-arrollo obtuvieron menos de lo que esperaban, y mucho menos de lo que mere-can. No hay razn para pensar que, librado a su propia lgica, el capital vayaa reaccionar de manera diferente en otra ocasin. () No est claro cmo elproceso en curso de integracin econmica afecta a la posibilidad misma deproyectos nacionales. Para algunos, la globalizacin hace muy improbable talidea () Lo que este artculo ha argumentado es que, en la medida en que losproyectos desarrollistas sean posibles, sus defensores haran bien en observarcon mucho ms detenimiento la experiencia de sus predecesores. () (No hay Teora - Historia Imperialismo228 Socialismo o Barbarie Diciembre 20097 Para evitar confusiones, creemos que lo ms preciso sera dominar a las burguesas metropolita-nas, sencillamente, como imperialistas, y reservar el trmino nacional para la discusin sobre lasburguesas perifricas. Entre otras razones, porque en los pases centrales las tareas de unificacinnacional fueron realizadas hace tiempo, y porque se connota as la existencia de tareas propia-mente nacionales (en primer lugar, la liquidacin de la dependencia) en los pases atrasados. Quetal burguesa nacional tenga existencia real o mtica, y/o que sea capaz de cumplir tales tareas,es naturalmente parte del debate, en el que la postura marxista revolucionaria clsica da una res-puesta, a nuestro juicio, inequvocamente negativa en ambos casos.razn) para continuar operando bajo la influencia de mitos que son probada-mente falsos, ni con esperanzas que sin duda sern defraudadas (Chibber, cit.).En resumen, la nefasta experiencia del capitalismo neoliberal justifica acasoslo sentimental, pero no poltica, terica ni econmicamente, la nostalgia porel perodo desarrollista. No slo porque el marco es diferente, sino porqueincluso en su propia poca el modelo desarrollista revel, como deca Pea, suincapacidad para lograr el desarrollo autosostenido. Suponer que en el con-texto de la mundializacin los resultados de un programa tal (caso de existirquien quiera y pueda implementarlo, lo que es ya de por s problemtico) pue-dan superar a los ya limitados de su momento histrico es una fantasa o unengao consciente.Estos lmites son visibles tambin en los gobiernos producto de las rebelio-nes ms profundas del continente, los de Venezuela, Bolivia y, en menor medi-da, Ecuador. A despecho de las invocaciones al socialismo al menos Chvez,porque Morales remite ms explcitamente al capitalismo de Estado8, la eco-noma venezolana no da muestra alguna de acometer una acumulacin pro-piamente socialista, lo que no debe confundirse con algunas estatizaciones. Nose verifica siquiera un proceso acelerado de desarrollo y acumulacin capita-listas, por lo que, ms all de la retrica, la estructura econmica venezolanasigue tan dependiente como antes de los ingresos de divisas por el petrleo y delas importaciones de bienes de capital y alimentos. La boliburguesa ligada alrgimen y las empresas estatales, como ha ocurrido en otras experiencias hist-ricas similares y como predijera Milcades Pea en los 60, se han demostradoeconmicamente ineficientes y viciadas por prcticas corruptas. Los estrechosmarcos del modelo venezolano ya se estn haciendo sentir en sectores impor-tantes de las masas, y lamentablemente fortalecen la base de sustentacin de laburguesa esculida proimperialista.9 Teora - Historia ImperialismoSocialismo o Barbarie 229Diciembre 20098 Ver al respecto la crtica de Roberto Senz al esquema terico de quien luego sera vicepresiden-te de Bolivia, lvaro Garca Linera, que defenda sin ambages formas de capitalismo de Estadocomo nico camino de la transformacin de la sociedad y la economa boliviana, con explcitaexclusin de formas socialistas (Crtica al romanticismo anticapitalista, Socialismo o Barbarie16, abril 2004).9 Por lo tanto, consideramos totalmente injustificadas las expectativas que corrientes polticas eintelectuales como Katz depositan en estos gobiernos nacionalistas radicales (Venezuela, Bolivia,Ecuador) y en su singularidad progresiva que los llevara a tomar en sus manos la implemen-tacin del programa popular frente a la crisis (Amrica Latina frente a la crisis global,www.socialismo-o-barbarie.org, 20-2-09). Si bien Katz reconoce como negativas las concesionesal capital y la ausencia de medidas radicales que tienden a generar fatiga en su base social,plantea la situacin como si esos gobiernos afrontaran grandes disyuntivas entre avanzar en unsentido progresivo o ceder a las presiones de la burguesa y el imperialismo. A nuestro juicio, esuna manera totalmente equivocada de considerar esos gobiernos radicales que no toman medi-das radicales. No se trata de gobiernos en disputa ni de sexo indefinido, sino que admitiendolas contradicciones y diferencias reales con la burguesa y el imperialismo no se proponen avan-zar un milmetro en un sentido efectivamente anticapitalista. Y mucho menos socialista, connota-cin que, como expresa el propio Katz, es en el siglo XXI inseparable de la actividad directa, inde-pendiente y democrtica de los trabajadores, algo que los tres gobiernos mencionados se han pro-Por su parte, los gobiernos de centroizquierda de Amrica Latina en el sigloXXI ya estn raleando incluso sus apelaciones a la experiencia desarrollista, trashaber abandonado sin mucho disimulo toda referencia al imperialismo. El pro-yecto de esos gobiernos es, crecientemente, apostar a una integracin al mer-cado mundial va el crecimiento de las exportaciones, cuyo volumen y valor seha multiplicado en los ltimos aos. Pero, a contramano de los consejos delpropio Prebisch y la CEPAL de los 60, que recomendaban fortalecer el flojo deexportaciones con alto valor agregado, la tnica de la regin ha sido el creci-miento de los renglones de exportacin de commodities. Cualquier anlisis delperfil del comercio exterior de los pases de Amrica Latina revela una primari-zacin de exportaciones y una dependencia tremenda de las importaciones enel rubro de bienes de capital y productos semiterminados. La existencia denichos exportadores en determinados rubros, por razones especficas y deter-minadas no extrapolables al conjunto, as como las maquilas o armaderos, nomodifican en lo esencial esta configuracin. La cual no supera (y en muchoscasos ni siquiera alcanza) al modelo de sustitucin de importaciones, que nofue subvertida por la apertura y extranjerizacin de los 90 y que resulta, en lti-ma instancia, herencia legtima de la dependencia, el desarrollo combinado, elatraso y la incapacidad histrica de las burguesas de la regin para cambiaresas condiciones de manera radical. Esta misin, hoy como en los albores deldebate sobre el desarrollismo, la burguesa nacional y el capitalismo de Estado,recae y slo pueden recaer sobre los hombros de la clase trabajadora latinoa-mericana y sus aliados entre los sectores sociales oprimidos y explotados. Hoycomo ayer, las burguesas de la regin terratenientes o industriales, gran-des o pequeas, transnacionalizadas o mercadointernistas, son un obs-tculo para el cumplimiento de las tareas pendientes, nacionales, democrticasy antiimperialistas. Que han de articularse, como consecuencia inevitable delrol protagnico de los trabajadores en la transformacin social, con las tareasanticapitalistas y socialistas, en un proceso de revolucin permanente.IIIIII.. DDOOSS DDEEBBAATTEESS:: LLAA MMUULLTTIIPPOOLLAARRIIDDAADD YY EELL CCAARRCCTTEERR DDEE BBRRAASSIILL11.. LLaa mmuullttiippoollaarriiddaadd yy llaass rreellaacciioonneess eennttrree iimmppeerriiaalliissmmoossUn elemento de la realidad geopoltica mundial, que vena anuncindosedesde hace aos, termin de tomar carta de ciudadana reconocida con el findesastroso de la administracin Bush: la crisis de hegemona del imperialismonorteamericano. El rol de lder del mundo occidental con que EE.UU. habaemergido de la Segunda Guerra Mundial era indiscutido e indisputado, y se Teora - Historia Imperialismo230 Socialismo o Barbarie Diciembre 2009puesto explcitamente sofocar bajo el control de un Estado nada obrero. As lo muestra enVenezuela la campaa dirigida en su momento contra el dirigente independiente del chavismoOrlando Chirino y los intentos de regimentacin de la central obrera venezolana al mejor estilodel nacionalismo burgus clsico.asentaba sobre bases extremadamente slidas. El tamao, productividad, de -sarrollo cientfico-tecnolgico y crecimiento de la economa estadounidense noadmitan comparacin con ninguna otra nacin, a punto tal que se permitiapuntalar la reconstruccin de economas imperialistas arruinadas (especial,pero no exclusivamente, Alemania y Japn) a travs del Plan Marshall. Su lide-razgo poltico, ideolgico y, last but not least, militar, hicieron de EE.UU. el pri-mus inter pares del orden capitalista imperialista. El gran conductor de la pocade la Guerra Fra no vio seriamente desafiado su lugar por ninguna otra poten-cia occidental, de modo que EE.UU. y la URSS, hegemnica en el bloque pol-tico-econmico-militar socialista, se constituyeron en los protagonistas delmundo bipolar.La cada del Muro de Berln y luego del conjunto del bloque sovitico(URSS y el glacis del Este europeo) en 1989-1991, ms all de su repercusinen muchas otras esferas a las que no nos podemos referir aqu, dej, desde elpunto de vista de la configuracin del sistema mundial de estados, un mundounipolar. Ante la salida de escena de su rival, y sin que hubiera cambiado sus-tancialmente la relacin de fuerzas entre los pases imperialistas, EE.UU. apare-ci por un perodo como un superimperialismo. Las delirantes propuestasemanadas del rin ms conservador del gobierno de Bush sobre la perspecti-va del nuevo siglo norteamericano reconocen su inspiracin menos en la risi-ble pretensin de que ese estado de cosas excepcional y transitorio estaba des-tinado a durar que en el intento de contraofensiva ante la amenaza de la deca-dencia irreversible.Pronto se hizo evidente que EE.UU. afrontaba una crisis de la legitimidad desu liderazgo mundial. Ya haba atravesado una como producto de su derrota enVietnam, y el empantanamiento de la intervencin yanqui en Iraq y Afganistn(operaciones decididas unilateralmente, a contramano de la opinin pblicamundial y de la mayora de los otros imperialismos) contribuy decisivamentea esa crisis. De todos modos, conviene retener la idea de que esa crisis no afecta a, ni esel resultado de, un solo factor. Por el contrario, se trata de una crisis global dehegemona. Todos los indicadores en los que EE.UU. mostraba en 1945 unasuperioridad indiscutible lo muestran ahora rezagado respecto de sus rivales,con una excepcin muy importante: el terreno militar.En dos planos decisivos, el retroceso de EE.UU. es palpable. Uno es laeconoma: es sabido que los desequilibrios crnicos de EE.UU. fueron elprincipal motor, causante y escenario (al menos inicial) de la actual crisisglobal. El otro es lo que se llama el poder blando, es decir, la capacidad deconvencer poltica, ideolgica y culturalmente, por oposicin a imponermilitarmente. Es en este aspecto quiz donde el unilateralismo brutal de laadministracin haya causado ms dao a la causa del imperialismo yanqui,y no es accidental que haya asomado una figura de recambio de liderazgocomo la de Barack Obama, que apunta a recomponer precisamente esacapacidad perdida. Teora - Historia ImperialismoSocialismo o Barbarie 231Diciembre 2009Es imposible pasar aqu a una discusin detallada de cada uno de esosaspectos. Slo sealaremos que la coyuntura mundial muestra una situacin,por as llamarla, de transicin e indefinicin con respecto al liderazgo del ordenimperialista. A la vez que la hegemona de EE.UU. aparece golpeada y cuestio-nada, no se vislumbra un firme candidato a ocupar un trono que, por otra parte,tampoco est vacante. Entre un liderazgo en decadencia pero no terminado nimucho menos y la ausencia de un ntido reemplazante, lo que se verifica enel marco de una crisis mundial que ha morigerado la marcha triunfal de la mun-dializacin, aun sin revertirla es un creciente espacio para la desobediencia,las tendencias centrfugas y los liderazgos regionales.10Este orden mundial imperialista que ha perdido el orden, al menos en parte,donde EE.UU. ya no puede dominar como antes pero tampoco sus rivales euro-peos o Japn estn en condiciones de tomar el bastn de mundo, es lo que hallevado a diversos analistas y politlogos a hablar de un mundo multipolar. Setratara, segn esta visin, de una configuracin en que ya no hay consensomundial para acatar sin discutir las decisiones de un hegemn, y en la queadquieren creciente presencia nuevas potencias que han venido acreditandosus derechos en el mbito regional. Ejemplos emblemticos de estas potenciasascendentes seran las naciones del BRIC (Brasil, Rusia, India, China).Examinaremos aparte el caso de Brasil; en cuanto a la multipolaridad delmundo, adelantamos que contiene un aspecto ideolgico que apunta a velar lacontinuidad de la hegemona imperialista en aras de una supuesta horizontali-zacin de las relaciones geopolticas que est lejos de verificarse. En el fondo,lo que esta hiptesis niega es la existencia de una configuracin poltica delmundo claramente jerrquica, con pases del centro que explotan, dominan ydeciden, y pases de la periferia que son explotados, dominados y sufren lasconsecuencias de decisiones de las que no participaron.En efecto, la ideologa del mundo multipolar parece asumir que pasar a serparte de los pases que deciden en la poltica global es un camino abierto alas naciones y gobiernos que hagan bien las cosas. No hay en general refe-rencia a obstculos estructurales que la arquitectura poltica del mundo capita-lista pone a los pases de la periferia (retomaremos luego la cuestin de lossubimperialismos).Una discusin ms interesante es la que plantean autores como Claudio Katzrespecto de cmo encarar desde el marxismo las relaciones entre los pasesimperialistas y su posible evolucin. Al respecto, seala: La vigencia de la teo-ra clsica del imperialismo para explicar las relaciones de dominacin entre elcentro y la periferia es contundente. Pero su actualidad para clarificar las vin-culaciones contemporneas entre las grandes potencias es ms controvertible,y sostiene que la visin marxista clsica de la agudizacin de los conflictos inte-rimperialistas hasta desembocar en confrontaciones blicas qued desactuali- Teora - Historia Imperialismo232 Socialismo o Barbarie Diciembre 200910 Consultar al respecto los textos de Roberto Ramrez, Tendencias de la situacin mundial,Socialismo o Barbarie 19, diciembre 2005, y el editorial Una situacin internacional con proce-sos an sin definirse, Socialismo o Barbarie 21, noviembre 2007.zada en la posguerra, cuando la perspectiva de conflictos armados directosentre las potencias tendi a desaparecer. La hiptesis de este choque se torndescartable o muy improbable, a medida que la competencia econmica entrelas diversas corporaciones y sus estados se fue concentrando en rivalidades mscontinentales (El imperialismo del siglo XXI, Socialismo o Barbarie 15, sep-tiembre 2003). Siguiendo al Mandel de El capitalismo tardo, Katz remite a tresmodelos posibles de evolucin del imperialismo: competencia interimperialis-ta, transnacionalismo (en su denominacin original: ultraimperialismo) y supe-rimperialismo (dem).Mandel consideraba que el rasgo dominante de la acumulacin era la riva-lidad creciente, y por eso atribuy a la primera alternativa mayores posibilida-des. Tambin pronostic que la concurrencia intercontinental se profundizarajunto a la formacin de alianzas regionales, pero para Katz es pertinente dis-cutir nuevamente el problema: Cmo se plantean actualmente estas tres pers-pectivas? Qu tendencias prevalecen a principio del siglo XXI: la competenciainterimperialista, el ultraimperialismo o el superimperialismo? () La interpre-tacin inicial de la tesis del imperialismo como una etapa de rivalidad blicaentre potencias no tiene prcticamente adherentes en la actualidad. Existe encambio una versin dbil de esta visin, centrada ya no en el desenlace militar,sino en el anlisis de la concurrencia econmica (dem).Segn Katz, aunque esta versin dbil del conflicto interimperialista estil para refutar las variantes ms vulgares de los apologistas de la globaliza-cin y las tonteras sobre el fin de los estados, la desterritorializacin de laeconoma y la poltica, etc., no es suficiente para esclarecer las diferenciasexistentes entre el contexto actual y el vigente a principio del siglo XX. Es cier-to que la concurrencia interimperialista contina determinando el curso de laacumulacin. Pero por qu razn la rivalidad entre las potencias ya no des-emboca en conflagraciones blicas directas? La misma competencia se des-arrolla ahora en un marco de mayor solidaridad capitalista (dem). Y aunqueresulte plausible argumentar que el carcter definitivo de una guerra entrepotencias nucleares y la presencia del elemento extrao de un actor polti-co-econmico-militar como el bloque sovitico hayan atenuado por un pero-do las contradicciones interimperialistas, Katz concluye que el choque entrepotencias ha quedado mediatizado por el salto registrado en la mundializacin() En ltima instancia, la presin mundializadora es la fuerza dominante por-que refleja la creciente accin de la ley del valor a escala internacional () Lagestin internacionalizada de los negocios erosiona la vigencia del modeloclsico de concurrencia interimperialista. Pero esta transformacin no es per-ceptible si se observa a la mundializacin en curso como un proceso tan viejocomo el propio capitalismo. Esta postura tiende a ignorar las diferencias cuali-tativas que separan a cada etapa de ese proceso, y esa distincin es vital parapoder comprender por qu la internacionalizacin de la Compaa de lasIndias del siglo XVI tiene, por ejemplo, tan poco parecido con la fabricacinmundialmente segmentada de General Motors. La rivalidad contempornea Teora - Historia ImperialismoSocialismo o Barbarie 233Diciembre 2009entre corporaciones se desenvuelve en un marco de accin ms concertada(dem).Esta mirada merece algunos comentarios. Es sin duda un punto de partidacorrecto ubicar a la presin mundializadora en el marco de la accin de laley del valor. Pero aunque tambin es vlido reconocer que la mundializacinmediatiza las aristas ms agudas de la competencia interimperialista, al mismotiempo debera sealarse que, precisamente por mediatizarlas, no las elimina nicabe hablar de un cambio radical en el modelo clsico. Veamos esto ms de cerca. En virtud de la propia accin de la ley del valor,es el salto en la extraccin de plusvala y la consiguiente recuperacin de la tasade ganancia lo que explica que en la fase de mundializacin del capital el cho-que entre potencias y la rivalidad entre corporaciones tengan rasgos de msconcertacin que en momentos histricos de pelea feroz por cuotas de plus-vala. Como ya sealamos, la fase de mundializacin no puede analizarse comoun fenmeno puramente econmico, atado a ciclos la Kondratiev, sino quees inseparable de un perodo de derrotas importantes de la clase trabajadora ylas naciones perifricas en el mbito de la lucha de clases. Por otra parte, laabsorcin capitalista de Rusia y Europa y del Este, as como el lugar de Chinacomo factora del mundo, con salarios bajsimos, le insuflaron al orden impe-rialista nuevos y frtiles campos de explotacin. En la medida en que esos fac-tores, luego de los 90, fueron incorporados al ciclo mundial normal de la acu-mulacin capitalista, debe necesariamente, a nuestro entender, atenuarse suinfluencia estabilizadora.Al respecto, cabe recordar lo que observaba Rosdolsky sobre el enfoquemetodolgico del marxismo en cuanto al lmite intrnseco a la acumulacin queencuentra el capital en el capital mismo. A su manera, tanto Henryk Grossmanncomo Rosa Luxemburgo subrayaban que la acumulacin y la expansin de lasrelaciones capitalistas no slo no podan reproducirse indefinidamente, sinoque la barrera a la valorizacin que el propio capital se pone en las etapas supe-riores de su desarrollo conduce inevitablemente a conflictos violentos entrenaciones imperialistas. Tanto uno como otra admitan como circunstanciascontrarrestantes de esta tendencia la colonizacin por parte del capital dereas geogrficas y econmicas antes sustradas a la accin de la ley del valor.El ingreso de las relaciones de produccin capitalistas plenas en los pases delEste (sin entrar ahora en el debate sobre el carcter social anterior de esos pa-ses, tema que en nuestra corriente se ha trabajado en mltiples oportunidades ytextos) puede y debe verse, sin duda, como un factor vigorizante del capital, queofrece una base material para una competencia interimperialista por la explota-cin ms concertada y menos salvaje.11 Teora - Historia Imperialismo234 Socialismo o Barbarie Diciembre 200911 El trabajo de Katz no desconoce, claro est, estos procesos: La nueva combinacin de rivalidad,integracin y supremaca imperialistas forma parte de las grandes transformaciones recientes delcapitalismo. Se inscribe en el marco de una etapa signada por la ofensiva del capital sobre el tra-bajo (), la expansin sectorial (privatizaciones) y geogrfica (hacia los ex pases socialistas) delcapital, la revolucin informtica y la desregulacin financiera. Estos procesos han alterado el fun-Desde el punto de vista econmico, al completarse ese proceso, la acre-centada avidez del capital por su valorizacin comenz a encontrar su lmi-te. Segn la conocida expresin de Marx, el capital despus de finalizar sucomida tena ms hambre que antes. El recurso a la especulacin comoforma espuria de valorizacin es un paso que inevitablemente sigue al ini-cio de los tropiezos de la valorizacin, como observa atinadamenteGrossmann. Es a nuestro entender sobre la base de estos mecanismos estric-tamente clsicos que debe tentarse una clave de interpretacin de la actualcrisis mundial.En lo poltico, se verifica desde los primeros coletazos de la crisis financieray econmica internacional que, sin regresar a un nivel de contradicciones tancandentes que deban resolverse en el plano militar, hay un crecimiento de losroces econmicos y polticos interimperialistas.Volviendo a Katz, resiste correctamente las caracterizaciones de transnacio-nalizacin total, versin contempornea del viejo ultraimperialismo deKautsky. Identifica los avances de la integracin de los procesos econmicos ypolticos, pero contra los defensores de las variantes extremas de soberanaimperial (como los ya criticados Negri-Hardt), cuestiona con acierto que esteenfoque implica desconocer que la mayor integracin mundial del capital sedesenvuelve en el marco de los estados y las clases dominantes existentes oregionalizadas (dem). Un escepticismo similar cabe frente a los clamores deunipolaridad (o, en lenguaje marxista, superimperialismo). El texto de Katz,escrito durante el gobierno de Bush, pone en su lugar estas exageraciones y,citando a Peter Gowan, considera que la forma de dominacin suprematista(a costa de los rivales) y no hegemonista (compartiendo los frutos del poder)de Estados Unidos socava su liderazgo (dem).Sin embargo, la conclusin de Katz tras este repaso es que ninguno de lostres modelos alternativos al imperialismo clsico esclarece las relaciones actual-mente predominantes entre las grandes potencias. () Estas insuficiencias indu-cen a pensar que la rivalidad, la integracin y la hegemona contemporneatienden a combinarse en nuevos tipos de vnculos interimperialistas, ms com-plejos que los imaginados en los aos 70. Indagar esta mixtura es ms prove-choso que preguntarse cul de los tres modelos concebidos en ese momento haprevalecido () Reconocer esta combinacin permite comprender el carcterintermedio de la situacin actual (dem). Esta solucin mixta, aunque tiene el mrito de no dar por cerrados proce-sos en curso que en efecto presentan en ms de un sentido un carcter inter-medio, no resulta metodolgicamente convincente, y se acerca en ciertamedida a las explicaciones eclcticas de Mandel, donde la yuxtaposicin de Teora - Historia ImperialismoSocialismo o Barbarie 235Diciembre 2009cionamiento del capitalismo y multiplicado los desequilibrios del sistema () (dem). No obstan-te, a nuestro juicio, no termina de integrar los factores polticos vinculados a la lucha de clases conlos procesos especficamente econmicos en su explicacin de la configuracin actual del capita-lismo imperialista.factores exclua por principio una ponderacin del peso relativo de stos y,sobre todo, de su determinacin esencial, criterios que consideramos bsicosdel pensamiento dialctico marxista. Sin duda que todo fenmeno es pluricau-sal, complejo y mixto, pero no debe admitirse ese carcter al precio de dejarlas definiciones siempre en suspenso.Desde nuestro punto de vista, la teora marxista clsica del imperialismo ysu consideracin de las relaciones entre los pases dominantes del centro capi-talista como en ltima instancia conflictivas se sostiene mucho mejor que lasexageraciones y arbitrariedades de la explicacin hiperglobalizadora de lostransnacionalistas y de la del superimperialismo, cuya cortedad de miras haquedado en evidencia en menos de un lustro. En ese sentido, corresponde poner ese aspecto de la teora en perspectivahistrica. Por ejemplo, la concepcin de que el conflicto es inevitable y con-duce a confrontaciones cada vez ms agudas como resultado de contradiccio-nes tanto de la acumulacin capitalista como de la lucha de clases (en el pri-mer aspecto, con las consideraciones aportadas por Grossmann en su trabajo yacitado) tuvo clara vigencia no slo en el momento de su formulacin, sino hastala Segunda Guerra Mundial. Es verdad que a partir de 1945 el elemento blicopareci salir de escena. Pero esto debe contextualizarse en el orden de Yalta-Potsdam, la Guerra Fra y la consolidacin de un actor externo, histrica-mente especfico y no orgnico, como el aparato stalinista y los estados buro-crticos no capitalistas. En ese marco, se desarroll una superioridad militarincontestable de EE.UU. sobre el resto de los imperialismos, factor que incidehasta el presente. Pero con el derrumbe del stalinismo, aun cuando los efectosinmediatos resultaran en un aparente fortalecimiento de la hegemona deEE.UU. hasta el extremo de asemejarse a un superimperialismo, a escala his-trica ms larga hay ms bien una tendencia a la normalizacin de las coor-denadas clsicas de conflicto interimperialista. La citada superioridad yanquisobre el resto, sumada al carcter especial del armamento nuclear que pordefinicin impedira formas recurrentes de conflicto militar (una verdadera gue-rra atmica sera la ltima), si bien modifican en parte uno de los trminos dela ecuacin, no invalidan sino que, en todo caso, exigen una adaptacin y reac-tualizacin de la concepcin marxista sobre el problema.Concepcin que, a nuestro entender, resulta cualitativamente ms fecunda,abierta y fuerte que cualquiera de los marcos de explicacin alternativos de esteaspecto de la realidad del imperialismo (recordemos que respecto de las rela-ciones de dominio y explotacin entre centro y periferia, Katz reconoca la per-tinencia general de la visin clsica). Y no es de extraar que incluso este cos-tado ms controversial confirme la vigencia de la teora marxista (con lasnecesarias modificaciones del caso), en la medida en que sta echa sus racesen las tendencias ms profundas y permanentes de la dinmica de la acumula-cin capitalista, bajo el impacto siempre contingente de los resultados de lalucha de clases. Teora - Historia Imperialismo236 Socialismo o Barbarie Diciembre 200922 EEss BBrraassiill uunn ppaass ssuubbiimmppeerriiaalliissttaa??Dentro de los debates aparecidos a propsito de las modificaciones en laelite de estados imperialistas, a partir de la sealada crisis de hegemona deEE.UU., y a la par de las teorizaciones superficiales sobre la multipolaridaddel mundo, aparece, ya ms seriamente, la polmica sobre si ha habido o nocambios de categora entre algunos pases de la periferia y del centro. Y sevuelve a poner sobre la palestra, as, la cuestin del subimperialismo, a la queya hemos hecho referencia. En ese contexto, varios autores, entre ellos Katz,postulan que Brasil puede ser considerado subimperialista, y plantean una seriede argumentos que merecen ser tomados en consideracin, ya que se trata deuna materia de debate abierta sobre procesos en pleno desarrollo.Katz, como hemos sealado, no prev como hiptesis ms probable unescenario multipolar, y sostiene que incluso en el caso de incorporacin denuevos socios a ese entramado de potencias dominantes, el resultado sera slouna remodelacin de la opresin para beneficio de naciones hegemnicasregionales. Pero s considera que es hora de revisar una imagen de una super-potencia imponiendo sus prioridades a Latinoamrica, que acompa al debutdel neoliberalismo, ya que en Sudamrica no se verifica actualmente el tipode sujecin neocolonial que rige por ejemplo en varias regiones de frica. Esincorrecto observar a las principales clases dominantes locales como tteres deun imperio. Actan como grupos de explotadores con intereses y estrategiaspropias, en un escenario que difiere sustancialmente del marco semicolonial(Amrica Latina frente a la crisis global, 20-2-09).En ese sentido, agrega: La nocin de subimperialismo contribuye a superarel simplificado esquema de centro-periferia e indica la variedad de relacionesque genera la polarizacin del mercado mundial. Retrata la existencia de for-maciones intermedias, que algunos pensadores han teorizado con el conceptode semiperiferia. () (Los) conceptos intermedios tambin chocan con la estre-cha clasificacin de los pases latinoamericanos en colonias, semicolonias ycapitalistas dependientes. Este modelo es particularmente insuficiente para unaregin que a diferencia del resto de la periferia logr una emancipacin tem-prana del yugo colonial. Por soslayar situaciones semicoloniales durante granparte del siglo XX, Brasil tiende a saltar hacia un estadio subimperial (dem).Las diferencias entre los pases atrasados con historia independiente desde elsiglo XIX y las naciones post coloniales de posguerra han sido sealadas pormuchos autores de diversas extracciones entre ellos, Milcades Pea, que esta-bleca una distincin entre pases semicapitalistas y neocapitalistas, y nopodemos extendernos aqu sobre el tema. Ms pertinente resulta identificar lasvariaciones de un pas a otro dentro de la misma categora. Por ejemplo, res-pecto de su capacidad de formular estrategias propias, hay ms similitud entreBrasil y Pakistn (nacin post colonial) que entre Brasil y Paraguay, para nohablar de los pases centroamericanos. No es Sudamrica en su conjunto laque, en virtud de su emancipacin temprana del yugo colonial puede incluir- Teora - Historia ImperialismoSocialismo o Barbarie 237Diciembre 2009se en una categora intermedia: el nico pas de la regin al que puederazonablemente (aunque no coincidamos) imputarse ese carcter es precisa-mente Brasil.En cuanto a los mayores mrgenes para intereses y estrategias propias, anuestro entender, no estn vinculados esencialmente a diferencias de desarrolloo de insercin en el mundo imperialista derivadas del pasado lejano, sino quems bien obedecen a la profundidad de los procesos de lucha de clases que sehan verificado en la regin y no en otros pases de la periferia, con corta o largahistoria independiente. Si Ecuador, Venezuela o Bolivia presentan diferenciassustanciales respecto de otros pases atrasados en cuanto a su autonoma relati-va frente al imperialismo, es en nuestra opinin evidente que el factor polticotiene en la explicacin un peso mucho mayor a la historia de sus estructuraseconmicas respectivas. Tambin aqu, la observacin metodolgica de Trotskysobre el factor lucha de clases se muestra de un valor inestimable.Por otro lado, cuando se observa que este cambio de contexto es soslaya-do por muchos tericos de la recolonizacin, que slo resaltan la reinsercinsubalterna de la regin en el mercado mundial o la reaparicin de formas desujecin prenacionales (dem), debe incluirse entre los cuestionados no slo aciertas corrientes del trotskismo o a James Petras, sino al propio Katz, que en2003 haca este resumen: La expropiacin econmica, la recolonizacin pol-tica y el intervencionismo militar conforman el triple pilar del imperialismoactual (El imperialismo en el siglo XXI).Por supuesto, cualquiera puede modificar o actualizar su elaboracin; de loque se trata es de discutir cul es la mirada que mejor refleja la realidad delorden imperialista actual, con sus nuevos desarrollos y contradicciones, perotambin con sus continuidades.Katz enumera elementos reales que sostienen la tesis de que Brasil tiendea jugar un rol subimperialista y que es el gran candidato para comandar unamultipolaridad opresiva en Sudamrica (Amrica, cit.). Veamos algunosde ellos:Las empresas transnacionales de ese origen se han consolidado en toda laregin. () La expansin sudamericana de las multinacionales brasileas se hasostenido en la financiacin oficial (BNDES). () El principal proyecto de estasfirmas es un conjunto de autopistas e hidrovas programados en el IIRSA(infraestructura regional sudamericana). Este plan involucra a todos los pasesvecinos y se localiza prioritariamente en la Amazonia. Apunta a explotar losgigantescos recursos naturales de esa regin. La expansin multinacional brasi-lea se apoya tambin en la agresiva diplomacia de negocios que desarrollaItamaraty. () Para sostener la poltica de las corporaciones, Brasil se militarizacon tecnologa francesa. ()Este correlato militar de la expansin multinacional no se limita al radiofronterizo. Desde el 2004 Brasil lidera las fuerzas de ocupacin que reempla-zaron a los marines en Hait. () La estrategia geopoltica en curso apunta alograr, desde Unasur, el ambicionado asiento brasileo en el Consejo de Teora - Historia Imperialismo238 Socialismo o Barbarie Diciembre 2009Seguridad. () Brasil subordina incluso la continuidad del Mercosur a su lide-razgo. Demorar la moneda comn y el parlamento regional hasta que tengaasegurada esa conduccin. Tampoco renuncia a estrategias unilaterales. En laltima reunin de la OMC abandon a sus aliados del G-20 para buscar uncompromiso directo con los pases desarrollados. () Todo indica, por lo tanto,que Brasil busca ocupar los espacios creados por la crisis de dominacin esta-dounidense. Pero aspira a cumplir este rol sin chocar con la primera potencia.Tratar de saltar un escaln dentro de la coordinacin hegemnica que ha pre-valecido desde la posguerra. Las clases dominantes brasileas pretenden jugarun rol ms visible, pero al mismo tiempo ms integrado al imperialismo colec-tivo (dem). Katz entiende aqu por imperialismo colectivo un orden mundialen el que las contradicciones entre imperialismos no se resuelven mediante elconflicto sino a travs de un poder compartido entre las potencias, aunqueEE.UU. siga siendo hegemnico entre, no subordinador de, los otros.Es preciso reconocer que estos elementos estn presentes y actuantes. El pro-yecto de la IIRSA (Iniciativa para la Integracin de la Infraestructura RegionalSudamericana) fue presentado por el BID en el 2000, auspiciado por el gobier-no brasileo y aceptado por todos los pases de Sudamrica. Las miradas deizquierda sobre el tema coinciden con este diagnstico bsico: La IIRSA obe-dece al modelo de liberalizacin de los mercados, privatizacin y extraccin derecursos. El objetivo es acelerar la exportacin de materias primas (PaulinaNovo, Proyecto Biceca, citada en Interconexiones para el mercado externo ysaqueo a gran escala. Las venas (cada vez ms) abiertas de Amrica Latina,ALAI, 12-2-08). Le concede a Brasil cinco salidas al Pacfico, fungira de alter-nativa al Canal de Panam y mejorara las vas fluviales de salida de los pro-ductos de exportacin. Dicen Ojeda y Brasilino: La IIRSA, aunque ha sido con-cebida para beneficiar a los mercados de los pases ricos, est siendo ejecuta-da, sobre todo, para favorecer a los sectores econmicos brasileos. El BNDESy las empresas transnacionales brasileas son algunos de los principales actoresen la implementacin de la IIRSA, analiza Ricardo Verdum, del Instituto deEstudios Socioeconmicos (INESC) () La internacionalizacin subordinadadel continente suramericano se entrecruza con una regionalizacin activa delos capitales de origen nacional o asentados en Brasil, con hegemona del agro-negocio y sectores de servicios bajo control o con fuerte participacin del capi-tal extranjero, explica el socilogo Luis Fernando Novoa, de la Red Brasil sobreInstituciones Financieras Multilaterales (dem). Y segn la investigadora deESPLAR Magnolia Said, en este proyecto Brasil acta con la frialdad de unnegociador en la defensa de sus intereses de subimperio y de los intereses degobiernos aliados, especialmente el gobierno estadounidense (dem).Con respecto a la poltica militar, el uruguayo Ral Zibechi denuncia elnuevo papel de Brasil en el continente, nica nacin del Sur pobre que tieneautonoma estratgica militar () (y) un plan estratgico de defensa. () Enbuena medida, esa estrategia se apoya en una industria militar importante;dicho de otro modo, el pas desarroll una industria militar de punta para ase- Teora - Historia ImperialismoSocialismo o Barbarie 239Diciembre 2009gurar la defensa de sus intereses. Brasil es el quinto exportador de armas delmundo, si se considera a la Unin Europea como una unidad. La empresa aero-nutica Embraer es la cuarta en importancia en el mundo () La relacin entrelas fuerzas armadas de Brasil y Estados Unidos es de no cooperacin, ya queno permite bases estadounidenses en su territorio, no participa en maniobrasconjuntas con Estados Unidos y casi no recibe fondos para combatir el narco-trfico. () De hecho, hoy Brasil tiene la nica fuerza militar de Amrica delSur con real capacidad de intervencin en otros pases, con divisiones aero-transportadas. Segn el boletn electrnico Defesanet, en el hemisferio Sur elnico pas que supera militarmente a Brasil es Australia. Fernando Sampaio, rec-tor de la Escuela Superior de Geopoltica y Estrategia, dedicada al estudio decuestiones militares, resume en pocas palabras la visin que domina en Brasilrespecto del Plan Colombia y el despliegue militar del Pentgono en la regin:Es una disputa por la hegemona regional. Brasil no quiere ser ms un satliteen esta constelacin blica patrocinada por los americanos (Zero Hora, 25-3-01) () En suma, estamos ante un gran pas con intereses estratgicos definidos,con un empresariado y unas fuerzas armadas con vocacin nacionalista que noparecen dispuestos a dejarse someter por ninguna potencia (R. Zibechi, Elnuevo militarismo en Amrica del Sur, ALAI, 2-6-05).Es valorable el esfuerzo por dar cuenta de y conceptualizar estos nuevos des-arrollos, siempre que se proceda tomando recaudos tericos y sin impresionis-mo, buscando en principio integrar los cambios en esquemas previos y acasomodificndolos, pero sin necesariamente arrasar con ellos si no se justifica. Unejemplo metodolgicamente opuesto (el nfasis exagerado en los elementos decontinuidad) lo da Petras, al considerar que ninguno de los regmenes autode-nominados de centro-izquierda (Lula en Brasil, la familia Kirchner enArgentina, Evo Morales en Bolivia y Vzquez-Astori en Uruguay) ha roto con elmodelo elitista de exportacin agro-mineral, ni ha recuperado los sectores eco-nmicos estratgicos privatizados. () La leccin que se extrae de los 5 aos deexperiencia con la poltica econmica de los gobiernos de centro-izquierda esque no son de izquierda ni de centro, sino que forman parte inequvoca-mente de la tercera oleada de regmenes neoliberales que llegaron al podertras el colapso y la crisis de la segunda (Menem-De la Ra, Snchez de Lozada-Mesa, etc.), y se han visto favorecidos y apoyados por los excepcionales preciosmundiales (Reconsideracin, La Haine, 4-9-09). Una mirada tan sumariaaun si se apoya sobre argumentos reales disuelve toda especificidad de losgobiernos del continente, a los que hemos dado en llamar de mediacin cen-troizquierdista, y cuyo carcter peculiar no consiste nica o fundamentalmen-te en constituir una mera reedicin de los regmenes neoliberales anteriores.Se trata, entonces, de evaluar equilibradamente el ascenso de Brasil a lasupuesta categora de subimperialista o de agente regional de una multipolari-dad opresiva. Y para ello, es acaso til revisitar las lecciones de la historia delsiglo XX, porque no es la primera vez que a Brasil se le da con toda la pompala bienvenida al crculo de las potencias, y vale la pena recordar cmo ter- Teora - Historia Imperialismo240 Socialismo o Barbarie Diciembre 2009min ese ciclo. No porque la historia est condenada a repetirse, sino, comodijimos, como ejercicio de prudencia terica y poltica, y asimismo para sea-lar tambin, respecto del perodo del milagro brasileo, recurrencias y dis-continuidades.El propio Katz, naturalmente, no ignora la historia del trmino subimperia-lismo, acuado, como es sabido, por Ruy Mauro Marini en los 60 precisamen-te a propsito de Brasil. Como recuerda Katz, el prefijo sub remita al carc-ter tardo y perifrico de la nueva potencia y su asociacin subordinada conEstados Unidos.12 Y aporta ms precisiones al trmino: La denominacin dis-tingua una accin imperial emergente (Brasil) de una funcin ya dominante(Estados Unidos, Gran Bretaa, Francia). Tambin aluda a diferencias conimperialismos menores (Suiza, Blgica, Espaa), extinguidos (otomano, austro-hngaro) o fallidos (Rusia, Japn). La palabra subimperialismo podra errnea-mente sugerir una delegacin del poder central a servidores de la periferia. Peroen el caso brasileo siempre apunt a resaltar el proceso opuesto de mayorautonoma de las clases dominantes locales. La aplicacin de ese concepto parala regin difiere, por ejemplo, de su uso para el caso de Israel (que acta pormandato del Pentgono) o de subpotencias como Australia y Canad, queactuaron siempre adheridas al eje anglo-norteamericano. Una analoga msprxima a Brasil sera el rol jugado por Sudfrica, en la regin austral del con-tinente negro (Amrica Latina, cit.).Aqu se advierte una contradiccin: mientras que Katz subraya que hablar desubimperialismo brasileo remite no a un poder delegado de otra potencia(EE.UU.) sino a una mayor autonoma, la formulacin original de Marini tomacomo punto de partida la asociacin subordinada.Al respecto, Milcades Pea aporta una explicacin marxista de por quburguesas perifricas ms poderosas tienden a esa asociacin subordinada yno al conflicto con la metrpoli: Otro error frecuente es la creencia de que laintensidad de los roces entre las burguesas nacionales y el capital imperialistacrecen en relacin directa a la riqueza y el podero de la burguesa nacional.Ms bien ocurre lo contrario. Precisamente porque los roces entre las burgue-sas nacionales y las metrpolis giran en torno de la distribucin de la masa deplusvala, la relacin tiende a mejorar a medida que se desarrolla la economadel pas atrasado. En general, cuanto mayor es el desarrollo econmico de unpas atrasado, mayor es la masa de plusvala que obtiene la burguesa nacio-nal, y menores las razones que tiene para chocar con las metrpolis (ICSA,cit., p. 140).Es verdad que, como seala Katz, el acierto ms perdurable de los prime-ros tericos del subimperialismo fue captar la transformacin de las viejas bur-guesas nacionales (promotoras del mercado interno), en burguesas locales (quepriorizan la exportacin y la asociacin con empresas transnacionales). Marini Teora - Historia ImperialismoSocialismo o Barbarie 241Diciembre 200912 Fernando Henrique Cardoso, que fue terico de la dependencia antes de ser uno de los presi-dentes ms proimperialistas de la historia del Brasil, llamaba de desarrollo asociado (con EE.UU.)al proyecto que Marini bautiz como subimperialista.denomin cooperacin antagnica al proceso de internacionalizacin delcapital local () Este giro multinacional de las clases dominantes se ha conso-lidado en las ltimas dos dcadas y se plasma actualmente en la expansin delas firmas brasileas hacia los pases vecinos. Marini atribua este despliegueforneo a la estrechez de un mercado interno afectado por la fragilidad delpoder adquisitivo. () Estas carencias impulsan a las multinacionales a invertiren el exterior los capitales sobrantes que genera la restrictiva acumulacin inter-na. Como resultado de esta contradiccin, Brasil adopta conductas subimperia-les antes de haber alcanzado el podero que tuvieron las principales econom-as centrales en los siglos XIX y XX. Esta asimetra ilustra las modalidades con-temporneas que adopta el desarrollo desigual y combinado.Es pertinente aqu la referencia al desarrollo desigual y combinado, perocabe retener esta idea de estrechez del mercado interno a la hora de compa-rar el subimperialismo brasileo actual con el postulado en los 70.Repasemos esa experiencia. Andr Gunder Frank recordaba que el de Brasilera el desarrollo intermedio, semiperifrico y asociado o subimperialista msespectacular y reconocido del Tercer Mundo () En su visita oficial a Brasil en1975, Henry Kissinger consagr a Brasil, por encima de todos los dems pasesdel Tercer Mundo, como potencia naciente () Entre 1956 y 1962, el ONBcreci a una tasa anual de casi el 8 por ciento () Desde 1968 a 1974, el PNBbrasileo creci a tasas anuales sostenidas del 10 por ciento () Las exporta-ciones se sextuplicaron entre 1964 y 1975 () (y) el aumento ms espectacularfue el registrado en las exportaciones de manufacturas (La crisis mundial, vol.2, cit., pp. 30-31 y 33). Este lugar preponderante entre las potencias interme-dias fue sancionado por la propia Comisin Trilateral, ente decisivo de la pol-tica imperialista en esa poca: Arabia Saudita, Irn, Brasil y Mxico, por ser lasnuevas grandes potencias, deberan introducirse en los crculos internos queadoptan las decisiones internacionales sobre cuestiones econmicas(International Herald Tribune, 19-8-76, en A. Gunder Frank, cit., p. 23). Si hoyse habla del BRIC (Brasil, Rusia, India, China), ese grupo de nuevas grandespotencias bien podra haberse llamado entonces el BAMI.En qu qued el futuro promisorio de ese Brasil potencia? Sostiene Frank:Los estrechos lmites del milagro econmico y la fragilidad del modelo bra-sileo se hicieron universalmente visibles desde 1974 () El modelo presentatres contradicciones con una fuerza poltica explosiva: en primer lugar, la des-brasilizacin de la economa avanza de tal forma que el poder decisorio se esttransfiriendo a los centros del capital internacional; en segundo lugar, la nece-sidad de bienes importados, tecnologa extranjera y capital extranjero () (y entercer lugar,) un crecimiento econmico alarmante, orientado hacia las necesi-dades de las minoras (dem, pp. 35 y 37). Veamos esto en detalle: Todo estedesarrollo se orquest alrededor del capital multinacional, si no fue dirigido porste, al que la industria brasilea se subordin ms que nunca () Est fuera deduda que los monopolios multi o transnacionales controlan una parte muyimportante de la industria brasilea por medio de empresas mixtas (dem, pp. Teora - Historia Imperialismo242 Socialismo o Barbarie Diciembre 200933-34). En cuanto a la dependencia tecnolgica y de capitales, el crecimientode las importaciones de bienes de capital fue incluso superior al de las expor-taciones lo que redund en dficits de la balanza comercial, financiera y, porende, de cuenta corriente, cuya continuidad origin en los 80 y 90 crisis dedeuda crnicas (dem, pp. 34-35). Y por ltimo, todo el desarrollo se restringea entre el 5 y quiz el 20 por ciento de la poblacin () La caracterstica mssignificativa del modelo brasileo es su tendencia estructural a excluir a la masade la poblacin de los beneficios de la acumulacin y del progreso tcnico(dem, pp. 37-38).En consecuencia, este desarrollo semiperifrico, asociado y subimperialis-ta (dem, p. 40) se demostr incapaz de superar la barrera del atraso y la inser-cin subordinada de Brasil en el orden imperialista. Como resume Chibber,Brasil contrasta con India y Turqua en el sentido de que su desarrollismo fueconfigurado en parte por una poderosa ala de capitalistas ligados al capitalextranjero, principalmente norteamericano (Reviviendo?, cit.). Y el balan-ce que hace Atilio Born de las experiencias de ese perodo en diversos pasesde desarrollo intermedio y aspirantes a subir un escaln en el concierto denaciones es que ninguno dej de ser un pas subdesarrollado, y por eso al dade hoy exhiben los rasgos que caracterizan tal situacin (El mito, cit.).El nico contraejemplo, Corea, segn Vivek Chibber, presenta una combi-nacin de factores histricos y peculiaridades no reproducibles en otros pasesque le permitieron saltar esa barrera. En coincidencia con Chibber, Born afir-ma: Hubo una sola excepcin en la historia econmica contempornea:Corea, el nico pas que en el siglo XX trascendi las fronteras que separan sub-desarrollo de desarrollo. Uno de los pocos, tambin, que a diferencia de los pa-ses de Amrica Latina, jams aplic los buenos consejos del FMI, el BM y elConsenso de Washington y que, por eso mismo, fue el ltimo en subirse al trendel desarrollo capitalista (dem).El interrogante a resolver es si el caso brasileo sigue respondiendo a estascoordenadas o si se ha abierto una nueva oportunidad para los pases inter-medios de acceder al club del desarrollo. La respuesta de Katz, aun tentati-va habla de tendencias y comportamientos subimperialistas, ms que defi-nir taxativamente a Brasil como subimperialista, se orienta claramente en elsegundo sentido: Las semiperiferias han sido subimperialismos (o imperialis-mos) potenciales que prosperaron o abortaron. En Sudamrica esta evolucin sefrustr en Argentina durante la primera mitad del siglo XX, pero contina abier-ta para Brasil. Mltiples razones econmicas, polticas y sociales explican estaevolucin divergente (Amrica Latina, cit.).Sin descartar completamente esa posibilidad, es relevante aqu considerarsi los factores antes citados, que condujeron al fracaso del milagro brasileoen los 70 y condenaron al fracaso a los intentos de industrializacin por susti-tucin de importaciones (peso de la propiedad imperialista, dependencia debienes de capital y divisas, raquitismo crnico del mercado interno) siguenoperando, o se han resuelto, o si otros han tomado su lugar. Teora - Historia ImperialismoSocialismo o Barbarie 243Diciembre 2009No disponemos aqu del espacio (ni de los datos) como para confirmar orefutar la desnacionalizacin del aparato productivo (algo que con toda seguri-dad se verific en Argentina). Pero tenemos pocas dudas de que las formas tra-dicionales de asociacin (en grados variables de subordinacin) con el capitalimperialista siguen gozando de buena salud.Por otra parte, las formas de la dependencia financiera han variado en laregin (y en toda la periferia) desde los 70 hasta ahora: primero (aos 80 y 90)va el servicio de deuda pblica; en la primera dcada de este siglo, los meca-nismos son ms combinados.Lo que sin duda no se puede afirmar es que, a pesar del empuje de las mul-tinacionales brasileas y su creciente presencia regional, esto baste para certifi-car credenciales de desarrollo. Porque, como hemos visto en el caso de laIIRSA, el ncleo de la estrategia de acumulacin capitalista en Brasil pasa hoyno por el aumento de la produccin industrial y el crecimiento continuo delvalor agregado en los productos de exportacin, sino en el aprovechamiento delos altos precios de las commodities de hoy, en primersimo lugar soja y petr-leo. Est aceptado que el crecimiento exportador de Brasil, aun con todo sudinamismo, se da bajo el signo de la reprimarizacin de las exportaciones.Y si hay un factor que no pueda decirse que haya cambiado en lo sustanciales que el crecimiento brasileo, hoy como ayer, no derrama casi nada a lossectores populares y sigue concentrado en franjas estrechas de la poblacin conalta capacidad de consumo. El 10% ms rico de la poblacin se lleva el 45% delingreso nacional, y amplsimos sectores siguen sumergidos en cuanto al nivel deconsumo, apenas por encima del nivel de subsistencia. La extensin del plansocial de Lula, Bolsa Familia, ampliamente elogiado por los analistas burguesescomo asistencialismo exitoso, es al mismo tiempo la prueba palmaria que estepas aspirante a potencia subimperialista es incapaz de garantizar un nivel devida mnimamente digno para la mayora de la poblacin. En este rasgo sepuede encontrar una diferencia profunda con los pases imperialistas clsicos,que s han sido capaces de derramar sobre sus propias clases populares algu-nas de las migajas de la explotacin de ultramar (como lo advirtieran desde elcomienzo del proceso los marxistas clsicos de principios del siglo XX).De esta manera, los elementos nuevos sealados por Katz y otros al comien-zo de esta exposicin deben ser tenidos en cuenta, pero a la vez ponderadosjunto con rmoras de la acumulacin capitalista en Brasil y de su configuracinsocial. Para usar una figura grfica, el desarrollo de Brasil, por ahora, sigue ubi-cndolo ms como cabeza de ratn que como cola de len; esto es, menos unpas recin llegado al crculo de las nuevas potencias a las que se refera laComisin Trilateral que un primus inter pares de la vieja periferia.Y esto hace, a nuestro juicio, a la solidez de la configuracin del ordenimperialista y de las categoras internas de que se compone. En ese sentido, elKatz de 2009 sostiene: Las nociones de semiperiferia y subimperialismo per-miten captar el dinamismo contradictorio del capitalismo. Este sistema peridi-camente transforma las relaciones de fuerza en el mercado mundial. Una foto- Teora - Historia Imperialismo244 Socialismo o Barbarie Diciembre 2009grafa congelada del centro y la periferia impide registrar estos cambios(Amrica Latina, cit.). Sin embargo, el Katz de 2003 se mostraba muchoms reservado respecto de esos cambios peridicos: El margen de creci-miento acelerado que permiti en el siglo XIX a Alemania o Japn alcanzar elstatus de potencia que ya detentaban Francia o Gran Bretaa, no se encuentrahoy al alcance de Brasil, la India o Corea. El mapa mundial ha quedado mol-deado por una arquitectura estable del centro y una geografa variable delsubdesarrollo, dnde slo caben modificaciones del status perifrico de cadapas dependiente (El imperialismo, cit.).Sin necesidad de caer en la fotografa congelada, que efectivamente es unobstculo para dar cuenta de los nuevos desarrollos (Katz trae a colacin, ati-nadamente, el ejemplo de China), nos parece ms justa la definicin citada enltimo lugar. Es crucial mantener la atencin sobre los cambios en el ordenmundial imperialista en una poca histrica que sigue siendo esencialmenteabierta, de transicin y cuyo signo est an por definirse. Pero la impostergabletarea de dar cuenta de las modificaciones en la estructura geopoltica y econ-mica del sistema de naciones no debiera relevarnos de la necesidad de serescrupulosos con las categoras tericas e histricas heredadas de la elabora-cin marxista precedente.Con mayor motivo cuanto que innumerables modas polticas, ideolgicasy tericas, que en muchos casos hicieron poner los ojos en blanco a buena partede la izquierda mundial en la ltima dcada (piadosamente, nos abstendremosde hacer listas de nombres), se han revelado efmeras y unilaterales. Por el con-trario, diversos trabajos marxistas de buen cuo han demostrado su robustezconceptual, pertinencia y capacidad explicativa frente a los acontecimientos ydesafos que ha abierto el siglo XXI, que en muchos casos exhibe un retorno aciertos parmetros clsicos, bien que en un nuevo contexto.Y no se trata aqu de abogar por el conservatismo terico; lejos de ello. Eldesafo para los marxistas es, en todo caso, saber dar nuevas puntadas con elmismo hilo.IIVV.. CCOONNCCLLUUSSIINN:: VVIIGGEENNCCIIAA YY AACCTTUUAALLIIZZAACCIINN DDEE LLAA TTEEOORRAA MMAARRXXIISSTTAA CCLLSSIICCAALa teora marxista del imperialismo, en su versin original, como bien resu-me Katz, conceptualiza dos tipos de problemas. Por un lado, las relaciones dedominacin vigentes entre los capitalistas del centro y los pueblos perifricos, ypor otra parte, las vinculaciones prevalecientes entre las grandes potencias encada etapa del capitalismo (El imperialismo, cit.). Como ya hemos expues-to, Katz concede total vigencia al primer aspecto y propone ciertas modifica-ciones en el segundo, sin que stas sean, a nuestro juicio, superadoras de lamirada clsica. En qu consiste, entonces, esa teora clsica, y qu elementosrequieren agregados, actualizaciones y/o modificaciones?Para dar una posible definicin general, el imperialismo es una etapa delcapitalismo industrial avanzado que ha alcanzado, desde fines del siglo XIX y Teora - Historia ImperialismoSocialismo o Barbarie 245Diciembre 2009comienzos del siglo XX, la suficiente madurez de acumulacin como parahacer sistemticos determinados mecanismos de explotacin econmica ydominio poltico de la periferia atrasada por parte de los pases del centro capi-talista desarrollado. Esto es, constituye una arquitectura jerrquica y asimtricade naciones integradas a la economa mundial capitalista. Aqu reside una desus contradicciones esenciales e inerradicables, contradiccin que es formativadel capitalismo mismo pero cuya agudeza se hace patente en la etapa imperia-lista. Esto es, la existencia, por un lado, de una dinmica econmica del capitaly una vigencia de la ley del valor que operan a escala mundial, por encima defronteras nacionales, y por el otro, de un sistema mundial de estados naciona-les que son el mbito natural de la acumulacin, de la lucha de clases y de laconstitucin misma de esas clases.13Esta arquitectura, o sistema general, como lo llamaba Lenin, es orgnica:no puede concebirse un orden capitalista imperialista de forma distinta, so penade transformarse en otra cosa. Sin querer forzar la analoga, la relacin de explo-tacin y dominio entre burguesa y clase obrera en el mbito nacional es tanconstitutiva del orden capitalista como lo es de su etapa imperialista la relacinde explotacin y dominio entre centro y periferia. Si esta relacin cambia o sedestruye, se ha cambiado o destruido el propio orden imperialista.14 Todos los Teora - Historia Imperialismo246 Socialismo o Barbarie Diciembre 200913 Cabe aclarar a este respecto la diferencia entre burguesa y clase obrera. Ambas se constituyenen el mbito nacional, a partir de la historia econmica, poltica y social especfica de cada esta-do-nacin. Pero aunque la clase capitalista de un pas comparte con la de otros el inters en explo-tar y dominar a los trabajadores (y ese inters comn es particularmente visible cuando se ve ame-nazado por la lucha obrera), tiene a la vez otro inters propiamente nacional, que a corto o largoplazo choca con el de las burguesas vecinas. La base nacional de la acumulacin es una auto-contradiccin flagrante: a la vez que no puede hablarse de acumulacin internacional ms quecomo agregacin (no existe una burguesa mundial, salvo como expresin periodstica sin rigorconceptual), la acumulacin tiende a cada paso a exceder su mbito nacional. Y eso es lo que defondo explica el conflicto permanente abierto o larvado, blico o comercial entre las burguesasnacionales. Esto se suscita incluso ms all de la opresin imperialista, porque tales contradiccio-nes operan tanto entre pases de distinta jerarqua en el orden capitalista mundial como entrepares. Pero, claro est, el nivel de desarrollo alcanzado por el capitalismo en la poca del impe-rialismo hace brotar con frecuencia y agudeza crecientes nuevas contradicciones entre una acu-mulacin voraz y la estrechez de las fronteras nacionales.Nada de esto ocurre con las respectivas clases obreras de esos pases, donde las evidentes diferen-cias de formacin, tradicin, etc., no implican en modo alguno conflicto de intereses, sin que exis-ta aqu, por otra parte, contradiccin entre sus intereses presentes y sus intereses histricos, segnlos entiende el marxismo. Entre otras, es por esta razn por la que el proletariado es una clase mspropiamente universal que la burguesa (aunque, a otro nivel, sta es ms universal que las claseso estratos precapitalistas, etc.).14 Otras corrientes de pensamiento marxistas y semimarxistas tampoco se han subido al caballo dela novsima novedad y siguen poniendo las cosas en su lugar. As, Samir Amin sostiene que, hoycomo ayer, los centros, periferias y diferentes formaciones sociales que participan en el sistemaglobal no son slo formaciones desigualmente desarrolladas, sino formaciones interdependientesdentro de esa desigualdad. En el mismo sentido, Immanuel Wallerstein explica: En lo concer-niente a la posibilidad del desarrollo nacional dentro de la economa capitalista global, es senci-llamente imposible que todos los pases lo logren. El proceso de acumulacin de capital exige unsistema jerrquico en el que el plusvalor se distribuya de manera desigual, tanto geogrficamentecomo entre las clases sociales (Despus del liberalismo, Mxico, Siglo XXI, p. 169).vaivenes y modificaciones de los mecanismos especficos de expolio econmi-co y control poltico deben concebirse a partir de esta configuracin esencial.15Ahora bien, este sistema general de explotacin de la periferia por el centro nopresupone relaciones armoniosas o un acuerdo global entre los pases imperia-listas para el expolio mancomunado y pacfico de los pases atrasados (elultraimperialismo de Kautsky). Por el contrario, la contradiccin mencionadaentre estados nacionales y economa mundial se manifiesta en este caso comoconflicto entre naciones imperialistas por la parte del len en la rapia delmundo colonial y semicolonial, conflicto cuya solucin ltima (temporaria,claro est) no poda ser otra que la guerra.El mrito de los marxistas clsicos, como Lenin, Trotsky y Rosa Luxemburgo(en particular el primero), fue formular y concebir el problema, en un sentidogeneral, en estos trminos. La elaboracin de los tres, aunque de valor desigualrespecto del tema, muestra aspectos que pueden complementarse. Lenin apor-ta la definicin ms global y duradera; Trotsky agrega la cuestin del desarrollocombinado y, sobre todo, la dialctica entre los ciclos econmicos y la lucha declases en las relaciones internacionales; Rosa, aunque presenta la explicacineconmicamente menos convincente, establece un criterio fundamental en lometodolgico: la necesaria vinculacin entre la concepcin sobre el imperialis-mo y una teora de las crisis del capitalismo.Es precisamente este aspecto el que vendr a desarrollar, a fines de los 20,Henryk Grossmann. Apoyndose sobre los trabajos de los marxistas citados, unabundante caudal de informacin emprica y un slido manejo de la obra deMarx, Grossmann desarrolla la funcin propiamente econmica del imperialis-mo, que dilucida en lo terico de manera ms completa que Lenin. Asimismo,en todo momento Grossmann toma como marco de referencia la dinmica dela acumulacin capitalista, que librada a su tendencia natural conduce irre-mediablemente a la crisis y al derrumbe de esa acumulacin por valorizacininsuficiente.16 Por ltimo, el anlisis del marxista centroeuropeo de la exporta-cin de capital, el comercio exterior, la lucha por el control de las materias pri-mas y el inevitable desarrollo de los elementos especulativos y parasitarios delcapitalismo imperialista son de una seriedad y profundidad tales que ameritansu inclusin en la tradicin marxista clsica. Teora - Historia ImperialismoSocialismo o Barbarie 247Diciembre 200915 Naturalmente, el carcter orgnico de esta relacin centro-periferia implica tambin que sta lti-ma ocupa un lugar indispensable en el funcionamiento y reproduccin del capitalismo imperialis-ta. Algo que no aparece, como ya hemos visto, en la conceptualizacin de Robert Brenner, paraquien los circuitos fundamentales de la acumulacin se dan entre los pases del centro (no men-ciona al imperialismo), mientras que la periferia, aun si se reconoce que es explotada y oprimida,no cumple un papel esencial. Es evidente que, conforme a la teora del imperialismo que defende-mos aqu, es impensable que los pases capitalistas del centro puedan dispensarse tan alegrementede la periferia (vase la crtica de Roberto Ramrez en Sobre, cit.).16 No debe confundirse derrumbismo como interpretacin de la teora de las crisis econmicasen el capitalismo (esto es, el carcter necesariamente autocontradictorio de la dinmica de la acu-mulacin y por ende el no menos necesario advenimiento de las crisis econmicas, cuya resolu-cin poltica depende de la lucha de clases concreta) con el catastrofismo como teleologa o filo-sofa de la historia, o siquiera como teora econmica.A grandes rasgos, podemos identificar dos fases econmico-polticas en elmundo imperialista desde estas elaboraciones del marxismo clsico hasta hoy.La primera fase abarc desde la posguerra hasta mediados de los 70, y estu-vo signada por procesos econmicos el perodo de expansin de los 30 glo-riosos aos desde 1945, el Estado de bienestar, los intentos de desarrollo de laperiferia mediante la industrializacin por sustitucin de importaciones y pol-ticos, en especial la consolidacin de EE.UU. como imperialismo hegemnicoy del bloque socialista liderado por la URSS como contendientes de la GuerraFra, la descolonizacin de frica y Asia y los movimientos nacionalistas bur-gueses.En este perodo, el principal cuestionamiento a la teora marxista del impe-rialismo vino desde el mbito de la burguesa (las etapas del crecimiento eco-nmico de W.W. Rostow y luego las versiones ms sofisticadas del desarrollis-mo de la CEPAL), que dieron pie a la ilusin de que el camino al desarrolloestaba abierto para cualquier pas que adoptara los instrumentos adecuados depoltica econmica. Es decir, una visin tecnocrtica y nacionalista que pasabapor alto o subordinaba los vnculos de dependencia, como si la mera planifica-cin econmica local pudiera superar las debilidades estructurales de un capi-talismo atrasado y sometido a explotacin. El espejismo del ascenso de los pa-ses aspirantes a nuevas potencias cuyas deficiencias ya hemos sealado secombin con todo tipo de estrategias reformistas, en general basadas en la con-tradiccin supuestamente insalvable entre burguesa nacional (o industrial)e imperialismo. En el marxismo latinoamericano, el aporte de Milcades Peaen el sentido de demoler sin misericordia las premisas tericas, econmicas ypolticas de esa estrategia, a partir de una reivindicacin del acervo clsicoadaptado a las condiciones de la regin en la posguerra, debe considerarseinvalorable e insuperado para ese perodo.En la segunda fase, que edific los pilares de la mundializacin capitalista,se asisti a la crisis irreversible de todos los elementos que dieron forma al per-odo anterior, salvo el primero: la hegemona yanqui, convertida a la salida dela cada del bloque sovitico en aparente superimperialismo.Lo primero a sealar es que las nuevas caractersticas que presenta la globa-lizacin-mundializacin del capitalismo han conducido a una serie de elabora-ciones que apresuradamente se ofrecieron como explicaciones alternativas a lateora marxista. En general, tales modas tericas se aferraban a rasgos efectiva-mente existentes, pero los trataban de manera antidialctica, abstrayndolos yabsolutizndolos hasta la caricatura. El ms importante de ellos es el avance de los procesos de transnacionaliza-cin productiva y financiera. A partir de esta tendencia real, brotaron comohongos teoras de la desterritorializacin, el Estado capitalista mundial, ladefinitiva deslocalizacin de la produccin y hasta la desaparicin de losestados nacionales. Para no hablar, en cuanto al desarrollo de la especulacinfinanciera, del capitalismo post industrial, la economa casino y un sinfn denovedades tericas por el estilo, hijas del impresionismo ms incauto. Teora - Historia Imperialismo248 Socialismo o Barbarie Diciembre 2009Contra semejantes exageraciones, corresponde, a la vez que se da cuenta delo verificable, reafirmar los lmites precisos de las tendencias sealadas, quehacen a la permanencia de la contradiccin entre economa y poltica, entrecapital y fronteras nacionales. No se trata slo de que es ms fcil transferirbillones de dlares va electrnica que radicar la dcima parte de esa cifra enplantas productivas en el extranjero, sino que la dominacin poltica se sigueejerciendo va los estados, que a diferencia del capital transnacional carganhistorias, tradiciones y relaciones de fuerza entre las clases que se procesan enla poltica (y tambin, aunque de manera ms mediada, en la economa).Por otro lado, ms fecundo que divagar con una nueva estructura del capi-talismo a partir del aumento de la masa de capital especulativo, por ejemplo, escontextualizar ese fenmeno como parte de las vas de escape a los lmites dela valorizacin del capital, como advierte la teora marxista. Que la espiral espe-culativa y ajena a la produccin de plusvalor no puede extenderse indefini-damente tuvo en la ltima dcada dos confirmaciones categricas. La primerafue hacia el cambio de siglo, con el derrumbe de las tecnolgicas puntocom,cuya valorizacin burstil haba perdido toda correlacin con la economareal pero haba alimentado todo tipo de teorizaciones superficiales y ad hocsobre la nueva economa inmaterial, etc. La segunda, naturalmente, es laactual crisis mundial, cuyo elemento detonante fue el estallido de la burbujaespeculativa inflada a partir de las hipotecas en EE.UU. Es significativo que pre-cisamente ese tipo de mecanismo especulativo haya sido sealado por la teoramarxista como un recurso desesperado del capital para retomar la valorizacin(vase H. Grossmann, cit., pp. 349 y ss.).La globalizacin-mundializacin presenta otros rasgos especficos como elcreciente parasitismo y desigualdad, el militarismo, la depredacin del medioambiente, nuevas formas productivas y otros, sobre los que no podemos exten-dernos aqu. Pero, en su mayor parte, tales rasgos no son completamente nue-vos, sino una profundizacin o modificacin no necesariamente funcional deelementos presentes en fases previas.Es materia de debate si la primera dcada del siglo XXI representa la conti-nuidad de esa fase o si est sentando las bases de una nueva fase de destino anincierto. Por lo pronto, ya se verifica un cambio sustancial con el perodo abier-to a fines de los 70: la crisis de la hegemona de EE.UU., aun sin vislumbrarseuna potencia imperialista de recambio.En todo caso, el fin de la transitoria unipolaridad, como hemos sealadoen el punto anterior, no necesariamente debe desembocar en una multipolari-dad que abrira el juego a un orden imperialista distinto, con cambios sustan-ciales en la cantidad y ubicacin de actores en ese esquema. El hecho de queno aparezca en el horizonte un firme candidato a sucesor de EE.UU. comopotencia imperialista hegemnica no es en s mismo contradictorio con la teo-ra marxista. sta, lejos de exigir siempre una potencia dominante, por el con-trario, nace justamente en un perodo en que esa hegemona no era definida.Las guerras mundiales aclararon el panorama, pero es un error suponer que para Teora - Historia ImperialismoSocialismo o Barbarie 249Diciembre 2009el marxismo imperialismo significa guerra permanente, sino que en todo casorepresenta el recurso extremo de las tendencias al conflicto interimperialista. Esverdad que el carcter definitivo de una guerra nuclear interimperialista pare-ce haber puesto ese recurso en suspenso por dcadas, especialmente mientrasel orden imperialista sea capaz de desplazar el escenario de conflicto a la peri-feria con guerras ms convencionales. Pero caben aqu dos observaciones.Primero, no hay ningn motivo para confiar indefinidamente en la racionali-dad del imperialismo; por el contrario, su carcter de fase destructiva e irra-cional impide descartar de plano la posibilidad del suicidio de un orden social.Y segundo, tal como predice la teora marxista, no hay superimperialismo(una sola potencia que oprime a sus rivales y al resto) ni menos ultraimperia-lismo (acuerdo general y duradero entre potencias imperialistas para explotara la periferia). En todo caso, slo puede afirmarse que por ahora las contradic-ciones interimperialistas supuran por vas no blicas. Pero la actual crisis y, deconfirmarse ese cambio, la nueva fase del orden imperialista estn lejos dehaber dicho su ltima palabra y de haber agotado su arsenal de sorpresas.En cuanto a la cuestin de los subimperialismos y de los candidatos alascenso de categora en el orden imperialista, dejando sentado que se trata deun debate abierto y de una preocupacin lcita, nuestro punto de vista es que,a la luz de las fallidas experiencias de los 60 y los 70 (cuyo fracaso, por otraparte, no fue inmediatamente visible), conviene ser cauto en lo que hace a sbi-tos modificaciones de la arquitectura imperialista. El esquema de Charles AlbertMichalet de cuatro categoras de pases es un ejemplo posible de cmo darcuenta de una geografa poltica de naciones que, sin ser esttica ni muchomenos, se mueve dentro de lmites estructurales que se han revelado hasta hoyaltamente estables. Los cambios de lugar, cuando ocurren, muy rara vez remi-ten a un ascenso o descenso en las categoras fundamentales de pases, sinoms bien dentro de ellas.A todas estas consideraciones generales cabe agregar el criterio metodolgi-co de que estas modificaciones, especialmente las que hacen a perodos demayor independencia poltica relativa de regiones de la periferia respecto delcentro, estn indisolublemente ligadas a los procesos de lucha de clases. Por darun ejemplo cercano: es evidente la crisis de EE.UU. en cuanto su capacidad decontrol y dominio sobre Amrica Latina. Pero esto no se debe exclusivamente asu declive general en el concierto de las potencias imperialistas, sino a las cri-sis sociales y polticas a que dio origen esa dominacin y la consecuente res-puesta del movimiento de masas, con rebeliones populares que llevaron alpoder a gobiernos de centroizquierda en casi toda la regin. Ambos procesos sealimentan recprocamente: la crisis de hegemona le impide a EE.UU. respon-der con la contundencia de antao, y las nuevas relaciones de fuerza en laregin ponen de manifiesto y profundizan esa crisis hegemnica.No hay correlato mecnico ni relacin preestablecida de sobredetermina-cin entre dinmica de la acumulacin capitalista y lucha de clases, entre cicloseconmicos y ciclos polticos. Sin duda, el imperio de la ley del valor y las exi- Teora - Historia Imperialismo250 Socialismo o Barbarie Diciembre 2009gencias de la acumulacin son el sustrato material de toda configuracin delorden capitalista, pero precisamente porque el imperialismo debe conjugar rela-ciones de explotacin econmica y dominacin poltica es que esa ltima ins-tancia (incluida la accin del Estado) tiene una especificidad no reducible a ladinmica econmica, aunque se mueva dentro de sus lmites.17Por otro lado, todo proyecto, capitalista o socialista, que tenga la pretensinde ignorar las leyes de la economa capitalista invocando la primaca de lopoltico o, como deca Mao Tse Tung, la poltica al puesto de mando,encuentra ms pronto que tarde la materialidad de esos lmites. As ocurri conlos movimientos desarrollistas del nacionalismo burgus (incluso el ms radi-cal); as ocurri con los estados burocrticos mal llamados socialistas y asocurre con las experiencias como la de socialismo del siglo XXI. En la medi-da en que la respuesta estratgica al orden capitalista imperialista no sea la deruptura revolucionaria con l y apuesta a la revolucin obrera y socialista inter-nacional, toda salida intermedia est condenada, en razn de la realidadsuperior de la economa capitalista mundial (y ms an en su fase mundializa-da), a ser fagocitada por ella.Es verdad que en Amrica Latina, como en todas partes, el socialismo nopodr ser calco y copia, sino invencin heroica de nuestros pueblos (Mari te -gui). Pero las herramientas tericas y prcticas no se inventan de la nada. Elsocialismo es, tambin, una sntesis de las experiencias de lucha del movi-miento obrero, de los pueblos y sectores sociales explotados y oprimidos. Y laslecciones que ofrecen el siglo XX y lo poco que hemos transitado del siglo XXIson inequvocas en el sentido de confirmar los grandes lineamientos de la ela-boracin marxista sobre el imperialismo. No hay atajos, no hay proyectos capi-talistas alternativos, no hay lugar para formas bastardas de socialismo: el cami-no de la lucha antiimperialista, de la lucha por liberar a nuestros pases de ladependencia, conduce inexorablemente a la afectacin de la propiedad capita-lista, a la revolucin social, al poder de la clase obrera y sus aliados explotadosy oprimidos, a la transicin al socialismo, a la Federacin de Estados Socialistasde Amrica Latina. Cinco siglos de capitalismo y uno de imperialismo confir-man que toda otra va es en verdad una va muerta para los trabajadores y lasmasas de nuestro sufrido y combativo continente. Teora - Historia ImperialismoSocialismo o Barbarie 251Diciembre 200917 Aqu disentimos de los compaeros de Razn y Revolucin, que en su loable propsito de criti-car el politicismo que se desentiende de las determinaciones estructurales de la acumulacincapitalista y autonomiza absolutamente el elemento voluntarista, terminan disolviendo todaespecificidad de la poltica y de las relaciones entre estados, cuyas diferencias de fuerza relativa noreflejaran otra cosa que la fortaleza de sus capitales respectivos. As, la accin del Estado, comola dinmica poltica en general, responder a determinaciones econmicas regidas por la compe-tencia, lo que nos parece una reduccin totalmente abusiva de las relaciones dialcticas entreambas esferas (J. Kornblihtt, Crtica del marxismo liberal, Buenos Aires, RyR, 2009, p. 36).BBIIBBLLIIOOGGRRAAFFAAAMIN, Samir: El desarrollo desigual, Buenos Aires, Planeta, 1986.BAUDINO, Vernica: El ingrediente oculto, Buenos Aires, RyR, 2009.BORN, Atilio: El mito del desarrollo capitalista nacional en la nueva coyuntura polti-ca, Argenpress, 15-2-07.BUJARIN, Nicolai: La economa mundial y el imperialismo, Mxico, Pasado y Presente,1987.CALVO, Thomas: Iberoamrica de 1570 a 1910, Barcelona, Pennsula, 1996.CHIBBER, Vivek: Reviviendo el estado desarrollista? El mito de la burguesa nacional,Socialist Register 5, 2005.COLLETTI, Lucio (comp.): El marxismo y el derrumbe del capitalismo, Mxico, Siglo XXI,1985.DUMENIL, Grard y LVY, Dominique: O imperialismo na era neoliberal, Cepremap,2004.FRANK, Andr Gunder: La crisis mundial, 2 vol., Barcelona, Bruguera, 1979. Lumpenburguesa: lumpendesarrollo, Barcelona, Laia, 1979.GROSSMANN, Henryk: La ley de la acumulacin y del derrumbe del sistema capitalista,Mxico, Siglo XXI, 1984.GUILLN R., Arturo: Amrica Latina en la encrucijada de la crisis global, Amrica Latinaen Movimiento, 18-6-09.HARMAN, Chris: Argentina: rebellion at the sharp end of the world crisis, InternationalSocialist Journal 94, septiembre 2002.HARVEY, David: El nuevo imperialismo (entrevista), Sin permiso, 21-5-06.KATZ, Claudio: Amrica Latina frente a la crisis global, 10-2-09, en www.socialismo-o-barbarie.org. El imperialismo del siglo XXI, en Socialismo o Barbarie 15, septiembre 2003.KORNBLIHTT, Juan: Crtica del marxismo liberal, Buenos Aires, RyR, 2009.LENIN, Vladimir I.: El imperialismo, etapa superior del capitalismo, Buenos Aires, Anteo,1973.LUXEMBURGO, Rosa y BUJARIN, Nicolai: El imperialismo y la acumulacin de capital,Crdoba, Pasado y Presente, 1975.MANDEL, Ernest, Tratado de economa marxista, 3 vol., Mxico, Era, 1975-1983.MARX, Karl: El capital, 8 vol. (libros I a III), Mxico, Siglo XXI, 1985.NAVILLE, Pierre: Le nouveau Lviathan, 7 vol., Paris, Anthropos, 1970.OJEDA, Igor y BRASILINO, Luis: Interconexiones para el mercado externo y saqueo a granescala. Las venas (cada vez ms) abiertas de Amrica Latina, ALAI, 12-2-08.PEA, Milcades: Industrializacin y clases sociales en Argentina, Buenos Aires,Hyspamrica, 1986. Industria, burguesa industrial y liberacin nacional, Buenos Aires, Fichas, 1974. Antes de Mayo, Buenos Aires, Fichas, 1973. El paraso terrateniente, Buenos Aires, Fichas, 1972.PETRAS, James: Reconsideracin del desarrollo de Latinoamrica y el Caribe para el sigloXXI, La Haine, 4-9-09. Estado imperial, imperialismo e imperio, Rebelin, 9-7-05.RAMREZ, Roberto: La mundializacin del capitalismo imperialista y nuestro programa,mimeo, 1995. Sobre El boom y la burbuja, de Robert Brenner, en Socialismo o Barbarie 15, sep- Teora - Historia Imperialismo252 Socialismo o Barbarie Diciembre 2009tiembre 2003.ROSDOLSKY, Roman: Gnesis y estructura de El capital de Marx, Mxico, Siglo XXI, 1986.ROSTOW, W.W.: Las etapas del crecimiento econmico. Un manifiesto no comunista,Mxico, FCE, 1970.SENZ, Roberto: Crtica del romanticismo anticapitalista, Socialismo o Barbarie 16,abril 2004. Nacionalismo burgus y frentepopulismo en Amrica Latina, Socialismo o Barbarie20, diciembre 2006. Tras las huellas del socialismo nacional, Socialismo o Barbarie 21, noviembre2007.SHAIKH, Anwar: Valor, acumulacin y crisis, Buenos Aires, RyR, 2006.SWEEZY, Paul: Teora del desarrollo capitalista, Mxico, FCE, 1981.TROTSKY, Len: El Programa de Transicin, La Paz, Crux, s.f. La revolucin permanente, La Paz, Crux, 1991. Sobre los sindicatos, Buenos Aires, Pluma, 1975. Una escuela de estrategia revolucionaria, Buenos Aires, Del Siglo, 1973. Incluye Lasituacin mundial y La curva de desarrollo capitalista. Flujos y reflujos, www.ceip.org.ar.WALLERSTEIN, Immanuel: Despus del liberalismo, Mxico, Siglo XXI, 1996.ZIBECHI, Ral: El nuevo militarismo en Amrica del Sur, ALAI, 2-6-05. El nuevo imperialismo en Amrica Latina, ALAI, 29-4-04. Globalization or national bourgeoisie: an outdated debate, ALAI, 9-10-03. Teora - Historia ImperialismoSocialismo o Barbarie 253Diciembre 2009

Recommended

View more >