Imperialismo y Educación en América ?· ciones del imperialismo no s e convierten automáticamente…

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    26-Sep-2018

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Imperialismo y Educacin en Amrica Latina s.n. 8 Noviembre 1980 El alcance ideolgico de las teoras pedaggi-cas norteamericanas sobre el sistema educati-vo latinoamericano, para muchos, siempre ha sido bastante obvio. Faltaba, sin embargo, un estudio profundo de los contenidos de la pe-netracin y, an ms, una interpretacin de los modos que asume el discurso pedaggico imperialista en Amrica Latina. Este es el hueco que intenta Henar el libro de Adriana Puiggrs, "Imperialismo y eduacin en Amrica Latina" (Editorial Nueva imagen, Mxico, 1980,234 pginas). Las crticas al funcionalismo, al althusse-nanismo y al desarrollismo aparecen sin panfleto y con fundamentos, a partir de una lcida revisin de los efectos de la dependen-cia, la lucha de clases y los sistemas educati-vos vigentes en lo que Mart llam "nuestra Amrica". As, "los elementos de mayor im-portancia que tienen en comn los sistemas educativos de Amrica Latina son bsicamen-te dos dice la autora : La innecesaredad de que el sistema escolar forme masivamente mano de obra..., y la necesidad de que el sis-tema escolar garantice la educacin de los diri-gentes" . Un enfoque aparentemente fatalista, que inmediatamente ella misma se encarga de desvalorizar, cuando advierte que "las inten-ciones del imperialismo no se convierten automticamente en polticas exitosas puesto que para ello deberan lograr el triunfo sobre las fuerzas sociales que intentan dominar". De alguna manera, Puiggrs se inscribe en la necesidad de quebrar previamente los mitos delprogreso, para locual analiza las races ideo-lgicas del "norteamericanismo", trmino en el que sigue a Antonio Gramsci, quien afirma-ba la no transplantabilidad de esa ideologa. La ruptura del mito, por otra parte, recuerda a los trabajos del revisionista argentino Arturo Jauretche, uno de los idelogos de la izquier-da peronista (lnea en la cual se inscribe Puiggrs), cuando en 1959 deca que "el mito del progreso indefinido excluy todo anlisis de la realidad y de las causas sociales y econmicas y de los factores de cultura, para subordinar sus conclusiones a la premisa pre-via llamada cientfica, por donde, en nombre de la ciencia, se prescindi en absoluto de to-do mtodo cientfico de informacin e in-terpretacin". Y deca Jauretche que "la nacin es una vi-da, es decir, una continuidad", para luego sealar que la comprensin del pas concreto (como categora opuesta al "pas abstracto") requera pensar "una poltica nacional (que) exige pensar en el pas como es, en su geografa, en su poblacin, en su economa y en su cultura". Exactamente sa pareciera ser la lnea pre-dominante en el libro de Puiggrs, en el que campea un sentido de lo nacional, pero de lo nacional latinoamericano que no es dema-siado frecuente encontrar en estos tiempos de abstracciones y de chovinismo. Lo dice la autora, cuando explica cmo a pesar de los esfuerzos de las oligarquas libera-les (por ejemplo en el caso de Argentina) no pudieron impedir el surgimiento de movimien-tos populares (el yrigoyenismo, el peronismo, el varuismo, el cardenismo) los que ratifica-ban que "la tan combatida 'barbarie' segua existiendo con sus caractersticas antipatro-nales, antimperialistas y populistas, a pesar de muchas dcadas de escolaridad". Y explica, entonces, que en Argentina, en esos momen-tos crticos de la lucha de clases, "no se enfrentaron escolarizados y no escolarizados, sino clases sociales con intereses antagni-cos " . Aspecto que retoma, con el sentido continental apuntado, cuando en la conclu-sin Puiggrs seala: "Las ambiciones del im-perialismo chocan, sin embargo, contra 'obs-tculos' quiz insalvables para sus objetivos, en Amrica Latina. Unos los llaman barbarie; otros los llamamos experiencia y cultura de ci-vilizaciones expoliadas, violadas, poseedoras de una centenaria fortaleza que les ha permiti-do el desarrollo de procesos ocultos de repro-duccin de lo suyo y les ha posibilitado levan-tar vallas frente al avance de otra civilizacin". Es a ellas a las que temen, evidentemente, los tericos de la educacin y la pedagoga im-perial, a los que refuta la autora a lo largo de estas pginas, preadas de un tono polmi-co, erudito y a la vez implacablemente antim-perialista. "El frrago, el frrago es lo que nos mata", escriba Alfonso Reyes en 1941, cuando a propsito de los valores de la literatura hispa-noamericana l tambin se preocupaba por ta penetracin y, aunque sin un anlisis ideolgi-co , tambin apreciaba la importancia de lo que se podra llamar la resistencia cultural latino-americana. "A l mundo no debemos mostrar canteras y sillares escriba Reyes, sino a ser posible edificios ya construidos. De lo contrario tendremos que resignarnos a ser mal entendidos; o a que los extraos nos hagan el edificio conforme a perspectivas desviadas; o lo que es peor, a que este edificio pretendan lavantarlo los supernumerarios de las culturas extranjeras, los que no encuentran ya cabida dentro de su propio terreno." . Y es que, pareciera, la lucha por la cultura propia, por intentar lo que Puiggrs llama "la construccin de una pedagoga que contribu-ya a establecer vnculos transformadores entre los intelectuales y las masas, entre la teora y la prctica, entre la reflexin y la accin trans-formadora", no puede prescindir del previo, exacto conocimiento del discurso imperial. Discurso que, muchas veces, "incorpora in-terpelaciones de las clases populares latino-americanas, subordinndolas", en el aspecto quiz ms cnico de la dominacin cultural, para lo que suele "articularse con el discurso pedaggico de las clases dominantes naciona les", naturales aliadas de sus modelos impe-riales. A ese previo, exacto conocimiento, contri-buye esta obra necesaria que, no por rispida y erudita, deja de ser imprescindible para la comprensin cabal de los verdaderos signifi-cados de la dominacin imperialista.

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