Horror en el museo

  • Published on
    05-Aug-2016

  • View
    212

  • Download
    0

DESCRIPTION

 

Transcript

<ul><li><p>HORROR EN EL MUSEOH. P. LOVECRAFT Y HAZLE HEALD</p><p>HORROR EN EL MUSEOH. P. Lovecraft y Hazel Heald</p><p>I</p><p>Fue una desganada curiosidad lo que llev en un principio aStephen jones al Museo de Rogers. Alguien le habacomentado algo acerca del extrao establecimientosubterrneo de la calle Southwark, cruzando el ro, dondehaba estatuas de cera mucho ms horribles que las peoresefigies expuestas en el museo de Madame Tussaud, y sehaba acercado all uh da de abril para ver cunta decepcinpoda causarle. Extraamente, no fue as. Haba algodiferente y peculiar all, despus de todo. Por supuesto, nofaltaban los truculentos tpicos: Landr, el doctor Crippen,Madame Demers, Rizzio, Lady jane Grey, interminablesvctimas mutiladas de la guerra y la revolucin, y monstruosdel tipo de Gilles de Rais y el Marqus de Sade; pero tambinhaba otros seres que aceleraron su respiracin y le hicieronquedarse hasta que son la campanilla de cierre. El hombreque haba diseado tal coleccin no poda ser un vulgarsaltimbanqui. Haba imaginacin, incluso genio enfermizo,en algunos de sus trabajos.Ms tarde, haba indagado acerca de George Rogers. Elhombre haba estado en el equipo del Tussaud, pero algnproblema haba hecho que lo abandonara. Se comentabanmaledicencias acerca de su estado mental y chismes sobre suenloquecida forma de trabajar en secreto, aunque,posteriormente, la prosperidad de su propio museosubterrneo haba embotado el filo de algunas crticas, altiempo que afilado las insidiosas puntas de otras. Lateratologa e iconografa de pesadilla eran sus pasiones, eincluso l haba tenido el tacto de emplazar algunas de suspeores efigies en una sala especial reservada a los adultos.sa era la estancia que tanto fascinara a Jones. Hababastardas entidades hbridas que slo la fantasa podaincubar, modeladas con diablica pericia y coloreadas conuna horrible semejanza de vida.</p><p>UNIVERSIDAD MISKATNICA LOVECRAFTIANA</p><p>1</p></li><li><p>HORROR EN EL MUSEOH. P. LOVECRAFT Y HAZLE HEALD</p><p>Algunas eran las figuras de los mitos habituales: gorgonas,quimeras, dragones, cclopes y todos sus tenebrososcongneres. Otras estaban extradas de ciclos de soterradasleyendas ms oscuras y que se mencionaban en un tono msfurtivo; el negro e informe Tsathoggua, el multitentaculadoCthulhu, el proboscdeo Chaugnar Faugn y otras blasfemiasinsinuadas en prohibidos libros, tales como el Necronomicn,el Libro de Eibon, o los Unaussprechlicben Kulten de VonJunzt. Pero lo peor de todo eran aquellos seres:completamente nuevos para Rogers, y mostrando figuras queningn relato de la antigedad os jams siquiera insinuar.Algunas eran odiosas parodias de formas de vida orgnicasconocidas mientras que otras parecan extradas de febrilessueos sobre otros planetas o galaxias. Las extraas pinturasde Clark Asthon Smith podran sugerir algo de eso... peronada poda insinuar el efecto de punzante, espantoso terrorprovocado por el gran tamao y el trabajo diablicamentehbil, as como las infernales e ingeniosas condiciones de luzbajo las que se exhiban.Stephen Jones, como ocioso degustador de la extravaganciaen el arte, haba visitado al propio Rogers en su sombraoficina o taller, ms all de la estancia abovedada delmuseo... una cripta que causaba espanto a la Vista:alumbrada dbilmente por polvorientas ventanas emplazadascmo troneras horizontales en la pared de ladrillo, al nivel delos antiguos adoquines de un patio interior. Era all donde serestauraban las imgenes... all, tambin, era donde seelaboraban. Brazos, piernas, cabezas y torsos de cera yacanen grotesca mescolanza sobre varios bancos de trabajo,mientras que en altas estanteras se entremezclabanindiscriminadarnente pelucas enmaraadas, dientes deaspecto hambriento y ojos de cristal de mirada fija. Vestidosde todas clases pendan de ganchos y, en una estancia, habagrandes pilas de cera color carne, as como estantes colmadoscon botes de pintura y pinceles de todos tipos. En el centro dela habitacin haba un gran horno usado para preparar la cerapara su moldeado, con el hogar cubierto por un inmensorecipiente de hierro con bisagras, con un cao que permitaverter la cera fundida mediante el simple toque de un dedo. </p><p>UNIVERSIDAD MISKATNICA LOVECRAFTIANA</p><p>2</p></li><li><p>HORROR EN EL MUSEOH. P. LOVECRAFT Y HAZLE HEALD</p><p>Otras cosas en la deprimente cripta eran menos descriptibles:solitarias partes de problemticas entidades cuyas formascompletas eran los fantasmas del delirio. En otro extremohaba una puerta de pesadas planchas de madera aseguradacon un candado inslitamente grande y un smbolo muycurioso pintado en su superficie. Jones, que haba tenidoacceso, en cierta ocasin, al temible Necronomicn, seestremeci involuntariamente al reconocerlo. Esteempresario, reflexion, deba ser sin duda una persona deerudicin desconcertantemente amplia en campos oscuros ydudosos.Tampoco le defraud la conversacin de Rogers. El hombreera alto, delgado y bastante desaliado, con grandes ojosnegros que relumbraban en un semblante plido yhabitualmente cubierto por una barba de varios das. No lemolest la intrusin de Jones, antes al contrario, pareci darla bienvenida a la oportunidad de desahogarse con alguieninteresado. Su voz era singularmente profunda y resonante, yalbergaba una especie de refrenada intensidad que bordeabalo febril. Jones no se asombr de que muchos le consideraranun demente.Mediante sucesivas preguntas y las que en semanassucesivas se convertiran en algo parecido a un hbito-, Joneshaba encontrado a Rogers progresivamente comunicativo yabierto. Desde el principio, hubo indicios de extraascreencias y prcticas por parte del empresario, y, ms tarde,tales insinuaciones se convirtieron en relatos abiertos cuyaextravagancia a pesar de una pocas fotografas deprueba era casi cmica; Fue un da de junio, una noche queJones haba llevado una botella de buen whisky, cuandoreplic a su anfitrin algo libremente que los relatosresultaban verdaderamente demenciales. Previamente, hubosalvajes narraciones:comentarios sobre misteriosos viajes al Tbet, al interior defrica, al desierto de. Arabia, al valle del Amazonas, Alaskay algunas islas poco conocidas del Pacfico Sur, adems dejactancias de haber ledo algunos libros monstruosos y casimticos, tales como los prehistricos fragmentos Pnakticos ylos cnticos del Dhol, atribuidos a la maligna e inhumana</p><p>UNIVERSIDAD MISKATNICA LOVECRAFTIANA</p><p>3</p></li><li><p>HORROR EN EL MUSEOH. P. LOVECRAFT Y HAZLE HEALD</p><p>Leng; pero nada de todo esto haba sido taninconfundiblemente demencial como lo que haba salido arelucir aquella tarde de junio bajo el influjo del whisky Para ser sinceros, Rogers comenz haciendo vagos alardes dehaber descubierto ciertos seres en la naturaleza que nadieencontrara antes y haber vuelto con pruebas tangibles de talesdescubrimientos. Segn su perorata etlica, haba llegado mslejos que nadie en la interpretacin de los oscuros yprimordiales libros que estudiara, siendo encaminado porellos a algunos remotos lugares donde se ocultaban extraossupervivientes... supervivientes de eones y ciclos vitalesanteriores a la humanidad, en algunos casos conectados conotras dimensiones y mundos; una comunicacin que era fre-cuente en los olvidados das prehumanos. Jones se maravillde las fantasas que tales ideas podan conjurar y se pregunttambin cul sera el historial mental de Rogers. Habra sidosu trabajo entre los enfermizos espantajos del MadameTussaud el inicio de tales vuelos de la imaginacin o, por elcontrario, era una tendencia innata, y la eleccin de su trabajoera simplemente una de sus manifestaciones? De cualquierforma, el trabajo del hombre estaba estrechamente ligado asus ideas. Hasta entonces, no haba confundido la tendencia?de sus sombras insinuaciones con las monstruosidades depesadilla de la velada sala de Slo adultos&gt;&gt;. Descuidandoel ridculo, intentaba insinuar que no todo en aquellasanormalidades demonacas era artificial. Fue el abierto excepticismo y diversin de Jones ante talespretensiones irresponsables lo que cortaron la crecientecordialidad. Rogers, evidentemente, se tornaba todo aquellomuy en serio; de ah en adelante, se tom parco de palabras yresentido, tolerando a Jones slo gracias a una tenaz ansiedadde romper su muro de educada y complaciente incredulidad.Continuaron los cuentos estrafalarios y las sugerencias sobreritos y sacrificios a los indescriptibles dioses primordiales, y,a cada momento, Rogers poda guiar a su invitado a una delas odiosas blasfemias de la sala vedada y mostrar las faccio-nes difciles de compaginar con incluso la ms delicadaartesana. Jones continuaba sus visitas impelido por unafascinacin, aunque era consciente de haber perdido la estima</p><p>UNIVERSIDAD MISKATNICA LOVECRAFTIANA</p><p>4</p></li><li><p>HORROR EN EL MUSEOH. P. LOVECRAFT Y HAZLE HEALD</p><p>de su anfitrin. A veces intentaba congeniar con Rogersmediante fingidos asentimientos a sus locas insinuaciones oafirmaciones, pero el enjuto empresario rara vez resultabaengaado por tales tcticas.La tensin culmin en septiembre. Jones se haba dejado caercasualmente en el museo una tarde y deambulaba por lospenumbrosos corredores, cuyos horrores le eran ahora tanfamiliares, cuando escucho un sonido muy curiosoproveniente de la direccin del taller de Rogers. Otros loescucharon tambin y se sobresaltaron nerviosamentemientras los ecos retumbaban por el gran stano abovedado.Los tres empleados cambiaron extraas miradas, y uno deellos, un oscuro y taciturno sujeto de aspecto extranjero quesiempre oficiaba como encargado de Rogers, sonri de unaforma que pareci confundir a sus colegas y que hiriviolentamente la sensibilidad de Jones. Era el aullido o elgrito de un perro, y era un sonido lanzado bajo un espantosupremo entremezclado con agona. Su frenes desnudo yangustiado era espantoso de escuchar y, en aquelestablecimiento de grotesca anormalidad, resultabadoblemente odioso. Jones record que no se admitan perrosen el museo.Estaba a punto de ir hasta la puerta que llevaba al taller;cuando el oscuro empleado le detuvo con palabras y gestos.Mr. Rogers, dijo el hombre, con una suave y ligeramenteacentuada voz, al tiempo apologtica y vagamente sardnica,estaba fuera y haba rdenes tajantes de no admitir a nadie enel taller en su ausencia. Respecto a aquel aullido, sin dudaproceda del patio adjunto al museo. La vecindad estaba llenade chuchos extraviados, y sus peleas a veces eranimpresionantemente ruidosas. No haba perros en ningnlugar del museo. Pero si Mr. Jones deseaba ver a Mr. Rogers,podra encontrarle justo antes del cierre. Tras aquello, Jones subi los viejos peldaos de piedra haciala calle y examin el msero vecindario con curiosidad. Lospobres y decrpitos edificios antiguamente moradas yahora, en su mayora, tiendas y almacenes- eran realmentevetustos. Algunos de ellos tenan techos a dos aguas queparecan devolver a los tiempos de los Tudor, y un dbil</p><p>UNIVERSIDAD MISKATNICA LOVECRAFTIANA</p><p>5</p></li><li><p>HORROR EN EL MUSEOH. P. LOVECRAFT Y HAZLE HEALD</p><p>hedor miasmtico penda sobre toda la zona. Junto a la suciaconstruccin cuyos stanos albergaban el museo, haba unbajo soportal que daba paso a un oscuro callejn empedrado,y Jones sinti un vago deseo de encontrar el patio tras eltaller y tranquilizar a su mente respecto del asunto del perro.El patio estaba en penumbra bajo la tarda luz del ocaso,cercado por paredes traseras, an ms feas e intangiblementeamenazadoras que las destartaladas fachadas de las malignasy antiguas casas: No haba ningn perro a la vista, y Jones sepregunt cmo podran las consecuencias de aquel frenticoalboroto desvanecerse tan rpido.A pesar de la afirmacin del encargado sobre que no habaningn perro en el museo, Jones escrut nerviosamente lostres ventanucos del taller del stano: angostos rectnguloshorizontales; cercanos al pavimento lleno de hierbas, conhoscos cristales que parecan tan repulsivos e indiferentescomo los ojos de un pez muerto. A su izquierda, un gastadotramo de escalones guiaban a una gruesa y pesadamenteaherrojada puerta. Algn impulso le llev a agacharse sobrelos hmedos adoquines resquebrajados y escudriar,esperando que las gruesas cortinas verde, movidas mediantelargas cuerdas que pendan de un nivel asequible, estuvieranbajadas. La superficie exterior estaba enturbiada por lasuciedad, pero mientras las frotaba con su pauelo vio que nohaba cortinas entorpeciendo la visin.Tan oscuro estaba el interior del stano que no haba muchoque ver, pero el grotesco instrumental de trabajo amenazabaespectralmente a cada momento a Jones, segn iba probandocada ventana. Al principio pareca evidente que no habanadie en el interior, pero cuando observ por la ventana de laderecha -la ms cercana al corredor de entrada, vio unresplandor en el extremo ms alejado de la estancia que lehizo detenerse perplejo. No haba ninguna razn para lapresencia de esa luz. Era una zona interior de la estancia y nopoda recordar luces de gas o elctricas en ese lugar. Otramirada delimit el resplandor a un ampli rectngulovertical, y un pensamiento brot en su cabeza. En esadireccin, siempre se haba percatado de la pesada puerta deplanchas con el candado anormalmente grande; la puerta que</p><p>UNIVERSIDAD MISKATNICA LOVECRAFTIANA</p><p>6</p></li><li><p>HORROR EN EL MUSEOH. P. LOVECRAFT Y HAZLE HEALD</p><p>nunca estaba abierta y sobre la que estaba crudamentetrazado el odioso y crptico smbolo proveniente de losfragmentarios anales de prohibidas magias primordiales.Deba estar abierta en aquel instante, y haba una luz en suinterior. Todas sus primeras especulaciones acerca de dndeguiara aquella puerta, y lo que habra tras ella, se renovaronentonces con multiplicada e inquietante fuerza.Jones deambul sin objetivo alrededor del deprimentevecindario hasta el cierre, a las seis en punto, momento enque volvi al museo para interrogar a Rogers. Apenas podadecirse por qu deseaba tan fervientemente ver en aqulmomento al hombre, pero deba tener algunos recelosinconscientes sobre aquel terrible y no ubicado grito caninode la tarde, as como sobre el resplandor en aquel inquietante,y habitualmente cerrado, portn de pesado candado. Losempleados se haban ido cuando lleg, y pens que Orabonael cetrino encargado deaspecto extranjero le haba mirado con algo parecido a unadiversin astuta y soterrada. No le gustaba aquella mirada,aun cuando le haba visto dirigrsela a su patrn multitud deveces.La abovedada sala de exhibicin resultaba fantasmal al estardesierta, pero l la cruz rpidamente y golpe en la puertade la oficina y taller. La respuesta se demor, aunque hubopasos en el interior. Finalmente, respondiendo a una segundallamada, el cerrojo chasque, y la antigua puerta de seispaneles cruji abrindose renuentemente, revelando la figuradesganada y de ojos febriles de George Rogers. Desde elprincipio, result evidente que el empresario estaba de uninslito humor. Una peculiar mezcla de reluctancia y a la vezalegra al recibirle, y, en un instante, su charla s desvi haciaextravagancias de la clase ms espantosa e increble.Supervivientes dioses primordiales... sacrificios indes-criptibles... la pretensin de realidad sobre algunos de loshorrores de la sala... todos los alardes habituales, aunquecompletados con unas peculiares confidencias en aumento.Obviamente, reflexi...</p></li></ul>