Historia del santuario de nuestra señora de copacabana

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    29-Jul-2015

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<p> 1. Historia del santuario de NuestraSeora de CopacabanaBaj del cielo en el deseo de un indio noble, sangre de los Ingas reyes, llamadoD. Francisco Titu Yupangui, el ver en la Iglesia de su pueblo un bulto de laVirgen. No tenan con qu comprarlo, y dio en querer hacer de barro un bulto asu amada Seora; dndole nimo no el saber de aquel arte, sino el impulsoque haca entallador al deseo, y su devocin, pintura al retrato, Acable de unavara, y aunque feo, tosco y desproporcionado bulto, le puso a un lado del altar,y consintile poner el cura Antonio de Almeida, o por consolar al indio, o porqueentonces haba en el Per pocos bultos. Los cuerdos pedan se quitase delaltar, porque era causa de irrisin, y los indevotos tenan materia de qu triscar.El indio sufra los baldones y lloraba el no saber de pintura y no tener caudalpara comprar el bulto que deseaba. (Dej escrito este indio los sucesos quetuvo con su imagen y as, aadiendo yo a la relacin del Padre Fray AlonsoRamos lo que el indio declara quedar la relacin entera, si bien este autor laspone ambas divididas). All estuvo ao y medio, hasta que entr otro cura, elbachiller Antonio de Montoro. Viendo el nuevo doctrinante lo feo del bulto, yque era ms para dar risa que para causar devocin, dice el indio que,echndolo a l noramala, porque lo defenda, envi el bulto fuera de la iglesia,y psose en un rincn de la sacrista. Corrido D. Francisco de ver su obraexcluida, y deseoso de hacer una imagen de la Virgen, trat de ser pintor, yfuse a Potos con un hermano suyo D. Felipe de Len; all los puso conmaestro D. Alonso Viracocha Inga su cacique, que a lasazn estaba en Potos,donde se quedaron aprendices, y D. Alonso se volvi a Copacabana a darrazn de las cosas que en materia de indios estaban a su cargo, y a ver siablandaban los Urinsayas en su tema.Don Alonso Viracocha Inga, pasado algn tiempo, volvi (por ser gobernadorde los Anansayas) a la villa de Potos, y llev consigo a don Pablo su hermano.Hallaron a D. Francisco Titu Yupangui, deudo suyo, que saba poco ms queaprendiz primerizo en pintar, si bien ansioso por obrar antes de aprender.Haba comenzado otro bulto, casi como el primero, que para la maravilla queDios iba disponiendo, convena que no se adelantase en el arte por ms quecreciese a las ganas, porque quien le vio la devocin quera ser el pincel. Alltrataron los tres de su nueva cofrada, y de lo que en el caso deban hacer paraconseguir su efecto, sin que la contradiccin de los Urinsayas les fueseestorbo. Djole don Francisco Titu cmo tena comenzado un bulto de tallaentera para una imagen de la Candelaria, el cual pretenda acabar, porquedems de la inclinacin natural que le llevaba a saber de aquel arte, tenahecha promesa de dar a su pueblo una imagen de la Virgen que fuese de sumano, aunque en la demanda gastase plata y tiempo, sin que el ser aprendiz leachicase el nimo, y que para negociar favor de la Virgen haba interpuestooraciones y ayunos, pidiendo gracia para acertar en la imagen, y con estedeseo haba visitado las iglesias y registrado altares. Concertronse los tres yvolvieron a visitar los conventos. En el de Santo Domingo hallaron una imagende la Candelaria; mirla y remirla cada uno, porque se les quedase en la ideaaquel retrato para despus, conforme al prototipo, sacar a luz su deseada obra,porque la hecha no era a propsito. Los tres hicieron otro molde, que dejndole 2. acabado de noche, le hallaron quebrado por la maana. Sucediles esto tres ocuatro veces. Si no era contradiccin del demonio, era probar su devocin elcielo, para que conociesen los espaoles los deseos y devocin que obraba enlos recin convertidos la gracia: y reprender con estos ardores de indios losresfros de sus eclesisticos. El devoto indio lloraba su insuficiencia, afligale ladificultad, animbale el deseo, consolbale la esperanza, y a todo recurra conlgrimas a la Madre de Dios. Dice que mand decir una Misa a la SantsimaTrinidad para que le alumbrase y favoreciese. Creca a varas su deseo, y nomedraba dos dedos en el arte. Comenz el ltimo bulto, que es el milagroso, a4 de junio del ao 1582. Hzole de maguey (varas que cra esta tierra msgruesa que el molledo, muy largas, y es madera ms liviana que el corcho).Fue uniendo los trozos con pasta negra; sacle sin arte, como aprendiz. Elrostro de la Virgen no era ni razonable ni devoto, burda la obra, y todo malaliado. Enamorse el indio de su hechura, parecindole que ya tena imagensu pueblo, y su devocin quietud. Trataron l y su gobernador de ir aChuquisaca a negociar licencia para fundar en Copacabana la cofrada;furonse al obispo, que lo era don Alonso Granero, prelado piadoso y amparode indios. Esto no era lo que ms les animaba, sino unos ardores ocultos quela Virgen les encenda por pagarles los primeros deseos. En oyendo lademanda un criado del obispo, los desanim diciendo que el obispo su seorno daba tales licencias, ni las concedera sino con dificultad, y que no llevasenadelante aquel propsito, si no tenan renta para la cofrada; y todo era porsacarles algo en pago de algunas esperanzas que les dio. Atajados y conturbacin quedaron los indios, y casi resueltos en desistir de su demanda.Veanse pobres, fuera de su patria, y sin protector, mas como la Virgen lo era, ytenan dispuestos los medios para que no se impidiese con dificultades,provey de un sacerdote de buena intencin que les facilit la licencia, y dio laorden que haban de tener en pedir la splica.Parecile a don Francisco que, llevando con su peticin una imagen en lienzode su mano, alcanzaran del obispo no slo la licencia para la cofrada, perootra que l pretenda en particular para poder libremente pintar y entallarimgenes; lo cual le sali muy al revs, porque as el obispo como los demsque vean la obra de aquel simple y nuevo pintor, la rean mucho, satirizndoletodos. Y refiere don Francisco que el obispo le deca que pintase monas y noimgenes, y dejase el pintarlas para espaoles maestros. Vindose el escultortan baldonado de todos, sali encomendndose a la Virgen, creciendo en losdeseos al peso de los baldones. Mostraba el bulto a otros de inferior estado porver si alguno le consolaba; y por ms que pretendan disimular la risa,manifestaban la burla. Estuvo en notable conflicto, considerando la befa que dela imagen hacan cuantos la miraban, y la crtica que del bulto que dej enPotos hicieron los que le haban visto. Ninguno de estos vaivenes ymenosprecios desmay el pecho del devoto indio, antes, a lo que l dice, sesenta ms inflamado.Estos efectos, sin duda, se fundieron en aquel honor que vio San Juan, sobreel cual estaba nuestro Redentor con pies semejantes al auricalco. A todosparecern estos pies pobres y aun encontrada la semejanza si no encerrarasoberano misterio. El auricalco es el latn, bronce o cobre. El auricalco es ellatn, bronce o cobre; metal que si se parece al oro noble, tiene propiedades de 3. cosa baja. Si acabado de limpiar brilla, muestra visos de oro, por momentos losva perdiendo, y se va anublando. Si engaa a la vista su color dorado, enmanosendolo deja un olor nocivo. En l se ven las propiedad s del hipcrita,como dice Berchorio: son duros, son indevotos, son pecadores, y por elaparente color de la modestia o virtud, parecen oro rico; siendo infame cobre,parecen santos siendo inicuos. Oyesme, hipcrita, dice San Crisstomo,Hypocrita, aut appare quod es, aut esto quod appares: o muestra lo que eres, oseas lo que muestras. Siendo esto as, por qu hace Cristo resea de tenerpies de cobre cuando su esposa dice que los vio de oro? El misterio est claro;sus pies significan (dice la Glosa, San Agustn, Beda y Primasio) los fieles.Estos, como le sucede al cobre, mientras estn ms y ms en el fuego de lastribulaciones y en el horno de las fatigas, resplandecen y se purifican ms yms en sus deseos, en la fortaleza y en las tribulaciones; y quiere nuestroRedentor significar stos en el cobre, metal abatido y bajo, porque donde msse muestra la valenta de su gracia es en los pobres humildes, que padecencon longanimidad oprobios, y en los incapaces desvalidos, que llevan por suamor los trabajos. stos, en el horno, que tiene el mundo para persecuciones,estn lejos de ser hipcritas, que siendo oro excelente por sus virtudes,parecen cobre bajo el juicio de quien los mira. Que por esto no dijo elevangelista que los pies de Cristo eran de cobre, sino que parecan de cobre; ypor eso dijo la esposa que estos pies eran de oro, y no dijo que se parecan aloro. Porque los santos son, a la verdad, oro fino, y a la apariencia, cobre bajo.Que cuanto tiene de bueno encubrir las virtudes, tiene de malo fingirsantidades. Sucdeles lo que dijo Cicern: "Estar vendiendo oro uno que noes malicioso, sino de corazn sano, y dice: Hay quin me compre este cobre?Por ventura (pregunta Cicern) habr algn buen hombre, alguno tan sincodicia, que le diga: Mira que lo que te parece cobre, es oro fino? Lo primerotienen los que sirven a Dios, que siendo oro cuanto venden, lo tienen comohumildes por cobre; y lo segundo usan los mundanos, pues aunque les parezcaoro lo que el virtuoso, le vende por cobre, no solo le dice que no es oro, pero olo compra por cobre, o publica que es cobre, y no oro. Oh resabios de lamalicia, y cuntos monipodios hacis contra la inocencia.Este indio don Francisco entr en este horno desde que tuvo el primer impulso,pues enamorado de la devocin a la Virgen, form sin saber el arte, una ycuatro veces el bulto. Cada trabajo, cada fatiga, as de las que habemos vistocomo de las que adelante veremos, le encenda ms y ms los deseos y ledaba ms ardores la de devocin. Pareca, por desvalido y pobre, metal bajo alos ojos del mundo y era, por su fe y afectos, a los ojos de Dios oro rico.Mientras ms padeca ms se acrisolaba. Con semejantes pies se honra deandar Cristo; de stos hace gala, con stos sale a fiestas.La fortaleza de este indio y su perseverancia prue a que no eran veleidades lassuyas, sino tesones santo pues, como dijo Sneca, nada simulado, nadafingido puede ser diuturno ni fue permanente, y Dios sufrir cien mil pecadosaos muchos, y no le sufre su verdad que deje permanecer lo que slo se hacepor fingir. Yo llam, dice por Isaas, al matador para que haga aicos todos losvasos hechizos, todos los vasos fingidos. Pues, para eso era menestermatador, no teniendo alma los vasos? S; que habla de los que fingiendodevocin, muestran ser vasos de oro, de que se serva dios en su templo. 4. Comenzaban obras que prometan permanencias, y eran de vil barro hechospor la ambicin o por la codicia, olleros de hipocresa. Este indio mostrtesones de justo y valentas de verdadero devoto. Dejen que ahora semenosprecie su obra, que presto veremos lo que vale en la parte donde Dios latiene dedicada, que aun en esto se parea lo que dice la letra griega, que lee:Chalco Lbano: mixtura de incienso y cobre, como explica Pannonio, y por estollama la Glosa al horno auricalco del Lbano. Parecironse los trabajos, que ensu muerte padeci Cristo, en la fortaleza y perseverancia, al cobre y bronce; yel olor de soberana fragancia, al incienso del Lbano. Incienso, y en honor desahumerio, era para que diese suave olor a todo el mundo y fraganciasuavsima a los cielos.Afligido, lloroso y desdeado dejamos a nuestro don Francisco, pero recurri aDios y a su Madre, y acompaando a la promesa oraciones y ayunos, enviabaordinarios ruegos al cielo, pidiendo a Madre y a hijo, a vueltas de humildessuspiros, facilitase en l lo que por ser indio rudo imposibilitaban a losespaoles. Eran, pues, tan encendidas las lgrimas de nuestro escultor,nacidas de santo deseo, que abrasaron el pecho de Dios, y le obligaron acondescender con la splica del indio aprendiz. No ha sido tan celebrado elms insigne del arte, ni tan famoso el mejor pincel, como lo fue este indio, porhaber hecho la imagen portentosa de Copacabana, formando Dios con susmanos y buril lo que falt al indio en el arte: pincel; pues para acabar el mismoDios la obra escogi pintor ignorante, negando este nombre y fama a los msnicos oficiales, porque si ellos echaran el resto en sacar este bultoacabadsimo, pensara el mundo que lo humano negociaba las devociones, y noquiso Dios sino que se viese que lo milagroso atraa las almas. Despus hizo elde Nuestra Seora de Pucarani, de quien, ya dijimos mucho.Visto pues por el escultor bisoo cun vanos le haban salido hasta all susdeseos y cun sin posesin sus esperanzas, determin salir de la ciudad de LaPlata y dar la vuelta a Potos, donde tena el bulto. Quedronse en la Plata donAlonso y don Pablo, diligenciando su cofrada. Detuvironse algunos meses,tiempo en que don Francisco desbast algo el bulto de la imagen. Resolvisacarla de Potos y venir con ella a la ciudad de Chuquiago, donde haba dehacer alto, no queriendo llegar a su pueblo, que est de all veinticuatro leguas,hasta mejorar su obra; parecindole no sera bien recibido y que antes seramofado si no la llevaba puesta en perfeccin. Trat de dorarla porque, como lefaltaban el oro, los follajes, y el esgrafiado, el bulto estaba feo y nada pulido;era ms para desechar que para ver. Sac de Potos su imagen en compaade algunos indios sus paisanos que le ayudaban a llevarla. Y si l pens quemudando tierra mejorara de fortuna, de su discurso se vali el cielo para iracercando la ocasin, porque ya se iba madurando el fruto en el rbol de laeterna providencia.Continuando, su viaje, lleg al pueblo de Hayohayo, donde pusieron el bulto enel zagun de las casas del Cabildo. A la sazn estaba all aposentado unCorregidor de Larecaja. ste, entrando a recogerse, como viese el bulto a lapuerta y en una manera de andas, pensando que era cuerpo muerto le dio unpuntapi, riendo a los indios porque le haban puesto all y no en elcementerio o en alguna casa. Decanle los indios que era imagen; l no 5. entenda lo que en lengua de indiole plagueaban, y as con mucha cleramand que lo echasen fuera. Lleg un indio ms ladino, que hablabacastellano, y dijo al Corregidor que era un bulto de la Virgen que llevaban a supueblo. El, para enterarse bien de la verdad, hizo traer lumbre y descubri laimagen; postrose de rodillas, adorla y por aquella noche la puso en lugardecente, bien confuso de lo que le haba sucedido, sin saber lo que haca. Otroda prosigui don Francisco su viaje y lleg a la ciudad de Chuquiago, dondesupo que estaba a la sazn un espaol llamado Vargas, dorando un retablo delconvento del serfico P. S. Francisco. Determin quedarse con l, y aunservirle, esperando por paga, no inters, sino aprovechar en el arte y negociarcon l le dorase la imagen. Como lo pens, as lo hizo, y a pocos das le diocuenta de los sucesos de su imagen y que su deseo era dorarla, trabajo que lepagara con servicio y plata. Concertaron ir ambos. Fue al da siguiente a verlaa casa de don Francisco, y l, desenvolviendo su bulto para tenerle a puntocuando viniese el dorador, le hall (como otras veces le haba sucedido enPotos) medio quebrado, desecho, muy descompuesto y maltratado. Hizoextremos sin poder rastrear la causa de aquel dao; fue grande el disgusto queel afligido indio tuvo de esto, y estuvo cerca de dar...</p>

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