HERÁCLITO, LOGOS, DEVENIR

  • View
    248

  • Download
    0

Embed Size (px)

Transcript

ASIGNATURA: EL NACIMIENTO DE LA FILOSOFA EN GRECIA.(EVALUACIN OPCIN 1B: MONOGRAFA)

(ALUMNO: ANTONIO JOAQUN AGUILERA VITA 27271215T MADRID-GREGORIO MARAN DIRECCIN: RODRIGO DE GUEVARA, 7 2 28005 MADRID)

HERCLITO, LOGOS, DEVENIR

En la medida en que esquiva el presente, el devenir no soporta la separacin ni la distincin entre el antes y el despus, entre el pasado y el futuro. Pertenece a la esencia del devenir avanzar, tirar en los dos sentidos a la vez: Alicia no crece sin empequeecerse, y a la inversa. GILLES DELEUZE, Lgica del Sentido.

1

A MODO DE INTRODUCCIN. Insertos como estamos en un pensamiento postmoderno, tratando unos de reescribir la modernidad, otros de superarla, los ms de acogerse a la metafsica de un Ser debilitado, los ojos del pensamiento de occidente han estado dando, desde Nietzsche, una vuelta recurrente al pensamiento griego para buscar en l, sobre todo, si es posible, despus de dos mil quinientos aos de pensar metafsico, un nuevo comienzo del pensamiento. Si Nietzsche nos abri los ojos a los griegos con el propsito de invertir el platonismo y Heidegger nos desvel el flagrante olvido del Ser, siendo como deba de haber sido ste el Ser de la metafsica, y nos coloc en el Abismo del pensar, del que, de una u otra manera, ha bebido toda la filosofa del siglo XX, el pensamiento postmoderno, desde un llamado lenguaje comn de la hermenutica, vuelve una y otra vez, limpiando y reinterpretando los restos de aquel pensar originario, por escuchar de nuevo sus palabras, en muchos casos fragmentarias, y tratar de descubrir una gua que, por qu no, haga recomenzar el pensamiento, metafsico o no, segn los gustos. Para emprender una tarea semejante, hay que realizar un trabajo de regresin desde el inicio de la filosofa como tal, con Platn y Aristteles, hacia los restos, ms o menos fragmentarios, mejor o peor transmitidos, de los pensadores griegos a partir de los cuales, con los cuales y contra los cuales, ambos construan su pensamiento, reconociendo las dos tradiciones en ese pensar presocrtico: la tradicin milesia, que piensa la , la Realidad, como lo que hay, lo que aparece y hay que pensar para desvelar, des-ocultar, lo que requiere escuchar atentamente al para descubrir lo que verdaderamente es tras lo que aparece; y la pitagrica, en la que la Realidad comienza a desgajarse en una realidad que ya no se manifiesta en lo que es, porque lo que es depende de fuerzas inasibles, cuya nica posibilidad de conocimiento es a travs de una serie de prcticas que preparen al iniciado, al filsofo, al sabio, al encuentro de esa verdadera realidad. He elegido profundizar un poco ms, en forma de monografa, en el pensamiento de uno de los ms heterodoxos representantes de la primera tradicin, Herclito de feso, llamado por la tradicin doxogrfica el oscuro, por el supuesto hermetismo de sus escritos, conservados en fragmentos, unos ciento treinta y tantos (siempre dependiendo de los que se quieran o puedan reconocer como autnticos y los que no), casi todos ellos expresiones de lo que parecen yuxtaposiciones de opuestos, que concluyen en una particular concepcin de la Realidad que deja perplejos a los lectores ms atentos, y no han sido pocos a lo largo de la historia de la filosofa, como hemos de analizar en el primer captulo de este pequeo estudio. Por centrar un poco ms la cuestin, la presente monografa consta de tres partes denominadas respectivamente Herclito, Lgos, Devenir, que, como puede comprobarse, coincide con el ttulo 2

global del trabajo. No es, como puede imaginarse un ttulo inocente. Remite a los tres temas que quiero tratar en el mismo y a la vez propone un juego lingstico que encierra lo que considero la clave sobre la que se vertebra lo que podemos interpretar, a partir de los restos que nos quedan de su libro, del pensamiento de Herclito. De esta manera, en la primera parte, Herclito, tratamos los problemas filolgicos con los que nos encontramos al afrontar lo que queda de su libro (y como libro lo vamos a considerar y justificar aqu), la tradicin que ha trasmitido los fragmentos y los problemas hermenuticos que todos esos problemas filolgicos sugieren, aparte de los propiamente hermenuticos referidos al contenido de su obra. En la segunda, Lgos, entraremos directamente en la hermenutica de los fragmentos, ordenados como restos de un libro completo, el que Herclito entreg, segn la tradicin, en el templo de Artemisa en feso, para proponer una lectura de los mismos, articulados en torno al uso inusual, marcado, de las palabras-clave que consideramos de Herclito y que funcionan como las casillas vacas que permiten el desplazamiento de las series significantes para generar el sentido, segn la terminologa estructuralista que nos propona Gilles Deleuze1. Nos referimos a: , , , , , que traduciremos (y justificaremos a lo largo del captulo correspondiente) como: Realidad, Razn, Mundo-orden, Fuego y Tiempo-todo, as, con mayscula. Por ltimo, en la tercera parte, llamada Devenir, tratar de justificar con Nietzsche y Deleuze, que la articulacin de los trminos anteriores nos llevan a descubrir en Herclito una filosofa del acontecer, del devenir, como el terrible mensaje que el lgos, comn a todos, comunica a travs de seales, como el dios de Delfos, a los hombres, que en su mayora no lo entienden. Una filosofa del devenir que niega la clasificacin de Herclito como un filsofo de la naturaleza, en el sentido de un fsico empeado en descubrir los componentes ltimos del mundo o la materia, como, por otro lado, tampoco lo eran los milesios, por ms que la tradicin, a partir de los estudios de la Fsica y la Metafsica de Aristteles, los han caracterizado as. Es a travs de un estudio de los trminos heraclteos, tratando de adentrarnos en el momento lingstico en el que se plasman y comienzan a utilizarse, ms all del lenguaje griego comn, como conseguimos adentrarnos en una lectura diferente de los fragmentos del libro, que permita, por otro lado, deshojar, como las capas de una cebolla, los estratos con los que la tradicin que ha trasmitido los fragmentos los ha revestido tratando de adecuarlos a sus propios intereses filosficos o culturales. Para concluir algunas precisiones metodolgicas. La edicin manejada de los fragmentos es la magnfica edicin de Agustn Garca Calvo, que los ordena, como veremos en la primera parte del estudio, como un libro dividido en tres Razones, segn la tradicin, y como tal, como libro con1 En qu se reconoce el estructuralismo?, en CHATELET (1976. Ed.), Historia de la Filosofa, Tomo 4, Madrid Espasa-Calpe, pp. 567-600.

3

esa ordenacin, lo he considerado. Sus traducciones, a veces excelentes, por lo sintticas que resultan, y por lo tanto, adecuadas, al estilo heraclteo, otras veces excesivamente filolgicas, las he utilizado con precaucin, haciendo mis propias versiones en alguna ocasin y completando con las versiones de las otras ediciones manejadas, que aparecen convenientemente reseadas en el ltimo apartado del trabajo sobre Bibliografa. Por otro lado, he utilizado otros libros, podramos decir que co-lateralmente (palabra, a mi gusto, denostada por su abusiva utilizacin en casos de guerras, pero que expresa lo que intento decir aqu de una forma asaz ajustada), bien como citas, en cierto modo, humorsticas, bien como recursos comparativos, bien como referencia simple a algn tipo de metodologa que en un momento determinado empleo. En estos casos, no me pareci conveniente incluirlos en la bibliografa final, por no formar parte exactamente del tema del que trato, pero sus referencias bibliogrficas concretas han quedado plasmadas en notas a pie de pgina. Es el caso del libro de Lucrecio o de algunas obras de Deleuze. Antonio Aguilera Vita, Madrid, febrero, 2010.

4

1. HERCLITO. Herclito era de feso e hijo de Blosn o, segn algunos, de Heraconte. Alcanz su madurez durante la 69 Olimpada. Era arrogante ante cualquiera y desdeoso, como es patente por su libro, en el cual dice: El conocimiento de muchas cosas no ensea a tener inteligencia, pues, de ser as, hubiera enseado a Hesodo, a Pitgoras y hasta a Jenfanes y Hecateo. Tambin atac a los Efesios por haber desterrado a su amigo Hermodoro (). Y cuando fue requerido por ellos para instituir leyes, despreci el ofrecimiento en razn de que en la Polis exista ya una mala politeia. Se alej as de la vida pblica, retirndose en el templo de Artemisa (). Finalmente se hizo misntropo y fue a vivir en las montaas, donde coma hierbas y plantas. Y como a raz de sto enferm de hidropesa, regres a la ciudad. All pregunt a los mdicos, enigmticamente, si eran capaces de hacer de una lluvia torrencial una sequa. Como stos no lo entendan, se enterr en un estercolero, en la esperanza de que con el calor del estircol se iba a evaporar la hidropesa. Como ni aun as lo consigui, muri a la edad de sesenta aos. Me permito citar, entrecortado, el fragmento de Digenes Laercio que cuenta algunos datos sobre la vida de Herclito. Es una forma de comenzar. No es, sin embargo, una forma inocente. El fragmento aade an dos versiones ms de la muerte del filsofo oscuro: la de Hermipo, para quien muri al tenderse al sol y ordenar a unos nios que lo enterraran con estircol, tras la negativa de los mdicos a vaciarle las entraas y secarle la humedad interior, y la de Neanto de Czico, segn el cual fue devorado por los perros que no lo reconocieron cubierto de estircol. Lo significativo de estas ancdotas, que crearon una tradicin de la personalidad de Herclito convertida en cannica para la posteridad, un filsofo oscuro en su escritura, orgulloso y arrogante en su persona, individualista y solitario, tanto en su formacin como en su doctrina, es que si leemos ms all de la verosimilitud de lo que se nos dice, nos conduce a dos reflexiones: 1) que la mayor parte de las ancdotas sobre su vida estn construidas sobre lo enigmtico de su obra, su libro o, en el caso de la doxografa posterior, los fragmentos transmitidos y conservados; y 2) qu