Hacia una nueva teoría socio-cultural del teatro barroco

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    08-Jan-2017

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Hacia una nueva teora socio-culturaldel teatro barrocoCatherine Connor (Swietlicki)Aunque hoy en da pocos estudiosos de la literatura pretenderan defenderal autonoma aesttica del arte, siempre se tiene que justificar culaquieraproximacin a la literatura que no enfoca precisamente en el texto literario.En el caso de las piezas dramticas espaolas del siglo diecisiete, es raro (otal vez imposible) encontrar un estudio crtico que se haya acercado a untexto dramtico sin examinar algn aspecto de su amplio contexto socio-cultural. Sin embargo, el clsico dilema del historiador o crtico del teatroespaol es cmo definir la relacin de dicho contexto con el texto literario?Son dos planos que se compaginan o son ms bien una misma contextura?Indudablemente, las respuestas del historiador Jos Antonio Maravall aesas preguntas han dominado el panorama de la hisoria socio-cultural de laliteratura espaola durante las ltimas dos dcadas.1 Estudios por WalterCohn y Anthony Cascardi, entre otros, han confirmado la tesis central deMaravall.2 No es decir que no se hayan emergido voces contrarias a la deMaravall; simplemente es que nadie ha propuesto viables y comprensivasalternativas en contra de la maravalliana.El presente estudio sita las contribuciones de Maravall dentro de unmarco crtico ms al tanto de varias corrientes metodolgicas de hoy da ysimultneamente toma en cuenta ciertas aproximaciones al barroco queMaravall haba considerado limitadas. Est claro, por ejemplo, que laaportacin principal del ilustre investigador es el haber establecido unconcepto de la cultura del barroco como una cultura en crisis. As mismoes fundamental su nocin del barroco como poca sin estrechas limitacionescronolgicas y libre de restringidos confines estilsticos o teolgicos. Sinembargo, al pintar un panorama de la poca y su cultura, Maravall haimpuesto en el texto teatral una teleologa marcada por su propia filosofasocio-cultural y poltica que no facilita la extensin de sus ideas fuera delos linderos de su tesis. Sobre todo en su Teatro y literatura en la sociedadbarroca, Maravall ha imposibilitado lecturas de textos y otros residuosculturales que no apoyen su tesis central sobre el teatro barroco, es decir,que no nos conduzcan hacia una teora del teatro como mero instrumentode propaganda hegemnica. En este contexto tenemos la respuesta aMaravall lanzada por Charlotte Stern, negando una promocin monolticaal gnero dramtico, y la contestacin de Melveena McKendrick en la queencuentra 'variedad y [...] multivalencia' bastante aparentes en la lectura ola representacin teatral de textos especficos.' Sin embargo, paraacercarnos a la comedia en su contexto, necesitamos modelos socio-histricos124 Catherine Connorque incluyan en su panorama las tendencias propagandsticas del textodramtico mientras que examine todo lo que se opone a la propaganda. Dehecho, una nueva aproximacin socio-cultural al teatro de la poca sebasar en recobrar lo que Maravall seal profticamente sin haberloincorporado de una manera fundamental a su tesis sobre el teatro y, tal vez,sin haberse dado cuenta de ciertos valores de sus propias observaciones.Sobre todo en su estudio ms profundo acerca del tema, La cultura delBarroco, Maravall define los elementos que se encuentran en oposicin auna cultura guiada y susceptible a la propaganda. Interesantemente, dichosconceptos no son desarrollados en su estudio dedicado especficamente altema del teatro y la sociedad (el ya mencionado Teatro y sociedad en lacultura barroca) sino que se ven mejor tratados en su estudio ms amplio dela cultura del Barroco.En gran parte, lo que nos ayuda a encontrar una nueva teora socio-cultural de la comedia es el acto de renovar una aproximacin al Barrocoempleada por Maravall mismo en los primeros captulos La cultura delBarroco: su retrato del Barroco como una poca algo catica, de enormescontrastes, contradicciones y paradojas entrelazados en un mismo tejidocultural de una sociedad espaola en crisis. Con mltiples y variadaspinceladas Maravall represent los muchos conflictos y tensiones socio-polticos y econmicos que amenazaban tumbar a grupos hegemnicos.Interesantemente, el panorama que pinta Maravall de la sociedad espaoladel siglo decimosptimo corresponde estilsticamente con las formasartsticas asociadas con el Barroco, con todos sus excesos, extravagancias,contradicciones y manifestaciones de una hyperteatralidad intensamentevivida. De esa manera, su caracterizacin de la poca constituye un modeloespacial del barroco que coincide con tendencias comunmente atribuidas alos estilos y formas de las bellas artes barrocas. Es un modelo del espaciobarroco flexible que incluye simultneamente a todas las potenciashegemnicas y resistentes en todas sus posibles relaciones. En vez de pintarel modelo espacial explcitamente descrito en la conclusin propagandsticade Maravall, el de una pirmide monarquial-seorial basada en rgidasestratificaciones socio-culturales, el modelo implcito en los captulospanormicos representa un espacio ms fluido, curvilineal, excesivo ydoblado, algo semejante al espacio barroco asociado con la msica, filosofa,literatura, arquitectura y otras artes plsticas del barroco. Ms significativopara el estudio presente sobre una teora socio-cultural de la comedia, elmodelo espacial barroco sugerido por Maravall despliega connotactionescomplementarias a las de varios teoristas contemporneas que desmientenla valorizacin puramente propagandstica del teatro barroco.Aunque Maravall encontr una sociedad desordenada en su anlisis delos tejidos socio-culturales del Barroco, decidi reducir toda aquella redcatica de fibras humanas a un orden, a la imagen o el modelo de unasociedad de masas. No es, sin embargo, lo que dedujeron todos los estudiososal investigar el mismo desorden barroco u otros ejemplos del caso socio-Hacia una nueva teora socio-cultural del teatro barroco 125cultural de nuestra poca posmoderna. Maravall, como culaquierhistoriador, escribi su propia narrativa, su 'lectura' o manera de leer,entender y ordenar los datos histricos del siglo decimosptimo espaol.La historia socio-cultural de Maravall se enfoca el control social del Barroco;y sus conclusiones sobre el poder propagandstico en el teatro espaol de lapoca son algo lgicas para un pensador e investigador que recibi suformacin cuando floreca la sociedad controlada y estructurada del reinofranquista. Significativamente, sin embargo, Maravall public susconclusiones en La cultura del Barroco precisamente despus de la muertede Franco cuando su propia sociedad espaola empezaba una profundareordenacin de la hegemona socio-cultural. Esos cambios no se explicanfcilmente con un modelo espacial de la sociedad limitado a crear pirmidesinflexibles de poder y semejantemente no se explica el dinamismo del lasociedad espaola y de la vida cultural del siglo decimosptimo.Mediante 'lecturas alternativas' de la poca barroca se llega a otras posiblesconclusiones. Especialmente tiles son los comentarios de los llamadosescritores y teoristas neobarrocos del Boom literario hispanoamericano.Aunque los neobarrocos fueron contemporneos de Maravall durante laltima dcada del reino franquista, vieron en ciertos escritores del barrocohistrico una socavacin de valores espaoles tradicionales. Segn RobertoGonzlez Echevarra, los neobarrocos experimentaron placer en sus lecturas'perversamente subversivas', encontrando 'elementos sexualmente explcitosy depravados en textos quintesencialmente espaoles, cuando Francopermaneca a cargo de una Espaa retrgrada, antimoderna y supuestamentefiel al Barroco tradicional muy ortodoxo'.4 Los teoristas neobarrocoscompartan con Maravall modelos espaciales ms flexibles de la sociedadbarroca, modelos que Maravall mismo luego lleg a negar en su conclusinpropagandstica acerca de la sociedad de masas controlada y guiada.Ese 'primer Maravall' flexible tambin habra encontrado apoyo adicionalentre otors teoristas contemporneos que se inspiran en sabios del pasado.Un tal emparejamiento de grandes pensadores es el de Leibniz, filsofobarroco del siglo decimosptimo, y Giles Deleuze, pensador francs cuyasobras son contemporneas con las ltimas de Maravall. En su libro Elpliegue: Leibniz y el Barroco, Deleuze trata varios aspectos del pensamientobarroco de Leibniz, mostrando lo que comparten la poca premoderna y laposmoderna.5 Especialmente til es su sentido del espacio, una visin quetoma en cuenta el significado de cada fragmento o detalle supuestamenteinsignificante de la realidad, aunque sea un pequeo cambio en la vida deun desempoderado ser humano, aunque sea un pliegue en una masa declulas o la accin de doblar una ola del mar sobre otro. Es decir, es unmodelo de la realidad que permite la coexistencia de la nocin maravallianadel astuto, rebelde, desordenado y terco sujeto de las clases populares conel concepto de las masas engaadas y controladas de una ordenada sociedadbarroca. Es un concepto semejante a los modelos artsticos y arquitectnicosdel barroco: un espacio curvilineal y doblado que permite una circulacin126 Catherirte Connorde energa, ideas y eventos entre los pliegues y el Pliegue (con mayscula)de la sociedad y del universo entero. En los trminos de Foucault, otrocontemporneo de Deleuze y Maravall, dicho concepto de espacio reconoceque el poder pasa por las manos de los desempoderados tanto como circulapor las manos de los dominantes.6Sin embargo, los movimientos del Pliego de la realidad no son binarios:estn constantemente en proceso, estirndose y allanndose antes de rasgarse,despedazarse y luego volver a fluir y plegarse otra vez. Ningn aspecto delpliegue se reduce a meros binarios en blanco y negro, a una lgica cartesianadel tipo empleado por Maravall para llegar a sus rgidas categoras desubversin y control sociales. Interesantemente, Maravall es algo leibnicianocuando parece reconocer los pliegues barrocos, diciendo que la 'conflictivesituation was a normal ingredient of the Barraque'.7 Tambin significante,es el hecho de que Maravall se refiere a las categoras del historiador dearte Wlfflin a pesar de su intento de definir el Barroco como un periodohistrico y de evitar referencias a un estilo barroco. Escribe Maravall que:[...] anduvo muy atinado Wlfflin, cuando, aun sin preocuparse de larazn histrica del fenmeno, lleg a advertir, inspirado tal vez por suhondo conocimiento de tanto material de observacin, que el Barroco,por debajo de su apariencia libre y sin normas, se hallaba sujeto a unfuerte principio de unidad y subordinacin [...] con la accin moldeadoray reductora a una unidad de dominio, que inspira la entera organizacinde la cultura barroca.8Se ve que para Maravall, el chiaroscuro socio-cultural del Barroco seredujo a blanco y negro. Por otra parte, tenemos la lectura leibniciana queDeleuze hizo de Wlfflin, enfatizando la relacin autnoma e(inter)dependiente que la vistosamente plegada fachada barroca negociacon su espacio interior, explicando que 'cada componente simultneamenteempuja contra los otros mientras que los mantiene'.9 En vez de ver en elarte o en la sociedad modelos en blanco y negro, Deleuze muestra queWlfflin imaginaba un espacio compuesto de innumerables pequenasvariaciones en blanco y negro, 'una progresin de luz que [...] se transmitepor grados. Es una relatividad de claridad [...] en breve, es el contrario dedescartes'.10En otras palabras, aunque Maravall s se dio cuenta de la existencia delas gradaciones, los pliegos y del desorden catico que representaban en sumapa de la realidad histrica, prefiri pasarlos por alto, pintando unageografa socio-cultural ms homognea. Otros contemporneos de Maravalls se fijaron ms en las variaciones caticas mediante estudios en otrasreas de investigacin que nos pueden ser muy tiles para releer y renovarlos modelos socio-culturales del insigne historiador espaol. Me refiero alcampo de investigacin en las ciencias (y hasta cierto punto en la crticaliteraria) denominado 'estudios del caso', una rea en que se ve ciertaHacia una nueva teora socio-cultural del teatro barroco 127semejanza entre las tendencias barrocas y neobarrocas, entre las premodernasy las posmodernas.11 En trminos generales, las pocas pre- y pos-cartesianascomparten una mentalidad algo ms libre, no tan insistente en establecerun orden racional para 'leer' la realidad. Se puede comparar los excesos,hiperteatralidad y fluidas tendencias barrocas en las bellas artes y en lasociedad con una disposicin posmoderna de entender la coexistencia demltiples factores. Los teoristas del caos en las ciencias muestran que muchassituaciones aparentemente caticas florecen bajo condiciones supuestamenteordenadas. Dichos conceptos de orden, caos y las muchas posibilidadesentre los dos pueden abrir nuestra relectura de las conclusiones socio-culturales de Maravall. Aunque Maravall decidi ordenar su visin delcaso social, reducindola a una nocin de una sociedad de masas controladas,podremos concentrarnos en las pequeas e insistentes irregularidades. Enel habla de los teoristas del caos, podemos enfocar los 'fractales', los sereso almas e incidentes menores que funcionan desordenadamente bajo elesquema ms amplio de un cosmos ordenado y controlado.Es decir que mediante la labor de varios investigadores de la comediaespaola del decimosptimo, hoy da vamos releyendo textos dramticos yla tesis maravalliana con lentes que enfocan los pliegues leibnicianos. En elbreve rato que me queda quisiera sealar algunas aproximaciones al estudiode la comedia que nos ofrece una visin del exceso barroco quesimultneamente sostiene y socava los rdenes socio-culturales. Aun enobras escritas para la corte se encuentran pliegues o fragmentos en el cosmossocio-poltico, como indica Margaret Greer en su estudio de La estatua dePrometeo, mostrando que Prometeo aboga por cambios polticos y la nuevaciencia.12 No obstante, creo que se encuentran ms oportunidades parainvestigar los poderes de los fractales entre las acciones caticas de lospersonajes graciosos y femeninos de cualquier clase socio-econmica ycultural. Por ejemplo, en cuanto a los personajes o temas femeninos, sonbien importantes las investigaciones de Emilie Bergmann, Anne Cruz, TeresaSoufas, Yvonne Yarbro-Bejarano y otros estudiosos cuyos trabajos fueronpublicados en la coleccin de ensayos editada por Dawn Smith y AnitaStoll.13Quiero enfatizar, sin embargo, que ni la complicidad de los personajesfemeninos y graciosos con los poderes hegemnicos representados en elescenario ni sus contribuciones al reestablecer un orden dramtico y socialen la conclusin de una comedia niega el significado y poder de la fricciny negociacin creadas por sus acciones a lo largo del conflicto dramtico.El hecho de que no se produjo ninguna revolucin proletaria o liberacinde la mujer espaola en la sociedad espaola del siglo decimosptimo nosignifica que lo que ocurri en el escenario o en la cotidiana realidad socialno tuviera valor profundamente resistente a la hegemona. Sus accionesrepresentan un modelo socio-cultural que toma en cuenta todo el placer ypoder que los aparentemente desempoderados gozan y continan a fomentarmediante los pliegues y fractales en el cosmos social de aquel entonces.14128 Catherine ConnorNo es simplemente una cuestin de un breve alivio cmico o de controladasvlvulas de escape ofrecido por un mundo al revs.El caos que producen el gracioso y la dama rebelde tiene una lgicabarroca que se despliega ms all de las conclusiones rpidas y auto-reflexivamente simples y previsibles encontradas en la mayora de los textosdramticos. La razn barroca del Neobarroco y del primer Barroco tieneque ver con mltiples posibilidades de la representacin y recepcin. Elrepresentado mensaje barroco es fragmentado, excesivo, cirvilineal y plegado,construido de irregulares y desordenados usos del idioma. Su recepcin esigualmente variada, frgil y artificiosa, capaz 'leer' o de 'desleer'fragmentadas versiones del caos representado y del orden reestablecido.Como los estudiosos de hoy nos muestran, la accin dramtica tiene lugarentre los espectadores tanto como entre los actores en el escenario.15 Ases que la recepcin barroca puede enfocar tanto el caos de los fractales ylos pliegues como el orden del cosmos socio-poltico, econmico y cultural.NOTAS1 Vanse Jos Antonio Maravall, La Cultura del Barroco (Barcelona: Ariel1990), y Teatro y literatura en la sociedad barroca (Madrid: Seminarios yEdiciones, 1972).2 Vanse Anthony J. Cascardi, 'The Od and the New: The Spanish Comediaand the Resistance to Historical Change', Renaissance Drama, 17 (1986),1-27; y Walter Cohn, Drama ofa Nation: Public Theatre in RenaissanceEnglandand Spain (Ithaca: Cornell University Press, 1979).3 Vanse Melveena McKendrick, Woman and Society in the Drama of theSpanish Golden Age: A Study ofthe 'Mujer Varonil' (Cambridge: CambridgeUniversity Press, 1974), p.77; y Charlotte Stern, 'Lope de Vega,Propagandist?', Bulletin ofthe Comediantes, 34 (1982) 1-36. Aunque laprofesora Stern se refiere en particular al teatro de Lope, sus comentariosson vlidos con respecto a la comedia como gnero. Vase tambin mi estudiosobre el Lope 'dialgico', Swietlicki (Connor), 'Lope's "Dialogic Imagination":Writing Other Voices of Monolithic Spain', Bulletin of the Comediantes,40.2(1988), 205-26.4 Roberto Gonzlez-Echevarra, Celestina 's Brood: Continuities ofthe Baroquein Spanish andLatin American Literature (Durham, North Carolina: DukeUniversity Press, 1993), p.33. La traduccin es ma.1 Vase Giles Deleuze, The Fold: Leibniz and the Baroque, traducido por TomConley (Minneapolis: University of Minnesota Press, 1993).6 Vase Michel Foucault, Power/Knowledge, editado y traducido por ColinGordon et al. (New York: Harvester, 1980), p.142.7 Maravall, La Cultura del Barroco, p.56.s bid.,p.295.9 Deleuze, The Fold,p.2S.10 Ibid., p.32.Hacia una nueva teora socio-cultural del teatro barroco 12911 Vanse James Gleick, Chaos: Making a New Science (New York: Penguin,1988); Katherine N. Hayles, Chaos Bound: Orderly Disorder inContemporary Literature and Science (Ithaca: Cornell University Press,1990); y Ornar Calabrese, Neo-baroque: a Sign of the Times (Princeton:Princeton University Press, 1992).12 Vase Margaret Rich Greer, The Play of Power: Mythological Court Dramasof Caldern de la Barca (Princeton: Princeton University Press, 1991), p.155.13 Vanse Emilie L. Bergmann, 'Reading and Writing in the Comedia', en CharlesGanelin y Howard Mancing (eds.), The Golden Age Comedia: Text, Theoryand Performance (West Lafayette, Indiana: Purdue University Press, 1994);Anne Cruz, 'Homo ex machina?: Male Bonding in Caldern's A secretoagravio, secreta venganza', Forum for Modern Language Studies, 25.2(1989), 154-66; Yvonne Yarbro-Bejarano, 'Hacia un anlisis feminista deldrama de honor de Lope', La Torre 3-4 (1987), 615-32; Dawn L. Smith,and Anita K. Stoll, The Perception of Women in Spanish Theater of theGolden Age (Lewisburg, Pennsylvannia: Bucknell University Press, 1991).14 Varios investigadores en la historia, poltica, sociologa y otras reas de lasciencias sociales o humansticas de hoy da han sido muy tiles para misestudios sobre ejemplos de resistencia o subversin entre las clases populares.Vale mencionar a Bakhtin, Bristol, Burke, de Certeau, Fiske, Stallybrass yWhite. Vanse Mikhail Bakhtin, Rabelais and His World, traducido porHlne Iswolsky (Bloomington, Indiana: Indiana University Press, 1984);Michael Bristol, Carnival and Theater: Plebeian Culture and the Structureof Authority in Renaissance England (New York & London: Routledge,1985); Peter Burke, Popular Culture in Early Modern Europe (New York:New York University Press, 1972); Michel de Certeau, The Practice ofEveryday Life, traducido por Steven Rendall (Berkeley: University ofCalifornia Press, 1984); John Fiske, Understanding Popular Culture(Winchester, Massachusetts: Unwin Hyman, 1989); y Peter Stallybrass yAlian White, The Politics and Poetics of Transgression (Ithaca: CornellUniversity Press, 1986).15 Vanse Keir Elam, The Semiotics of Theater and Drama (London: Methuen,1980); y Robert C. Holub, Reception Theory: A Critical lntroduction(London: Methuen, 1984).CampoTexto: AIH. Actas XII (1995). Actas XII. AIH. Hacia una nueva teora socio-cultural ... CATHERINE CONNOR (SWIETLICKI).

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