Gudynas Evia Marco Conceptual de La Ecologia Social

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    01-Dec-2015

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    Desde mediados del siglo XX, ao a ao, han aumentado las preocupaciones por losproblemas ambientales. Especialmente desde los aos 60, el redescubrimiento delambiente, debido a los problemas de contaminacin, extinciones de especies silves-tres, etc., han dejado claramente al desnudo las estrechas relaciones del hombre con lanaturaleza. Por un lado, las actividades humanas, como la agropecuaria, la industriali-zacin o la urbanizacin, afectan a los ambientes naturales, reducindolos en su exten-sin y haciendo desaparecer especies silvestres de plantas y animales. Por otro lado,los ambientes naturales son el soporte de donde se extraen recursos indispensablespara el hombre, algunos de los cuales corren hoy el riesgo de agotarse. Es as que deuna manera u otra los problemas ambientales estn afectando negativamente la calidadde vida de las poblaciones humanas.

    Estos y otros crculos de interrelaciones ejemplifican cmo la dinmica social est es-trechamente relacionada con la ambiental, desafiando la vieja distincin entre cienciasdel hombre y de la naturaleza. Reconociendo esta estrecha vinculacin ha emergido laecologa social. Esta recoge la rica tradicin de las ciencias del ambiente, que desdehace ms de un siglo se han preocupado por conocer la naturaleza. Tambin recogeuna rica tradicin de las ciencias sociales comprometidas con el ser humano. Su postu-ra recobra, desde una visin Latinoamericana de respeto por la diversidad, la bsque-da de un presente y futuro mejor.

    1. Marco conceptualde la Ecologa Social

    Reproduccin facsimilar de:Gudynas, Eduardo y Graciela Evia, La Praxis por la Vida -Introduccin a las metodologas de la Ecologa Social, 1991,CIPFE - CLAES - NORDAN, Montevideo.

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    Cul sera entonces el papel de esta nueva ecologa inserta en el problema de larelacin del ser humano con el ambiente? El texto que sigue ilustra un punto de partida:

    Y entonces, la ecologa aplicada al hombre enfrenta la labor de renovar unavisin balanceada, mientras que ahora est centrada en el hombre, hasta la pa-tologa del aislamiento y el miedo. Esto implica que se debe encontrar lugar ennuestro mundo para todas las plantas y animales, aun para su alteridad y suoposicin. Adems implica la exploracin y apertura a travs de una fronterainterna una frontera del yo y un entendimiento apreciativo del animal dentrode nosotros que nuestra herencia de Platonismo, morbilidad cristiana, dualidad ymecanicismo, ha repelido y repugnado por largo tiempo. Las viejas contraco-rrientes relictos del mito pagano, la aplicacin universal de la compasin cris-tiana, naturalismo filosfico, romanticismo de la naturaleza y pantesmo hansido echadas a un lado, dejando solamente restos de un naufragio. Ahora nosencontramos a nosotros mismos en un ambiente que se deteriora alimentandoagresividad y hostilidad hacia nosotros y nuestro mundo.

    Paul Shepard, 1969, Ecology and man - a viewpoint, pp. 2-3.

    Es en el mismo ser humano donde est la potencialidad de un reencuentro con todo loque le rodea. Hay viejas tradiciones que aluden a cmo avanzar en ese camino, qutradiciones deben ser recuperadas para cimentar esta praxis. La ecologa social lati-noamericana es un intento, entre varios otros, por ese nuevo tipo de praxis a favor detoda la vida.

    1.1. Antecedentes histricos de la ecologa social

    E. Haeckel defini en 1869 la ecologa como el estudio de las relaciones entre un servivo y su entorno, tanto orgnico como inorgnico. Desde aquel inicio hasta nuestrosdas, la ecologa se desarroll sobre todo a partir de estudios de especies animales yvegetales. Los temas principales de investigacin fueron el reconocimiento y anlisis delos ambientes que ocupan esas especies, cmo se relacionan entre s, enfatizando

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    interacciones tales como la depredacin o la competencia, o atendiendo a cmo fluyela energa y la materia entre los seres vivos. La ecologa qued as atrapada en unafractura entre ciencias de la naturaleza y ciencias del hombre.La ecologa tendi aquedar restringida al mbito biolgico y se dedic a estudiar las relaciones de plantas yanimales con su entorno, y las reglas que explican su abundancia y distribucin. Variospensadores, ya desde fines del siglo pasado, concibieron que tal perspectiva serafructfera tambin para el estudio del hombre y se internaron en una ecologa humana.Pero esta respuesta tan slo fue parcial, ya que en los hechos se restringieron a ciertosproblemas y temas, tales como la adaptacin biolgica a determinados entornos fsi-cos, aspectos demogrficos, o las consecuencias de la contaminacin en el hombre(por ejemplo Ehrlich, 1985).

    Una perspectiva que intent ser diferente se desarroll dentro de las ciencias sociales.Su mpetu ms vigoroso, provino de R. Park y su Escuela de Chicago (incluyendo acientficos tales como E.W. Burgus y R.D. McKenzie). Sus estudios se enfocaronespecialmente en ecologa urbana, tratando de analizar cmo los grupos humanos seorganizan en el espacio de una ciudad, el papel de la competencia, la articulacin decomponentes biolgicos y culturales en las interacciones entre humanos y de stos consu ambiente, etc. (Park, 1936). Representantes ms recientes, como por ejemplo AmosHawley (1986), han utilizado conceptos derivados de la ecologa en un contexto so-ciolgico. Sus ltimas contribuciones se pueden ejemplificar con la perspectiva deMichigan, seguida por los alumnos de Hawley. Por ejemplo, Olsen (1991) define laecologa social como la perspectiva terica dentro de las ciencias sociales que explo-ra cmo las condiciones ecolgicas afectan la vida social organizada. Estas corrientesconsideraron a la ecologa humana como parte de la sociologa quedando as limitadospor una aproximacin parcial a estos problemas y que adems se autorestringe a lateora. A pesar de sto, sus aportes han sido muy importantes para la ecologa social.Asimismo, en sus filas se realizaron estudios crticos de importancia, como el de M.A.Alihan, quien en 1938 ya se refera a una ecologa social.

    Desde los aos 50, la antropologa tambin recogi esta perspectiva ecolgica. Enefecto, Julian Steward, en su ecologa cultural, y ms adelante, la antropologaecolgica, en especial la representada, por un lado por Marvin Harris. y por el otropor A. Rappaport y A. Vayda, prestaron especial atencin a la articulacin de la culturacon las condiciones ambientales. Esta corriente introdujo temas tales como el uso de

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    smbolos y el lenguaje en un contexto ecolgico; los mecanismos sociales y grupales derelacionarse con el ambiente; y la consideracin de stos y otros procesos socialescomo medios de adaptacin al entorno (Rappaport, 1975).

    Otro aporte importante a la ecologa social proviene de las diversas corrientes de lapsicologa ambiental o psicologa ecolgica, desde los estudios pioneros de R.Baker y H. Wright en los aos 50. Estos enfatizaron el anlisis de los comportamientosen los contextos ambientales, y en cmo stos influyen en el comportamiento(Proshansky y colab., 1978). Asimismo debe mencionarse el aporte de E.T. Hall, en suoriginalidad de la consideracin de los aspectos culturales del uso del espacio.

    Una aproximacin ecolgica tambin se ha desarrollado en otras disciplinas, especial-mente economa y geografa, permitiendo recuperar aportes de inters para la ecologasocial. En economa, la dimensin ambiental se ha introducido limitadamente, especial-mente en anlisis de temas especficos, como externalidades, disponibilidad de recur-sos naturales como materias primas, o evaluacin de impactos ambientales, etc. (unejemplo representativo es Pearce, 1985). Una excepcin, por su vigor conceptual, hansido los aportes de Kenneth Boulding. Otro tanto sucede en la geografa, donde se haacogido una perspectiva ecolgica en varias de sus aproximaciones, introducindoseconceptos tales como ecosistema, comunidad, etc.

    Finalmente, debe mencionarse una amplia corriente de pensamiento que desde lasciencias humanas, implcita o explcitamente, ha tratado el tema de las interacciones delser humano con el ambiente, y su vinculacin a las relaciones que mantienen los sereshumanos entre s. H. Marcuse y M. Heidegger realizaron aportes pioneros de impor-tancia, donde se insina claramente un revalorizacin de estas relaciones, el papel de latcnica, etc. As, desde la filosofa se est desarrollando una vigorosa lnea de pensa-miento que mucho aporta a la ecologa social, destacndose las contribuciones deMurray Bookchin, Edgar Morin, Arne Naess y Holmes Rolston III. De la misma ma-nera, una reflexin ms vinculada a la accin ciudadana, las polticas de Estado, etc., seejemplifica con posturas como las de Paul Ehrlich o Barry Commoner.

    Desde esta ltima corriente, M. Bookchin concibe a la ecologa social como una disci-plina que permite estudiar los problemas creados por las crisis sociales y ambientales,donde se da igual valor a la crtica, a la construccin, a la teora y a la prctica. Eltrmino enfatiza que no se puede separar la sociedad de la naturaleza como se separa

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    la mente del cuerpo (Bookchin, 1986). De la misma manera, ese reconocimiento de lanaturaleza, exige reconocer en ella valores, tal cual lo postulan pensadores como A.Naess (1973), en su corriente de ecologa profunda. Si bien es cierto que Bookchinse encuentra en una intensa polmica con los eclogos profundos, esa es una discu-sin domstica del hemisferio Norte, y no hace a los problemas latinoamericanos,donde parece posible una sntesis fructfera entre las dos tendencias.

    Puede resumirse que la situacin que se observa es de unas ciencias del hombre, quese han restringido a los patrones y procesos entre humanos (y en algunos casos, con elambiente construido); y las naturales que han enfatizado los patrones y procesos entrelos dems seres vivos (plantas, animales, microorganismos) y lo inerte. La ecologasocial busca superar esa fractura recogiendo aportes de todas las corrientes que men-cionamos arriba. La ecologa social recuerda, por un lado a los eclogos, que existe uncomponente social; y por el otro, a los socilogos, antroplogos, etc., que existencomponentes no-humanos (Fig. 1.1).

    Figura 1.1. Diferentes perspectivas de estudio de las relaciones humano-ambientales. Aun-que el hombre interacciona con un ambiente que es integral (a) las corrientes actualesexpresan posturas incompletas y fracturadas: las ciencias del hombre han enfatlzado lasrelaciones con los componentes ambientales sociales (b), y las naturales, con plantas,animales y el medio fsico (c).

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    En efecto, todas estas contribuciones deben ser creativamente reconsideradas desdeuna perspectiva latinoamericana. Esta visin latinoamericana ya se insina en algunasde las discusiones que rodearon a la Conferencia de Estocolmo de las Naciones Uni-das sobre el Medio Ambiente Humano de 1972; en la hoy famosa frase de Josu deCastro, de que la pobreza es el mayor problema ambiental de la regin; o en contribu-ciones de eclogos comprometidos, como es el caso de S. Olivier. Tambin debenmencionarse contribuciones como las de Rodolfo Kusch (como por ejemplo su librode 1976), donde se concibe a la cultura como un proceso dinmico, una accin, inser-ta en un hbitat latinoamericano, que remite a los valores tradicionales y la cotidianidadde los sectores populares. Pero tambin ha sido la emergencia de un movimiento socialciudadano con una preocupacin ambientalista el que mayor soporte ha dado a estaspreocupaciones.

    1.2. Las relaciones humano-ambientales

    Varios autores sostienen que la postura de dominacin sobre la naturaleza siempreestuvo asociada a la dominacin del hombre por el hombre. Tan slo es motivo dediscusin cul fue la que primero se manifest. De esto se explica el inters por elproblema de las jerarquas, y la bsqueda por una reconciliacin, no slo entre loshombres, sino de stos con el ambiente.

    La perspectiva ecolgica actual no contradice estas afirmaciones, sino que las apoya.El hombre no surgi en la Tierra de la noche a la maana, sino que es el resultado de unlento proceso evolutivo. As, las interacciones humano-ambientales tienen una largahistoria, donde los humanos deban comprender el entorno que los rodeaba. La vidadiaria exiga reconocer all los alimentos, los depredadores, los refugios, etc., perotambin obligaba a la vida comunitaria, y a comunicarle a otros estos hallazgos.

    No puede oponerse una estirpe biolgica a una cultural en el hombre. En nuestra espe-cie se expresan tambin relaciones como la depredacin o la cooperacin, anlogas alas que son observadas en otros animales, lo que demuestra que existe un importantecomponente evolutivo en el ser humano. Las complejas relaciones ecolgicas de nues-tros antepasados fueron exitosas en tanto en ellas tambin participaron mecanismos deaprendizaje, los que an hoy operan. Por esto la cultura se ha insertado en un procesoevolutivo que tiene una raz biolgica.

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    En esta complementacin entre lo biolgico y lo cultural han emergido los significadossimblicos que los humanos otorgan a los diferentes elementos del ambiente que lesrodea; en cmo aprovechar los recursos que el ambiente brinda; y finalmente, en cmomantener as una vida de relacin. Por ello, la cultura es hoy uno de nuestros grandestesoros y aunque en ella pueden estar las races de nuestros males, tambin all estarnlas semillas del cambio.

    Hay quienes olvidan esto, y desde tiendas ambientalistas sostienen que debemos retro-ceder a una sociedad agro-pastoril porque en ella se da una armoniosa, equilibrada yfeliz interrelacin con la naturaleza. As, entre algunos ambientalistas, especialmenteaquellos que vienen de las ciudades, se tiende a generar una imagen mtica, del hombrevolviendo a una naturaleza silvestre, y re-encontrando all un paraso que perdi.

    Es necesario examinar crticamente esa postura, y es imprescindible compararla conaquella que viven los campesinos o indgenas insertos en la naturaleza. Es cierto queesas tradiciones encuentran el sentido a sus vidas en esas condiciones. Pero la na-turaleza siempre es exigente, impone pruebas, restricciones: la lluvia, el viento, elcalor, el suelo, todos los elementos del ecosistema conllevan exigencias de adapta-cin a quienes obtienen cotidianamente los recursos en ella. Y estas exigencias pue-den ser muy duras. No es vlida la imagen del turista que, ocasionalmente, y porcortos perodos, se entretiene en un parque o al pie de una montaa, gozando delpaisaje, pero sabiendo que tiene sus alimentos y el agua asegurada, dentro de unestuche de plstico, y que una carpa, tambin de plstico, le proteger de la lluviapor la noche.

    El desafo est entonces en cmo, la abrumadora mayora de nuestras sociedades,especialmente aquellos que residen en las ciudades, pueden re-encontrarse con la na-turaleza, respetndola, rescatando todo lo positivo que tenga la actual cultura, peroproyectando su relacin con ella, hacia el futuro, bajo un nuevo sentido.

    Un paso indispensable para esto es reflexionar sobre la situacin actual. Hoy, en nues-tra cultura prevalece la dominacin de la naturaleza. Esta est anclada en una ideologaque todo lo une. La naturaleza es concebida como ilimitada proveedora de recursos,siempre al servicio del hombre, sin derech...