El Venado de Piedra y otros cuentos de ?· El Venado de Piedra y otros cuentos de cazadores «el venado…

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    21-Sep-2018

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  • El Venado de Piedra y otros cuentos de cazadores

  • el venado dur buen rato parado sin que mi compadre

    pudiera dispararle. Luego se desapareci sin verlo

    correr, ni el rumbo que cogi, ah mismito, frente a nosotros. SERAPIO ARGELLES

    En su obra El tigre de Guait, Jos Len Tapia sustenta esta leyenda cuyo origen supone que

    se pierde en las pginas de la Conquista, y la cual ha perdurado en la cultura del campesino

    larense, del barins y del portugueseo. En ese libro el reconocido escritor barins cuenta

    que el general Rafael Montilla caminaba das enteros con la ilusin ingenua de encontrar el

    venado blanco con la caramera de catorce puntas, tan encantado y pleno de magia, que para

    matarlo se necesitaba un cuchillo con cruz labrada a cuchillo y cera bendita de una vela de

    Semana Santa.

    En un sitio llamado La Palma, ms all de Chaparral y Mijagual, cerca de Agua Blanca, a Remigio

    Urbano le sali el Venado de Piedra o la sierva de piedra, porque l no pudo precisar el sexo del

    animal, solo sabe que una tarde como a las cuatro l se intern en la montaa para ver si con-

    segua algn animal para llevar carne a la casa, y en un paraje donde haba un chorrito de agua

    vio un venado que estaba calmando su sed. Al instante Remigio prepar la escopeta y se dispu-

    so a cazarlo, pero en lugar de dispararle sigui detrs del venado que caminaba lento a corta

    distancia. El venado lo fue llevando y lo fue llevando hasta que Remigio extenuado se par al

    pie de un caafstolo grande que haba en el monte y all se qued dormido. Cuando despert

    dur dos das perdido, hasta que gracias a Dios consigui el chorrito de agua donde haba

    visto el venado y pudo orientarse y salir de nuevo a la carretera. Remigio todava no sabe por

    qu no le dispar al venado.

    SERAPIO ARGELLES Campesino de Montauela, casero ubicado detrs de Tapa de Piedra, va Barquisimeto

    Una noche me fui a cazar con un compadre mo llamado Nicols Cedeo, de Acarigua, por los alrededores de la represa de Las Majaguas, y cuando ya estbamos internados en la montaita nos sali un venado grande y cuadrado, bien jamado. Yo le dije a mi compadre, que es mejor tiro que yo: Zmpele, compa, que no se vaya. Mi compadre se asent la escopeta en el hombro y al mismo tiempo que l se acomod para echarle plomo al bicho, este se par frente a nosotros y se qued mirando con ojos muy extraos, parecan centellas. Los dos nos miramos con temor y el venado dur buen rato parado sin que mi compadre pudiera dispa- rarle. Luego se desapareci sin verlo correr, ni el rumbo que cogi, ah mismito, frente a nosotros. Inmediatamente, muy asustados, nos regresamos para la casa.

    Los cazadores siempre han sido presa de espantos y aparecidos que, supuestamente, custodian

    las reservas naturales de la tierra. El seor Francisco Sivira lo conrm al contarnos algo que le

    sucedi en sus aos de adolescente.

    FRANCISCO SIVIRA

    A nosotros, Silvestre, Oswaldo y Arstides Bracho, una hermana de ellos llamada Alejandra, Pedro Jimnez y yo, estando muchachos, nos gustaba mucho la cacera y siempre acostum- brbamos hacerle trampa a los animales. Una vez, aqu en Caramacate, cuando todo esto era posesin de mi pap, los muchachos se vinieron a quedar un tiempo con nosotros, enton- ces nos pusimos de acuerdo y preparamos dieciocho trampas, cada uno hizo tres, porque hasta la muchacha hizo las de ella. Se trataba de huecos como de un metro de hondo que tap- bamos con bejucos y hojas secas. Todos los das al levantarnos salamos a revisar las trampas y siempre caan picures, conejos, cachicamos, rabipelados y hasta lapas. Una maana como

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  • a las once estbamos revisando las trampas y todas estaban vacas. En la penltima conseguimos una mapanare enrollada y en la ltima un picure. Oswaldo grit: Aqu est uno!, y una voz que vena por dentro de la tierra, como desde la primera trampa, respondi con tono espeluznante: Aqu esta otro! Todos salimos corriendo para la casa y hasta la fecha, ya tengo 64 aos, yo no he vuelto a cazar con trampas.

    LUIS ALBERTO MEDINA

    Resulta que a m me gustaba mucho la cacera, as, de noche. Yo tena como veinte aos, hace bastante tiempo. Una vez fui por la zona de El Cruce, por all por Turn. Era una fecha mala porque era Semana Santa, y el jueves santo andbamos cuatro cazadores buscando vena- dos. Era de noche. Dos agarramos una zona y otros dos otra zona.

    Entonces nos fuimos caminando, la noche estaba muy oscura. Nos paramos en un sitio a descansar con las linternas apagadas. Yo me quedo mirando y veo como a diez metros de donde estbamos nosotros una luz azulosa que viene saliendo del suelo, era como de polieti- leno y esa luz se fue levantando y levantando derechita para arriba . Yo le dije a mi compaero: T ests viendo lo que yo estoy viendo?, y l respondi: Una luz, una luz. Esa luz subi como a dos metros de alto. Suba y bajaba, bajaba y suba. Entonces a m me entr un escalofro y los pelos se me pararon. Yo me asegur de que l estaba viendo tambin. Despus empez a bajar, a bajar hasta que desapareci. Yo prend la linterna y me fui para el sitio, busqu y nada, pura tierra. Eso me qued en la mente y comenc a preguntar para saber si a otras personas les haba ocurrido igual. Supe que era una experiencia algo comn entre cazadores y pescadores. Algunos me explicaron que esos son huesos enterrados que emanan una sustancia que al mezclarse con la atmsfera producen ese fenmeno. A m siempre me qued la duda.

    Por aqu en la zona alta de Araure, ms arriba de Los Tanques, por ah por El Yacure, viva un hombre llamado Crispn. l me cont una vez que l viva en una casita y que all senta de noche un cochino que le josaba por toda la orilla de la casa y por la maana encontraba todo igualito, y eso lo sinti muchas noches, hasta que tuvo que abandonar la casa.

    JUAN GALLEGOS Cazador piriteo de 77 aos

    Yo andaba cazando con Lzaro Prez y otro seor de quien no recuerdo el nombre, eso hace varios aos. Andbamos por un sitio que llaman El Pereo, bamos a velar venados. Yo me quedo solo en un palo y los otros dos se van por all, para otro palo. Resulta que yo para velar lapas y eso acostumbro quitarme los zapatos y ponerlos en un ladito. Bueno, me lleg un bquiro con los ojos verdes, que eso nunca se ve, porque al bquiro se le ve apenas una brasita. Le ech un tiro y lo mat y segu ah, y cuando me fui a poner los zapatos, que ya nos venamos, estaban sin cordones, me los haban robado, teniendo los zapatos en un lado. Al bquiro lo recog, nos lo llevamos y nos lo comimos. Ese otro da estando mi compadre Clemente Rivero, que Dios lo tenga en la gloria, porque se muri, l sali con los perros para el monte y nosotros nos fuimos con l. Nos paramos all, en El Jobal, y nos sali un venadito chiquitico, de esos pequeitos, que las cholas le arrastraban casi al suelo, de esos venaditos cerreos y tambin lo mat y nos lo trajimos.

    JUAN DEL CERRO TOVAR

    Me recuerdo en La Llanada, en Camburito, eso no estaba cercado por ninguna parte, ah no haba ninguna nca, el sitio se llamaba La Llanada. Nosotros salamos todas las noches a cachicami, y un seor que le decan Mano Lao, que era un viejo que tena mucho poder, l agarraba una hoja verde y la haca aparecer como un billete de veinte bolvares. Tena un pual en cruz y que bendecido y cargaba una marusa con muchas contras. l haba vivido mucho tiempo con los indios en el Amazonas. l le dijo a mi to Nicols Tovar, estaba yo chiquito todava: Nicols, deje de estar cachicamiando, mire que esos animales tienen dueo y cualquier noche lo van a encalamocar. Y fui yo quien se encalamoc una noche.

    Mire, yo corra y corra detrs de la perra y esa perra espantada atrs de un cachicamo que se vea era el puro rabo. Cuando yo iba corriendo atrs de la perra, cuji, cuji, y esa perra latiendo. En eso o un grito: Ay! Ay! No me mate! Cuando acord choqu fue con dos cruces ah en esa sabana y ah perd el conocimiento y amanec en La Llanada, donde estaban unos mangos. All fui a dar. Mi to se vino y empezaron a buscarme, pero no me

  • consiguieron sino al otro da y la perra apareci a los dos das.

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