El Puro Cuento 10

  • Published on
    09-Mar-2016

  • View
    229

  • Download
    10

DESCRIPTION

Cuento rabe

Transcript

<ul><li><p>Felipe Reyes MirandaAL FINAL, SLO EL ABISMO</p><p>Soy la Luna. La encantada, la difusa. La que se pierde y apa-rece en los eternos crculos de la vida. La que muere, la que resucita. Soy la luz que envuel-ve a la noche, la que alza los mares hasta tocar las estrellas. Soy la inalcanzable, la que se va, la eternamente presente.</p><p>Feli</p><p>pe R</p><p>eyes</p><p> Mir</p><p>anda</p><p> A</p><p>L FI</p><p>NA</p><p>L, S</p><p>LO E</p><p>L A</p><p>BIS</p><p>MO</p><p>Maite Villalobos</p><p>Mai</p><p>te V</p><p>illa</p><p>lobo</p><p>s</p><p>Donde nace el agua</p><p>Don</p><p>de n</p><p>ace </p><p>el a</p><p>gua</p><p>Entre los enigmas que otan en Donde nace el agua, Maite Villalobos hace entrecruzamientos de la realidad y un mundo habitado por fantasmas. Los espacios que la poeta canta son la intimidad del hogar y el medio inmediato; los personajes que logra construir son fuertes, pero el que encierra las emociones es el pueblo; al mismo tiempo que se oyen c ros tambin se escuchan murmullos y maledicencias, silencio, sabidura ancestral, una naturaleza no siempre idlica. La muerte que en-vuelve al pueblo de este libro y que lo llena de espectros tiene un toque festivo, pues cada acto lleva consigo el despertar de lo sensual. ste no es un poemario en blanco y negro; por el contrario, es colorido, tiene los tonos del cempaschil y la cochinilla y podemos rastrear su belleza con el ol-fato y beber pulque y aguamiel mientras recorre-mos sus calles de piedra. Hay un imaginario que toma de lo mexicano su inspiracin, pero que lo transforma en algo ms, en interioridad, en voces secretas que revelan verdades. La autora realiza una catbasis, el yo potico es testigo y parte del entramado social del pueblo; observa, se involu-cra y canta una cancin depurada que conjura el pasado.</p><p>Mara Cruz</p><p>www.elpurocuento.com</p><p>nm. 10 50 pesos</p><p>AHMAD MOUALLAMOHANNAD ORABI</p><p>Pjaros en el alambreLas matrioshkas de Rimsky-Korsakov</p><p>contemporneorabeCuento</p><p>NAGHIB MAHFUZZAKARIYA TAMERIBRAHIM SAMUELGASSAN KANAFANIMUHAMMAD SHUKRIJABBAR YASSIN HUSSINYABRA IBRAHIM YABRAMOHAMMED HASSAN ALWANFAZA GUNEWAJDI AL AHDALOSAMA ESBEREl </p><p>Pu</p><p>ro C</p><p>ue</p><p>nto</p><p> n</p><p>m</p><p>ero</p><p> 10</p><p>CinescrituraWashington Irving y Florin Rey: </p><p>Cuentos de la Alhambra</p><p>1. Nadie puede pretender que los cuentos slo de-ban escribirse luego de conocer sus leyes, porque no hay tales leyes; a lo sumo, cabe hablar de pun-tos de vista, de ciertas constantes que dan una estructura a ese gnero tan poco encasillable.</p><p>2. Un escritor argentino, muy amigo del boxeo, me deca que en ese combate que se entabla entre un texto apasionante y su lector, la novela gana siempre por puntos, mientras que el cuento debe </p><p>ganar por knock-out. Es cierto, en la medida en que la novela acumula progresivamente sus efectos </p><p>en el lector, mientras que un buen cuento es incisivo, mordiente, sin cuartel desde las primeras frases. No se entien-da esto demasiado literalmente, porque el buen cuentista es un boxeador muy astuto, y muchos de sus golpes iniciales pueden parecer poco e caces cuando, en realidad, estn minando ya las resistencias ms slidas del adversario. Tomen ustedes cualquier gran cuento que pre eran, y analicen su primera pgina. Me sorprendera que encontraran elementos gratuitos, meramente decorativos. El cuentista sabe que no puede proceder acumulati-vamente, que no tiene por aliado al tiempo; su nico recurso es trabajar en profundidad, verticalmente, sea hacia arriba o hacia abajo del espacio literario. Y esto, que as expresado parece una metfora, expresa sin embargo lo esencial del mtodo. El tiempo del cuento y el espacio del cuento tienen que estar como conde-nados, sometidos a una alta presin espiritual y formal.</p><p>3. Un cuento es signi cativo cuando quiebra sus propios lmites con esa explosin de energa espiritual que ilumina bruscamen-te algo que va mucho ms all de la pequea y a veces miserable ancdota que cuenta. La idea de signi cacin no puede tener sen-tido si no la relacionamos con las de intensidad y de tensin, que ya no se re eren solamente al tema sino al tratamiento literario de ese tema, a la tcnica empleada para desarrollar el tema.</p><p>Julio Cortzar</p><p>1. Nadie puede pretender que los cuentos slo de-ban escribirse luego de conocer sus leyes, porque no hay tales leyes; a lo sumo, cabe hablar de pun-tos de vista, de ciertas constantes que dan una estructura a ese gnero tan poco encasillable.</p><p>2me deca que en ese combate que se entabla entre un texto apasionante y su lector, la novela gana siempre por puntos, mientras que el cuento debe </p><p>ganar por que la novela acumula progresivamente sus efectos </p><p>en el lector, mientras que un buen cuento es incisivo, mordiente, sin cuartel desde las primeras frases. No se entien-</p><p>La novela gana siempre por puntos;el cuento, por k.o.</p><p>Hermenutica y recepcin de la obra de arte literaria</p><p>Gloria VergaraAda Aurora Snchezcoordinadoras</p><p>Glo</p><p>ria V</p><p>erga</p><p>ra </p><p> Ada</p><p> Aur</p><p>ora S</p><p>nch</p><p>ez c</p><p>oord</p><p>inad</p><p>oras</p><p>La interseccin texto-lector, o para decirlo en trmi-nos de Hans Robert Jauss, la fusin de horizontes que se presenta entre el texto y el lector a partir de una lectura con intenciones estticas, acontece como una revelacin en que ambas instancias han podido decirse algo. El texto habla cuando el lector distingue sus sea-les, sus indicios, su estructura preorientadora, y atien-de su llamado. El texto apela a un otro, pero en actitud comprometida, consciente de que en toda lectura se re-construyen constantemente los horizontes desde donde se parte y hasta donde se llega. En este encuentro de voces, de miradas tericas, se compilan seis trabajos que re exionan, en general, so-bre la naturaleza de la obra de arte literaria, sus modos de aprehensin, recepcin e interpretacin, as como de la experiencia esttica del lector. En todos ellos se percibe la con rmacin de una tesis que la teora de la recep-cin y la neohermenutica han defendido: la obra de arte literaria es ms que el texto y emerge en razn (y gracias a) quien la recibe.</p><p>Her</p><p>men</p><p>utic</p><p>a y re</p><p>cepc</p><p>in </p><p>de la</p><p> obr</p><p>a de a</p><p>rte l</p><p>itera</p><p>ria</p></li><li><p>Cuentos rabes11</p><p>31</p><p>36</p><p>42</p><p>10Mxico, df, 2011</p><p>ndice </p><p>Las es y sus puntosIntroduccin a la historia del cuento en la literatura rabe: de los orgenes a la actualidadAntonio Martnez Castro</p><p>ndice2 </p><p>4 </p><p>11</p><p>17</p><p>Un clavel para el cansado asfaltoZakariya Tamer</p><p>Un largo inviernoIbrahim Samuel</p><p>Si fueses un caballoGassan Kanafani</p><p>No siempre los nios son tontosMuhammad Shukri</p><p>LeyendaJabbar Yassin Hussin</p><p>El barcoYabra Ibrahim Yabra</p><p>Haneef de GlasgowMohammed Hassan Alwan</p><p>MimounaFaza Gune</p><p>Crimen en la calle de los restaurantesWajdi al Ahdal</p><p>He venido para indicarte el caminoOsama Esber</p><p>22</p><p>29</p><p>50</p><p>60</p><p>74</p><p>81</p><p>89</p><p>Cuente</p><p>Mohannad Orabi</p><p>Ahmad Moualla</p><p>81</p></li><li><p>Cinescritura100</p><p>La cuartaJulio Cortzar</p><p>110</p><p>El diez</p><p>Colaboradores</p><p>112</p><p>Editorial Praxis, Vrtiz 185-000, col. Docto-res, del. Cuauhtmoc, c.p. 06720, Mxico, dfVentas: 57 61 94 13</p><p>Colaboraciones: elpurocuento@editorialpraxis.com</p><p>Todos los derechos de reproduccin de los textos aqu publicados es-tn reservados. Reserva de derechos para el uso exclusivo del nombre: 04-2006-100514362500-102. </p><p>DISeOCarlos Adampol </p><p>Galindo</p><p>www.elpurocuento.comwww.editorialpraxis.com</p><p>Esta revista no cuenta con apoyo de instituciones extranjeras o nacionales, de estado o privadas. Es una publicacin libre que se hace con el trabajo independiente de quienes aparecen en el directorio y gracias a las colaboraciones de los generosos autores. No se establece correspondencia sobre textos no solicitados.</p><p>CONSEJO DE REDACCINDaniela Camacho, Carlos Adampol Galindo, </p><p>Javier Muoz Njera</p><p>DIRECTORC a r l o s L p e z</p><p>97</p><p>Washington Irving y Florin Rey: Cuentos de la AlhambraEstrella Asse</p><p>Las matrioshkas de Rimsky-KorsakovRebeca Mata Sandoval</p><p>PimientaNaghib Mahfuz</p><p>Pjaros en el alambre107</p></li><li><p>4el</p><p> pur</p><p>o cu</p><p>ento</p><p>el p</p><p>uro </p><p>cuen</p><p>to</p><p>Introduccin a la historia del cuento en la literatura rabe: de los orgenes a la actualidad</p><p>Antonio Martnez Castro</p><p>Si bien se han hallado cuentos en manuscritos y tabli-llas de culturas semticas tan antiguas como la babi-lnica, asiria, caldea e incluso la faranica, no puede hablarse de cuento rabe hasta que dicha lengua se esta-bleci en la forma actual con el advenimiento del islam. Muchos estudiosos sostienen que el profeta Mahoma fue el primer narrador de cuentos, de manera que leer algunas azoras del Corn bastara para encontrar bellos cuentos como el de Jos (xii), o el de La caverna (xviii) por mencionar slo un par que tenan un fin religioso y moralizante, y versaban sobre pueblos an-tiguos, profetas y enviados.</p><p>Salvedad hecha de la poca preislmica, en cuanto se fija la gra-mtica y escritura rabes, y se consolida el califato como rgimen poltico, arranca la historia de la literatura rabe cuyas pocas de-nominaremos de acuerdo con el devenir, esplendores y desmorona-mientos de esa civilizacin. Vamos a recorrerla de forma sucinta a travs del cuento hasta llegar a la literatura rabe moderna a la que pertenecen el elenco de autores presentados y traducidos para este nmero de la revista El Puro Cuento. Huelga decir que la divisin </p></li><li><p>las es y sus puntos5</p><p>presentada es cuestionable, y no es en absoluto nica, pero es conveniente para sintetizar catorce siglos de literatura rabe. </p><p>Antes de comenzar el viaje temporal, se hace preciso distin-guir la va por la que se transmi-ten los cuentos y el registro de lengua en los que se narran. As, los cuentos (hikaya) son orales y mayormente en dialecto, mien-tras que el cuento literario (qis-sa) viene escrito y en rabe culto. La tradicin oral en la cultura rabe, con sus caractersticas de rima, actuacin e interaccin con el pblico, ha conocido una extraordinaria amplitud en la cultura ra-be popular y desde tiem-pos remotos hasta poca muy recien-te los cuen-t a c u e n t o s itinerantes, con su caja m g i c a , describan las hazaas p i c a s d e A n t a r a y Ab Z a i d a l - H i l a l . Ms recien-temente, la </p><p>radio, y en menor medida la televisin, han contribuido a desarrollar esta tradicin y sus variantes de las que no nos va-mos a ocupar por ser orales y en dialecto, pero que ameritan ser mencionadas.</p><p>El cuento literario (qissa) parte del Corn, como se ha dicho, y atraviesa todas las po-cas. Destacan durante el califato Omeya (680-756 d.C.) el Libro de las canciones de Abu al-Faray al-Isfahani que versa sobre las canciones y melodas que se cantaban y bailaban en un am-biente de lujo, vino y deleite ante los califas y recuerda los ricos </p><p>o b s e q u i o s que por ellas obtenan los cuentistas . T a m b i n son de esta p o c a l o s cuentos de M a y n n y Laila, de Yamil y Bu-zaina, don-de se ensalza la castidad y nobleza del amor Udr de los bedui-nos. La lite-ratura abas </p><p>Ilustracin del manuscrito de Badr al-Din Lu,lu,, un gobernante de Mosul del siglo xiii, del Kitb al-Aghn (Libro de las canciones) de Abu al-Faray al-Isfahani, libera de Feyzullah, Istanbul.</p></li><li><p>6el</p><p> pur</p><p>o cu</p><p>ento</p><p>(756-1250 d.C.) se caracteriz por una apertura a otros pueblos (shuubiyya) donde el poder rabe, hasta entonces predomi-nante, se resquebraj y se mezcl con las influencias de persas y turcos. De esta larga poca cabe destacar Las mil y una noches, Calila y Dimna, escritos por autores de origen persa, y El libro de los avaros, de al-Yahiz, que nos informa sobre la socie-dad abas, muy especialmente en Basora y en el Jorasn. Otro tipo de cuento de esta poca son las maqamat, especialmente las de al-Hamadani y las de Hariri, que son cuentos cmicos, dialo-gados, medio en prosa, medio en verso, y de gran complejidad lin-gstica cuyo hroe es siempre el </p><p>mismo y con ardides sale bien parado de los trances que se le plantean.</p><p>La tercera y ltima poca, antes de abordar la literatura moderna, es la de la Decadencia (1250-1797 d.C.), que, como su propio nombre lo indica, se caracteriza por una extrema me-diocridad en la creacin artstica y en la intelectual que hacen que no haya autores notables ni obras reseables. Sin nimo de enumerar las variantes de la cuentstica rabe clsica a travs de esta rpida enumeracin, se hace palmario que esta pro-duccin no puede clasificarse en sentido estricto conforme a lo que hoy se denomina cuen-to (short story) puesto que se limita a descripciones externas, es hermtica y responde a arque-tipos y modelos.</p><p>En los ltimos doscientos aos la literatura rabe moderna se define por su relacin con Oc-cidente. La conquista de Egipto por Napolen, y la consiguiente llegada con l de la imprenta, la prensa y el pensamiento cien-tfico, determin el punto de partida y desde entonces hasta hoy dicha historia puede divi-dirse en cuatro grandes etapas: Comienzo del Resurgir o el Des-pertar (1797-1876), el Renacer </p><p>al-Yahiz (Basora, 776-868)</p></li><li><p>las es y sus puntos7</p><p>(1876-1948), las Corrientes Revolucionarias (1949-1967) y la Literatura del Desastre, que ocupa el periodo que va de la Guerra de junio de 1967, o Guerra de los Seis Das, entre rabes e israeles hasta el da de hoy. La totalidad de los autores de esta antologa pertenecen a los dos ltimas etapas.</p><p>El comienzo del resurgir (1797-1876) va estrechamente ligado al regreso de estudiantes enviados en misiones cientfi-cas a Francia. Su repercusin fue modesta, pero plantaron la semilla que permitira la madu-racin posterior de nuevos gne-ros literarios en la cultura rabe como lo fueron el teatro, la no-vela y el cuen-to. Su principal motor fue la traduccin, los autores cono-can una lengua europea, prin-cipalmente el francs y el in-gls (se traduje-ron Los cuentos de la Alhambra, de Washington Irving, o El l-timo abencerraje </p><p>de Chateaubriand); sin embar-go, no puede hablarse todava del cuento rabe.</p><p>Ms tarde, la segunda poca o el Despertar (1876-1948) estuvo igualmente marcada por el contacto con Occidente, pero los mviles fueron la emigra-cin a Amrica del Norte y Sur de muchos rabes de Oriente Medio, debido a la miseria que comport el agnico desplome del Imperio Otomano, as como la colonizacin de gran parte del Mundo rabe y la implantacin de universidades europeas y es-tadunidenses en Beirut y en el Cairo. En esta poca se produjo </p><p>Grabado de una edicin rabe de Calila y Dimna. Biblioteca Nacional, Pars</p></li><li><p>8el</p><p> pur</p><p>o cu</p><p>ento</p><p>un verdadero trasvase de formas artsticas y descubrimientos, y los primeros narradores de cuen-tos que aparecieron en los albo-res del siglo xx copiaban obras occidentales slo que ambienta-das con personajes y hechos del mundo rabe. Los cuentos eran costumbristas y melanclicos, y evolucionaron para tratar los cambios de las costumbres y cmo los personajes se adaptan y reaccionan ante esto: campo-ciudad, riqueza-pobreza, etc-tera. Los autores de esta poca fueron los verdaderos pioneros </p><p>del cuento y las tertulias y aso-ciaciones literarias; tambin las primeras revistas contribuyeron eficazmente a su nacimiento. De esta poca son los hermanos Taymur, Mohamad y Mahmud, Yahya Haqqi, considerados los padres del cuento rabe, Salim al-Bustani y Jalil Yubrn Jalil. </p><p>Los egipcios, y los sirio-liba-neses en menor medida, fueron los portadores del estandarte en los inicios. Sin embargo, en la tercera poca, o la de las Corrientes Revolucionarias (1948-1967), aunque con ms fuerza en el Masherq, se diver-sifican las nacionalidades de </p></li><li><p>las es y sus puntos9</p><p>los narradores de cuentos, y en literatura moderna ya se puede hablar del Magreb...</p></li></ul>

Recommended

View more >