El Ecuador en Merida

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    17-Jan-2016

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historia de Mrida contado por un ecuatoriano

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  • Consulado General del Ecuador en MridaMezanine 1. Edificio Oficentro Av. 4 entre calles 24 y 25

    Telfono: +58 274 252848Fax: +58 274 2528961

    Email: cecumerida@cancilleria.gob.ec

    Twitter: @cecumeridahttp://merida.consulado.gob.ec/

    Ministro Cnsul: Dr. Juan Pablo ValdiviesoAgente Consular: Patricio Pinos Zambrano______________

    Edicin, Diseo y Diagramacin: Mgs. Beatriz A. Juregui.

    Fotografas Artculo Resea Histrica:Luis Enrique FarinangoBeatriz JureguiJuan Pablo Valdivieso

    Impresin de Cartula y reproduccn DVD:Luis Enrique Farinango

    ______________

    Agradecimientos: Nuestra imperecedera gratitud a aquellos que nos facilitaron la infomacin y el material que a continuacin recogemos en este libro electrnico.

    Contenido Presentacin 5 ReseaHistrica 6 SemblanzaEcuatorianaenMrida 11 RafaelLemaChico 11 LuisRengelSnchez 13 AlfonsoCuestayCuesta 15 LeonardoPezMaldonado 17 JosQuincheMaldonado 23 LuisFelipeVillarruelGarca 25 AlfredoUsubillagadelHierro 27 JuanBernardoVsconezAlarcn 9 LuisFabinSnchezCaldern 31 AlfredoRamosJimnez 33

    Consulado General del Ecuador en Mrida - Ministerio de Relaciones Exteriores y Movilidad Humana

    El Ecuador en Mrida El Ecuador en Mrida2 3

  • Digo que una imagen vale lo que mil palabras. En este trabajo, hemos combinados los dos elementos para dejar un testimonio visual y escrito de las actividades que el Consulado General del Ecuador en Mrida, conjuntamente con la comunidad ecuatoriana residente en este Estado, ha desarrollado a lo largo de casi dos aos de actividad.

    Esta tabula pretende ser una visin de la semblanza de la ecuatorianidad, en es-tos bellos parajes andinos de las altas sierras de Mrida. La huella de la presencia ecuatoriana, por supuesto se remonta a muchos aos atrs, se tienen evidencias de ella a partir de 1940. Pero es siempre necesario recoger dichos vestigios, escarbar la tierra para encontrar las races, araar en las calles y en las plazas para encontrar debajo de las piedras esos pasos, que de manera indeleble han firmado en los lacus-tres el ser ecuatoriano. Esas semblanzas y esos rostros los presentamos hoy, en un homenaje sincero, para la huella indeleble de nuestro Pas en esta tierra bolivariana.

    El alma ecuatoriana se plasma en los rostros de todos los compatriotas que nos han acompaado durante este tiempo en las actividades que hemos realizado. Es un testimonio de aprecio y estima, de compartir el alma nacional, de dejar ms all del tiempo y de la fragilidad de la memoria, grabada en el corazn de ese ser ecua-toriano, esta semblanza.

    No pretendemos agotar el testimonio ecuatoriano, sabemos y entendemos que esa memoria es extensa, pero esta contribucin, esperamos, har mas fcil el recuer-do. No pretendemos que nos anclemos en el pasado, sin embargo el futuro es el fruto de la tenacidad de las races y de la fortaleza de ese tronco, que es robusto, que es invencible en la medida en que el surco esculpido con amor y con trabajo, generosamente alimente con el agua esencial la memoria trascedente de las viven-cias milenares de nuestra cultura e historia ecuatorianas.

    Este trabajo pretende compartir la generosidad de las sonrisas, la camaradera que transmiten los labios y los ojos de los compatriotas, de sus hijos y de sus nietos. Por ello el acento en los rostros, en las semblanzas, en la celebracin de la alegra de mostrar nuestra tradicin y nuestro ancestro, en estas tierras andinas y caribeas, bruidas por el sol y esculpidas por el ventisco de los Andes, que musita libertad.

    Ustedes compatriotas representan la ecuatorianidad, en esta Venezuela tan amada por Bolvar, vencido tan solo por instantes en su Delirio sobre el Chimborazo, macizo ecuatoriano que cont al Pico Bolvar los triunfos libertarios en Pichincha, en Junn y en Ayacucho, obras inclumes de Titanes como El Libertador y como Sucre, el Abel Americano.

    Dr. Juan Pablo Valdivieso,Ministro, Cnsul General del Ecuador

    Mrida, Diciembre de 2014

    Presentacin

    Consulado General del Ecuador en Mrida - Ministerio de Relaciones Exteriores y Movilidad Humana

    El Ecuador en Mrida El Ecuador en Mrida4 5

  • Resea Histrica

    Alta ciudad de pramos

    Cerrada secretaConsentida1

    Orgenes

    Tal como lo expresa el distingui-

    do historiador Dr. Guillermo Morn:

    ..Venezuela es, principalmente, un pas mar-

    timo, caribeo Venezuela no ha sido pas

    andino. Pero las estribaciones de los Andes pen-

    etran su territorio y tambin en los lomos an-

    dinos se formaron provincias desde el siglo

    XVI El poblamiento andino venezolano vie-

    ne desde Pamplona, desde el Nuevo Reino.

    Contina su relato con la afirmacin siguiente:

    La ciudad de Mrida (1558) y la Villa de San

    Cristbal (1561), fundadas por iniciativa de Tunja

    y de Pamplona, tuvieron el claro propsito de lle-

    nar el largo camino entre la provincia de Venezuela

    y el Nuevo Reino, por los senderos cordilleranos. El

    trfico comercial adquiere un ritmo importante con

    ambos establecimientos, especialmente en cuanto

    a las mercancas que vienen por el Lago de Mara-

    caibo y los ganados de los numerosos valles.2 1 Ramn Palomares (poeta)

    2 Morn, G.; Historia de Venezuela, 4ta ed. Ampliada y corregida; Los Libros del Nacional; Caracas, 2012

    se ha credo hasta ahora, fund Juan Rodrguez

    Surez la ciudad de Mrida, en memoria de la

    Mrida espaola de donde era oriundo, y pro-

    sigue, Aun cuando Fray Pedro Simn no precisa

    el da en que Rodrguez Surez hizo la fundacin

    de Mrida, por las noticias que l suministra y

    las que hemos hallado en manuscritos originales,

    podemos fijarla con exactitud, en nueve de oc-

    tubre de 1558. En 14 del propio mes de octubre

    escribi Rodrguez Surez una carta a Pamplo-

    na dando cuenta del descubrimiento de las Sie-

    rras Nevadas, que ya haban tenido a la vista, y

    ponderando la masa de poblacin pacfica y la-

    boriosa que haban encontrado en sus faldas.

    El capitn Rodrguez Surez fue en persona a las

    costas de la laguna de Maracaibo, que entraban en

    la jurisdiccin de la nueva ciudad, donde se halla-

    ba a mediados de marzo siguiente, cuando recibi

    aviso de la llegada del capitn Juan Maldonado a

    Mrida, con poderes de la Audiencia de Bogot

    para prenderlo y sustituirlo en la conquista y po-

    blacin que ya tena hechas Rodrguez Surez se

    dej prender y remitir a Santaf, pues sus concien-

    cia no le acusaba de delito alguno y esperaba ver

    fcilmente declarada su inocencia.,, Maldonado no

    estuvo por nada de lo hecho anteriormente. As

    fue que, enseguida tom bajo sus rdenes la gente

    de Rodrguez Surez y traslad la ciudad a cinco

    o seis leguas ms al norte, por la misma caada

    o valle de Chama, asentndola en la parte infe-

    rior de una hermosa mesa, frente a los picachos

    nevados de la Sierra y trocndole el nombre de

    Mrida por el de Santiago de los Caballeros3

    La Provincia de Mrida

    El 3 de noviembre de 1622 se dio ttulo de

    Gobernador y Capitn General de la Provincia de

    3 Febres-Cordero, T.; Dcadas de la Historia de Mrida; Ediciones El otro el mismo, Mrida, 1920-2008

    Mrida, al venezolano (nacido en la ciudad de

    Trujillo), Juan Pacheco Maldonado A par-

    tir de Pacheco Maldonado, la ciudad de Mrida se

    convierte en la capital de la Provincia. All tienen

    su sede los dems gobernadores hasta 16814

    La Vocacin cultural

    Si se considera el siglo XVI como el de la fundacin

    y el siglo XVII, como el de constitucin polti-

    ca de la Provincia de Mrida, bien puede decirse

    que el siglo XVIII es el de la cultura meridea.

    Mrida logra constituirse en el centro educati-

    vo ms importante del occidente venezolano con

    el establecimiento del Colegio San Francisco Javier

    de la Compaa de Jess, en las primeras dca-

    das del siglo XVII (1626), el cual ejerci una labor

    ininterrumpida durante casi 139 aos - El colegio

    y la biblioteca del colegio que contaba con ms de

    6.000 volmenes pas a poder de los dominicos,

    al igual que la iglesia conocida como El Carmen-.

    La larga experiencia educativa del colegio jesutico

    dej sus huellas en la vida social, cultural y es-

    piritual en la ciudad andina, las que despus de

    dieciocho aos de la expulsin de sus gestores, a

    4 Morn, G.; Historia de Venezuela, 4ta ed. Ampliada y corregida; Los Libros del Nacional; Caracas, 2012

    Por: Manuel Rengel Avils. Phd.

    Don. Tulio Febres-Cordero, hijo dilec-

    to y cronista de la ciudad, escribe lo si-

    guiente tomado del relato de Fray Pedro Simn:

    Gobernando en esta ciudad (Pamplona) el

    capitn Ortn Velasco, se determin, pues, el ao

    de 1558, que saliese en demanda de las Sierras

    Nevadas el capitn Juan Rodrguez Surez, que era

    a la sazn Alcalde de Pamplona; y a principios del

    mes de junio, con cien soldados, march con rum-

    bo a los valles de Ccuta, de donde sigui por las

    lomas del Viento hasta el Valle de Santiago, que

    llamaron as por haber entrado en l el da de este

    Apstol, o sea el 25 de julio. Despus de algunos

    das de descanso en este valle, pasaron adelante,

    rumbo al norte hallando resistencia por parte de

    los indios de Triba y Valle de San Bartolom del

    Cobre, que descubrieron el 24 de agosto, el cual

    atravesaron hasta salir a las tierras de los Gritas y

    Bailadores, despus de varios sucesos; y de aqu

    pasaron el ro Chama por el sitio de los Estanques,

    llegaron a las Lagunillas del Urao, donde hallaron

    gran poblacin de indios industriosos y pacficos.

    En este paraje, Lagunillas y no Acequias, como

    Consulado General del Ecuador en Mrida - Ministerio de Relaciones Exteriores y Movilidad Humana

    El Ecuador en Mrida El Ecuador en Mrida6 7

  • la llegada de Fray Juan Ramos de Lora en 1785,

    favorecieron la creacin de una Casa de Edu-

    cacin que se convertira en Seminario Tridentino.

    A ste le confiri la facultad de Estudios Generales

    y el 18 de junio de 1806 se le concedi la gra-

    cia real de otorgar grados menores y mayores o

    sea de licenciado y doctor, concedidos por pri-

    mera vez en 1808. El 21 de septiembre de 1810,

    ampliando el privilegio otorgado por Carlos IV,

    en junio de 1806, la Junta Gubernativa Defenso-

    ra de los Derechos de Fernando VII, le agraci

    con el nombre de Real Universidad de San Bue-

    naventura de Mrida de los Caballeros5 .

    La ciudad en la Universidad

    Mariano Picn Salas, merideo de pura cepa,

    distinguido escritor de brillante pluma y pul-

    cro estilo, quien dej Mrida en sus aos mo-

    zos, describiendo sus memorias de niez y

    juventud en su bellsima obra Viaje al Ama-

    necer, se atrevi a proponer la frase Mrida

    es una Universidad con una ciudad por dentro.

    5 Samudio, E. O.; Boletn del Archivo Histrico, ao 9, N15; SABER-ULA

    La Universidad que, en el valle merideo, parece

    contener en s, ciertamente a la ciudad toda, cuya

    dinmica diaria est enriquecida por la resonancia

    universitaria, ha hecho posible el estudio cientfico y

    el conocimiento social y antropolgico de las races

    folklricas y mticas ms entraables; y ha hecho

    posible el puente hacia lo universal: la produccin

    cientfica y humanstica de la Universidad y, con

    ella, de la ciudad ha sido de las ms importantes

    del pas y ha alcanzado importantes momentos de

    gravitacin en contextos internacionales. Esa espe-

    cial conjuncin de Ciudad y Universidad hace que

    nuestra sociedad sea, en muchos sentidos, una so-

    ciedad del conocimiento, como lo son otros campus

    acadmicos y ciudades en otras partes del mundo.

    Confluencia de Universidad y ciudad que ha per-

    mitido el rigor y la libertad de creacin; la in-

    tensa comunicacin con universidades e insti-

    tuciones del ms alto nivel en el mundo; la

    produccin intelectual, cientfica y humanstica;

    la valoracin de la investigacin como trabajo tras-

    cendente y significativo, vital para la participacin

    del pas en el concierto mundial de las naciones.

    Es significativo en este sentido la creacin de la

    Academia de Mrida, fundada el 12 de octubre de

    1992, lugar a la vez germinal y de confluencia del

    pensamiento cientfico y humanstico de la ciudad,

    el pas y el mundo, caja de resonancia entre lo

    ms propio y lo universal, espacio privilegiado para

    la sociedad del conocimiento que es, en muchos

    sentidos, la ciudad de Mrida, esa ciudad de per-

    fecta belleza ntimamente estremecida, en todos

    sus instantes, por el resplandor de la montaa6

    La ciudad en el siglo XX

    La Mrida que conocimos en los primeros aos de la quinta dcada del siglo pasado, se nos pre-sent como una pequea ciudad, un pueblo, ms

    bien acogedor, con su clima templado y hmedo propio de su fisiografa, fro durante las maanas, especialmente cuando se aproximaba la Navidad y los das amanecan claros y soleados. En aquellos aos, rememoramos las tardes cubiertas de ne-blina, la cual al caer sobre la ciudad nos impeda ver en su detalle la estatua del Libertador en la Plaza Bolvar. Sus calles siempre estaban limpias y sus jardines bien cuidados. Se viva una vida tran-quila, muy segura y de mucha calidad. Los nios, asistamos regularmente a nuestras escuelas tanto en las maanas como durante las tardes, no se haba implementado el denominado medio turno.

    Sus bellas montaas, que en su momento le die-ron el nombre de el Valle de las Sierras Nevadas,

    6 Bravo, V.; Prlogo: Dcadas de la Historia de Mrida; Ediciones El otro el mismo, Mrida, 1920-2008

    con el cual lo conocieron los primeros europeos que se atrevieron a visitarla, por all a mediados del siglo XVI, nos sirvieron, a varias gen-eraciones de jvenes, como solaz y ejercicio fsico. En mis aos de estudiante universitario, tuve el placer de disfrutar las excursiones al Pico Bolvar y a La Concha, por la va de la Cuesta de Beln y la Casita Blanca, as como por San Jacinto y pos-teriormente utilizando el telefrico de carga, por trayectos. Para ir hasta los picos Humbolt y Bonp-lad, ascendamos desde La Mucuy, y para la Lagu-na del Albarregas, por el camino actual de Santa Rosa, arriba de las edificaciones de la Hechicera, estas actividades nos llenaban de energa vital, satisfaccin, y por supuesto, de fatiga.

    Como toda ciudad andina, Mrida posee en su en-torno varios ros: el Albarregas, que nace en la laguna del mismo nombre y la atraviesa de norte a sur, hasta su confluencia con el Chama, que sigue un curso paralelo a la meseta en donde se asienta la ciudad, separado por un talud de ms de 200 metros. El Mucujn que nace en el pramo de la Cula-ta y afluye al Chama y la Quebrada de Milla que nace en las alturas del Monte Zerpa, dando ori-gen a los Chorros de Milla y afluye hasta el Al-barregas. Al Noroeste de la ciudad, nace la Que-brada de la Pedregosa, que afluye al Albarregas.

    Hasta mediados del siglo anterior, todos estos ros se mantenan en su estado natural, prs-tinos e impolutos, - es un hecho histrico que el nombre de Albarregas o aguas albas bue-nas para el riego, fue el nombre que le die-ron los primeros pobladores europeos de esta ciudad - sirviendo como lugares de sano espar-cimiento para toda la poblacin. La actual Avenida 1, o Rodrguez Picn, se conoca en esas pocas como la calle de Los Baos, debido a que por ella se acceda a los pozos y vados del Albarregas.En la actualidad, todos estos cursos de agua naturales p...