EL ARTE Y LA cENSuRA - ?· Sin embargo, los años han demostrado que la censura es algo que no puede…

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    21-Jan-2019

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<ul><li><p>ENESTENMERO</p><p>EditorialAgnesKoleman</p><p>ArtculoAlbertPrez</p><p>Poema VisualFrancisSnchez</p><p>ArtculoYanelysNez Leyva</p><p>ArtculoNonardoPerea</p><p>rewriti</p><p>ng cu</p><p>ba</p><p>nme</p><p>ro 15</p><p>junio </p><p>2017</p><p>3 4 8 10 12</p><p>EL ARTE Y LA cENSuRA</p><p>http://cubalog.eu/espanol/</p></li><li><p>rewriting cuba</p><p>2rewriting cuba</p><p>3</p><p>EdiTORiALDurante mucho tiempo se ha pensado que en Cuba la censura era algo reservado para los opositores al rgimen, aquellos que queran derrocar la Revolucin, y de cuya influencia haba que proteger al pueblo. </p><p>Aunque la cultura, y en particular el arte, fueron utilizados como armas de propaganda, en un principio el gobierno intent ser inclusivo para las distintas tendencias de pensa-miento, dando un margen a los intelectuales siempre y cuando no atacaran la esencia de la Revolucin. Si se mantenan fieles al Partido, no tenan nada que temer.</p><p>Sin embargo, los aos han demostrado que la censura es algo que no puede aplicarse en pe-queas dosis, pues es como un cncer que se come la cultura de un pas, sin olvidar a nadie. Su poder destructor es tan grande que afecta a todo el mundo, porque ataca a la esencia de las personas.</p><p>As, en los ltimos meses, hemos visto cmo la censura ha atacado de manera ms o menos explcita a personajes del mundo de la cultura que no se reconocen a s mismos como opo-sitores, ni tienen ninguna intencin de derrocar la Revolucin como tal, sino simplemente muestran sus ideas y opiniones de forma abierta. Hoy en da el gobierno cubano ataca cual-quier germen de pensamiento crtico; cualquier posicionamiento artstico que no responda a su idea preconcebida de cmo tiene que ser Cuba, cualquier manifestacin cultural que no encaje con sus planes actuales para el pas.</p><p>El pasado mes de abril, la polica poltica impidi que la gente asistiese a una proyeccin del documental Nadie, de Miguel Coyula, donde el poeta Rafael Alcides habla abiertamente de su experiencia como revolucionario y escritor en un sistema que no le permiti tener sus propias opiniones y le conden al ostracismo. Del mismo modo, otros y otras artistas en-cuentran hoy su trabajo amenazado por salirse de la norma impuesta; por no utilizar el arte del modo que les dicen que lo usen. Mientras se teme la llegada de un nuevo quinquenio gris, los y las artistas en Cuba siguen luchando por su espacio: parece claro que la esencia del arte no admite censura.</p><p>el arte y la censura</p><p>Agnes KolemanYanelys Nez Leyva por A. Koleman</p></li><li><p>rewriting cuba</p><p>4rewriting cuba</p><p>5</p><p>En 2016, Abel Prieto volvi a asumir el mando del Ministerio de Cultura en Cuba, luego de un receso de cuatro aos, en los que supuesta-mente fungi como asesor del ge-neral presidente.</p><p>Rafael Bernal y Julin Gonzlez, que fue-ron ministros en su ausencia, pasaron casi inadvertidos por el cargo. Y esto era lgico de esperar, pues ninguno de los dos puede reconocerse a s mismo como integrante de la plyade de artistas e intelectuales cubanos. Cualquiera llega a ser ministro de Cultura en Cuba, basta con reunir las condiciones idneas, que son bsicamente tener capacidad para utilizar los resortes de la demagogia cubana, los cuales garan-tizan un ascenso rpido a quienes mientan ms en menos tiempo. </p><p>El caso es que Abel ha vuelto. Pero en los cuatro aos que perdi de vista la poltica cultural cubana, la trama intelectual de la isla se ha movido a zonas insospechadas. Y el tejido urbano es hoy un diagrama del caos en su mxima expresin. </p><p>En las universidades cubanas la cancin El paln divino, de un reguetonero cual-quiera, ha suplantado las letras de Silvio Rodrguez o Pablo Milans. Ms que los teatros, los msicos prefieren los ba-res privados de La Habana, a los cuales no acuden los hijos de los obreros que la Revolucin dice proteger. En los hoteles, las compaas de baile reciben solo la mi-tad de su salario, porque regularmente los gerentes obtienen para su bolsillo el 50% de los ingresos culturales. Los archivos </p><p>histricos de la nacin se pierden entre comejn y hongos. En los hogares se con-sumen productos audiovisuales del deno-minado paquete (sistema de copia y pega offline de archivos multimedia) antes que la programacin habitual de alguno de los cuatro canales de televisin con alcance nacional. Y lo ms interesante, al interior de las propias instituciones de cultura se estn generando importantes debates, que exigen un cese de la censura y que no se retorne al denominado por Ambrosio Fornet como quinquenio gris.</p><p>Sin embargo, como ha dicho el periodista Juan Orlando Prez, el ministro ha vuelto con aires de mariscal. Est ms concen-trado en mantener la omnipresencia sobre los medios oficiales de comunicacin y en arremeter contra la industria cultural nor-teamericana que en dialogar sobre las cre-cientes demandas en su sector. El proble-ma sigue siendo el mismo planteado por Fidel Castro: Dentro de la Revolucin todo; fuera de la Revolucin; nada. Porque la Revolucin tiene tambin sus derechos. Y el primer derecho de la Revolucin es el derecho a existir. El asunto es que los lmites del todo no estn definidos. Y dependen, en gran medida, de quien est en el poder, de las circunstancias externas en la poltica y de la interpretacin que los decisores hagan de los informes de Inteligencia. </p><p>As las cosas, en tan solo dos aos hemos vistos cmo la pelcula Santa y Andrs fue retirada de los cines; Tania Bruguera amordazada; la escritora Wendy Guerra satanizada; la editora Yanelys Nez </p><p>EL ARTE cOMO ARMA dE LA REVOLuciN</p><p>Albert prez</p><p>la censura en los ltimos meses ha estado atacando cualquier tipo de arte que haga pensar</p></li><li><p>rewriting cuba</p><p>6rewriting cuba</p><p>7</p><p>oposicin. Hoy lo son tambin los direc-tores Fernndo Prez o Pavel Giroud por atreverse a exigir por ejemplo una Ley de Cine, o los escritores jvenes que no ven sus libros en ninguna feria pero s la repro-duccin sistemtica de la ideologa mar-xista, la cual no necesariamente se vincula a la historia patria ni a la cubanidad.</p><p>Por otro lado, la mayora explotada tiene cada vez menos acceso a los productos culturales. Y el arte, o al menos el buen arte, lleva aos siendo un producto des-tinado en lo fundamental a los nuevos ricos.</p><p>El quinquenio gris debe haber sido duro para quienes terminaron en el exilio o en el silencio absoluto, mientras se les esca-paban sus aos ms audaces. Pero al fren-te de las ms importantes instituciones de Cultura aparecieron luego artistas de cali-bre extraordinario. Se podr pensar como ellos o no, pero nadie puede quitarle la sabrosura a Nicols Guilln, la inteligen-cia a Juan Marinello o la experiencia del sacrificio a Hayde Santa Mara, cuando ante sus ojos aparecieron los de su herma-no en un alambre y aun as apost por sus ideas. Hoy, la mayora de las instituciones estn dirigidas por quienes no pueden, si-quiera, reparar la cartula de un libro. </p><p>El quinquenio gris toc en el pecho a la nacin, porque los modelos de consumo cultural de la poca incluan el cine en el barrio, un teatro con obras fantsticas en cada esquina y los murales y carteles por </p><p>todas partes. Hoy la nacin de a pie, sin acceso a Internet, no se entera del debate. Est muy concentrada en la Belleza Latina y los Reality Show, mientras el techo del cine de su barrio se hunde cada vez ms y sus hijos ms jvenes se acorralan entre la ropa que traen las mulas de Rusia o Hait y el reguetonero de turno. </p><p>El quinquenio gris no desapareci nunca del todo, pero los mariscales fueron silen-ciados. Hoy no se sabe sino la certeza de Arturo Arango: en los 70 () se repeta la consigna, muy reveladora, de que el arte es un arma de la Revolucin. Leamos con cuidado cuntas limitaciones hay en tan pocas palabras. La primera es condenar al arte a una funcin (su uso): es un arma. Cmo pretender que el arte sea un arma? Y si no es un arma, si no sirve para com-batir, no es arte? Luego, se fija la nica tendencia permitida: de la Revolucin, lo cual es tan excluyente que elimina la posi-bilidad de que el arte est al margen de la poltica, que muestre diferencia.</p><p>y si no es un arma, si no sirve para combatir, </p><p>no es arte?</p><p>expulsada de su centro de trabajo por ofre-cer declaraciones a un medio de prensa independiente; o una calle entera cerrada con autos policiales para evitar la proyec-cin del documental Nadie, dirigido por Miguel Coyula. </p><p>Quienes hoy toman decisiones sobre la vida cultural del pas y la funcionabilidad (o no?) del sistema de la prensa apuestan por la segregacin como arma para pre-servar la Revolucin, cuando en realidad esa est siendo su tumba. Lo revoluciona-rio, para ellos, es lo polticamente correc-to, o mejor dicho, lo polticamente cmo-do. Olvidan, de ante mano, que nadie es una isla. Entre tanto, la falsa idea de un consenso mayoritario se desmorona. Y los ltimos meses sealan el rumbo inmedia-to del estado del arte en Cuba. </p><p>Muchos se han aventurado a comparar los momentos actuales con los tristes aos del quinquenio gris, cuando todo lo no com-patible con el modelo sovitico fue cen-surado, negando muchas veces la esencia misma de la nacin. Y aunque el fenme-no es similar, en la prctica presenta mati-ces diferentes. </p><p>Primero, porque aquella etapa, si bien provoc el exilio de escritores y artistas cubanos hoy de talla universal- conver-gi en tiempo y espacio con la creacin y expansin de instituciones culturales por todos los municipios o pueblos cubanos. Hoy de aquello solo queda el recuerdo. Las casas de cultura estn destruidas en su </p><p>inmensa mayora, y la enseanza artstica depauperada o prostituida en el negocio de la compraventa de becas y pasantas acadmicas. </p><p>El quinquenio gris fue el resultado, se-gn ha reconocido el mismo Ambrosio Fornet, de la mala interpretacin de tres acontecimientos distintos: el discurso de Fidel Castro, conocido como Palabras a los Intelectuales, de 1961, el libro El so-cialismo y el hombre en Cuba del Che Guevara y la intervencin de Carlos Rafael Rodrguez en la inauguracin de la primera escuela de arte en 1966. Los tres, contradictorios entre s, no dejaron espacio para ninguna forma de disiden-cia contra el Gobierno, pero al mismo tiempo pretendan ser inclusivos para las distintas tendencias de pensamiento, siempre y cuando no atacaran en esencia a la Revolucin, porque como ya anali-zamos- ella tena derecho a existir, por cuanto significaba los intereses de la ma-yora explotada. Y en efecto, eran aos donde Cuba estaba en el centro del hura-cn, como dijera Jean Paul Sartre. Y por La Habana pasaban Cortzar, Neruda o Jean-Luc Godard.</p><p>Cincuenta aos despus, el mariscal des-de su Ministerio no pretende ser inclusivo. No se molesta. La receta es conmigo o sin m. Y ello significa que no andar con una bandera roja y la imagen de Stalin en el pecho te convierte automticamente en un mercenario del imperio, trmino otrora para disidentes y activistas de la </p></li><li><p>rewriting cuba</p><p>8rewriting cuba</p><p>9</p><p>Poema Visual de Francis Snchez</p><p>rewriting cuba</p><p>8rewriting cuba</p><p>9</p></li><li><p>rewriting cuba</p><p>10rewriting cuba</p><p>11</p><p>El Museo de la Disidencia en Cuba (MDC) es una obra de arte creada en el ao 2016 por el artista visual Luis Manuel Otero Alcntara y la historiadora del Arte Yanelys Nez Leyva. Funciona como una plataforma dinmica que se desplie-ga online -con archivos de consulta, sala transitoria de perfil cultural, blog, etc.- pero que tambin se proyecta en contex-tos reales ofreciendo espacios de dilogo y creacin artstica. </p><p>Segn el Diccionario de la Lengua Espaola el vocablo disidencia significa f. Accin y efecto de disidir o f. Grave desacuerdo de opiniones. Partiendo de este concepto, que no describe una dife-renciacin o brecha entre sus practicantes por algn tipo de connotacin ideolgica, el MDC se acerca a la historia de Cuba asumiendo la disidencia como una marca que afecta a todos los relatos amn de las especificidades de cada poca. Desde esta </p><p>Yanelys Nez Leyva </p><p>RE-cONTExTuALizANdO EL TRMiNO </p><p>diSidENTE</p><p>el indio Hatuey, Jos Mart y Fidel Castro tambin fueron disidentes</p><p>operatoria se quiere comenzar a re-con-textualizar el concepto de disidencia, afirmando la necesidad actual de diversi-dad poltica en la isla.</p><p>Ante de la incomprensin de las autorida-des nacionales del carcter noble y conci-liador de esta propuesta artstica, Nez Leyva fue expulsada de su centro de tra-bajo, la revista Revolucin y Cultura; y Otero Alcntara comenz a ser atendido por la Seguridad del Estado del pas. </p><p>El MDC ha brindado a sus autores la po-sibilidad, de conocer y/o trabajar con per-sonas ajenas a la apata generalizada que </p><p>se vive, e interesadas en un ideal de pas ms inclusivo. A consideracin de ellos, esta ha sido una de las experiencias ms gratificantes. </p><p>El MDC no responde a ningn progra-ma poltico de partido opositor alguno. Pretende explorar cmo la disidencia puede generar el desarrollo de proyectos de nacin; y desea crear una forma arts-tica hbrida que utilice el formato de las nuevas tecnologas, con una percepcin tradicional del concepto de museo, y a la misma vez que brinde el trnsito del mundo virtual al offline a travs de su programacin.</p><p>Yanelys Nez y Luis Manuel Otero durante una entrevista al New York TimesFoto de: Hannah Berkeley</p></li><li><p>rewriting cuba</p><p>12rewriting cuba</p><p>13</p><p>En Cuba, todo lo que pueda resultar no-vedoso, ya sea en la literatura o en otros medios de expresin, como la fotografa, o cualquier accin artstica performtica, siempre que sea innovadora y provocati-va, puede ser un blanco perfecto para re-cibir censura. </p><p>Porque en la actualidad, a algunos de los que tienen la potestad de valorar cualquier tipo de arte, por mediocridad, les resulta difcil abrirse a nuevos conceptos, a cam-bios que son inevitables, y a digerir ciertos procesos creativos, ajenos a sus intereses o gustos. Supongo que esto se debe a la falta de libertad y de informacin inme-diata, y al desconocimiento de lo que se hace en otras partes del mundo. </p><p>Nonardo Perea</p><p>BORRARuN </p><p>NOMBRE</p><p>Cuando al gobierno no le </p><p>gusta un artista simplemente </p><p>invisibiliza su trabajo</p><p>Ligado a esto est el temor a ser mal vis-to por ciertas instituciones que en el arte no quisieran ver el reflejo de una realidad, o sea, ningn vestigio de crtica social o temas marginales. Aunque s se han rea-lizado exposiciones de arte con estas ca-ractersticas, en la curadura no han que-dado fuera la polmica y la censura. En lo personal, algunas de mis obras fotogrfi-cas han sido calificadas de subversivas, y condenadas a la no existencia. </p><p>Y no solo mi obra fotogrfica ha recibi-do los palos, mi literatura no ha quedado exenta, mi nombre ha sido obviado por completo. Cuando se habla o se escribe de literatura gay en el panorama cubano actual, no existo. </p><p>Ya no solo se trata de censurar una obra, sino de convertir a un autor en un ser com-pletamente marginado, y lo consiguen no publicndote, no haciendo reseas sobre tus libros, no aceptando tus cuentos en las revistas; no dndote premios, ni siquiera menciones. </p><p>La tctica es borrar un nombre. Con este procedimiento, nadie tendr la posibilidad de conocer tu obra, siempre sers un des-conocido, en tu propia patria.</p><p>Composicin artstica de Nonardo Perea</p></li><li><p>Esto y mucho ms en www.cubalog.com</p><p>revista semestral sobre cuba hecha por el equipo cubano de People in need, Praga, en colaboracin conescritores, periodistas y artistas independientes de cuba. | nmero 15, ao 2017</p><p>Publicado con el apoyo del Ministeriode relaciones exteriores de la repblica checa.</p><p>Foto de portada y contraportada por a. KolemanDiseo: Punto Grfico</p><p>rewriting cuba</p>http://cubalog.eu/espanol/http://cubalog.eu/espanol/</li></ul>