Eburi Palé, José - El horror guineano, el horror español.doc

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    29-Dec-2015

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Historia, Poltica y Economa de Guinea Ecuatorial (ex Guinea Espaola de Fernando Poo y Ro Muni)

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<p>Libros de Notas</p> <p>Libros de NotasJos Eburi Pal 07 de junio de 2010El horror guineano, el horrorespaolAncdota del gran hermanoTengo un amigo cuyo padre, como tantos otros, llevaba dcadas en Guinea dedicndose con esfuerzo al cultivo de fincas del mejor cacao del mundo, el de la isla de Fernando Poo.</p> <p>Un par de aos antes de la independencia, un hermano de Carrero Blanco arrib por la isla en viaje privado, como final de una gira por las explotaciones madereras del continente guineano. El padre de mi amigo le llev de excursin por la isla ensendole con orgullo, las bellezas naturales y los logros en el cultivo del cacao y caf. Lo hizo por razones de su cargo oficial, que no por simpata personal. No pudo negarse y trat de mostrarle el esplendor y la bondad de la tierra guineana.</p> <p>En la parte alta de una de las fincas de cacao, por la zona de Basuala, hicieron un alto para estirar las piernas y disfrutar del paisaje. Se divisaba una panormica formidable del bosque, bosque de necesaria conservacin porque su sombra protege a los cacaotales y cafetos. Tanto unos como otros no soportaran de otro modo la insolacin ecuatorial directa. La vista era formidable y la inmensidad del manto verde se divisaba hasta perderse en la neblina que se confunda con el mar lejano.</p> <p>Cual no sera su sorpresa cuando, de improviso, el hermano de Carrero expuso con decisin y autoridad, no exenta de un desconcertante patetismo, la hiptesis peregrina de talar los majestuosos rboles del bosque e implantar una explotacin maderera en la zona.</p> <p>El padre de mi amigo volvi a casa abatido y desde ese mismo instante, comprendi que Guinea tena los das contados si su futuro pasaba por la decisin de personajes de semejante calado, nada menos que el gran hermano del gran hombre, mano derecha a su vez, del grande de los grandes.</p> <p>Cronicas impensablesMacas contina una carrera imparable de terror enfermizo, posedo de una furia y un rencor incontenible hacia Espaa. Ya ha probado su poder y le funciona. El secreto a voces del apoyo de Espaa al golpe sainetesco de marzo de 1969 no se le olvidar jams y alimentar para siempre su rencor.</p> <p>En enero de 1971 se firman una serie de acuerdos de asistencia tcnica y subvencin a lneas martimas y areas con Espaa. De facto, se trata de subvenciones de Espaa a Guinea a fondo perdido, nunca mejor empleado el trmino.</p> <p>Tambin en enero, Macas multa a unas treinta numantinas empresas espaolas con cerca de 100 millones de pesetas, por haber colaborado supuestamente en la prensa con difamaciones al jefe del estado. Las que no pagan la multa son incautadas, incumpliendo los recientes acuerdos con Espaa y sin que nuestra diplomacia mueva un dedo.</p> <p>A cada barbaridad que comete Macas, Espaa responde con un nuevo acuerdo y con entrega de ms subvenciones a costa del erario pblico espaol. Nadie con dos dedos de frente, entiende nada.</p> <p>Casi al pie del avin, en Barajas, enviados trajeados del ministerio deAAEEcomunican al conocido apoderado de una empresa espaola en Guinea, que su empresa ha sido multada y que no debe partir hacia all sin el dinero en metlico, a menos que firme un documento renunciando a la proteccin de las autoridades espaolas en territorio. Esta es la clase de proteccin que nuestra diplomacia ofrece en Guinea a los espaoles que an resisten all, desesperados por conservar su patrimonio.</p> <p>Macas era un paranoico esquizoide, pero era inteligente y conoca las debilidades de Espaa a la perfeccin.</p> <p>En marzo, radio Santa Isabel anuncia detenciones por un supuesto complot contra Macas. Dos ministros son cesados y corren rumores sobre un alto nmero de desaparecidos.Cuando algn guineano es detenido, sus esposas no dejan ir a los nios al colegio y se esconden en los poblados del interior de la selva, huyendo de las represalias. A los hijos de los ajusticiados se les niega la asistencia a clase.</p> <p>Antonio Garca Trevijano</p> <p>En octubre se publica el Decreto Ley sobre las penas aplicables a los delitos contra el presidente de la repblica, incluyendo penas de muerte. El texto del citado Decreto fue redactado por Antonio Garca Trevijano, hoy defensor de la causa republicana y paladn de la democracia.</p> <p>En diciembre Macas exige a los empresarios espaoles un depsito de 110 millones de pesetas para contratar braceros nigerianos, como mano de obra para las fincas. Dinero que, una vez recaudado, nunca es destinado a ese fin, como todo el mundo sabe.</p> <p>En enero de 1972, la revista Fuerza Nueva publica una carta al Director General de Poltica Exterior, criticando la ayuda al rgimen de Macas.</p> <p>El B. O. E. publica acuerdos de ayuda a Guinea por importe de 1000 millones de pesetas. Casi simultneamente, hoy diramos en tiempo real, Macas convoca frente a la embajada de Espaa en Santa Isabel, una manifestacin anti espaola. Numerosos espaoles, funcionarios y empresarios, son vejados, maltratados y obligados a leer en pblico ante los micrfonos, panfletos ofensivos hacia Espaa.</p> <p>Se incumplen flagrantemente los acuerdos firmados con Macas por Espaa en materia de proteccin de las personas y los bienes.</p> <p>En febrero, se decreta en Espaa la materia reservada para cualquier informacin sobre guinea, a consecuencia de un artculo de Blas Piar en la revista ultraderechista Fuerza Nueva.</p> <p>Macas encarcela a todos los profesores de un colegio y a varios alumnos, que finalmente son asesinados, por haber aparecido un retrato suyo con los ojos arrancados en una de las clases.</p> <p>Barbarie en estado puroLa mayor crcel guineana en esos das era precisamente la totalidad del territorio nacional. Macas ordena construir un muro perimetral que cierra la bellsima plaza de Espaa de Santa Isabel y deja en un recinto interior inexpugnable el palacio del gobierno, su palacio, que durante dcadas haba sido la sede del gobernador de la Guinea espaola.</p> <p>Si el territorio guineano era una inmensa crcel, sus bosques eran las enormes celdas de torturas y ejecuciones</p> <p>Se producen en Guinea historias muy semejantes a otras que no resultaban muy lejanas en el tiempo y en Espaa, Macas tuvo grandes maestros en determinadas prcticas. Comandos armados de las juventudes de Macas llegan a cualquier poblado bubi en la isla de Fernando Poo, o a cualquier otro en el continente, generalmente en respuesta a cualquier absurda delacin o sospecha. Muchas de las veces son delaciones con el nico propsito de obtener prebendas y congraciarse con el poder. La operativa secuestra sistemticamente a los hombres del poblado y les obligan a subir a los camiones. Muchas mujeres y nios huyen al bosque a refugiarse en desbandada. Pasan los das y nadie vuelve a tener noticias de ellos. A veces, sus cuerpos aparecen al cabo del tiempo flotando en el ro, otras, no vuelven a aparecer nunca.</p> <p>Macas personalmente, estrangula en una ocasin al anciano jefe de un poblado, en presencia de su numerosa familia incluyendo a los nios.Las violaciones son cotidianas por el mero hecho de una simple delacin arbitraria o por pertenecer a un poblado de otra etnia.</p> <p>Nada nuevo bajo el sol ni nada imprevisible a estas alturas, conociendo a Macas.</p> <p>En Santa Isabel hay una crcel, Blackbeach. La escasez de municin y el desprecio por la vida se alan, y se llega al punto en que el sistema habitual de ejecuciones consista en tender a los reos boca a bajo en el patio, y proceder por parte de varios miembros de las juventudes a golpearles los crneos con gruesas barras de hierro hasta que sus cabezas quedaban convertidas en un amasijo de carne, sangre y huesos.</p> <p>Mientras, el consejo de ministros espaol estaba aprobando nuevos acuerdos de cooperacin con Macas y sustanciosas subvenciones econmicas. Estamos hablando de decenas, si no de centenas de miles de millones de pesetas de las de antes, en una dcada. Un alto, altsimo precio, a cambio de un silencio sepulcral sobre Guinea en prensa y medios espaoles de la poca.</p> <p>Ya, en territorio espaol, ningn antiguo residente en Guinea, blanco o negro, entiende nada.</p> <p>La gente trata de contactar en Espaa y hay reuniones, debates y tertulias, sobre los acontecimientos de Guinea. Se busca y se pasa de mano en mano, cualquier publicacin extranjera que d noticias fidedignas sobre el pas o la ltima barbaridad de Macas.</p> <p>Cuando se est dispuesto a pagar una cifra astronmica por un silencio, es indefectiblemente por ocultar una ignominia, en este caso presuntamente a cargo del gobierno espaol y de uno o varios de sus miembros.</p> <p>Tal vez Don Manuel podra contarnos detalles interesantes de aquellos das. Tal vez est muy ocupado en rebuscar los delitos de lesa humanidad allende los mares, hoy ya otros mares, no guineanos sin duda. Tal vez sea necesario que fallezca Don Manuel, Dios me libre de desear tal cosa, para que toda la documentacin todava archivada sobre aquella fatdica poca sea desclasificada.</p> <p>El poder siempre fue un gran tejedor de urdimbres y telas de araa.Quiz, cuando los ltimos supervivientes de Guinea estn bajo tierra, cuando la neblina de la memoria difumine aquella, entonces lejana realidad, puede que esta historia al desnudo vea las letras de molde sobre blanco. Las letras de molde de la verdadera historia que sern sin duda maysculas y de color rojo, Don Manuel.</p> <p>Macas envejece, su rostro se va agriando y su crueldad se torna poco a poco en locura permanente. El pueblo de Guinea retrocede a los claros sombros del bosque, en el que el paludismo vuelve por sus fueros de la mano del clera, la disentera y la mortalidad infantil prematura.</p> <p>Los jinetes del terror de oscura silueta fundida en los crepsculos, parecen rondar en los poblados desde los lindes de la selva. La gente est aterrorizada, triste y resignada. Abandonada irremediablemente.</p> <p>Un joven teniente de la escuela militar de Zaragoza es testigo de los sucesos de esta Guinea, igual que lo fue del esplendor de la Guinea anterior cuando era un adolescente.</p> <p>Por su mente rondan mil ideas y una determinacin obligada:Sobrevivir y esperar.</p> <p>________________La mayora de fotos aportadas, provienen del fondo fotogrfico de:http://www.raimonland.net </p> <p>Comentarios</p> <p>1. juanguimejicano2010-06-08 12:30Estara bien que eso que usted de Antonio Garca Trevijano se lo repitiera en su blog http://antoniogarciatrevijano.com/. Debe usted darle la oportunidad de defenderse. Difamar es muy fcil.</p> <p>2. juanguimejicano2010-06-08 12:33Deb escribir que eso que dice usted de Antonio Garca Trevijano en lugar de que eso que usted de Antonio Garca Trevijano</p> <p>3. Jos Eburi Pal2010-06-08 21:49Estimado juanguimejicano:Es en cambio mi opinin que, lo que no debo hacer es invadir un blog personal de nadie para iniciar un debate agresivo con su titular, debate que no me interesa lo ms mnimo y que sin dudarlo, sera estril.El resto de la actividad pblica del seor Trevijano me trae sin cuidado, exceptuando su lamentable relacin histrica con Guinea.</p> <p>Lo que afirmo del seor Trevijano no es subjetivo, est en las hemerotecas y cualquiera puede comprobarlo si se toma la molestia.Adems de esta puntualizacin, viv en primera persona las circunstancias que relato y al igual que yo, toda una ingente cantidad de personas que estaban all.Entonces los medios de comunicacin eran muchos menos que ahora, ms austeros de medios y por dems, amordazados por el rgimen espaol.Pero insisto, el contingente de testigos de lo que afirmo es inmenso y fueron sucesos del dominio pblico.No me interesa la polmica con el seor Trevijano en absoluto pero, no le quepa a usted duda alguna de que su historial en los sucesos de Guinea le ha pasado factura a da de hoy y minado su credibilidad ideolgica. Precisamente porque aquellos sucesos han ido saliendo paulatinamente a la luz en este y en infinidad de foros y publicaciones.Un saludoJos Eburi Pal.</p> <p>4. Felisa2010-06-09 05:32La mencin de Trevijano no es casual, ni de pasada (con foto y todo). Y cuando alguien le dice que es una difamacin (como se sabe desde hace muchsimos aos), dice que no le interesa discutir nada y que eso est en las hemerotecas. Obviamente no quiere discutir nada, porque ya conoce (de sobra) la denuncia de que eso fue una difamacin y de dnde sali la misma: Trevijano lo ha explicado de forma irrebatible. Y, obviamente, las hemerotecas conservan las noticias veraces, las interesadas y tambin las difamaciones como sta, qu perogrullada.</p> <p>5. juanguimejicano2010-06-09 10:10Usted no quiere saber la verdad. Le vuelvo a repetir que difamar es muy fcil. Que usted le repita lo que aqu afirma en su blog no es invadir el mismo. Yo lo veo como una oportunidad para que los que duden sepan la verdad de los hechos en lo que respecta a Trevijano y sobre todo, una oportunidad para que se defienda. Por otra parte, si usted, y tantos otros, fue testigo de lo que dice que presenci ha hecho usted algo para intentar que se haga justicia? Es que es alucinante. Y se escuda en que no quiere invadir su blog para no iniciar un debate agresivo. Le repito que yo lo nico que le he pedido es que le haga esas afirmaciones para que, en funcin de lo que responda, los que queremos saber la verdad tengamos las opiniones de uno y otro lado.Saludos.</p> <p>6. Marcos / Administrador del sitio2010-06-09 16:04Pero por favor, esto es internet: cualquiera desde cualquier parte del mundo puede acceder a este artculo muy fcilmente, es absurda la peticin de que escriba eso en el blog de Trevijano para que se defienda. Precisamente, si quiere defenderse de algo, l puede escribir aqu, en su blog o donde le venga en gana. Discutan, con educacin, de lo que quieran, pero no insistan en ese tema.</p> <p>Saludos</p> <p>7. Jos E. Pal2010-06-09 19:53Estas Cartas desde el exilio guineano, publicadas porLDN, suman ya dieciocho.Como soy hombre de ciencias, me permito hacer una simple proporcin de bulto.La suma de palabras que pueden mencionar sucesos relacionados con el seor Trevijano, no creo que superen un 0,1% (uno por mil) del total. En el caso de esta ltima carta, suponen cuarenta y seis palabras y poco ms de cuatro renglones, de lo cual se deduce un hecho claro: Las menciones espordicas a esta persona, se han hecho en el contexto de unas crnicas en las que solo puntualmente tuvo algn protagonismo, eso si, lamentable.Es curioso que esta mini polmica se centre exclusivamente en esta persona, pasando de puntillas respecto al grueso de los contenidos expuestos, bastante ms relevantes.</p> <p>Las hemerotecas, efectivamente, tienen un contenido variopinto e inherente a la esencia de los propios medios de comunicacin. Cualquier documento oficial que haga referencia a aquellos hechos, de existir en Espaa, cosa que pongo en duda, o bien siguen clasificados, o bien a nadie le ha interesado o ha podido, sacarlos a la luz. La documentacin que al respecto pudiera existir en Guinea, tengo una gran certeza de que habrn sido destruidos por el clima guineano o devorados por xilfagos, como por otra parte, se merecen.</p> <p>No odio, ni tampoco amo, al seor Trevijano y dira ms:He observado intervenciones suyas en televisin.Vistas a da de hoy y en este contexto, puedo afirmar que coi...</p>