Dussel Ciudadania Digital OEI

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    TEXTO PREPARADO PARA EL MODULO: TIC Y EDUCAR CIUDADANOSESCUELA DE ESTUDIOS SUPERIORES DE LA OEI

    POR FAVOR NO CITAR NI CIRCULAR SIN AUTORIZACIN

    La cultura participativa en la era digital: ampliaciones y lmites de lasnuevas ciudadanas

    Ins DusselJulio 2012

    Introduccin:

    La formacin ciudadana es una de las funciones ms importantes de laeducacin. La integracin social, la capacidad de vivir juntos y el aprendizajede un lenguaje y de reglas y principios ticos comunes, son tareas educativas

    de primer orden para que una sociedad democrtica sea viable. Pero esaformacin ha tenido formas distintas en los ltimos dos siglos.

    En un primer momento, a partir de la emergencia de las repblicas nacionalesen el siglo XIX, la tarea de formar ciudadanos fue cumplida principalmente porel sistema educativo. La cultura comn estaba definida por los estadosnacionales, que buscaron proveer una lengua, un pasado y un sistema dereferencias comunes para sus habitantes, y la escuela deba garantizar elacceso a esa herencia cultura compartida. Si bien la concrecin de ese idealtard muchas dcadas en imponerse y contuvo exclusiones importantes, locierto es que escuela y ciudadana estaban muy unidos conceptual y

    prcticamente. La ciudadana republicana era, antes que nada, una ciudadanaletrada.

    En un segundo momento, ya en el siglo XX, otras agencias culturales como elcine, la radio y la televisin empezaron a cobrar protagonismo en la formacinde la ciudadana. Usando metforas espaciales, podra decirse que laformacin ciudadana republicana era una educacin desde arriba, y la quesurgi con los medios de comunicacin masiva lo hizo desde el costado,moldeando y a la vez moldendose segn los gustos del pblico. El cine y latelevisin se internacionalizaron, y surgieron comunidades imaginarias quetrascendieron los lmites de las naciones. El sistema educativo convivi conese desafo muchas dcadas, aunque su peso en la definicin decompetencias ciudadanas fue decreciendo paulatinamente.

    El momento actual muestra otro cambio importante. La cultura digital que sedifunde a partir de la irrupcin de las nuevas tecnologas termina de consolidareste desplazamiento. El nuevo modelo no es ya la ciudadana letrada ni elpblico espectador, sino una ciudadana participativa que pide protagonismo enlas decisiones, y que enfrenta otros desafos: la globalizacin, la disgregacin ysegmentacin social, el individualismo, la violencia por mltiples causas, lamala administracin de los asuntos pblicos. Es una ciudadana que combina

    la tradicin republicana de la voz y la participacin en la esfera pblica con losderechos del consumidor que quiere sentirse siempre satisfecho, y con una

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    dinmica de monitoreo permanente y de control desde abajo. Para algunos,ese nuevo ideal es conformista y aptico; para otros, es una ampliacin de losmrgenes de participacin indito en la historia humana.

    En este texto, buscaremos estudiar este desplazamiento a partir de la nocin

    de cultura participativa como clave para entender la nueva condicinciudadana. Comenzaremos por una presentacin del desarrollo de distintasformas de ciudadana (poltica, social, civil, cultural, del consumidor), eintroduciremos algunos debates sobre las caractersticas de la participacinciudadana en la sociedad digital. Estos debates se dan entre quienes celebranlas posibilidades que abre la cultura digital para democratizar las voces y lasformas de participacin y control ciudadanas, y quienes plantean el riesgo deendogamia por la participacin en espacios cada vez ms homogneos eindividualizados, el riesgo de asimilar al ciudadano y el consumidor, y laposibilidad de prdida de una cultura comn y de espacios pblicos. Sepresentar una visin matizada, buscando resaltar los logros alcanzados por

    las nuevas formas de participacin as como los desafos que se presentanpara la vida democrtica. En los textos siguientes, abordaremos los problemasy perspectivas que plantean estas nuevas ciudadanas a la educacin,especialmente para las y los nios y jvenes.

    1. Viejas y nuevas ciudadanas

    El concepto de "ciudadana" ha sido enarbolado por una variedad de corrientesfilosficas y polticas, al punto que podra decirse, siguiendo al filsofoWittgenstein, que es un "concepto con alas". Segn un autor clsico de los aos60, T. H. Marshall, hay dos elementos que constituyen el "ncleo duro" delconcepto de ciudadana: ser miembro de una comunidad poltica y tenerobligaciones y derechos (Marshall y Bottomore, 1992). El sentido y alcance de lapertenencia a la comunidad, y cmo y quin define esas obligaciones y derechos,son precisamente las cuestiones alrededor de las cuales se han propuestodistintas nociones de ciudadana.

    Una manera de abordar estas distintas nociones es mirar sus cambios a travsdel tiempo, reconociendo que se trata de una historia larga de constitucin deciudadanas imperfectas (Papacharissi, 2010: 19), de modelos e ideales nunca

    concretados por completo. Por ejemplo, en la democracia ateniense, ciudadanoera "alguien que participa en los asuntos pblicos". La ciudadana defina larealizacin personal del ser humano en tanto animal poltico, en tanto miembro deuna comunidad poltica; pero el derecho a la "humanidad" estaba restringido aquienes fueran hombres libres adultos (esto es, no esclavos, mujeres ni nios) ydescendientes de atenienses. Los ciudadanos no se vean a s mismos comoindividuos con ciertos derechos legales, sino como participantes libres e igualesen un orden poltico que deba desarrollar y realizar sus capacidades humanas, atravs de hacer y obedecer las leyes que expresaran esta vida comn (Carr,1991).

    Ms tarde, estos dos componentes de la ciudadana griega, legislar y obedecer,se escindieron: unos pocos fueron monopolizando la capacidad de "legislar", de

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    ordenar la vida compartida, y la mayora limit su participacin a la obediencia.Con la Revolucin Francesa y el ascenso de la democracia liberal a fines del sigloXVIII, la ciudadana volvi al centro del debate, y el quin y cmo legisla, y quiny cmo obedece, se convirti en un asunto poltico prioritario, motivo de pugnasfuertes y hasta violentas. La era de las revoluciones burguesas, como las llam

    el historiador ingls Eric Hobsbawm (1974), y las luchas de finales del siglo XIX ydel siglo XX para extender las formas de participacin, evidencian estas disputas.

    T.H. Marshall conceptualiza a estas luchas en trminos de distintas nociones deciudadana, que fueron amplindose progresivamente. La ciudadana fueentendida, en primer lugar, en funcin de los derechos civiles, bsicamente lalibertad de ser propietario y de poder movilizarse, que se establecieron -si no enla prctica, s como derecho abstracto- al final del siglo XVIII. En segundo lugar,ser ciudadano significaba tener derechos polticos, derechos que se fueronconquistando y ampliando progresivamente en la segunda mitad del siglo XIX yprincipios del XX, cuando se decretaron en la mayor parte de los pases las leyes

    de sufragio universal y de libertad de asociacin y sindicalizacin. El ejercicio delos derechos polticos supona sujetos alfabetizados, y por eso la ciudadana sedefina por la inclusin en el mundo de la cultura letrada. Esta vinculacin era tanestrecha que muchas veces, desde el siglo XVIII, una cuestin era inseparable dela otra (McIntyre, 1990). La participacin en la esfera pblica, sin embargo, noequivala a la igualdad social: se supona que en la arena poltica los ciudadanosponan entre parntesis sus desigualdades econmicas y deliberaban "como si"fueran iguales. Por supuesto, las diferencias en ingresos y patrimonio operaban,de hecho, generando diferencias de poder y de presin sobre el Estado.

    Hay que resaltar que la democracia, adems de constituirse en una serie deinstituciones y procedimientos para la representacin del pueblo, tuvo desde elsiglo XVIII un componente tico-moral fuerte. Para el liberalismo clsico, era lamejor manera de realizar la felicidad de todos, y la igualdad y la participacin enlos asuntos pblicos eran consideradas bienes en s mismos. Ser ciudadanosignificaba compartir ese ethosy esa capacidad de intervenir y conmoverse conlos asuntos pblicos, y buscar el bien comn. Tambin en este aspecto fuecrucial el sistema escolar, ya que contribuy a generar ese ethoscomn, comoplantearemos en la unidad siguiente de este mdulo.

    En el siglo XX, creci la importancia de los derechos sociales. La cuestin de la

    ciudadana se ampli para incluir la participacin social y econmica, no en formahomognea ni acabada pero s como parte de un ideal que reconoca que, paraparticipar activamente, eran necesarias ciertas condiciones de bienestar ypertenencia a la sociedad comn. Es el momento de los Estados de Bienestar, dela promocin de la democracia como desarrollo de todos los individuos(Macpherson, 1984).

    En la ltima mitad del siglo XX, otros autores como Will Kymlicka destacan que laciudadana se ampla otra vez ms para incluir la nocin de derechos culturales(Kymlicka, 1996). Conforme crecieron las luchas de las minoras raciales,sexuales, nacionales y de otros tipos, surgi una mayor conciencia de la

    importancia de la cultura como medio de expresin y del derecho al respeto de

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    las diferencias culturales. Hoy se reconoce el derecho a una identidad culturalcomo parte central de las democracias contemporneas.

    La aparicin y el reconocimiento de derechos sociales y culturales estuvoacompaada de la emergencia de nuevos saberes y competencias para la

    participacin pblica. Sealamos anteriormente (y volveremos sobre esto en lasegunda unidad) que la ciudadana republicana, la de los derechos civiles ypolticos, supona la alfabetizacin de sujetos que deban ser competentes enciertos saberes: la lengua estandarizada como lengua nacional, la herenciacultural compartida, una tica y un modo de ser y comportarse que seidentificaban como apropiados de los ciudadanos. Pero en el siglo XX, empiezana cobrar fuerza nuevos saberes que se van distanciando de la cultura letrada.

    Estos nuevos saberes fueron empujados y promovidos por la presencia de losmedios de comunicacin de masas, que proveyeron nuevos modelos deidentificacin colectiva y expandieron el horizonte de expectativas sociales, por

    ejemplo, a travs de la publicidad y la promesa de acceso a mundos de bieneshasta ese momento no slo inalcanzables sino tambin invisibles. El cine, la radioy la televisin, con sus estticas y sus relatos, contribuyeron a delinear otro tipode imaginarios y de relaciones sociales.

    Es importante aclarar que rechazamos la postura de que los medios decomunicacin fueron el nico motor de las transformaciones sociales y polticasdel siglo XX, que sin duda son mucho ms complejas y multi-determinadas. Entreotros elementos centrales de los cambios polticos, figura la crisis de las formasrepresentativas de la democracia liberal en contextos en que las democracias noresponden a las expectativas de los procesos democratizadores (O'Donnell,1993), y en que las promesas de inclusin social no son realizadas por laconsecucin de derechos polticos. Consideramos que los medios decomunicacin masivos interactan con otras dinmicas sociales y econmicasque, conjuntamente, configuran las formas de participacin ciudadana. Sinembargo, nos interesa subrayar que la presencia de los medios masivos impactprofundamente en la definicin de la pertenencia a una comunidad y en lasnociones de justicia, derechos y obligaciones. Entre otros aspectos que nosparecen especialmente relevantes para considerar en la formacin ciudadana, losmedios de comunicacin han contribuido a instituir una "democracia de opinin"que a veces saltea los mtodos y procedimientos formales, que instala una

    sensibilidad melodramtica y sensacionalista, y que se centra en los derechos deun individuo que se piensa ms como consumidor que como sujeto polticodefinido por la ley y el derecho vigentes. Sobre esto nos detendremos en losprrafos que siguen.

    El cambio que se da en la participacin ciudadana durante el siglo XX esexplicado por distintos autores como el producto del desplazamiento desde uneje poltico-legal y reflexivo, mediado por la palabra y por la participacinordenada en una esfera pblica (como lo defini Habermas en su trabajoclsico sobre la esfera pblica en 1981), hacia otro cultural, no tanto en elsentido del reconocimiento de las culturas de las minoras sino ms bien en el

    sentido de la cultura meditica (Sarlo, 1996). La primaca de los lenguajesaudiovisuales y de los sentimientos, y tambin la emergencia de un pblico

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    espectador y una audiencia a la que se deba seducir cotidianamente,transformaron el vnculo poltico y desplazaron los lenguajes y referenciascompartidas. Para el mexicano Carlos Monsivis, en el siglo XX los sistemasde referencias culturales comunes dejaron de ser los del sistema educativonacional y su panten patritico, y pasaron a ser los ms efmeros y

    evanescentes de las celebridades televisivas (Monsivis, 2007), hoyamplificadas por Internet y las redes sociales. Los medios masivos proveyeronlenguajes, estticas y contenidos para construir nuestra identidad y paraorganizar nuestras percepciones de lo legal y lo ilegal, lo bueno y lo malo, lojusto y lo injusto.

    Papacharissi (2010) tambin identifica un desplazamiento similar, pero colocael acento en el cruce entre la ciudadana cultural y las dinmicas de consumo.La autora destaca que, dado que en las democracias de la modernidad tardala cultura est mediada por instituciones comerciales y de masas, estas formasde expresin cultural [] frecuentemente residen en el terreno del consumo de

    bienes y servicios, y se accede a ellas a travs de contenidos culturalesmediatizados. (Papacharissi, 2010: 95). Es decir, en el mundo contemporneo,es difcil pensar a la cultura por fuera de las industrias culturales masivas comola televisin y el cine, pero que hoy tambin incluyen a las redes sociales, losbuscadores y los videojuegos. Estas industrias culturales nos posicionan,primero y antes que nada, como consumidores, paguemos o no paguemos porsus servicios. La relacin bsica del cliente es que debe ser una relacin deintercambio de equivalentes: uno brinda/paga (con su dinero, su tiempo y/ suatencin) y recibe a cambio algo que lo beneficia y lo satisface. En la cultura deconsumo, hay una promesa de que la sociedad debe amoldarse a nuestrogusto, y que podemos reclamar si no estamos enteramente satisfechos.Podemos cambiar de canal si no nos gusta lo que se emite, y podemosquejarnos con el administrador de la pgina de internet si no responde anuestras expectativas. Segn Papacharissi, esto moldea una forma deinteraccin con la cultura y con lo pblico que se traslada tambin a laparticipacin ciudadana.

    Hay importantes matices que colocar en estos argumentos, para no caer enteoras conspirativas o pensar que la gente es manipulada burdamente. Porejemplo, en relacin con lo afirmado por Monsivis, el trabajo de otrainvestigadora mexicana, Luz...