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    30-Dec-2014

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David Vias

Literatura argentina y poltica

II De Lugones a Walsh

Santiago Arcos, editorPARABLLUM / ENSAYO Editores: LAURA STRIN MIGUEL A. VILLAFAE Diseo: Cubierta: HORACIO W AINHAUS (waihhaus@interlink.com.ar) Interiores: GUSTAVO BIZE (speedtyp@feedback.net.ar) Correccin: ESTEBAN BRTOLA (esteban_bertola@hotmail.com)

1a edicin, Jorge Alvarez, 1964. 2a edicin, CEAL, 1977. 3a edicin, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1996. Santiago Arcos Editor, 2005. Jos Bonifacio 1402 (1406) Buenos Aires www.santiagoarcoseditor.com.ar e-mail: santiagoarcoseditor@uotsinectis.com.ar

ISBN: 987-1240-07-4 Queda hecho el depsito que marca la Ley 11.723 Impreso en la Argentina - Printed in Argentina La reproduccin total o parcial de este libro, no autorizada por los editores, viola derechos reservados. Cualquier utilizacin debe ser previamente solicitada.

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IV. CRISIS DE LA CIUDAD SEORIALLa poblacin ms heterognea y ms curiosa de la Repblica es, seguramente, la que acabo de visitar y que vive perdida entre los pajonales que festonean las costas entrerrianas y santafecinas, all en la regin en que el Paran se expande triunfante. Qu imponente y qu majestuoso es all el gran ro!... FRAY MOCHO, Un viaje al pas de los matreros, 1897.

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DE LOS GENTLEMEN-ESCRITORES A LAPROFESIONALIZARON DE LA LITERATURA Veo que te inundan con encargos de estatuas; yo tengo, en parte, la culpa. He combatido todos los concursos y pregonado que si quieren obras de arte, no se las pidan a cualquiera sino a los grandes artistas y hoy por hoy al arte francs. Te han nombrado ministro de escultura y tienes que aceptar. Aqu no dicen: esto es de Falguirre, sino esto lo mand Can. Carta de Pellegrini a Can

Cuando Ingenieros sali por primera vez de Buenos Aires, favorecido, en un momento en que le sonri la vida, con la misin y el vitico que le hizo dar el general Roca nico como creo haber dicho ya, entre nuestros presidentes, por su amistad con los escritores... Manuel Ugarte. Escritores iberoamericanos del 1900.

Fue reprobada por varios diputados la apreciacin personal que hice de un gran poeta argentino, cuyas ideas anarquistas me haban sorprendido sobremanera y de quien dije que haba restablecido sus relaciones con el erario pblico por medio de un proyecto de revista, que contaba ya con el apoyo de todos los ministerios. Nicols Repetto, Mi paso por la poltica. De Roca a Irigoyen.

Propuse la fundacin de la Academia, no para fomentar la pedantera, sino para dignificar al escritor, para que, ante el pueblo, su oficio tuviera la ms alta categora. Supuse lo que desgraciadamente no ocurri que los acadmicos ocuparan un lugar importante en las fiestas oficiales junto a ministros, parlamentarios y directores de las grandes reparticiones del Estado. Manuel Glvez, Entre la novela y la historia.

SOBREVIVENCIA Y FINAL DE LA GENTEEL TRADITIONArquetipos de la generacin del 80 que sobreviven en el 900 son Can, Wilde y Mansilla: "prncipes" de su grupo segn los llama Groussac, si aparecen como inobjetables gentlemen vinculados a la literatura y se iluminan a travs de ella, la ejercen como una ocupacin lateral, imprescindible casi siempre, pero de manera alguna necesaria. Para ellos el quehacer literario es excursin, causerie, impresiones o rfagas: "colocaban una frase" como quien toma un potch para depositarlo sobre un estante o "tenan salidas" cuando empezaban a presentir que el uso de las palabras acorrala. Tomar las palabras con las puntas de los dedos, picar una comida, afilar un cigarro, palmear una

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yegua de raza: todo vena a ser lo mismo: al fin de cuentas la literatura no era oficio sino privilegio de la renta. Eran, pues, gentlemen-escritores y su estilo "daba tono y sello" por ms espectacular y por conjugarse con un ocio mayor articulado en su prestigio y en el control de las estructuras de difusin. Ricardo Olivera, un hombre de la generacin siguiente, describe ese panorama: "Nadie an en nuestra tierra ha hecho del cultivo de una aplicacin intelectual el objeto nico de su vida... No tenemos profesionales sino aficionados. El libro requiere un perodo de gestacin muy rara vez inferior al del hombre durante el cual exige imperiosamente atenciones cuidadosas y exclusivas. Nuestros autores simples aficionados lo van creando a ratos perdidos, en los intervalos ociosos de existencias consagradas a la poltica" (rev. Estudios, febrero-marzo, 1902). Empero, el trnsito visible entre el apogeo de la oligarqua y el perodo posterior de repliegue de la lite liberal hasta el advenimiento del radicalismo al gobierno en 1916, se va subrayando significativamente por el fin del liderazgo de los gentlemen-escritores hacia una profesionalizacin del oficio de escribir, por un desplazamiento del predominio de los escritores con apellidos tradicionales hacia la aparicin masiva y la preeminencia de escritores provenientes de la clase media y, en algunos casos, de hijos de inmigrantes. Si Ingenieros es un sntoma, Gerchunoff marca un denominador comn ratificado en la zona intermedia entre el pensamiento y la poltica por Enrique Dickmann y la exigencia de disminucin de aranceles en el movimiento universitario de 1904-1906. En la vertiente opuesta se sitan el final del rectorado de Eufemio Uballes (inaugurado en el 86) y la respuesta antirreformista de La Nacin que impugna la "ola" de alumnos "que luego invadirn a la sociedad como profesionales" atribuyndola a "la inmigracin" cuyos "elementos heterogneos no todos tienen y reciben la misma cultura en el hogar, el mismo desarrollo intelectual y moral" como "en el pasado, cuando el acceso a la Facultad era limitado". Y si los grandes seores empiezan a cultivar la nostalgia y el malhumor los hombres nuevos avanzan. Un proceso generacional se sobreimprime a un desplazamiento de clase: y si Giusti y Bianchi fundan Nosotros en 1907, Molinari, Levene y Ravignani definen la nueva Escuela Histrica en 1905, as como Ghiraldo se indigna en el primer Martn Fierro de 1904.

HOMBRES NUEVOS, NECROLOGASConcomitantes mediante el ascenso de las clases medias y de la formacin de un proletariado urbano de origen inmigrante con salidas precarias hacia la propiedad de la tierra y constreidos al trabajo y al hacinamiento urbanos, la mayora de este grupo de nuevos escritores profesionales se caracteriza por otro comn denominador: su militancia o, por lo menos, su vinculacin con los partidos populares recientemente formados: el radicalismo, el socialismo y los grupos anarquistas. Paralelamente los tres gentlemen-escritores del 80, paradigmas y rezagos del perodo anterior, desaparecen dentro del alarmante cuadro necrolgico de los dirigentes de la lite liberal: Can en 1905, Wilde y Mansilla en el 13. Pero su estilo, culminacin d la genteel tradicin de la literatura argentina debe ser referido a sus concretas apoyaturas econmicas, en especial al mbito donde desenvuelven su accin en los ltimos aos cuando sus figuras ya han cristalizado: el mundo de la diplomacia. Ah reside una de las claves del circuito recorrido por las lites tradicionales: si un Sarmiento, un Mitre, magnos

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tericos del liberalismo, fueron primeras figuras de la poltica ejecutiva en el perodo que va de Caseros al 80, en el momento posterior las grandes figuras intelectuales del liberalismo no pasan del nivel ministerial para concluir encallando (cargados de ocios y de creciente decepcin) en los inocuos y dorados puestos de la diplomacia. Para los grandes romnticos, jefatura y teora poltica se superponen; en el 80 el espacio comprendido entre Roca y los hombres del Sud Amrica es la zona destinada a la nica lite intelectual argentina tan homognea como lcida y despiadada hasta la complicidad. A partir de ese dato, por consiguiente, el estilo de vida de Can, Wilde y Mansilla guarda enormes semejanzas: su marginalidad, su turismo intelectual, su fragmentarismo ameno y pertinente, el tono confidencial de su diletantismo y hasta su atenuado escepticismo frente al pas aparecen como connotaciones del papel que como intelectuales les haca jugar su grupo social: "Miguel Can, que senta profunda admiracin por estos ltimos los japoneses, amaba las viejas porcelanas imperiales, los esmaltes y las lacas, los tapices y paisajes", anota su bigrafo. Era previsible ese exotismo: adems de la moda japonesista, si por su refinamiento pareca una forma de tomar partido contra la "barbarie" rusa en el conflicto de esos aos, por la ahistoricidad que implicaba era un corolario del mundo marginal en el que estaba instalado. Tambin se sabe que "Wilde haba adornado su casa con muebles, tapices y objetos de arte seleccionados por l mismo en sus viajes por China y Japn". A Pierre Loti se lo consideraba "exquisito" y Madame Butterfly definitivamente haba reemplazado a Madame Bovary o a los bruscos infortunios de Nana. Y si la poca victoriana haba empapelado las paredes de las habitaciones por pudor ante "la materia desnuda", un intelectual que se haba redo de esa mana ornamentalista conclua apelando a ella para sobrellevar la desnuda marginalidad de la vida diplomtica. "Con ser tan resuelto y valiente, era tambin mi to, el general Mansilla, una suerte de arbiter elegantiarum a lo Brummel" escribe Daniel Garca Mansilla en sus Memorias. "Tena prestancia para vestir; era el clsico dandy, siempre un tanto excntrico, andaba ataviado a la ltima moda y con su poderoso reclamo brindaba no pocas satisfacciones a su sastre". Son datos que se van articulando: un dirigente se proyecta como arbitro de la elegancia cuando no puede arbitrar en otros terrenos; y la excentricidad que resulta de un dandismo de ltimas modas se integra con las necesidades diplomticas situadas entre un mtodo para dejar satisfecho al sastre y a la rnarginalidad. Las relaciones de los arquetipos intelectuales del 80 con el grupo gobernante por lo tanto que pertenecen a la lite pero viven marginalmente, su proximidad a Roca o Pellegrini pero sin participar de su ejecutividad, el sentirse superiores pero condenados a ser segundones por esa causa, en la misma proporcin que explican su ademn, sus reticencias, su soledad, su elegiaca vuelta hacia el pasado (con beldades o quintas que aludan a infancias o adolescencias de "dorada" posesin de mujeres y de tiempos permanentemente vacacionales). Y la ropa, insignia mediante la qu se ligan con sus funciones, su ocio, su aburrimiento y la conviccin de su fracaso, incluso cuando llegan a hacer de ese fracaso otro componente que corrobora su "distincin".

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PERDURACIN Y LIBERALISMOEliminados por diversas causas del tipo comn nacional los componentes degenerativos o inadaptables, como el indio y el negro, quedaban slo los que llamamos mestizos por la mezcla del indio y del blanco. J.V. Gonzlez, El juicio del siglo, 1910.

Hay dos sobrevivientes ms: Rafael Obligado (1851-1920) y Carlos Guido Spano (1827-1916). Ni uno ni otro participan de los comunes denominadores ms caractersticos de los arquetipos del 80; al contrario, por sus componentes personales se sitan en el polo opuesto: ni dandys, ni diplomticos (Obligado jams sali del pas y Guido agot esa posibilidad de joven), ni conectados a la poltica activa de la oligarqua en su perodo de apogeo. De hecho, no necesitaban vincularse a ella; eran la oligarqua, y su situacin los conectaba con el latifundio primitivo o el solar plcido, indiscutido, casi atemporal, ms all de toda contingencia histrica. Cuando en 1900 un escritor se elega patriarca de la literatura con una estancia sobre el Paran o un padre ntimo de San Martn, resultaba coherente y definitorio escribir "beso este suelo querido / que a mis caricias se entrega / mientras de orgullo me anega / la conviccin de que es ma / la patria de Echeverra / la tierra de Santos Vega". O "He nacido en Buenos Aires. / Qu me importan los desaires / con que me trata la suerte!" La propiedad inmueble, sobre todo en el caso de Obligado, adems de paternalismo, de una mesura pausada de medios tonos y una particular devocin por la naturaleza, otorga ciertas convicciones que van desde la identificacin con la propiedad hasta una visin circular de la historia. Porque si ms all de las contingencias histricas todo retorna a su quicio, la propiedad inmueble se trasmuta en lo inmvil, lo que no cambia o, lo que viene a ser lo mismo, aquello que corrobora "la esencia de lo argentino". Una suerte de pasatismo ecologista se comprueba en Obligado cuando acierta con precisin, y llama a la mora "suculenta". Lo ms legtimo de su nostalgia condiciona la limitada y diestra, a la vez, eleccin de un adjetivo que condensa el recuerdo de una prdida definitiva. "Un placer, nada menos que un gusto infantil". El rechazo del uso del reloj por Guido Spano, adems de conjurar la avidez y el jadeo mercantilistas, prefigura su barba y su cama a lo Whitman, as como su flauta y sobre todo su escamoteo al dolor lo convierten en un precursor de Macedonio. El paso inmediato entre este grupo de hombres vinculados a la etapa anterior con su nostalgia antimercantilista y su deliberada marginalidad y los escritores que desarrollan su actividad a partir del 900 lo marca con nitidez Joaqun V. Gonzlez (1863-1923): "Se convirti por su talento en miembro de los crculos gobernantes..., sirvi a los hombres de la generacin del 80 como diputado, senador y ministro de gabinete", dice MacGann. MacGann es cauteloso. Si hubiera dicho "oligarqua" en lugar de "generacin del 80" habra resultado ms exacto; y si en vez de "talento" hubiera puesto "lucidez poltica" para aportar determinados ingredientes progresistas y de decompresin en esta etapa de repliegue de la lite liberal, habra acertado. Gonzlez fue eso: sirvi como intermediario entre "el buen ojo" de Roca para descubrir elementos jvenes dispuestos a sumarse al rgimen aportando su eficacia intelectual y los escritores del 900; el Proyecto de Ley Nacional del Trabajo (6-V-1904), al que fueron invitados a colaborar Del Valle Iberlucea,

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Ingenieros, Lugones, Augusto Bunge, es un ejemplo tpico. Repliegues tcticos, aggiornamiento, intelectuales "jvenes y brillantes" y cooptacin. Movida reiterada, por cierto, con el general Justo/De Tomasso, y posteriormente entre "la modernizacin y el talento". En este aspecto, Gonzlez es el mayor precedente del "conservadurismo negociador". Que no slo tiene claro las inflexiones histricas de su situacin, sino tambin cules son los peligros, las prioridades, los ritmos de ejecucin en el momento de "la mano dura", al del afloje y, por sobre todo, a cules intelectuales nuevos se los puede anexar. Tambin sabe de silencios, sangre, eufemismos, padrones, yaques sombros y cdigos a la page. Y en relacin a Eduardo Wilde primer ministro in partibus del inaugural gobierno de Roca es quien resalta el trnsito desde 1880 al segundo gobierno del "Hroe del desierto", dado que el eje problemtico de la lite seorial se ha desplazado del problema de las "tolderas brbaras" hacia las tolderas rojas. La sagacidad poltica de Gonzlez tiene como referencia paralela y antagnica al Mxico del porfiriato...