David Viñas - Clases de literatura

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David Vias - Clases de literatura - Filosofa y letras - Pun

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  • Reflexiones preliminares sobre la posteridad de Juan Rulfo y su obra

    Jorge ZepedaE D I T O R

    C E N T R O D E E S T U D I O S L I N G S T I C O S Y L I T E R A R I O S

    E L C O L E G I O D E M X I C O

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  • UNO

    Parece lgico que la posteridad de Juan Rulfo abunde en intentos con-tinuos de encontrar a toda costa indicios de su personalidad o de suvida dentro de su obra o lo que algunos creen saber de su mbito pri-vado. El lector puede hallar, sin demasiado esfuerzo, la obsesin pordesentraar aspectos autobiogrficos en los cuentos de El Llano enllamas o en la novela Pedro Pramo o, incluso, la reiterada atribucindel silencio de Rulfo al modelo de la angustia creativa de cuo ro-mntico. En este caso como en el de muchas otras figuras decisivas dela cultura occidental las distintas ancdotas, leyendas y versiones semultiplican en un afn de explicar la estatura de una obra y de su autordesde los extremos de la admiracin o la envidia, pasando por la mal-querencia.Todo ello arroja un saldo de ideas preconcebidas que a me-nudo pasan por ser verdades incontrovertibles y que en ocasiones sepresentan como conocimiento comprobable.

    A los numerosos repetidores de lugares comunes, a los que suelendefender su incuria y negligencia afirmando que cada quien tiene supropio Rulfo les convendra suspender la lectura en este punto, pueslo siguiente les ser de escaso inters (salvo para hacerse de referenciasbibliogrficas cuya contribucin habrn de distorsionar). La inmediatez

    Autrefois, les sophistes parlaient un petit nombre

    dhommes, aujourdhui, la presse priodique leur

    permet dgarer toute une nation.

    HONOR DE BALZAC

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    y los sofismas del periodismo amarillista nada tienen que ver con el anlisis y la in-vestigacin de la literatura.

    En una de las ltimas entrevistas concedidas antes de su muerte, Salvador Elizondosubrayaba el hecho de que es la obra la que hace perdurar el nombre de su autor, yno el nombre de ste el que hace sobrevivir su obra:

    Me dieron muy buenos consejos Ramn Xirau, Juan Jos Arreola y Juan Rulfo, que eracomo mi sombra, por amistad; todava no se incorporaba al Centro [Mexicano de Escri-tores], pero ah fue donde ms lo trat. Rulfo fue una de las razones por las que me dedicoa la literatura. Lo que hizo hay que intentar hacerlo, pero nadie le va a llegar, como nadiele ha llegado porque es vctima del malentendido general que reina en este pas: creenque todo es mexicano. Qu tan mexicanos son los cuentos de El Llano en llamas, en qulengua estn hechos, de qu regin de Mxico son, alguien puede decirlo?, unos dicenque son de Jalisco porque Rulfo es de Jalisco, pero no es cierto, que son indios, no es cierto,no son indios, mentira.Yo s de dnde salieron muchos, trat a Rulfo ntimamente como escri-tor, personalmente no s nada de l ni l de m.1

    El testimonio de Elizondo cobra mayor inters conforme se percibe el respaldo de suspalabras. Despreocupado por la aprobacin de las ventas masivas, consciente de suaislamiento en el mundo literario, Elizondo es el ms intelectual de los escritoresmexicanos contemporneos; de hecho, uno de los pocos intelectuales dignos de esettulo. Hacer nfasis en su relacin con el escritor Juan Rulfo le permite descartar lasasociaciones engaosas y fciles con que todava rellenan cuartillas muchos preten-didos especialistas, adems de desmontar la etiqueta de nacionalista vergonzante conque gran parte de la generacin de nuevos escritores mexicanos justifica su cansanciode la obra rulfiana.2 Sobre este punto, la verdadera universalidad de la narrativa deRulfo, mucho se ha insistido, y en particular son elocuentes los puntos de vista de sustraductores a otras lenguas.3 Sin embargo, en Mxico seguir pesando la carencia

    T R P T I C O P A R A J U A N R U L F O

    1 Fernando Barrios Cedeo, Conversacin con Salvador Elizondo: a 40 aos de Farabeuf , Lecturas del Fondo de Cul-tura Econmica: Letras sin Fronteras, 15, septiembre-octubre de 2005, p. 7.

    2 Mayra Inzunza declaraba en su oportunidad que Respetamos dos ttulos [El Llano en llamas y Pedro Pramo] quepredijeron la imposibilidad dialctica. No obstante la admiracin que Rulfo suscita, deseamos explorar otras posi-bilidades, ms que apegarnos a un territorio que nunca fue nuestro, aun cuando s las proclamas de sus habitantes,antepasados nuestros (Herencia relegada, El ngel,563, 27 de febrero de 2005, p. 5). En el panorama de comen-tarios que acompaa al texto anterior destacan por su mesura y sensatez las opiniones de Constanza Rojas Caballeroy Heriberto Ypez (vase Los nietos rebeldes, El ngel, 563, 27 de febrero de 2005, p. 5). El resto de los con-sultados sigue una rutina cuyos antecedentes pueden rastrearse en la recriminacin que Jos Agustn, en sus aosde mayor presencia, hizo a Rulfo por imitar los temas de Jos Revueltas (vase La obra literaria de JosRevueltas, Eplogo a Jos Revueltas, Obra literaria, Empresas Editoriales, Mxico, 1967, t. 2, pp. 631-640). Noes difcil, a partir de ese precedente, predecir lo que ocurrir al paso del tiempo con la mayora de las jvenespromesas literarias de hoy.

    3 Akira Sugiyama, traductor de Pedro Pramo al japons, comenta que: Mucha gente se queda sorprendida, aqu

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  • de verdaderas vocaciones docentes y de esquemas adecuados de enseanza de la histo-ria de la literatura en los ciclos de enseanza bsica y media en tanto los planes de estu-dio se empeen en definir y mostrar la obra de Rulfo a partir de su superficie. Antesque defenestrarlo como impulsor del discurso nacionalista, los talentos surgidos en lacoyuntura actual haran bien en no imponer las condiciones del mercado literario vigenteen especial su iconoclasia vacua e interesada a autores y periodos cuya aportacinson incapaces de comprender ni por lo mismo de asimilar.

    Del fragmento anterior de esa entrevista a Salvador Elizondo parece todava extraer-se algo ms. La certeza de que toda obra literaria proviene, en primer lugar, de otrasobras literarias, del dilogo que su autor entabla con una tradicin en la que, en ltimainstancia, habr de insertarse. La naturaleza de ese intercambio, desde luego, exigeuna actitud indagatoria superior al mero apunte de fuentes e influencias, que en cuantose refiere a Rulfo adquiere a menudo el carcter de reproche o de prueba irrefutablede su falta de originalidad. Es claro que un procedimiento semejante y la actitud que loimpulsa provienen de una poca que, como el siglo XIX, se sustentaba en la etiquetaengaosamente elitista del buen gusto y parte de la premisa de la superioridad moralde quien la formula. En el medio literario mexicano pervive esta predileccin porolvidarse de la obra y prestarse al cultivo reiterado de la mitologa personal del es-critor con elogios envenenados o repulsas hipcritas.4

    La admiracin que todo gran artista merece por ampliar los mrgenes de percep-cin de la realidad y desplazar los lmites de apropiacin de esa realidad por medio dela cultura no tiene vnculo alguno con la veneracin acrtica y sectaria, ni con la obse-sin enfermiza que contragolpe provocado por la anterior se empea en demostrar

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    en Japn, cuando lee los cuentos de El Llano en llamas, por la fuerza que tienen sus dilogos, la imagen crudaque se ofrece de una manera tan tranquila, como inocente (Juan Rulfo en Japn, Los Murmullos: Boletn de laFundacin Juan Rulfo, 1, segundo semestre de 1998, p. 25). En cuanto a Pedro Pramo, Sugiyama advierte que []el logro de Rulfo es haber conseguido hacer una literatura universal con una apariencia de algo muy local: toda lacultura de Occidente, o algo equivalente a eso, pero con las palabras y los sentimientos de unos campesinos deuna regin de Mxico.Y por cierto aqu, en la zona sur de Japn, hay tambin una regin rica en mitos (p. 33).

    4 Hace poco Ana Clavel delineaba su obra ms reciente y se declaraba heredera de Homero a partir de la siguienteargumentacin: Comenzar con un sacrilegio: no soy devota de Pedro Pramo ni de El llano en llamas. Reconozcola gravidez de sus mundos y la maestra de su escritura transgresora pero no las incluira en la lista de esas diezobras que hipotticamente uno llevara consigo si tuviera que vivir en una isla desierta. Por eso, cuando escucho elreclamo de que mi generacin no ha dado un Juan Rulfo me sonro: mis deudas, mis retos, estn en otro lado.Por principio de cuentas en un territorio sin fronteras nacionalistas, ni compromisos reivindicadores, un espacio quedescubro en la tarea diaria de la lectura y la escritura, donde me arrastran mis pulsiones y por la que se me imponenalgunos hallazgos: una visin particular y, me gustara creer que lo consigo, intensa del mundo (La deuda rul-fiana, Altertexto, 2, 4, septiembre-diciembre de 2004, p. 85). No resulta sorprendente que la perspectiva de Clavelcon respecto a la herencia de Rulfo se haya alterado de manera radical al recibir el premio Juan Rulfo de RadioFrancia Internacional correspondiente a 2005: Tiene un tremendo aval que la propia figura, que el personajeprominente de las letras, inaugure la entrega de este premio, le ofrece de entrada un prestigio, una calidad moralque no se da en todas las circunstancias (Sandra Licona, Una figura y una obra como la de Rulfo no le pertene-cen a nadie, La Crnica de Hoy, 20 de diciembre de 2005, p. 34). Es notorio que a Clavel como a sus compa-eros de trinchera le pesa un legado que no sabe dnde ubicar, salvo que se trate de su dimensin material.

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    cunto debe el susodicho a los creadores de su fama pblica, a sus influencias o a lossupuestos amigos cuya generosidad no quiso o no supo retribuir. Como ha sealadocon su distintiva claridad mordaz el novelista Javier Maras, ningn contemporneo esel mejor bigrafo de un individuo cuyos mritos sean ampliamente reconocidos.5

    En manos del oportunista o del rencoroso, la posteridad de aqul queda sujeta al pseudo-indagador que fagocita sus fuentes de informacin sin ningn escrpulo documentalo al ajuste de cuentas que, so pretexto de iluminar con amplitud indita su obra y suvida da rienda suelta a la fantasa sin importar que falte a la verdad.

    Una de las razones que con mayor frecuencia alegan los detractores bienpensantesde Juan Rulfo y su obra es la avalancha de artculos, entrevistas, libros, notas, reseas ytesis que ao con ao crece en torno a l. Como todo observador juicioso podr notar,la cantidad no es garanta de calidad; en un porcentaje alto, esos escritos son meras glo-sas entusiastas, repertorios de imprecisiones flagrantes, discursos ideolgicos susten-tados en un nacionalismo atvico y chauvinista o, simplemente, opiniones engarzadasprrafo tras prrafo, sin ningn respaldo que denote reflexin. Si a la fecha la obra deRulfo representa la mayor veta de la literatura mexicana ello se debe a que cada nuevageneracin efecta su propia lectura de un clsico, como es su obra. La dinmica derecambio del discurso crtico exige, adems, la superacin de los errores presentes ensu trayectoria y el propsito de no suplirlos por nuevas carencias en la medida de loposible. Cabe apuntar, por ltimo, que el entusiasmo ciego y anrquico es el peorincentivo para la crtica de la literatura o el estudio de su historia.Y en lo que atae aRulfo como a todo escritor, una gran porcin de la tradicin crtica en torno suyose debe de manera primordial a este ltimo factor. No est de ms recordar que tanto elperiodismo cultural como la academia pasan ahora por una etapa en que antes del compro-miso con la informacin veraz o el conocimiento y su difusin y profundizacin primanla necesidad de mantener una presencia meditica, en el primer caso, y en el segundo, lade publicar o perecer, que, salvo por la presencia escrutadora de las instancias evaluado-ras, resultan casi idnticas.

    DOS

    El escritor que fue fotgrafo. El fotgrafo que ilustr al escritor. El individuo que diolo mismo de s como escritor y como fotgrafo. El fotgrafo que abandon su cmara,sus fotos y sus negativos y que despus, como escritor, abandonara su escritura y suslibros. Alrededor de estas cuatro variaciones y de algunas ms, el tema de la obra

    T R P T I C O P A R A J U A N R U L F O

    5 El trato con los muertos ofrece innumerables ventajas: es gente que no se enfada, no protesta, no desmiente, nonos afea nuestra conducta, una delicia de gente mansa. Por eso sorprende tanto que los medios de comunicacinno estn prevenidos contra tanto testimonio retrospectivo y casi siempre escandaloso, incluidos los de muchosbigrafos pretendidamente serios y exhaustivos (La Zona Fantasma: Ladrones de cenizas, El Pas Semanal,1486,20 de marzo de 2005, p. 110).

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  • fotogrfica de Juan Rulfo ha tenido una trayectoria veleidosa durante largo tiempo.Incluso la mayora de los catlogos disponibles dan espacio a textos anecdticos queno dejan de tener inters indirecto, pero que dedican a la fotografa si acaso lo hacenunas pocas lneas incidentales. Sin embargo, son los textos debidos a un afn divulgadormal entendido los que se han encargado de difundir la idea de que la fotografa de JuanRulfo es la ilustracin de su narrativa, y la de que sta es la fuente infalible de sus respec-tivos pies de foto. Lo anterior es slo la formulacin impresionista de quien transladasu entusiasmo lector a la contemplacin de imgenes que exigen un estudio a partirde la lgica de sus propias caractersticas, antes que aproximarse a ellas con la actitudperezosa de extrapolar los elementos de un discurso artstico a otro sin que medie elescrutinio de la especificidad visual de esas fotografas.

    Abundan ejemplos de esto ltimo. En fechas recientes, el periodista Roberto GarcaBonilla se permita ampliar los equvocos de Nuria Amat al glosar uno de sus numerososaportes al repertorio de imprecisiones con respecto a la obra de Rulfo:

    La escritora catalana Nuria Amat nos recuerda en su biografa Juan Rulfo, el arte del silencio undato significativo: todos los textos que Rulfo public en Amrica, los acompaa con foto-grafas tomadas por l mismo, hasta que se renen en un libro. Desde entonces el escritory el fotgrafo, que son la misma persona, no vuelven a compartir sus espacios en textos deficcin. [] Amat afirma que Fotografiar es para Rulfo poner el punto final a un relatopero aclara que en el caso de los textos publicados en Amrica, las imgenes formanparte del texto, no lo ilustran. Compara a Rulfo con G.W. Sebald, que tambin acompaasus textos de imgenes.6

    Es preciso notar la perspectiva desde la que Garca construye la autoridad de una aspi-rante a bigrafa cuyo nico inters es configurar su propio Rulfo antes que discernir yestudiar los indicios documentables de su trayectoria para ofrecer resultados confia-bles.7 Segn el periodista, Amat nos recuerda algo que se supone fundamental paraentender al escritor y al fotgrafo. Este mayesttico mal disimulado, que pretendeen apariencia involucrar al lector en el supuesto hallazgo no es ms que un sub-terfugio para dar respetabilidad a una ocurrencia caprichosa. Las imgenes que a...