CI008 Domingo Santos - Burbuja

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    15-Jan-2016

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Se detuvo en lo alto de la suave colina, contemplando la imagen de la Burbuja all abajo, en la pedregosa llanura. El sol de Marte estaba ya muy oblicuo en el cielo, y la sombra de la cpula transparente semejaba una giba sobre la rojiza arena. Apenas poda divisarse, a travs del cristal que ya empezaba a polarizarse, la silueta de los edificios interiores, y la prolongacin de los almacenes, all a un lado. Dentro de muy pocas horas sera ya noche cerrada, y la oscuridad se adueara de todo el planeta.

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<p>PAGE 53</p> <p>BURBUJA</p> <p>DOMINGO SANTOS</p> <p>EDITORIAL FERMA Avda. Jos Antonio, 800 BARCELONA</p> <p>Diez hombres: unos hechos, una esperanza, una realidad. Un destino irrefutable. La angustia de algo que podra ser, y la tortura de una certeza inviolable. El ansia, el deseo, la desesperacin. La Tierra: una verdad, un egosmo, una entrega. La realidad desnuda, y la otra realidad. Unas vctimas, una culpa, un mezquino ideal. Por sobre todo ello, la miseria y la ruindad humana. Y al final, la muerte.</p> <p>ste ha sido, hasta ahora, el tema de muchas novelas.</p> <p>ste es, ahora, el tema de una novela ms.</p> <p>1.MARTESe detuvo en lo alto de la suave colina, contemplando la imagen de la Burbuja all abajo, en la pedregosa llanura. El sol de Marte estaba ya muy oblicuo en el cielo, y la sombra de la cpula transparente semejaba una giba sobre la rojiza arena. Apenas poda divisarse, a travs del cristal que ya empezaba a polarizarse, la silueta de los edificios interiores, y la prolongacin de los almacenes, all a un lado. Dentro de muy pocas horas sera ya noche cerrada, y la oscuridad se adueara de todo el planeta.Puso en marcha el pequeo tractor, y avanz por el leve camino que las ruedas haban dejado sobre la polvorienta tierra. Aquel era todo el paisaje de Marte: arena, polvo, tierra, rocas. Sequedad, aridez. Un planeta spero, desierto, en el que las fantasas que miles de mentes haban trazado durante siglos haban quedado reducidas nada ms que a esto: fantasas.El planeta, salvo algunas raras zonas de vegetacin rudimentaria, estaba desierto. Bora se preguntaba por qu la Tierra mantena all la Burbuja, como no fuera como un simple e intil acto de posesin. Tambin existan motivos polticos, era cierto, y quizs aquella fuera la razn principal, aunque ya nadie poda comprenderlos demasiado bien en aquellos tiempos. Marte no tena ninguna riqueza es pecial; slo tierra, polvo y viento. Nada ms.Lleg a la esclusa de entrada, y desde el mismo tractor abri electromagnticamente la compuerta exterior. Esper a que el nivel de presin ascendiera al mnimo tolerado, y descendi del vehculo. Abri la compuerta interior.Bora llegando inform a travs de su transmisor personal . Alguna novedad?Nadie respondi. Nadie responda nunca, a menos que hubiera algo importante que comunicar. En realidad, en los diez meses que llevaban all, los diez seres, conviviendo en el reducido espacio de la Burbuja, se haban dicho ya todo lo que se podan decir. No quedaba ya nada.Entr el tractor en el cobertizo de herramientas, y se despoj del traje de exterior. Se dirigi hacia el edificio de oficinas, donde tena instalado su despacho. Al pasar ante el edificio de biologa, vio luz en su interior. Se detuvo unos instantes, y penetr en l.Sonia estaba all, trabajando. Sonia Stappleton era la nica mujer del reducido grupo destacado en Marte, en la Burbuja. Era esposa de Camilo Romn, el gelogo, y su pasin haba sido siempre la botnica, donde haba conseguido algunos xitos destacados. Slo esto, el estar casada con Romn y su decidido empeo de ir a Marte, haban hecho el que la superioridad de la Tierra la autorizara a destacarse a la Burbuja. Mucha gente deca tambin que su padre tena intereses en el Gobierno de la Confederacin de Estados Occidentales, y que ste haba sido el peso decisivo en la balanza, pero esto eran slo rumores. De todos modos, de mediar otras circunstancias, nada hubiera podido hacer que una mujer fuera elegida para participar en una misin destacada como aquella, junto con nueve hombres, en un lugar tan aislado como el planeta Marte.Sonia no era una gran belleza. En realidad, no era ni siquiera bonita, pero posea este don impreciso que tienen algunas mujeres y que las hace agradables a los ojos de los hombres. Su figura era corriente, pero saba lucirla, y su rostro, de lneas vulgares, quedaba realzado por el enigmtico encanto de unos cristales pticos de reducido modelo.Qu est haciendo a estas horas? inquiri Bora, cerrando la puerta a sus espaldas . Est anocheciendo ya. Debera venir a cenar y retirarse.Estoy terminando unos ensayos dijo ella . Me falta ya muy poco.Sobre qu?Ella seal hacia un rincn de la estancia, donde haba un cubo transparente de cultivos.Sobre los lacofitos dijo . Es curioso; cada vez descubro nuevas caractersticas en ellos. Si no supiera que son plantas tan rudimentarias, dira que tienen incluso inteligencia.Bora se ech a rer.Creo que se deja llevar demasiado por su entusiasmo, doctora dijo . Yo slo veo algo muy parecido a unos hongos.S, pero usted no los ha estudiado nunca a fondo. Se llevara una enorme sorpresa si lo hiciera.Bora mir a los cultivos del rincn, donde se encontraban las plantas. Eran slo unos simples hongos, o esto al menos parecan, de unos treinta centmetros de altura los ms grandes, de tallo muy delgado y terminada en el clsico sombrero, aunque stos tenan en su parte superior como una especie de filamentos aplanados, en gran nmero, erigidos verticalmente y con una de las dos caras de un color ms oscuro que la otra.Les sirven para acumular la energa solar le haba dicho la doctora en una ocasin, refirindose a aquellos filamentos . Observe que siempre los tienen dirigidos con su parte ms oscura hacia el astro, como algunas flores de la Tierra.Pero aquello, se deca Bora, no era ninguna cosa extraordinaria. Cogi a la mujer por un brazo, y la oblig a dejar su cuaderno sobre la mesa.Ya est bien por hoy, Sonia dijo . Olvdese de su investigaciones y vamos a cenar. Ya proseguir maana.Ella se resisti un poco, pero al final acab cediendo. Abandon su libreta de apuntes, y Bora cerr la luz de la habitacin. Salieron al exterior.En el comedor estaban reunidos ya Romn, el marido de la doctora, Bonard, el siclogo del grupo, Retty, el mdico, Lahoz, el astrnomo y astrofsico, y Grow, el fsico. Sonia fue a sentarse al lado de su marido, y Bora qued unos instantes de pie.Cmo ha ido la jornada? pregunt.Lahoz estaba leyendo un libro. Pas una pgina y se encogi de hombros.Aburrido murmur.En aquel momento entr Feltrinelli, el tcnico en instalaciones. Haba estado reparando uno de los tractores que se haba averiado la jornada anterior. Dej escapar un bufido.Condenado polvo murmur . Se mete entre todos los engranajes, y forma una pasta que no hay quien pueda disolverla. Cuntos das faltan, Cari?Cinco, y algunos ms respondi Grow.Era la eterna broma. Cuntos das faltan para que llegue la nave? Cinco y algunos ms. Siempre la misma pregunta, y siempre la misma respuesta. Nadie saba cmo haban nacido aquellas dos frases estereotipadas, pero todos las pronunciaban, como si ninguno de los que all estaban supieran siempre los das que an faltaban para que la nave llegara con el relevo y les devolviera a su aorada Tierra.Cinco, y alguno ms. Bastantes ms. Faltaban slo dos das para que la nave partiera de la Tierra, pero les separaban de ella todava sesenta das de viaje. Cinco, y algunos ms.Entr Mahon, el tcnico en comunicaciones, y casi inmediatamente Stanley, el cocinero y jefe de servicios. Observ a los dems, y al ver que estaban todos sali un momento. Poco despus regres con la cena.Todo listo dijo.Se sentaron en la mesa, cada uno tom su plato, y lo abri, mirando su contenido. Retty dej escapar un gruido.Otra vez berzas congeladas?Lo siento dijo Stanley . Las provisiones se van acabando. Slo quedan ya algunas pocas clases.Entonces toma del almacn de reserva. Ya estoy harto de comer verdura congelada.Stanley no respondi. El mdico siempre se quejaba de la comida, y ya estaba acostumbrado a sus continuas lamentaciones. Se sent en su sitio y empez a comer.Cmo van sus trabajos, Romn? pregunt Bora al gelogo.Bastante infructuosos dijo el aludido . En quinientos kilmetros a la redonda del lugar que estoy examinando ahora no he hallado ms minerales que hierro, zinc y nquel. Nada de inters.No importa murmur Lahoz . Al fin y al cabo, tampoco servir de nada. No s para qu mantienen esta condenada Burbuja.En bien de la ciencia murmur Sonia suavemente, mientras coma.S, claro dijo Lahoz . Para usted todo esto son verdades, doctora. Usted es feliz con sus hongos, y cree que la ciencia se merece esto y mucho ms. Pero yo nunca he visto nada tan rido y tan desierto como este condenado planeta. Si alguien me dice que hacemos algo til aqu, no pienso creerle. Y s que yo tengo razn.No se preocupe, Julio intervino Bonnard . Piense que slo faltan ya sesenta das para que termine todo. Pronto le llegar la liberacin.Lahoz se encogi de hombros.S, claro. La liberacin. Estoy harto, crame, verdaderamente harto de este planeta. El da que me vaya desear con todas mis fuerzas que se hunda de una vez, que estalle y se convierta en asteroides. Lo prometo.Feltrinelli se ech a rer.Y qu conseguir, Julio? Usted ya no estar aqu. No tendr ningn objeto su maldicin.Lahoz no respondi. Mahon dijo:Cuando vuelva a la Tierra, voy a buscarme una chica, una chica para m solo. Y voy a irme con ella a pasar unas vacaciones al Brasil. Pero unas verdaderas vacaciones, lo prometo. Voy a gastarme toda la paga de todo este cochino tiempo que he estado aqu. Integra.Todava faltan sesenta das, Eric dijo Bora, sonriendo . No haga tantos planes.No faltan sesenta das murmur Feltrinelli . Slo cinco, y algunos ms.2.LA TIERRAJules Artewood era el jefe de la misin "Burbuja roja en la Tierra. No era un cargo que le gustara precisamente, pero haba sido nombrado para l y no haba podido rechazarlo. Su trabajo era encargar se de todo lo que se refera al planeta Marte, desde la bsqueda de los tcnicos que constituiran el personal de la Burbuja hasta la confeccin de los informes peridicos de las investigaciones.Ahora, se encontraba en el perodo ms intenso de su trabajo. Deba hacerse el peridico cambio de dotacin de la Burbuja, y ello presupona una tarea ingente: buscar y elegir los diez substitutos, prepararlos, seleccionarlos, entrenarlos, y finalmente enviarlos. No era una tarea demasiado fcil.Haca tres aos que la primera expedicin haba llegado al planeta rojo y haba instalado en l la primera Burbuja. Desde entonces se haba relevado tres veces la dotacin destacada de la misma.Y ninguno de los que haban regresado de ella haba querido volver.Es un infierno haba dicho el comandante de la primera expedicin . Una atmsfera demasiado tenue para nosotros, un aire hostil, un fro intenso, principalmente durante las noches... Y slo el desierto a nuestro alrededor. No volvera all por nada del mundo.Era preciso escoger bien a los diez hombres que constituan la misin destacada en el planeta. No eran muchos los que se presentaban, y todos ellos deban ser especialistas en diez distintas materias. Luego vena la seleccin, la adaptacin. Y finalmente, el lanzamiento. Sesenta das de viaje, y doce meses de estancia en el planeta. Cuando regresaban, lo hacan con los nervios destrozados.Pero la paga era buena, y la fama que se consegua tambin. Arnold, el segundo gelogo que fue a Marte, al regresar hizo imprimir debajo de su nombre, en su tarjeta profesional. Doce meses de experiencia en Marte. Inmediatamente obtuvo un cargo importante para la prospeccin minera en una compaa, con un sueldo fabuloso. Y con lo que gan en aquellos doce meses de experiencia en Marte se compr un chalet, un automvil y una esposa, y an le sobr dinero.Pero eran doce meses completamente aislados en aquel mundo de rocas, polvo y viento, sin nada ms que, ellos mismos como compaa y sin otro refugio que la Burbuja. Pese a todo, era una dursima prueba.Artewood revis a los dieciocho hombres que deban partir en aquel viaje: los ocho tripulantes de la nave, y los diez tcnicos que substituiran a los que ocupaban en la actualidad la Burbuja.Su misin no va a ser muy grata les haba dicho . Pero, ya todos lo saben, es muy importante para la Tierra. Los conocimientos que aportarn a la ciencia sern grandemente valorados. Esperamos que sabrn apreciarlos en lo que representan.Artewood era el primero que no crea en aquellas palabras. Saba que la Burbuja roja se mantena slo por motivos de orgullo y de poltica, y de economa mundial. Segn el recientemente establecido derecho espacial, acordado por todo el mundo, la nacin que pusiera primero la planta en un planeta y se estableciera permanentemente en l por un perodo superior a cinco aos, pasaba a ser automticamente duea del mismo. Bien, ellos haban sido los primeros. Si se mantenan cinco aos, Marte pasara a pertenecerles. Aunque no les sirviera para nada, sera suyo.Y esto era, al parecer, lo nico que importaba.Artewood asista siempre a la partida de la nave desde la Tierra. Su edad tena cincuenta y ocho aos no le permita acudir a la estacin orbital, y deba contentarse con observar las maniobras de despegue a travs de una pantalla, sentado cmodamente desde su silln de observacin en Tierra.Haca quince horas que los dieciocho hombres haban subido al cohete de enlace, all abajo, y haban realizado el breve viaje hasta la estacin. All, haban transbordado primero a la estacin, y luego a la nave que debera conducirles hasta Marte. Ahora slo aguardaban la seal precisa para partir.La nave que deba llevarles al planeta rojo era un gran crucero, dotado de motores simultneos, a reaccin y atmicos. Su propia naturaleza haba obligado a hacerla as, pues si bien nunca descenda hasta la Tierra, s deba hacerlo sobre la superficie marciana, por lo que necesitaba las dos clases de impulsin. Era una nave de aspecto fusiforme, con dos grandes alas en delta para estabilizarse en la tenue atmsfera marciana, y un doble cuadro de ocho toberas en la parte posterior, correspondiente a su doble juego de motores.Artewood, a travs de la pantalla, contemplaba las ltimas fases del abastecimiento de combustible, a travs de una serie de bombas de inyeccin. Mientras tanto, la estacin, con la nave y todo lo que en ella haba, segua girando en torno a la Tierra, en busca del lugar y momento preciso para efectuar el lanzamiento.Cero horas, menos ocho minutos, catorce segundos comunic el lector, que segua desde la sala de mandos la cuenta de la estacin.Artewood estaba rodeado de un inmenso grupo de tcnicos y especialistas, al cargo de numerosos aparatos de medicin y control. All, a ms de mil kilmetros de altura, dieciocho hombres estaban pendientes de aquella cuenta. Y Artewood saba tambin que en aquellos mismos momentos, a ciento ochenta millones de kilmetros, otros diez hombres estaran pensando en aquella misma nave. Sonri.Cero horas, menos ocho minutos, tres segundos - comunic el lector . Alto la cuenta.Artewood se volvi.Qu sucede?El encargado del computador revisaba los datos del cerebro electrnico, de acuerdo con las indicaciones que le daba bilateralmente la estacin. Dio su informacin.Una vlvula de una de las bombas de combustible. Se ha atascado.Cunto tiempo se necesitar para la reparacin?Siete minutos.Bien.Volvi a mirar la pantalla. La imagen, obtenida a travs de un satlite-tro de comunicaciones, se vea algo defectuosa, pero clara. Varios hombres se movan en torno a la nave, como buscando la avera. Suspir.Aquel era ya el tercer estancamiento de la cuenta. El tiempo que quedaba de margen par...</p>