Censura y Paracelsismo Durante El Reinado de Felipe II

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    18-Apr-2015

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Censura y Paracelsismo durante el Reinado de Felipe II (http://www.revistaazogue.com/inquisicion.htm) -------------------------------------------------------------------- - JOS RODRGUEZ GUERRERO, "Censura y Paracelsismo durante el Reinado de Felipe II", Azogue, n 4, 2001, URL: http://www.revistaazogue.com Jos Rodrguez Guerrero CENSURA Y PARACELSISMO DURANTE EL REINADO DE FELIPE II "Libertatem meam mecum porto" Miguel Servet (siglo XVI) Felipe II (15271598), rey de Espaa (15561598), rey de Npoles y Sicilia (15541598) y rey de Portugal (15801598) fue el hombre ms poderoso de su tiempo. Su papel relevante dentro de la historia europea del siglo XVI hizo de l objetivo de todo tipo de valoraciones inspiradas por aversiones y filiaciones llevadas al lmite. La "leyenda negra" (1) existi en el caso de este personaje. La difusin entre sus contemporneos se debe a causas de propaganda ideolgica contra la poltica nacional e internacional del Reino de Espaa (2). Frente al comentario denigrante encontramos una respuesta en forma de exaltacin desmesurada, a veces encomistica, otras justificativa, que en conjunto ha conformado la denominada "leyenda rosa" (3). A pesar de todo hoy podemos hablar de una etapa de normalizacin historiogrfica del personaje caracterizada por la revisin crtica de los estereotipos vinculados a Felipe II y a la Espaa de su poca, con sus luces y sus sombras, cuyos resultados se reflejan en las ltimas biografas aparecidas a cargo de Peter Pierson, Geoffrey Parker, Henry Kamen y, la mejor, de Manuel Fernndez (4). I - Leyenda Negra e Inquisicin Espaola La "leyenda negra" filipina tiene en la Inquisicin un elemento explotado desde sus fuentes primigenias. Lo hace para reflejar la imagen de un rey tirano, autoritario, despiadado y fantico religioso sobre el que se vuelca una avalancha de reproches. De entre los promotores de este crudo retrato destaca Casiodoro de Reyna (1520-1594), monje jernimo perteneciente al convento sevillano de San Isidro del Campo. Acusado de difundir las ideas luteranas y exiliado en 1557, fue llamado "heresiarca" o "maestro de herejes" en el Auto de Fe de Sevilla, el da 23 abril de 1562. Desde su residencia en Ginebra, Londres y Heidelberg difundi unas famosas "Prcticas de la Santa Inquisicin Espaola" bajo el seudnimo Reginaldo Gonzlez Montano (5). Su texto alcanz gran difusin y fue traducido al ingls y francs en 1568, al holands en 1569 y al idioma alemn en 1603. Casiodoro describa atroces torturas y acusaba al conjunto Iglesia-Estado de tener sometido al pueblo espaol por medio de una violencia ciega (6). Un segundo pilar de la leyenda negra qued establecido por Pierre Loyseleur (1530?-1590), redactor de la clebre apologa en favor de Guillermo de Orange (1533-1584) en la que se muestra un Felipe II cruel e injusto que utiliza los tribunales como agresivo instrumento de represin, con poderes absolutos para la violenta eliminacin de la disidencia poltica en los Pases Bajos (7). Junto a un nmero considerable de folletos distribuidos en los Pases Bajos existen otras publicaciones relevantes, como el captulo V del "Libro de los Mrtires" del ingls John Foxe, impreso en 1554, o el texto de Le Chailleaux sobre la expulsin de los Hugonotes de La Florida, estampado por Teodoro De Bry en 1591 con ilustraciones que buscaban impactar al lector y causar el mayor rechazo hacia las artes inquisitoriales de los espaoles. Tampoco podemos olvidar la utilizacin poltica de la "Brevsima Relacin de la Destruccin de las Indias" de Bartolom de las Casas (1470-1566), muy conocida en Europa a partir de la traduccin francesa de 1579 (8). La leyenda termin por hacer de Felipe II el "demonio del sur", de la Inquisicin espaola un mecanismo de castigo implacable del que nada ni nadie poda escapar y de Espaa un pas en el que sus gentes eran vctimas de una coercin que lo abarcaba todo, desde sus formas tradicionales de vida hasta la limitacin de sus libertades, pasando, obviamente, por la represin del pensamiento y de las creencias, lo que redundaba en un atraso cultural e intelectual de los espaoles, pues en tales condiciones el progreso de las ideas se haca imposible. Negar la represin inquisitorial sera una necedad, y mucho ms intentar justificar su nefasta actuacin, pero no es cierto que se diera en los generalistas trminos pretendidos habitualmente. Est constatado que Felipe II era un ardoroso partidario del Santo Oficio al considerar que evitaba la amenaza del luteranismo en Espaa. Pero no debemos imaginar que esto significaba un reinado de terror que lo cubra todo. Durante el siglo XVI la labor inquisitorial sirve bsicamente a dos agentes, uno poltico y otro religioso, que comparten un mismo objetivo: cohesionar y conservar el gobierno de un espacio geopoltico determinado. Felipe II reorganiz la institucin, heredada de gobernantes precedentes, para hacerla econmicamente ms potente y ms eficaz en el plano gubernativo. Las reformas introducidas hicieron del Consejo de la Inquisicin una herramienta de control ms al servicio de la Corona, como lo eran el Consejo Real, el de Estado, el de Hacienda y el de Indias. Estaban todos organizados para asegurar el dominio administrativo, poltico e ideolgico de un imperio descomunal con posesiones en cuatro continentes. Las Instrucciones Generales de 1561 supusieron el punto de arranque de una modificacin de sus estructuras que busc una mayor proximidad a los mecanismos administrativos del Reino. En aquella poca la garanta de unin territorial se consideraba indefectiblemente ligada a la unidad religiosa, de manera que Felipe, que se saba rey catlico por excelencia en la Europa del siglo XVI, quera agrupar y armonizar las actuaciones de la Iglesia y del Estado con el fin de garantizar una determinada ortodoxia religiosa en sus posesiones. Se pretenda evitar una repeticin del fracaso sufrido por Carlos V en su modelo de una Alemania unida, frustrado por los conflictos, no debidamente previstos, derivados de un siglo preado de problemas religiosos entre calvinistas, luteranos y catlicos (9). Segn el historiador ingls Henry Kamen, muri menos gente en la Espaa de Felipe II por persecucin religiosa que en cualquier otro de los principales pases occidentales de la misma poca, incluidos los de inclinacin protestante (10) . Tampoco es una institucin particular del catolicismo, otras variantes del cristianismo, como la calvinista, la adaptaron a sus dogmas (11). De otra parte sera una insensatez negar su firme asentamiento e intensa actividad en los territorios espaoles. Es evidente que sus efectos en la Edad Moderna fueron desastrosos para Espaa, pero tampoco se debe caer en el falso estereotipo. II - Censura Religiosa y Paracelsismo fuera de Espaa durante el Reinado de Felipe II. En el presente artculo la materia a revisar va a ser la relacin entre Inquisicin, censura y paracelsismo dentro y fuera de Espaa. La etapa histrica a estudiar ser la comprendida entre 1556 y 1598, tiempo de reinado de Felipe II. Es necesario comenzar advirtiendo la precariedad de investigaciones dedicadas a este tema. Para un experto actual como Jos Mara Lpez Piero la culpa de que se hayan consolidado falsos prejuicios sobre la ciencia espaola de la Edad Moderna la tienen, en buena parte, los propios espaoles al no haber profundizado en su historia con la dedicacin que sera exigible. Me parece que en este punto hace una lcida reflexin sobre un serio problema que, aunque me obligue a introducir una cita extensa, no puedo evitar incluir aqu: "No hay que olvidar que nuestro pas ha permanecido al margen del proceso de institucionalizacin de la enseanza y la investigacin historicocientfica. Todava hoy, cuando en los pases cientficamente desarrollados es una disciplina slidamente cristalizada, sus cultivadores espaoles se enfrentan constantemente con impedimentos y servidumbres que frustran la casi totalidad de intentos de dedicacin profesional. Sin instituciones propias y sin autnticos cultivadores profesionales, no ha resultado posible la programacin de lneas de trabajo continuadas, ni siquiera el aprendizaje regular de las tcnicas especializadas de investigacin. Las principales corrientes que han ido conformando la disciplina se han asimilado de forma inadecuada, a merced del esfuerzo aislado de personalidades concretas. Los estudios sobre la historia de las ciencias en Espaa constituyen, por ello, un conjunto disperso y heterogneo, integrado por un ncleo muy reducido de trabajos rigurosamente planificados y realizados, por una serie de aportaciones ocasionales de investigadores de materias vecinas y por una abrumadora mayora de productos de la improvisacin y el diletantismo. En estas condiciones, no han podido tampoco constituirse unos cauces normales de comunicacin de los resultados alcanzados por la investigacin. En consecuencia, resulta muy difcil la incorporacin de la actividad cientfica como un capitulo de relieve de la historia de Espaa, y la integracin de los materiales espaoles en los esquemas generales de los historiadores de la ciencia de otros pases. [...] La ausencia de una enseanza regular de la disciplina en nuestras universidades constituye otro importante obstculo. Para los cientficos espaoles, la historia de la ciencia suele quedar reducida a una curiosidad humanstica desconectada de su dedicacin profesional" (12). Factores de este tipo favorecieron informaciones poco precisas que vinieron a fijar en la historiografa de la ciencia espaola toda una larga serie de modelos adulterados. La imagen transmitida hasta el momento es que las doctrinas de Paracelso apenas tuvieron presencia en tierras espaolas durante el siglo XVI debido a la combinacin de dos factores, una monarqua represora y un catolicismo regresivo, cuya accin conjunta determin un rechazo hacia las corrientes renovadoras del paracelsismo europeo (13). Es una versin que creo conveniente repasar, pues pienso que se pueden aadir datos hasta ahora no considerados. En principio sorprende la afirmacin de un supuesto "bloqueo" a la cosmovisin paracelsista activado en el entorno socio-politico y religioso del reinado de Felipe II (14). Los argumentos propuestos en esta tesis son muy vagos, pues se limitan a considerar fuentes del siglo XVII y hacen extensivas sus conclusiones a la centuria precedente (15). La razn esgrimida es la misma "bicha" agitada en tantos y tantos anlisis tpicos, a saber, la Inquisicin y el Consejo de Castilla quemando textos de Teofrasto, presionando hasta la asfixia a los hombres de ciencia, o como imagina Allen Debus: "...a aquellos que importaban libros, los publicaban o los hacan circular sin las licencias precisas [arriesgndose a] la confiscacin de sus bienes, encarcelamiento e, incluso, pena de muerte" (16). Los apoyos documentales procedentes de fuentes primarias son escasos (17). El ejemplo ilustrativo utilizado para sostener esta postura es la mencin a Paracelso en el ndice inquisitorial de 1583-1584, lo que se interpreta como una supuesta sobrereaccin negativa de tipo inquisitorial activada ante cualquier introduccin de ideas renovadoras (18). Segn esta versin la Iglesia y la Corona espaolas habran impulsado un rechazo ante todo lo relacionado con el paracelsismo por tratarse de doctrinas surgidas en un contexto luterano que en muchos casos abordaban temas cosmolgicos y religiosos incmodos para la cultura catlica. En su personal retrato Debus concluye que: "...si a los esfuerzos por prevenir la importacin de obras extranjeras sospechosas unimos la decadencia de las universidades y la resistencia inherente a la renovacin, no puede resultarnos sorprendente que en Espaa fueran tan pocos los seguidores de Paracelso", y ms an: "...la razn debe buscarse [...] en la decisin de Felipe II de mantener la ortodoxia religiosa..." (19). Convendra empezar por revisar si existen realmente pruebas en el siglo XVI de un bloqueo espaol al paracelsismo en favor de una escrupulosidad religiosa. En otros pases s se da un fenmeno similar con una agudeza reseable. Curiosamente las primeras acusaciones contra las implicaciones religiosas del sistema mdico propuesto por Paracelso son redactadas lejos de la Espaa catlica, en tierras protestantes (20). II.1 - Censura religiosa en la cuna del paracelsismo: las regiones centroeuropeas. En Suiza, el prestigioso naturalista Conrad Gesner (1516-1565), conocido protestante, da abundantes muestras de la mala impresin que le haban causado las obras de Teofrasto y de sus seguidores, a los que consideraba curanderos, nunca mdicos (21). Su animadversin explica la ausencia de notas paraclsicas en el famoso tratado gesneriano sobre destilados de 1552 (22). En su "Epistolarum medicinalium" descarga crticas de tipo religioso en las que tacha a Paracelso de "hombre irreverente con lo cristiano", "hechicero" y "tratante con el demonio" (23). Imgenes de Conrad Gesner y Johannes Crato Varias de las condenas de Gesner son comentadas en sus intercambios epistolares con Johannes Crato von Crafftheim (1519-1585) (24). Este hombre, afiliado al movimiento protestante, fue un reputado Mdico de Cmara de Fernando I, Emperador de Alemania (25). Se mostr indignado por las conjeturas mdicas de los paracelsistas, sobre todo por aquellas que determinaban patologas a partir de un "archeus" y no en funcin de la teora humoral del galenismo (26). Vea un contrasentido en quienes pretendan renovar la medicina apoyndose en "ciencias absurdas", a su juicio "rancias", como la astrologa mdica o la alquimia (27). Se ha visto en Crato a un galenista intransigente sin que sea del todo exacto. Sus primeras crticas son sobre todo alarmistas, pues era consciente que no se enfrentaba a una moda pasajera sino a una tendencia teraputica que estaba calando hondo entre un buen nmero de sus colegas. Sin embargo sus crticas no van contra la introduccin de preparaciones qumicas en la confeccin de medicamentos (28). Lo que no acepta de Paracelso era el abuso de una jerga extraa plagada de neologismos, la creencia en el determinismo astrolgico, la idea de una alquimia misteriosa productora de panaceas universales y sobre todo la atmsfera inicitica que rodeaba a sus seguidores (29). Por todas estas razones consider a Paracelso "maestro de embaucadores", "aventurero ignorante" y una especie de charlatn que forzaba relaciones entre medicina, curanderismo, supersticiones y religin, acusndolo al final de "apstata maldito" (30). Dentro del sector sanitario cercano a Crato llama la atencin el criticismo religioso de otros dos luteranos: el alemn Lorenz Scholtz von Rosenau (1552-1599) y del hngaro Andreas Dudith (1533-1589) (31). El primero ve en los paracelsistas un grupo de "oportunistas extravagantes". Opina que la mayora son estudiantes jvenes e inexpertos que terminan convertidos en "mdicos incautos" y "descarriados hombres de Fe" (32). Dudith se enfrenta a la utilizacin de amuletos, a la doctrina de las "signaturas" y la astrologa mdica. Partiendo de estos tres factores piensa que los ademanes empiristas de Paracelso son un...

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