Abril sin censura - Germán Sánchez Otero

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    22-Mar-2016

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El libro ms completo y esperado sobre el golpe de Estado del 11 de abril de 2002

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  • ABRIL SIN CENSURA

  • Al Bravo Pueblo civil y uniformado, que grit: Viva Chvez, no joda!.

    Y venci.

    Descargue nuestras publicaciones en: www.minci.gob.ve

    Abril sin censuraGolpe de estado en VenezuelaMemoriasGermn Snchez OteroPrlogo de Jos Vicente Rangel

    Editorial Correo del Orinoco

    Alcabala a Urapal, edificio Dimase, La Candelaria,

    Caracas- Venezuela.www.correodelorinoco.gob.ve

    Presidente de la Repblica Bolivariana de Venezuela

    Ministro del Poder Popular para la Comunicacin y la Informacin

    Viceministra de gestin Comunicacional

    Viceministro de Estrategia Comunicacional

    Rosa Alfonso Mestre, Annalien Ruiz Rey, Yudalmis Surez Alberdi, Zunilda gonzlez Valds y Adriana Daniel AneirosCarlos Caldern Lazaga y Maykel Reyes LeyvaCecilia Ponce Menndez germn Snchez Otero, 2012

    Sobre la presente edicin:

    Ediciones Correo del Orinoco (Venezuela)

    y Editora Poltica (Cuba), 2012

    Todos los derechos reservados. Se prohbe la reproduccin de esta obra sin la autorizacin de la Editora.

    lf26920123201268978-980-7426-45-9G-20009059-6Impreso en la Repblica Bolivariana de Venezuela en los talleres de la Imprenta Nacional y gaceta Oficial.Abril, 2012

    Directorio

    Hugo Chvez Fras

    Andrs Izarra

    Ldice Altuve

    Alejandro Boscn

    Edicin

    CorrecinComposicin

    Depsito legalISBN

    RIF

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    Germn Snchez Otero

    PRLOgOTestigo de excepcin

    -I-

    Germn Snchez Otero, exembajador de Cuba en Venezuela de grato re-cuerdo y larga permanencia en el pas, define el propsito testimonial de este libro al titularlo Abril sin censura. golpe de Estado en Venezuela. Mi amigo me envi el texto con el pedimento de que le hiciera el prlogo, y tan honrosa distincin aviv el recuerdo de los incontables episodios a los que se enfrent el pueblo venezolano durante el proceso subversivo en-marcado en el odio y el revanchismo que atiz el gobierno norteamericano y desencadenaron polticos, empresarios, la jerarqua de la Iglesia y medios de comunicacin desplazados del poder por la Revolucin Bolivariana. He revisado papeles y refrescado momentos inolvidables que compart con quienes estuvieron en posiciones clave en ese entonces, y la verdad es que re-sulta imposible deshacerse del cmulo de vivencias que nos toc vivir.

    -II-

    El relato de Snchez Otero es apasionante. Est expuesto con un estilo transparente, que combina la ancdota con la reflexin profunda acer-ca de lo que sucedi en Venezuela. Adems, l tiene la autoridad que le confiere el protagonismo que asumi durante los acontecimientos, por lo que estoy convencido de que se convertir en un xito editorial dadas las revelaciones que contiene y la capacidad narrativa del autor.

    Me interesa destacar que el libro aparece durante la conmemoracin de un nuevo aniversario de aquella felona, en la que Venezuela corri el inmenso riesgo de un bao de sangre por culpa de gente irresponsable sin

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    Abril sin censura Germn Snchez Otero

    sentido de patria. La trama urdida tanto por la derecha del pas como por el imperio norteamericano tuvo la siguiente particularidad: la conjura oper en dos planos. Uno, el visible, mediante la estimulacin de la ca-lle con acciones de agitacin y de terrorismo meditico, combinadas con reiteradas invocaciones de la paz y contra la violencia; otro, aquel donde se hizo el trabajo para enganchar a los mandos militares, prelados de la Iglesia y gente pesada del mundo empresarial. Este diseo subversivo lo registra con claridad el libro de Snchez Otero. Porque su autor lo vivi. Porque lo capt sobre la base del conocimiento que tena del pas y las relaciones que consolid durante su exitosa gestin al frente de la emba-jada de Cuba en Caracas.

    -III-

    Ese accionar logr su objetivo el 11 de abril de 2002 y lo capta con absoluto rigor Snchez Otero. La lectura de la obra pone en evidencia que la planifi-cacin del proceso desestabilizador logr, por una parte, distraer la aten-cin de los organismos de seguridad e inteligencia del gobierno; y por otra, la realizacin de un trabajo conspirativo que prcticamente pas inad-vertido, determinante en el momento en que se decidi el golpe. La combi-nacin de las acciones de calle y el papel de los medios el 11 de abril, con el pronunciamiento de los mandos militares en Fuerte Tiuna y el caos en los servicios de inteligencia, logr el objetivo de derrocar ese da el gobierno constitucional de Hugo Chvez. A lo largo del libro se accede a los aspec-tos fundamentales de la estrategia que utilizaron los conjurados, sin duda concebida por expertos norteamericanos en desestabilizacin y ejecucin de golpes de Estado. El protagonismo de la Misin Militar de EE.UU., que operaba dentro de las instalaciones de Fuerte Tiuna, y el papel que jugaron oficiales venezolanos vinculados al Pentgono, entre los que figura un agre-gado militar en Washington, explica muchos desarrollos de la conspiracin que sorprendieron a la inteligencia y seguridad del gobierno nacional.

    -IV-

    Por cierto, Snchez Otero cita en el libro una frase de Jos Mart que no tiene desperdicio, la cual recoge en cierta forma lo que sucedi: En la poltica lo real es lo que no se ve. Esa lcida observacin del Apstol cubano resume una enseanza y se convierte en alerta permanente. En los tiempos de tormenta durante los cuales se ha desenvuelto el proceso bolivariano, tanto en los aos 2002 y 2003 como en los actuales, hay que tener los ojos bien abiertos: no solo para ver la superficie, lo que aflora en determinados momentos, sino lo que subyace, lo que se mueve ms aba-jo. En algo tan complejo adems de artero como la poltica, muchas veces lo real es lo que no se ve. Pero precisamente es ah donde est el engao. Esta precisin de carcter autocrtico tiene un efecto retroactivo respecto al 11-A y tambin, por lgica elemental, a la actualidad. Viene a ser consecuencia directa de la conjuncin de mltiples factores, los que se perciben a simple vista y los que funcionan en la penumbra.

    -V-

    En el libro destacan el herosmo y las convicciones democrticas y revolu-cionarias del pueblo venezolano. Destaca la dignidad de la oficialidad leal a la Constitucin Bolivariana y a su Comandante en Jefe. Destaca el coraje de una direccin poltica que no se dej amilanar por los golpistas y dio la cara. Y destacan el valor personal y la capacidad para la inter-locucin, para moverse en el terreno poltico, en medio de una crisis, del autor del libro y embajador de Cuba en Venezuela para esos momentos. Snchez Otero no fue un embajador ms, de esos que convierten la misin en mero protocolo. Entendi, porque es un estudioso, lo que pasaba en el pas y cul era su papel.

    Sobresale tambin en este libro la transparente relacin tan sata-nizada por la oposicin entre Cuba y Venezuela, forjada con pacien-cia, con amor de pueblos, con sentido de hermandad y mutuo respeto.

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    Abril sin censura Germn Snchez Otero

    En especial exalta la figura humana de Hugo Chvez, su extraor-dinaria habilidad poltica, su capacidad para sortear las celadas que le montan sus enemigos, su sentido de la oportunidad y la forma como reacciona, en una combinacin de pragmatismo con idealismo, ante circunstancias adversas. Snchez Otero asume al personaje directa-mente en ciertos pasajes del libro, y en otros lo insina, lo que revela capacidad de observacin y voluntad para abordar el papel que juega el ser humano en momentos de crisis.

    Y por si fuera poco en el anlisis de esa etapa est el boceto que el au-tor hace de la conjura, la manera como fue preparada, sus debilidades y fortalezas, as como las debilidades y fortalezas del chavismo. Tambin la participacin de los Estados Unidos y de pases como Espaa en el golpe y la solidaridad internacional que se manifest de manera espontnea.

    Hay una observacin en el libro que vale la pena poner de relieve. Es la siguiente: Lo primordial es que todos los integrantes de la oposi-cin participaron en la ejecucin del golpe, y tenan consenso respecto a dos objetivos centrales: anular la Constitucin Bolivariana y sacar por la fuerza al presidente Chvez. Toda la oposicin estuvo comprometi-da y toda, sin excepcin, sigui en la misma tnica despus del fracaso. En lo personal me atrevo a decir que para esa oposicin an sigue sien-do ese, diez aos despus, su objetivo, lo que debe servir de advertencia para no repetir errores, justo cuando Venezuela se apresta a una nueva prueba, probablemente decisiva. Este libro, escrito por un agudo obser-vador, para el cual no escapa detalle alguno, constituye una buena car-ta de navegacin en el proceloso mar de la poltica. Lo recomendable es leerlo con detenimiento y desentraar sus cdigos.

    Jos Vicente Rangel

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    Agradecimientos

    A mi esposa e hijos. Este libro fue un compromiso y un empeo familiares, en el que participaran con su especial respaldo, alien-to y comentarios tiles, mi esposa Amarilys Hernndez y Carlos Ernesto, nuestro hijo menor, ambos tambin fieles compaeros en aquellos memorables das de abril en Venezuela. All quedamos en-lazados por siempre con el hermano pueblo bolivariano, al correr su misma suerte junto al resto de nuestros compatriotas de la emba-jada y sus hijos, varios de ellos nios y adolescentes. Mi hija Anna, que viviera con nosotros aos despus en Venezuela, donde que-dara embarazada de dos preciosas jimaguas o morochas, fue una animosa colaboradora y me brind atinadas recomendaciones.

    A Elena Daz, Flix Lpez, Francisco Delgado y Felipe gil, que leyeron la primera versin y me ofrecieron sugerencias y juicios muy valiosos. Flix, adems, aport con altruismo su experiencia editorial y de avezado periodista en Cuba y Venezuela.

    A Jos Vicente Rangel, por su lcido prlogo y su admirable lealtad al ideal bolivariano.

    Al hroe de la gesta victoriosa del 13 de abril, el entonces cabo de la guardia Nacional, Juan Bautista Rodrguez, quien me relatara para este libro su participacin en la idea de redactar la nota donde Chvez anunciara al pueblo venezolano que no haba renunciado, y luego la trasladara desde Turiamo a los militares leales en Maracay.

    A Raimundo Urrechaga, que me facilitara copia de varios do-cumentales sobre el tema y de las transmisiones que hicieran las principales televisoras de Venezuela los das del 11 al 14 de abril.

    A ngel Prez y Jos Arias, por el estmulo de ambos. A Hctor Madruga y Jorge Ferrera, siempre solidarios. A todos los cubanos

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    y venezolanos que en diferentes momentos y sitios de ambos pa-ses me alentaron a escribir estas memorias.

    Al compaero Rolando Alfonso Borges, que apoyara con es-mero y calidez la pronta revisin editorial del texto.

    A todos los compaeros de la Editora Poltica que garantiza-ron, en tiempo rcord y con diligente quehacer colectivo, la edi-cin de este libro, bajo la eficaz direccin de Santiago Drquez y Jos Duarte.

    A Ernesto Niebla, que realiz el diseo y puso su corazn. A Andrs Izarra, por su iniciativa y apoyo para publicar sin

    demora esta obra en Venezuela.

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    Preguntas

    Y cundo fue la primera vez que el presidente Chvez te ha-bl sobre la posibilidad de un golpe de Estado contra su gobier-no? me pregunt Yanuris durante una tertulia en su casa de la playa Santa Mara, al este de La Habana, en abril de 2011, vsperas del aniversario de aquel lance que culmin en la victoria popular ms formidable de la Revolucin Bolivariana, de esas que nunca envejecen.

    ramos cuatro amigos que habamos realizado diferentes que-haceres en Venezuela: Alexander Palacio, un mdico general in-tegral en Barrio Adentro de apenas 36 aos, semblante laxo y pertinaz bromista, Yanuris Cruz, joven profesora en la Misin Deportiva amena conversadora, de piel morena y rostro vivaz, y Javier Lpez, asesor en las misiones educativas prximo a los cuarenta y el ms circunspecto del grupo, aunque sus pcaros ojos no se perdan un instante la esplndida sonrisa de Yanuris.

    El grato intercambio abarc diversos temas, casi todos sobre Venezuela, y cada quien narraba sus ancdotas de manera colo-quial y desenfadada. Cuando empezamos a hablar del golpe de Estado, observ sus caras absortas y los estimul a que formula-ran sus interrogantes y comentarios, que reflejaban un elevado compromiso con el pueblo venezolano.

    Cmo fue posible que el golpe se hiciera de manera tan sorpresiva?, pregunt Javier con cierto asombro.

    Para m no est clara la participacin de los Estados Unidos coment despus Alexander.

    Cmo se explica que en menos de cuarenta y ocho horas el golpe fuera derrotado y a Chvez ni lo araaran?... inquiri Yanuris, mientras sorba un poco de Tropicola helada.

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    Alexander complet la ronda: Yo lo que quiero es que me cuentes de corazn, fjate bien, qu sintieron ustedes dentro de la embajada cuando estaban asediados por los fascistas y el alcalde Capriles quiso revisar los locales?

    Bueno, paren ah: dejemos algo para otro da! exclam de buen nimo, porque me senta satisfecho de que se interesaran por conocer detalles de aquel hecho tan relevante y colmado de lecciones. No se preocupen, tengo esas memorias bien guarda-das e incluso voy a develarles secretos que ya es posible y conve-niente que se conozcan los mir en rfaga y capt en sus gestos un ambiente de gozo.

    Abr una lata de cerveza Bucanero y ech un poco en mi vaso, para participar en un brindis que Alexander hizo en honor al pue-blo bolivariano. Al que tanto admiramos y queremos, afirm.

    Qu les parece si nos damos un chapuzn? dije y los tres asintieron entusiasmados. El mar es el mejor amigo de los re-cuerdos y adems es un fiel confidente

    Comenc a narrarles con el agua hasta la cintura, aunque de-bimos movernos una y otra vez debido a las medusas que pululan en nuestra primavera caribea. Al terminar el relato, casi una hora despus, Alexander mir a los dems, que como l tenan sus ros-tros muy atentos, y me persuadi al mejor estilo galeno antes de dar unas brazadas:

    germn, tienes que escribir esas vivencias, que no son pro-piedad tuya ni de nadie y el paso del tiempo, como ocurre a los organismos humanos, suele deteriorarlas

    El siguiente da regres solo a Santa Mara. Las brisas olan a recuerdos, que se multiplicaron al avistar un barco venezolano que vena hacia La Habana, luego de bordear la isla al este de Mais. Los fulgores del mar me incitaron a trotar con mis pies des-nudos sobre la clida arena y a nadar despacio hacia el veril, hasta que comenc a bucear en el azul oscuro, con ganas de tocar fondo.

    An jadeante por el inusual esfuerzo, me sent en la ribera de-bajo de una sombrilla playera a garabatear unas hojas, extasiado por la misteriosa sensualidad de las gaviotas y el rtmico vaivn de las olas, que me llevaron suavemente a las remotas costas de Vargas. Y sin secarme el agua del Caribe que compartimos, avanc a paso suelto hasta el puerto de La guaira y all no pude aguantar el deseo de serpentear el vila por el empinado camino de los espaoles y bajar a recorrer el valle de Caracas

  • Preludio

    A finales de mayo de 2000, durante un almuerzo privado que tuve en La Casona con el presidente Chvez, por vez primera conversa-mos sobre el tema de un eventual golp...