1. los juegos del hambre.

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    23-Jun-2015

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  • 1. PRIMERA PARTE: LOS TRIBUTOS_____ 1 _____ Cuando me despierto, el otro lado de la cama est fro. Estiro losdedos buscando el calor de Prim, pero no encuentro ms que la bastafunda de lona del colchn. Seguro que ha tenido pesadillas y se hametido en la cama de nuestra madre; claro que s, porque es el da dela cosecha. Me apoyo en un codo y me levanto un poco; en el dormitorio entraalgo de luz, as que puedo verlas. Mi hermana pequea, Prim,acurrucada a su lado, protegida por el cuerpo de mi madre, las doscon las mejillas pegadas. Mi madre parece ms joven cuando duerme;agotada, aunque no tan machacada. La cara de Prim es tan frescacomo una gota de agua, tan encantadora como la prmula que le danombre. Mi madre tambin fue muy guapa hace tiempo, o eso me handicho. Sentado sobre las rodillas de Prim, para protegerla, est el gatoms feo del mundo: hocico aplastado, media oreja arrancada y ojosdel color de un calabacn podrido. Prim le puso Buttercup porque,segn ella, su pelaje amarillo embarrado tena el mismo tono deaquella flor, el rannculo. El gato me odia o, al menos, no confa enm. Aunque han pasado ya algunos aos, creo que todava recuerdaque intent ahogarlo en un cubo cuando Prim lo trajo a casa; era ungatito esculido, con la tripa hinchada por las lombrices y lleno depulgas. Lo ltimo que yo necesitaba era otra boca que alimentar, peromi hermana me suplic mucho, e incluso llor para que le dejasequedrselo. Al final la cosa sali bien: mi madre le libr de losparsitos, y ahora es un cazador de ratones nato; a veces, hasta cazaalguna rata. Como de vez en cuando le echo las entraas de laspresas, ha dejado de bufarme. Entraas y nada de bufidos: no habr ms cario que se entrenosotros. Me bajo de la cama y me pongo las botas de cazar; la piel fina ysuave se ha adaptado a mis pies. Me pongo tambin los pantalones yuna camisa, meto mi larga trenza oscura en una gorra y tomo la bolsa

2. que utilizo para guardar todo lo que recojo. En la mesa, bajo uncuenco de madera que sirve para protegerlo de ratas y gatoshambrientos, encuentro un perfecto quesito de cabra envuelto enhojas de albahaca. Es un regalo de Prim para el da de la cosecha;cuando salgo me lo meto con cuidado en el bolsillo. Nuestra parte del Distrito 12, a la que solemos llamar la Veta, estsiempre llena a estas horas de mineros del carbn que se dirigen alturno de maana. Hombres y mujeres de hombros cados y nudilloshinchados, muchos de los cuales ya ni siquiera intentan limpiarse elpolvo de carbn de las uas rotas y las arrugas de sus rostroshundidos. Sin embargo, hoy las calles manchadas de carboncillo estnvacas y las contraventanas de las achaparradas casas grisespermanecen cerradas. La cosecha no empieza hasta las dos, as quetodos prefieren dormir hasta entonces... si pueden. Nuestra casa est casi al final de la Veta, slo tengo que dejaratrs unas cuantas puertas para llegar al campo desastrado al quellaman la Pradera. Lo que separa la Pradera de los bosques y, dehecho, lo que rodea todo el Distrito 12, es una alta alambrada metlicarematada con bucles de alambre de espino. En teora, se supone queest electrificada las veinticuatro horas para disuadir a losdepredadores que viven en los bosques y antes recorran nuestrascalles (jauras de perros salvajes, pumas solitarios y osos). Enrealidad, como, con suerte, slo tenemos dos o tres horas deelectricidad por la noche, no suele ser peligroso tocarla. Aun as,siempre me tomo un instante para escuchar con atencin, por si oigoel zumbido que indica que la valla est cargada. En este momentoest tan silenciosa como una piedra. Me escondo detrs de un grupode arbustos, me tumbo boca abajo y me arrastro por debajo de la tirade sesenta centmetros que lleva suelta varios aos. La alambradatiene otros puntos dbiles, pero ste est tan cerca de casa que casisiempre entro en el bosque por aqu. En cuanto estoy entre los rboles, recupero un arco y un carcaj deflechas que tena escondidos en un tronco hueco. Est o noelectrificada, la alambrada ha conseguido mantener a los devoradoresde hombres fuera del Distrito 12. Dentro de los bosques, los animalesdeambulan a sus anchas y existen otros peligros, como las serpientesvenenosas, los animales rabiosos y la falta de senderos que seguir.Pero tambin hay comida, si sabes cmo encontrarla. Mi padre losaba y me haba enseado unas cuantas cosas antes de volar enpedazos en la explosin de una mina. No qued nada de l que 3. pudiramos enterrar. Yo tena once aos; cinco aos despus,muchas noches me sigo despertando gritndole que corra. Aunque entrar en los bosques es ilegal y la caza furtiva tiene elpeor de los castigos, habra ms gente que se arriesgara si tuvieraarmas. El problema es que hay pocos lo bastante valientes paraaventurarse armados con un cuchillo. Mi arco es una rareza quefabric mi padre, junto con otros similares que guardo bien escondidosen el bosque, envueltos con cuidado en fundas impermeables. Mipadre podra haber ganado bastante dinero vendindolos, pero, dehaberlo descubierto los funcionarios del Gobierno, lo habranejecutado en pblico por incitar a la rebelin. Casi todos los agentesde la paz hacen la vista gorda con los pocos que cazamos, ya queestn tan necesitados de carne fresca como los dems. De hecho,estn entre nuestros mejores clientes. Sin embargo, nunca permitiranque alguien armase a la Veta. En otoo, unas cuantas almas valientes se internan en losbosques para recoger manzanas, aunque sin perder de vista laPradera, siempre lo bastante cerca para volver corriendo a laseguridad del Distrito 12 si surgen problemas. --El Distrito 12, donde puedes morirte de hambre sin poner enpeligro tu seguridad --murmuro; despus miro a mi alrededorrpidamente porque, incluso aqu, en medio de ninguna parte, mepreocupa que alguien me escuche. Cuando era ms joven, mataba a mi madre del susto con lascosas que deca sobre el Distrito 12 y la gente que gobierna nuestropas, Panem, desde esa lejana ciudad llamada el Capitolio. Al finalcomprend que aquello slo poda causarnos ms problemas, as queaprend a morderme la lengua y ponerme una mscara de indiferenciapara que nadie pudiese averiguar lo que estaba pensando. Trabajo ensilencio en clase; hago comentarios educados y superficiales en elmercado pblico; y me limito a las conversaciones comerciales en elQuemador, que es el mercado negro donde gano casi todo mi dinero.Incluso en casa, donde soy menos simptica, evito entrar en temasespinosos, como la cosecha, los racionamientos de comida o losJuegos del Hambre. Quizs a Prim se le ocurriera repetir mis palabrasy qu sera de nosotras entonces? En los bosques me espera la nica persona con la que puedo seryo misma: Gale. Noto que se me relajan los msculos de la cara, quese me acelera el paso mientras subo por las colinas hasta nuestrolugar de encuentro, un saliente rocoso con vistas al valle. Un matorral 4. de arbustos de bayas lo protege de ojos curiosos. Verlo all,esperndome, me hace sonrer; nunca sonro, salvo en los bosques. --Hola, Catnip --me saluda Gale. En realidad me llamo Katniss, como la flor acutica a la quellaman saeta, pero, cuando se lo dije por primera vez, mi voz no erams que un susurro, as que crey que le deca Catnip, la menta degato. Despus, cuando un lince loco empez a seguirme por losbosques en busca de sobras, se convirti en mi nombre oficial. Al finaltuve que matar al lince porque asustaba a las presas, aunque era tanbuena compaa que casi me dio pena. Por otro lado, me pagaronbien por su piel. --Mira lo que he cazado. Gale sostiene en alto una hogaza de pan con una flecha clavadaen el centro, y yo me ro. Es pan de verdad, de panadera, y no lasbarras planas y densas que hacemos con nuestras raciones decereales. Lo cojo, saco la flecha y me llevo el agujero de la corteza ala nariz para aspirar una fragancia que me hace la boca agua. El panbueno como ste es para ocasiones especiales. --Ummm, todava est caliente --digo. Debe de haber ido a lapanadera al despuntar el alba para cambiarlo por otra cosa--. Qu teha costado? --Slo una ardilla. Creo que el anciano estaba un pocosentimental esta maana. Hasta me dese buena suerte. --Bueno, todos nos sentimos un poco ms unidos hoy, no?--comento, sin molestarme en poner los ojos en blanco--. Prim nos hadejado un queso --digo, sacndolo. --Gracias, Prim --exclama Gale, alegrndose con el regalo--. Nosdaremos un verdadero festn. --De repente, se pone a imitar el acentodel Capitolio y los ademanes de Effie Trinket, la mujer optimista hastala demencia que viene una vez al ao para leer los nombres de lacosecha--. Casi se me olvida! Felices Juegos del Hambre! --Recogeunas cuantas moras de los arbustos que nos rodean--. Y que lasuerte... --empieza, lanzndome una mora. La cojo con la boca yrompo la delicada piel con los dientes; la dulce acidez del fruto meestalla en la lengua. --... est siempre, siempre de vuestra parte! --concluyo, con elmismo bro. Tenemos que bromear sobre el tema, porque la alternativa esmorirse de miedo. Adems, el acento del Capitolio es tan afectado quecasi todo suena gracioso con l. 5. Observo a Gale sacar el cuchillo y cortar el pan; podra ser mihermano: pelo negro liso, piel aceitunada, incluso tenemos los mismosojos grises. Pero no somos familia, al menos, no cercana. Casi todoslos que trabajan en las minas tienen un aspecto similar, comonosotros. Por eso mi madre y Prim, con su cabello rubio y sus ojos azules,siempre parecen fuera de lugar; porque lo estn. Mis abuelosmaternos formaban parte de la pequea clase de comerciantes quesirve a los funcionarios, los agentes de la paz y algn que otro clientede la Veta. Tenan una botica en la parte ms elegante del Distrito 12;como casi nadie puede permitirse pagar un mdico, los boticarios sonnuestros sanadores. Mi padre conoci a mi madre gracias a que,cuando iba de caza, a veces recoga hierbas medicinales y se lasvenda a la botica para que fabricaran sus remedios. Mi madre tuvoque enamorarse de verdad para abandonar su hogar y meterse en laVeta. Es lo que intento recordar cuando slo veo en ella a una mujerque se qued sentada, vaca e inaccesible mientras sus hijas seconvertan en piel y huesos. Intento perdonarla por mi padre, pero,para ser sincera, no soy de las que perdonan. Gale unta el suave queso de cabra en las rebanadas de pan ycoloca con cuidado una hoja de albahaca en cada una, mientras yorecojo bayas de los arbustos. Nos acomodamos en un rincn de lasrocas en el que nadie puede vernos, aunque tenemos una vista muyclara del valle, que est rebosante de vida estival: verduras porrecoger, races por escarbar y peces irisados a la luz del sol. El datiene un aspecto glorioso, de cielo azul y brisa fresca; la comida esestupenda, el pan caliente absorbe el queso y las bayas nos estallanen la boca. Todo sera perfecto si realmente fuese un da de fiesta, sieste da libre consistiese en vagar por las montaas con Gale paracazar la cena de esta noche. Sin embargo, tendremos que estar en laplaza a las dos en punto para el sorteo de los nombres. --Sabes qu? Podramos hacerlo --dijo Gale en voz baja. --El qu? --Dejar el distrito, huir y vivir en el bosque. T y yo podramoshacerlo. --No s cmo responder, la idea es demasiado absurda--. Sino tuvisemos tantos nios --aadi l rpidamente. No son nuestros nios, claro, pero para el caso es lo mismo. Losdos hermanos pequeos de Gale y su hermana, y Prim. Nuestrasmadres tambin podran entrar en el lote, porque cmo iban asobrevivir sin nosotros? Quin alimentara esas bocas que siempre 6. piden ms? Aunque los dos cazamos todos los das, alguna veztenemos que cambiar las presas por manteca de cerdo, cordones dezapatos o lana, as que hay noches en las que nos vamos a la camacon los estmagos vacos. --No quiero tener hijos --digo. --Puede que yo s, si no viviese aqu. --Pero vives aqu --le recuerdo, irritada. --Olvdalo. La conversacin no va bien. Irnos? Cmo iba a dejar a Prim,que es la nica persona en el mundo a la que estoy segura de querer?Y Gale est completamente dedicado a su familia. Si no podemosirnos, por qu molestarnos en hablar de eso? Y, aunque lohiciramos..., aunque lo hiciramos..., de dnde ha salido lo de tenerhijos? Entre Gale y yo nunca ha habido nada romntico. Cuando nosconocimos, yo era una nia flacucha de doce aos y, aunque l sloera dos aos mayor, ya pareca un hombre. Nos llev mucho tiempohacernos amigos, dejar de regatear en cada intercambio y empezar aayudarnos mutuamente. Adems, si quiere hijos, Gale no tendr problemas para encontraresposa: es guapo, lo bastante fuerte como para trabajar en las minas ycapaz de cazar. Por la forma en que las chicas susurran cuando pasaa su lado en el colegio, est claro que lo desean. Me pongo celosa,pero no por lo que la gente pensara, sino porque no es fcil encontrarbuenos compaeros de caza. --Qu quieres hacer? --le pregunto, ya que podemos cazar,pescar o recolectar. --Vamos a pescar en el lago. As dejamos las caas puestasmientras recolectamos en el bosque. Cogeremos algo bueno para lacena. La cena. Despus de la cosecha, se supone que todos tienen quecelebrarlo, y mucha gente lo hace, aliviada al saber que sus hijos sehan salvado un ao ms. Sin embargo, al menos dos familias cerrarnlas contraventanas y las puertas, e intentarn averiguar cmosobrevivir a las dolorosas semanas que se avecinan. Nos va bien; los depredadores no nos hacen caso, porque hoyhay presas ms fciles y sabrosas. A ltima hora de la maanatenemos una docena de peces, una bolsa de verduras y, lo mejor detodo, un buen montn de fresas. Descubr el fresal hace unos aos y aGale se le ocurri la idea de rodearlo de redes para evitar que seacercasen los animales. 7. De camino a casa pasamos por el Quemador, el mercado negroque funciona en un almacn abandonado en el que antes se guardabacarbn. Cuando descubrieron un sistema ms eficaz que transportabael carbn directamente de las minas a los trenes, el Quemador fuequedndose con el espacio. Casi todos los negocios estn cerrados aestas horas en un da de cosecha, aunque el mercado negro siguebastante concurrido. Cambiamos fcilmente seis de los peces por panbueno y los otros dos por sal. Sae la Grasienta, la anciana huesudaque vende cuencos de sopa caliente preparada en un enormehervidor, nos compra la mitad de las verduras a cambio de un par detrozos de parafina. Puede que nos hubiese ido mejor en otro sitio, peronos esforzamos por mantener una buena relacin con Sae, ya que esla nica que siempre est dispuesta a comprar carne de perro salvaje.A pesar de que no los cazamos a propsito, si nos atacan y matamosun par, bueno, la carne es la carne. Una vez dentro de la sopa,puedo decir que es ternera, dice Sae la Grasienta, guiando un ojo.En la Veta, nadie le hara ascos a una buena pata de perro salvaje,pero los agentes de la paz que van al Quemador pueden permitirseser un poquito ms exigentes. Una vez terminados nuestros negocios en el mercado, vamos a lapuerta de atrs de la casa del alcalde para vender la mitad de lasfresas, porque sabemos que le gustan especialmente y puedepermitirse el precio. La hija del alcalde, Madge, nos abre la pue...